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Full text of "Virginia Martinez 2013 Los Rusos De San Javier"

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Los lusos de San Javier 

Perseguidos por el zar 
Perseguidos por la dictadura uruguaya 
De Vasili Lubkov a Vladimir Roslik 


Virginia Martínez 

Ediciones de. la 
B anda Oriental 





Virginia Martínez nació en 
Montevideo en 1959. Es profesora de 
Historia, realizadora y productora. 
Actualmente está a cargo de la 
dirección de la Televisión Nacional de 
Uruguay (TNU). Entre los años 1996 y 
2000 fue directora de Tevé Ciudad. 

Dirigió los documentales Las manos 
en la tierra. Memorias de mujeres. 
Acratas y Por esos ojos. 

Fue directora de producción de los 
documentales El almanaque. El 
círculo. La sociedad de la nieve. El 
plan Cóndor, Palabras verdaderas y 
Los huérfanos del Cóndor, y de la 
ficción La historia casi verdadera de 
Pepita la pistolera. 

Publicó Siglo de mujeres y El 
circulo/Las vidas de Henry Engler 
(junto a José Pedro Charlo y Aldo 
Garay), en el año 2010; Tiempos de 
dictadura (1973-1985) Hechos, voces 
y documentos. La represión y la 
resistencia día a día, en 2005 y Los 
fusilados de abril, en 2002. 







LOS RUSOS DE 
SAN JAVIER 




Virginia Martínez 


LOS RUSOS DE 
SAN JAVIER 


Perseguidos por el zar 
Perseguidos por la dictadura uruguaya 
De Vasili Lubkov a Vladimir Roslik 



Ediciones de la Banda Oriental 




LEV DE FONDO 
CONCUHSABLL 
PARA ( A CULTURA 


mee 

MINISTERIO DE EDUCACION Y CULTURA 


Proyecto seleccionado por 

Fondo Concursable para la Cultura-MEC 


Carátula: Fidel Sclavo 

Tratamiento gráfico de imágenes: Dina Yael 
Diseño gráfico: Silvia Shablico 
ISBN 978-9974-1-0850-9 


© 

EDICIONES DE LA BANDA ORIENTAL S.R.L. 

Gaboto 1582 - Tel.: 2 408 3206 - 2 4010164 - Fax: 2 409 8138 

11.200- Montevideo, Uruguay. 

www.bandaoriental.com.uy 

Queda hecho el depósito que marca la ley 

Impreso en el Uruguay - 2013 



A la memoria de Vladimir Roslik 




Introducción 


A principios del siglo xx un puñado de inmigrantes rusos eligió un 
sitio apartado a orillas del Río Uruguay, en el departamento de Río Ne¬ 
gro, para fundar el reino de Dios en la tierra. Esta afirmación, que puede 
parecer exótica o efectista, está en el origen de la colonia San Javier. 

Sus fundadores integraban una secta llamada Nuevo Israel, perse¬ 
guida por el Estado zarista. Llegaron a Uruguay guiados por su profeta, 
Vasili Lubkov (1) , para practicar su culto en libertad. Al aislamiento geo¬ 
gráfico del lugar donde nació la colonia se sumó el lingüístico y cultural 
de sus pobladores. La mayoría eran campesinos analfabetos a quienes 
el zar les torció el destino reservado a los de su clase -nacer y morir en 
la aldea-, y los empujó a cruzar el Atlántico. 

Los primeros años de vida de San Javier constituyen un singular 
ensayo de organización política, religiosa y económica protagonizado por 
una colectividad extranjera en territorio nacional. La colonia funcionó 
como una especie de ciudad Estado que tenía leyes propias, gobernada 
por el jefe de la secta, dictador patriarcal que concentraba el poder tem¬ 
poral y espiritual. 

El enfrentamiento entre lo laico y lo religioso, entre la creciente 
influencia local y el intento de preservar a San Javier del contacto con 
el exterior y mantenerlo como entidad aislada, marcaron la primera 
década de su historia. En efecto, poco después de su fundación en julio 
de 1913, se hicieron oír en la comunidad las primeras voces opositoras. 


(1) La ortografía de los nombres rusos ha presentado cierta dificultad a la hora de re¬ 
dactar este trabajo. El nombre de personas, ciudades o regiones geográficas aparece escrito de 
distinta manera en la prensa, actas de sesiones del Poder Legislativo o en otros documentos. 
A veces, la alteración -sobre todo en artículos de prensa de la década del veinte- se explica 
sencillamente por ignorancia o descuido del periodista. Así, en una página encontramos un 
apellido escrito de dos o tres formas. Pero además, el idioma ruso evolucionó en el curso del 
siglo xx: la terminación v sustituyó a la w (Lubkov/Lubkow); la v a la f (Rostov/ Rostof), por 
señalar algunos ejemplos, no los únicos. Para simplificar la lectura y no confundir al lector 
opté por unificar la ortografía, de ahí que los nombres estén escritos siempre de la misma 
manera, aun si se trata de la cita de un documento. 


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Virginia Martínez 


La unión mística entre Lubkov y los suyos comenzó a debilitarse. El 
poblado se dividió en dos bandos: fieles y disidentes. También desde 
temprano los disidentes fueron calificados de elemento anarquizante, 
de comunistas infiltrados en el pueblo para provocar la agitación social. 
Lubkov se refería a ellos como los maximalistas, los bolcheviques. 

El Partido Colorado y el Partido Nacional también intervinieron en 
el conflicto en apoyo a una y otra fracción. Pero fueron otras fuerzas, 
silenciosas y profundas, las que erosionaron la corteza de la colonia que 
se veía a sí como la nueva Sion. El nacimiento de los primeros niños 
uruguayos, la escuela pública, la prensa, el contacto con Montevideo 
y Paysandú y con la cultura local, los matrimonios mixtos, el mate y 
hasta el paso del tiempo fueron más disolventes que la prédica de los 
agitadores. 

A principios de la década del veinte el crítico y ensayista Alberto 
Zum Felde visitó San Javier como corresponsal del diario El Día. En sus 
“Impresiones de un viaje” narra una escena de la vida cotidiana elocuente 
de la irreversible penetración de lo laico y lo nacional. En San Javier, 
donde Lubkov solo permitía que se cantaran salmos compuestos por él, 
su hija Lila declamaba con emoción infantil las estrofas aprendidas en 
la escuela de Tabaré, del poeta de la patria Juan Zorrilla de San Martín. 

Durante más de una década Lubkov dirigió la economía de San 
Javier y representó legalmente a los colonos frente al Estado. En 1926 
perdió la condición de administrador general. El pasaje de su adminis¬ 
tración a manos del Banco Hipotecario del Uruguay, paso decisivo en la 
“secularización” de la colonia, privó al conductor de Nuevo Israel de la 
base material que sustentaba su poder espiritual. Fue el golpe de gracia 
para el debilitado profeta y es posible que lo haya obligado a abandonar 
su empresa y volver a la reciente Unión Soviética. 

Su partida con unas cincuenta familias, entre las que había niños 
nacidos en Uruguay, inició una nueva etapa en la vida de la comunidad. 
El período estuvo marcado por el endeudamiento de los colonos con el 
Banco Hipotecario, el reclamo de tierras y la interrupción de los contactos 
con la madre patria, producto del aislamiento que impuso el estalinismo. 
Sin embargo, durante la Segunda Guerra Mundial, San Javier organizó 
un Comité de Ayuda para enviar ropa y alimentos a la población, y es 
posible que muchos de aquellos niños y jóvenes uruguayos que acom¬ 
pañaron a sus padres en el regreso a la urss hayan combatido y caído en 
las batallas de Stalingrado o Leningrado. 


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Los rusos de San Javier 


Al fin de la Gran Guerra Patria, como llamaron los soviéticos a 
la lucha contra la Alemania nazi, la urss comenzó una campaña para 
el retomo de los msos de la diáspora y de difusión de las conquistas 
sociales, económicas y culturales del socialismo. Las asociaciones de 
amigos de la urss y los institutos de intercambio cultural que el Estado 
soviético promovió en decenas de países, se inscriben en esa estrategia 
de divulgación de los logros del régimen y de contrapeso a la propaganda 
antisoviética característica de la Guerra Fría. 

Uruguay no quedó al margen de esa influencia. En 1945 se fundó 
en Montevideo, el Instituto Cultural Uruguayo Soviético (icus), y poco 
después se creó el Centro Cultural Máximo Gorki de San Javier, filial 
del que ya existía en la capital. 

Los sanjavierinos se consideraban uruguayos y msos, herederos de 
un legado cultural que reivindicaban con orgullo, sin que ello supusiera 
adhesión a un gobierno o una ideología. La cultura, la gastronomía y la 
lengua de sus mayores eran seña de identidad y patrimonio de todos en 
la colonia, fueran anticomunistas o pro soviéticos. 

El Estado uruguayo, en cambio, siempre estimó que los centros y 
asociaciones culturales de los países socialistas eran la fachada tras la 
que se ocultaba la conspiración marxista. Esa concepción se profundizó 
y extendió con la dictadura cívico militar que nació del golpe de Estado 
del 27 de junio de 1973. 

La represión que vivió San Javier en la década del setenta no puede 
entenderse al margen del contexto político internacional, el anticomu¬ 
nismo característico de la Guerra Fría; y nacional, la lucha contra la 
subversión marxista. La colonia se convirtió en territorio bajo sospecha: 
diplomáticos soviéticos asistían a las celebraciones de la colectividad, 
sus pobladores tenían apellidos msos, familiares en la Unión Soviética 
y algunos habían ido a estudiar a Moscú. 

En octubre y noviembre de 1973 ocurrieron los primeros operativos 
de represión en la colonia. Hubo allanamientos y detenciones. En julio 
de 1976 soldados del Batallón de Infantería número 9 de Fray Bentos 
entraron en el poblado. Detuvieron y torturaron gente. En abril de 1980 
comenzaron las acciones represivas que iban a convertir a San Javier 
en un pueblo sitiado. El Ejército invadió el pueblo, destrozó y clausuró 
el Centro Cultural Máximo Gorki y detuvo a unas veinte personas de 
las cuales once fueron procesadas por la justicia militar y cumplieron 
condenas de hasta cuatro años en el Penal de Libertad. La magnitud 
y violencia del operativo hizo que los más viejos lo compararan con 


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Virginia Martínez 


la plaga de langosta que casi devastó San Javier poco después de su 
fundación. 

La persecución, además, lesionó la convivencia de los pobladores. 
Entre ellos hubo instigadores, portavoces de la insidia e informantes, lo 
que generó rencor y odios cruzados. Durante más de una década vivieron 
bajo vigilancia y abrumados por el fantasma de la delación, en un pueblo 
donde todos conocen a todos. 

El 15 de abril de 1984 soldados de uniforme invadieron la casa del 
médico de la colonia, Vladimir Roslik, y se lo llevaron encapuchado. Al 
día siguiente una llamada telefónica le anunció a su mujer, Mary Zabalkin, 
que debía retirar el cuerpo en el cuartel de Fray Bentos. 

La detención de Roslik reprodujo el método que la dictadura había 
practicado por más de diez años: secuestro y tortura y en caso de muerte 
del detenido en el interrogatorio, desaparición del cuerpo o devolución 
del cadáver en ataúd cerrado. Pero el asesinato también marcó el fin 
del tiempo en que los familiares de los muertos callaban y los diarios 
no informaban: el gobierno no pudo silenciar el crimen. El coraje de su 
viuda, la denuncia de la prensa y del gremio médico impidieron que las 
Fuerzas Armadas impusieran la mentira de un comunicado militar. 

Casi treinta años después del asesinato de Roslik, llegué a San 
Javier para intentar rescatar la memoria de aquel período. Las personas 
que entrevisté me trasmitieron la vivencia de un gran encierro. Hablan 
de gueto, zanja, corral y laboratorio. Dicen que los persiguieron por su 
origen. Mary Zabalkin empleó una expresión gráfica: “Cuando uno entra 
al gallinero, ya sabe qué gallina se va a llevar. Así fue con nosotros. Nos 
eligieron. Vivimos años atrapados en un corralito. Cada tanto venían a 
buscar a alguien. Y era ruso. Entre los presos no hubo un solo Giménez 
o López. Son todos apellidos rusos”. (2) 

Mucho ha cambiado en San Javier y en el país desde entonces. Una 
pequeña plaza, una Fundación y el camino de acceso norte al pueblo 
llevan el nombre “Doctor Vladimir Roslik”; se retomaron los cursos de 
ruso en el Centro Cultural Máximo Gorki, y la Casa Blanca, donde vivió 
Lubkov, es Monumento Histórico Nacional. 

En principio mi trabajo estuvo centrado en las vivencias de la 
colectividad durante el período dictatorial pero luego de unas cuántas 
entrevistas y con las lecturas que siguieron a aquella primera visita a 
San Javier el arco de interés se ensanchó, se hizo más complejo y, na- 


(2) Entrevista a Mary Zabalkin. Paysandú, 8 de marzo de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


turalmente, más interesante. Los orígenes de la colonia, su identidad y 
patrimonio cultural, así como los conflictos que la doble pertenencia -a 
una secta religiosa y al pueblo ruso- provocaron en el país de adopción 
fueron delineándose como temas a profundizar. En 2009 presenté el pro¬ 
yecto a los Fondos Concursables del Ministerio de Educación y Cultura, 
y gané uno de los premios de la categoría Investigación y ensayo. Ello 
me permitió continuar y ampliar la investigación. 

En la fundamentación del proyecto que escribí en aquella ocasión 
afirmaba que San Javier no tenía historiadores ni cronistas y que Volodia 
(Montevideo, Banda Oriental, 1996) del periodista Luis Udaquiola era 
el único trabajo publicado hasta el momento que, aunque centrado en la 
vida de Roslik, abordaba la historia de la colonia. 

La investigación posterior me obligó a corregir aquella afirmación 
pues hay al menos dos largos relatos sobre los primeros años de vida de 
San Javier. Uno de ellos es de Zum Felde, citado más arriba y publicado 
cuando la disidencia entre los colonos alcanza el punto más alto. En las 
ocho entregas que forman la serie “Impresiones de un viaje”, Zum Felde 
reseña los orígenes y características de esa particular sociedad religiosa 
y ensaya una interpretación del conflicto que amenaza con fracturarla. 
Es un texto magnífico, lleno de imágenes vivas y de colores. El autor se 
detiene en la descripción del paisaje y de la gente. En la gastronomía, el 
vestido y las danzas rituales. La crónica es, además, un relato tendencioso 
y militante. Un alegato a favor de la necesaria dictadura patriarcal del 
jefe de Nuevo Israel. 

El otro texto pertenece a Andrés Solotariov y fue publicado también 
por entregas en El Litoral de Fray Bentos cuando se conmemoraron los 
cincuenta años de la colonia. Solotariov no es un hombre de letras ni un 
testigo. Es un protagonista de la historia, que aparecerá más de una vez 
en este trabajo. Antiguo discípulo del profeta, luego disidente, escribe 
-según sus palabras- en un español aprendido “junto al surco y peleando 
contra Lubkov”, y con el derecho que le da contarse entre los primeros 
rusos que llegaron al río Uruguay en 1913. Las dos crónicas completas, 
junto a otros documentos, integran el capítulo “Miradas”, al final del libro. 

Con la distancia -de tiempo, enfoque y aun de talento- que separa 
mi texto de aquellos, me gusta pensar que Los rusos de San Javier se 
suma a la construcción de la historia de la colonia, que este año cumple 
un siglo de fundación. 


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Virginia Martínez 


Mi primer y más sincero agradecimiento para Dina Yael, impres¬ 
cindible colaboradora, con quien compartimos horas de lectura en la 
Biblioteca Nacional y en la del Palacio Legislativo. Realizó íntegramente 
la investigación en los archivos de la Dirección Nacional de Información 
e Inteligencia (dnii) y del Ministerio de Relaciones Exteriores, entre otras 
tareas. Debo a su perseverancia haber concluido el trabajo, largamente 
demorado luego de que asumí la Dirección de Televisión Nacional de 
Uruguay en abril de 2010. 

El mismo reconocimiento para Leandro Sagaseta, que me acompañó 
en la primera incursión a San Javier, y es apoyo imprescindible en este 
y otros trabajos. 

Agradezco también a todos los entrevistados y a los centros cul¬ 
turales Máximo Gorki de Montevideo y de San Javier, a la Fundación 
Vladimir Roslik, al serpaj, a ielsur, a Olga Sanin, Gastón Grisoni, Jair 
Krischke, Elba Rama, Universindo Rodríguez, Pablo Klapenbach, Car¬ 
los Demasi, Oscar Destouet, Constanza Moreira, Alvaro Rico, Marcelo 
Ferrero, Silvia Dutrenit, Ana Buriano, Basilio Gorlo, Manuel Esmoris, 
Magdalena Figueredo, Alba Antunes, Juan Pablo Mirza, Alvaro Corbacho 
Casas, Ramiro Ozer Ami, Milita Alfaro, Daniel Vidart, Ludmila Shtein- 
gardt, Julio Busson, Federico Estol, Armando Olivera Ramos, Ricardo 
Antúnez, La Diaria. 

Mi gratitud especial a Víctor Macarov, Aníbal Lapunov, Hugo 
González y Pepe Bozinsky por su dedicada colaboración. 

Virginia Martínez 
Febrero de 2013 


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Nuevo Israel 


La Rusia de donde vinieron los fundadores de San Javier era una 
autocracia religiosa gobernada por la centenaria dinastía de los Romanov. 
Un inmenso país campesino con una población en su mayoría analfabeta, 
que obedecía al zar como se obedece al padre o a Dios. 

El zar también era el jefe de la Iglesia Ortodoxa, pilar ideológico del 
régimen. Desde el púlpito y en las escuelas parroquiales, los sacerdotes 
enseñaban a los súbditos a venerar al monarca y a dar la vida por él si era 
necesario. La Iglesia juzgaba asuntos sociales y morales -el adulterio, 
la blasfemia- y era un poderoso instrumento de censura ya que no se 
podía publicar ningún libro religioso o filosófico sin que hubiera sido 
examinado por los ojos eclesiásticos. 

Los campesinos eran, al menos en apariencia, profundamente reli¬ 
giosos. Vivían persignándose, invocaban a Dios y reverenciaban al icono 
que había en cada casa de familia. Sin embargo, tras el devoto apego 
a la religión oficial, se escondían creencias paganas, supersticiones y 
brujería. Lo que conocían de religión lo habían aprendido de la prédica 
de los sacerdotes, a quienes veían, con razón, más como traficantes de 
sacramentos que como guías espirituales. 

Aplastados por los terratenientes y la Iglesia, embrutecidos por el 
trabajo y el alcohol, la mayoría no alcanzaba a vivir más de 35 años. 
Nacían y morían sin haber ido más allá de la aldea, la parroquia o el 
campo donde trabajaban. Unos pocos se habían aventurado, alguna vez, 
a los alrededores de las mansiones de los nobles y otros, la minoría, 
habían pisado un salón de escuela. Los varones se vestían y cortaban 
el pelo con el estilo impersonal y uniforme que era común a todos y el 
único que conocían. Las muchachas se permitían la libertad de exhibir 
su encanto -las trenzas-, mientras eran solteras. Después de casadas, las 
buenas costumbres imponían el pelo recogido bajo una cofia o un pañuelo. 


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Virginia Martínez 


Vivían en chozas sucias y peor iluminadas; dormían sobre jergones, 
cerca del hogar, y en invierno la casa se convertía en establo donde se 
apretaban hombres, niños, mujeres, cabras y temeros. El padre domi¬ 
naba la familia, -muchas veces el patriarcado llegaba a la tiranía- y era 
costumbre golpear a la mujer y a los hijos. Fuera del minúsculo mundo 
familiar donde hacía sentir el peso de su mano, el campesino era nadie. 
También a él lo azotaba el terrateniente, por faltas menores o simplemente 
para que supiera quién mandaba. 

La tierra era propiedad colectiva y su cultivo responsabilidad 
comunal. Las familias compartían las herramientas, las semillas y los 
animales de trabajo. Los menos tenían apenas un caballo y los más, los 
brazos de los hijos para tirar del arado. Cada tres o cuatro años, el con¬ 
sejo de ancianos de la aldea redistribuía las parcelas según la necesidad 
de cada familia. A esa comunidad campesina y a su sistema de trabajo y 
distribución se la conoce con el nombre de mir. 

El consejo también organizaba los cultivos y disponía las tierras que 
debían quedar en barbecho, recaudaba impuestos, impartía justicia y or¬ 
denaba las celebraciones colectivas. Tan ligado a la tierra como ignorante 
de que existía otro mundo fuera del rústico caserío de caminos de barro 
donde habían nacido sus padres y abuelos y donde también vivirían y 
morirían sus hijos, el campesino solía decir: “Nadie es más grande que 
el mir”. Y era así para él. No podía siquiera imaginar algo distinto de 
aquella sociedad pobre, atrasada y violenta que Trotsky retrató con una 
metáfora demoledora: la Rusia de iconos y cucarachas. 

Se ha querido ver en el mir un embrión de democracia y partici¬ 
pación ciudadana o la expresión del natural colectivismo del pueblo 
ruso. Sin embargo parecen más apropiadas interpretaciones como la 
del historiador inglés Orlando Figes, que lo considera el resultado de 
una estrategia económica y social de los más débiles para sobrevivir en 
condiciones de vida durísimas en las que todo era adverso, la naturaleza, 
el Estado y los terratenientes.® El mir no era una sociedad igualitaria y 
menos democrática. Los patriarcas, refractarios a cualquier cambio, do¬ 
minaban la aldea, y aunque existía una institución colectiva -la asamblea 


(3) Para la descripción de la vida campesina bajo el zarismo me basé en la obra de 
Orlando Figes La revolución rusa (1891-1924) La tragedia de un pueblo (Barcelona, Edhasa, 
2008). Figes establece que al comenzar el siglo xx, el 80% de la población rusa era campesina 
y que la mayoría del resto, -obreros, empleados de tiendas, mozos, sirvientas y dependientes 
en general- eran hijos de campesinos recién emigrados del campo. En 1914, tres de cada 
cuatro habitantes de San Petersburgo estaban registrados como campesinos de nacimiento. 


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Los rusos de San Javier 


comunal- la mayoría de los campesinos no asistía a ella porque sabía de 
antemano que los pocos de siempre impondrían su voluntad. 

Muy lejos de su lugar de origen, la colonia de San Javier reprodujo 
rasgos de la sociedad campesina de la que provenía: la propiedad colec¬ 
tiva de la tierra, los valores comunitarios por encima de los individuales, 
el sometimiento reverencial a la autoridad y el aislamiento del mundo 
exterior. Pero algo esencial distingue a los fundadores de San Javier de 
los campesinos que han dejado atrás. Los de San Javier integran una 
secta religiosa perseguida -Nuevo Israel- y llegan a Uruguay con una 
misión divina: fundar el reino de Dios en la tierra. 

Desde fines del siglo xvii, grupos religiosos minoritarios comen¬ 
zaron a apartarse de la iglesia del Estado. Primero fueron los llamados 
antiguos creyentes y luego surgieron otros, como los dujobori -comba¬ 
tientes del espíritu-, los molokanes -bebedores de leche-, los stundistas 
-bautistas-. Entre esos grupos nacidos en oposición a la Iglesia Ortodoxa 
estaba Nuevo Israel. (4) 5 Todos tenían una larga tradición de disidencia y 
persecución. 

Vasili Lubkov fue uno de los tantos hijos de campesinos que aban¬ 
donó el culto oficial para abrazar una confesión disidente. El futuro 
fundador de la colonia nació el 24 de diciembre de 1869 en Bobrova y 
a los 17 años se unió a Nuevo Israel. Pasó ocho años en prisión junto a 
otros predicadores perseguidos por la religión del zarismo. En 1895 la 
comunidad de Nuevo Israel lo eligió sucesor de Vasili Mokshin, líder 
espiritual de la secta muerto poco tiempo antes. <5) 

El “Papá”, (6) considerado encamación de Cristo, presentó al Congre¬ 
so de Nuevo Israel un plan para modernizar y extender el culto. Quería 
agmpar a los fieles dispersos en el vasto territorio ruso y establecer el 
Reino de Nuevo Israel en Tiflis, la capital de Georgia. La congregación 
se dividía en siete regiones, cada una representada por un arcángel. Após¬ 
toles y profetas integraban la jerarquía del gobierno que tenía a Lubkov 
como jefe de los asuntos terrenales y espirituales de la comunidad. 

Trabajadores y piadosos, los seguidores de Nuevo Israel forma¬ 
ban una sociedad de inspiración tolstoiana, basada en la solidaridad 


(4) Ver La religión de los colonos en el capítulo “Miradas”. 

(5) Un cartel indica en San Javier el lugar donde está enterrado el apóstol Maximin 
Laurentivich Schevchenko, quien habría presenciado la transmisión espiritual de la jefatura 
de Nuevo Israel de Mokshin a Lubkov. 

(6) Denominación que la secta daba al jefe religioso. 


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Virginia Martínez 


de sus miembros. Se proponían abolir la pobreza y contribuían a 
un fondo común destinado a la economía colectiva. Renegaron del 
ritual y los sacramentos de la Iglesia Ortodoxa y espiritualizaron la 
práctica religiosa. Cantos, danzas, lecturas colectivas de la Biblia y 
dramatizaciones -llamadas sodeistviia- de El sermón de la montaña 
o La última cena, en las que Lubkov representaba a Cristo, atraían 
nuevos adeptos, fortalecían la identidad del grupo y el poder del líder. 
El historiador Vladimir Bonch Bruevich, (7> estudioso de las minorías 
religiosas, visitó los poblados de Nuevo Israel, y observó que en la 
mayoría de las casas, en lugar del tradicional icono, había un retrato 
del “Papá”, flanqueado por los antiguos jefes de la secta. 

Las reformas de Lubkov para modernizar el culto también abarcaron 
otros aspectos de la vida de los fieles, desde la alimentación hasta la orga¬ 
nización familiar. Levantó muchas de las interdicciones que empobrecían 
la dieta -pero mantuvo la prohibición del alcohol-, y declaró nulos los 
matrimonios realizados por la Iglesia Ortodoxa. Ordenó que los hombres 
tomaran nueva esposa entre las mujeres de la comunidad y estableció 
uniones de hecho, consagradas por su autoridad. En 1907 presentó a su 
nueva concubina -la tercera- que recibió el nombre de “Hija de Sión”. 
La “Mamá” o “Mamasha” tenía un rol importante como compañera del 
jefe y los fieles consideraban que cada cambio de pareja simbolizaba el 
crecimiento espiritual del “Papá”. 

Gran organizador y predicador de potente oratoria, Lubkov logró 
ampliar las fronteras de la comunidad. Según Bonch Bruevich, en su 
mejor momento Nuevo Israel llegó a reunir cien mil creyentes. 

Los acontecimientos políticos que sacudieron a Rusia a principios 
del siglo xx iban a tener consecuencias en el futuro de la secta. La mañana 
del domingo 9 de enero de 1905, cincuenta mil personas dirigidas por el 
pope Gapón, marcharon al Palacio de Invierno entonando himnos religio¬ 
sos. Aunque Nicolás ii había prohibido la concentración, los manifestantes 
tenían la esperanza de que los recibiera: “Somos pobres; nos oprimen, 
nos cargan con un trabajo excesivo, somos tratados despectivamente... 
nos ahogamos en medio del despotismo y del desafuero. Oh, majestad, 


(7) Vladimir Bonch Bruevich (1873-1955). Historiador, especialista en religiones 
disidentes de la Iglesia Ortodoxa. Bolchevique de la primera hora y estrecho colaborador 
de Lenin, fue, junto a Leonid Krasin y Lunacharski, uno de los creadores del culto a Lenin 
iniciado tras su muerte con la organización de grandes funerales y la decisión de embalsamar 
el cuerpo y depositarlo en la Plaza Roja. 


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Los rusos de San Javier 


no nos quedan fuerzas y nuestra capacidad de resistencia ha llegado a 
su fin”, decía el manifiesto, más súplica que protesta. (8) 9 

El zar ordenó reprimir. Tropas de infantería hicieron disparos de 
advertencia y luego abrieron fuego contra la multitud. Cientos de cuer¬ 
pos quedaron tendidos en las calles. La matanza se extendió a todo San 
Petersburgo. Tras el Domingo Sangriento, una ola de huelgas cubrió 
el país: más de cuatrocientos mil trabajadores se unieron a la protesta. 
La rebelión también ganó a los estudiantes y a los campesinos, que in¬ 
vadieron las tierras de los nobles y destruyeron sus casas. En junio, se 
levantaron los marineros del acorazado Potemkin. 

Desbordado por la insurrección, y en un intento de controlarla, el 
17 de octubre Nicolás n divulgó el Manifiesto de Octubre que otorgaba 
libertades civiles y políticas y prometía un régimen constitucional. En 
febrero había promulgado un edicto de tolerancia religiosa que establecía 
libertad de conciencia para los súbditos del imperio. Sin embargo, hasta 
los más moderados estimaron que lo que ofrecía el zar era demasiado 
poco y llegaba tarde. 

Lubkov reunió en Taganrog a cuatrocientos cincuenta delegados de 
la congregación. Expuso un programa cristiano y de inspiración colecti¬ 
vista para la secta pero prohibió la participación en los partidos políticos 
y rechazó la revolución como medio de alcanzar reformas políticas y 
sociales. El zar -dijo- era el soberano de Rusia por elección divina. 
Confiando que la tolerancia religiosa les permitiría practicar libremente 
su fe, llamó a las comunidades a reunirse en Agstafa, donde fundarían el 
reino de Dios. Allí los visitó Bonch Bruevich y quedó sorprendido por 
el buen nivel de vida y la organización de los pobladores.® 

El manifiesto de tolerancia no frenó la persecución a las minorías 
religiosas, lo que reavivó en Lubkov antiguos planes de emigración. Escri¬ 
bió a sus fieles anunciándoles tiempos difíciles -“oscuras nubes se ciernen 
sobre Israel”- y que quizá tendrían que abandonar la “sagrada Rusia”. (10) En 


(8) Figes, op. cit., pág. 218. 

(9) Bonch Bruevich afirma que la reunión, convención general de Nuevo Israel, tuvo 
lugar el 3 de febrero de 1906. En ella participaron representantes de las zonas de Kuban, Don, 
Stavropol, Yekaterinoslav, Tambov, Kaluga, Ryazan, Samara, Kiev y de la Transcaucasia. La 
secta tenía unos cien mil adeptos y era una organización disciplinada, integrada en su mayoría 
por agricultores de bajos recursos. Había también un pequeño grupo de artesanos, trabajadores 
ferroviarios, empleados y pequeños comerciantes. Luego de la reunión de Taganrog nacieron 
nuevos grupos en Smolensk, Tula y Orel. 

(10) Carta de Lubkov a sus adeptos. En Sergei Petrov, New Israel Transformation of 


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Virginia Martínez 


compañía del apóstol Esteban Michin, partió a Estados Unidos y Canadá 
en busca de las tierras donde iba a nacer la nueva Sión. 

Poco después, el cónsul general de Uruguay José Richling, porta¬ 
voz del interés del presidente José Batlle y Ordóñez de poblar el país 
con agricultores, se reunió en Taganrog (11) con campesinos que querían 
emigrar. La impresión que los creyentes de Nuevo Israel dejaron en el 
cónsul no pudo ser mejor. El 5 de setiembre de 1912 envió un telegrama 
desde Rostov informando al gobierno del encuentro: “Colonos excelen¬ 
tes, buena raza, activos, honestos, cultivan trigo, centeno, maíz, cebada, 
avena, algodón, remolacha, fruta, verdura, lechería, aves, tienen algún 
capital; recomiendo calurosamente darles facilidades”. (12) 

Richling también visitó las congregaciones asentadas en Agstafa y 
Kajetia. Su informe, a la manera de los apuntes de campo del etnógrafo, 
describe la sociedad, la economía, las creencias y costumbres de la secta: 
“Los agricultores que componen estas colonias pertenecen a la ‘Sociedad 
Evangélica del Nuevo Israel’, una comunidad religiosa que profesa y 
practica ciertas ideas filosóficas preconizadas por el conde Tolstoi, y que 
tienen por base la más estricta honestidad en los actos y transacciones 
de la vida diaria. El uso del alcohol y el tabaco les está vedado. [...] Los 
colonos de que me ocupo se lamentan de las persecuciones de que son 
objeto y no estando dispuestos a sacrificar sus creencias religiosas han 
resuelto emigrar en masa al país que les brinde mejores oportunidades”. 

La producción económica tenía como base el trabajo colectivo: 
“La mayor parte de los trabajos de la tierra y demás operaciones de 
campo se hacen en cooperación, la trillas y la colocación de los pro¬ 
ductos se realizan también de común acuerdo. Mantienen almacenes, al 
estilo de cooperativas de consumo [...] Para el pastoreo de los animales 
tienen potreros comunales. Las diferentes chacras no están divididas 
por alambrados. [...] Poseen cooperativamente también, una herrería 
donde fabrican herramientas”. Del informe surge que los agricultores 
estaban bien equipados: trabajaban con trilladoras, segadoras, rastras y 
sembradoras de origen alemán y estadounidense, y tenían molinos de 
aceite de maní y girasol. 


a Branch ofRussian Religious Dissent, Doukhobor Genealogy Webseit. (versión en línea). 

(11) Cercana a Rostov, Taganrog hoy es más conocida por ser la ciudad donde nació 
y creció Antón Chéjov. 

(12) Diario de Sesiones de la Cámara de Representantes (dscr), 17 de noviembre de 
1921, pág. 82 y siguientes. 


20 




Los rusos de San Javier 


Los seguidores de Nuevo Israel -organizados, probos y austeros- 
prometían adaptarse bien a los proyectos de colonización del gobierno. 
El cónsul se comprometió a gestionarles tierras, animales y herramientas 
de labor. 

Mientras tanto, Lubkov había avanzado la negociación para instalarse 
en Canadá. Detuvo los planes cuando recibió un telegrama de Richling que 
confirmaba los compromisos adelantados en Agstafa, lo invitaba a viajar a 
Uruguay y se ofrecía a pagarle el pasaje. (13) La propuesta decidió a Lubkov 
a embarcarse rumbo a Montevideo. A fin de año estaba en la capital y a 
principios de 1913 se inició la emigración. La idea original, propuesta por 
el ingeniero Carlos Praderi, era ocupar tres mil hectáreas de la compañía 
Liebig’s. El proyecto no prosperó pues necesitaba la aprobación y regla¬ 
mentación de una ley general de colonización. 

Entre tanto los inmigrantes comenzaron a llegar a Montevideo. Ve¬ 
nían en grupos de veinte a treinta personas. No formaban una población 
homogénea del punto de vista social ni económico. La mayoría hablaba 
dialectos regionales y eran analfabetos. Entre ellos había campesinos, 
hojalateros, carpinteros, albañiles, zapateros y herreros. 

Algunos embarcaron en el puerto letón de Liepaja, en un barco 
de bandera inglesa llamado Alcalá. En la travesía nació un niño que, 
por ello, ganó el derecho al pasaporte británico. Entre el nacimiento de 
Esteban Sanin en alta mar el 12 de abril de 1913 y su muerte en Ucrania 
casi ochenta años después, se despliega una historia mayor, la historia de 
la revolución bolchevique, de la construcción y el derrumbe del Estado 
soviético. Esteban dejó la Rusia zarista en el vientre de su madre, creció 
en San Javier y en la adolescencia se hizo comunista. En 1959, casado y 
con hijos, volvió a la entonces Unión Soviética. Murió en una pequeña 
ciudad de Ucrania un año después de la disolución de la urss, tan fiel 
a las ideas que había abrazado en la juventud como decepcionado del 
comunismo soviético. 

Los recién llegados se alojaron en el Hotel de Inmigrantes a la espera 
de las tierras ofrecidas. En abril ya había más de cien familias. Los padres 
y los abuelos de Basilio Gorlo vinieron con los primeros inmigrantes. Va¬ 
sta, diminutivo de Basilio, nació en San Javier y como Esteban Sanin él 
también regresó a la Unión Soviética en 1959. A partir de entonces vivió 
en Stavropol. Preocupado por conservar la memoria de la comunidad, cada 


(13) dscr, 5 de julio de 1913, pág. 140 y siguientes. 


21 



Virginia Martínez 


tanto enviaba cartas y relatos a Uruguay. Sobre los primeros tiempos, dice 
Gorlo: “Había familias muy numerosas y aun con ancianos. Esto fue en 
otoño, cuando en Montevideo sopla un viento muy frío desde el mar, a 
menudo con una fina llovizna helada. Especialmente sufrían los niños y 
los viejos, hasta que hubo las primeras muertes”. (14) 

Amontonados en piezas oscuras y mal ventiladas, con valijas, 
baúles y colchones apilados en los corredores del alojamiento, los rusos 
no tenían donde dormir. Se hacían lugar en el suelo o lo buscaban a la 
intemperie, en la rambla. Tantos eran -ochocientas personas- que hubo 
que habilitar un galpón ruinoso, cerca del hotel. El hacinamiento y la 
mala alimentación provocaron la aparición de enfermedades: infecciones 
pulmonares, conjuntivitis y sarampión. Una mujer embarazada, madre 
de cuatro hijos pequeños, resbaló por una escalera desvencijada y murió 
en el hospital. 

Un informe de la Comisión de Agricultura y Colonización de la 
Cámara de Representantes redactado una década más tarde coincide en 
señalar que a pesar del entusiasta ofrecimiento de Richling, en Montevideo 
reinaba la improvisación y el desconcierto: “No había nada preparado para 
recibirlos, pero siguieron afluyendo, hasta reunirse no menos de doscientas 
cincuenta familias, que vivieron durante dos meses y medio en la sucia 
promiscuidad del Alojamiento de Inmigrantes. Es difícil precisar quiénes 
fueron los culpables de esta aventura, aunque seguramente habrá que repartir 
la responsabilidad entre los funcionarios oficiales, los comisionados rusos 
y los mismos colonos que se dejaron arrastrar por un optimismo temerario 
en su pujante aspiración de tierra y libertad”. (15) 

Algunos inmigrantes se presentaron en la redacción de los diarios 
de la capital acompañados de un intérprete para denunciar el maltrato y 
aun la explotación a que eran sometidos por funcionarios del Hotel. El 
asunto creció tanto como para que Richling se sintiera obligado a enviar 
desde Nueva York una carta en la que deslindaba responsabilidad en la 
masiva emigración: “Mi ida al Cáucaso ha tenido por fin único cercio¬ 
rarme de las condiciones éticas, morales y técnicas de los colonos. [...] 
Lo que ha pasado luego en el Uruguay no lo sé ni me incumbe, y la 
situación poco agradable en que pueden encontrarse hoy los colonos en 


(14) Basilio Gorlo, “Algunas palabras sobre la colonia rusa San Javier en Uruguay”, 
documento fechado en Stavropol en 2005. 

(15) dscr, 17 de agosto de 1923, pág. 203. 

22 



Los rusos de San Javier 


nuestro país, se debe a apresuramientos a los cuales yo soy ajeno y que 
desapruebo. Lamento que no haya sido posible arbitrar, por el momento, 
los medios de incorporar esta excepcional corriente de inmigrantes a la 
República, pero no toca a mí juzgar de las causas y motivos que hasta 
ahora lo han impedido”. (16) 

El diputado socialista Emilio Frugoni visitó el Alojamiento y se 
conmovió por el panorama que encontró allí: “Los he visto yo, señor 
Presidente, llenando esos viejos depósitos, bajos de techo, húmedos, 
sin aire, casi sin luz, con las camas, los catres de hierro, los jergones, 
comprados, entre paréntesis, aquí en las casas de ‘bric-á-brac’, a precios 
exorbitantes -porque esta pobre gente está siendo víctima de toda clase 
de explotadores-, colocados estos jergones y estas camas en dos hileras a 
los largo de las paredes y tocándose materialmente unos lechos con otros. 
Había allí niños y hasta hombres, envueltos en mantas completamente 
arropados, afectados ya de una enfermedad que les produce chuchos 
permanentes”. (17) 

Frugoni pidió que el ministro de Industrias concurriera a la Cámara 
para dar explicaciones sobre el asunto. José Ramasso salvó la respon¬ 
sabilidad del Poder Ejecutivo trasladándola a los propios inmigrantes, 
quienes -aseguró- no habían llegado al país, invitados o contratados 
sino por su iniciativa. En una intervención florida y rimbombante que 
desentona con el desolador relato de Frugoni, el ministro afirmó: “Estos 
inmigrantes rusos están en las mismas condiciones de todos los otros 
inmigrantes que, ‘motu propio’, vienen a nuestras tierras desalojados de 
las suyas por causas múltiples, por estrecheces múltiples, a buscar trabajo, 
a desarrollar actividades en un medio más fácil, en nuestro medio más 
remunerador y mucho más progresista, bajo el esplendor luminoso de 
nuestro cielo, al amparo de nuestras leyes, cada día más humanas, cada 
día más liberales, cada día más encaminadas a la protección del débil, 
al socorro del humilde y del necesitado”. (18) 

Para Ramasso, el hacinamiento no era fruto de la indiferencia del 
gobierno sino de su excesiva tolerancia. Si se hubiese aplicado a rajatabla 
la letra del reglamento, el Hotel de Inmigrantes, alojamiento transitorio 
por definición, no habría desbordado: “El hospedaje y alimentación son 


(16) El Plata, 10 de julio de 1913. 

(17) dscr, 5 de julio de 1913, pág. 137. 

(18) dscr, 8 de julio de 1913, pág. 180. 


23 




Virginia Martínez 


gratuitos durante cinco días, pasados los cuales una tarifa módica obliga 
al pago de hospedaje a los que intenten permanecer en él. [... ] Solamente 
los rusos se han hecho los difíciles, y solamente estos, al amparo de la 
liberalidad del Gobierno, comen y duermen, permanecen alojados mucho 
mayor tiempo del que establecen los reglamentos y no se deciden por 
aceptar el primer trabajo que se les ofrece”. 

Más allá de la crudeza de las palabras del ministro, su apreciación era 
pertinente al menos en un aspecto: los rusos no querían colocarse indivi¬ 
dualmente como jornaleros o peones. Es que esta gente era distinta a otros 
inmigrantes aunque compartiera con ellos la condición de perseguidos 
que habían venido al país en busca de libertad. A estos inmigrantes no 
los animaba un proyecto individual ni habían cruzado el océano Atlántico 
para pernoctar cinco días en el Alojamiento y aceptar, como pretendía 
Ramasso, el primer trabajo que se les ofreciera. No querían dispersarse. 
Habían llegado a Uruguay para instalarse como colonos y practicar en 
sociedad su religión. Lubkov, jefe temporal y espiritual de la secta, los 
había convocado para fundar aquí el reino de Dios. 

Los de Nuevo Israel no encontraban su fortaleza en los valores 
individuales sino en los del grupo. En sus comunidades no amojonaban 
los terrenos, y los potreros para el pastoreo del ganado eran de propiedad 
colectiva. Tampoco les interesaba demasiado la educación pues la palabra 
de Lubkov y su dramatización de la Biblia constituía la fuente del saber. 

Cuando esa colectividad, nacida al margen del Estado zarista, 
marcada por la persecución, unida por la fe y el mando de un hombre, 
tomó contacto con la mentalidad y las ideas que se abrían paso en la 
sociedad uruguaya de principios del siglo pasado, se produjo el choque. 
Orgulloso de sus recientes y crecientes conquistas políticas, económicas 
y sociales, aquel Uruguay no podía comprender, ni aceptar, la misión de 
Nuevo Israel. De ahí nacieron buena parte de los equívocos que en los 
años siguientes convirtieron a San Javier en objeto de irritados debates. 


24 



Prodigio del trabajo 


Andrés Solotariov estuvo entre los primeros colonos que desembar¬ 
caron en Uruguay. Fue uno de los discípulos preferidos de Lubkov hasta 
que tomó distancia de su liderazgo y rechazó su autoridad. Cuando se 
celebraron los cincuenta años de la fundación de San Javier, Solotariov 
escribió una veintena de artículos que publicó El Litoral de Fray Ben- 
tos. Dueño de una memoria rica y precisa, sus crónicas son una fuente 
importante, y comprometida, para conocer la peripecia de los rusos en 
Montevideo y la historia de la colonia. (19) 

Acostumbrados a vivir a cielo abierto y al trabajo del campo, en el 
Hotel de Inmigrantes los rusos se sentían presos. No hablaban español 
ni tenían conocidos en el país. Decepcionadas, algunas de las familias 
que tenían recursos propios, se volvieron a Rusia. Dice Solotariov: 
“Nuestro jefe y caudillo, no variaba su nerviosidad e inquietud, se reunía 
muy a menudo con los Apóstoles y los mejores agricultores, buscando 
una salida a la terrible situación, dejar la Casa de Inmigrantes, recorrer 
campos, disfrutar el aire libre. Resolvimos recaudar fondos de los pu¬ 
dientes, con la fórmula de hacer grupos de diez familias y trabajar en 
forma cooperativa y facilitar a cada grupo un arado, dos yuntas de bue¬ 
yes y, si se conseguía, un caballo, una vaca y semillas”. (20) La iniciativa 
prosperó: cada familia donó dinero según su posibilidad y se formó un 
fondo común que se entregó al “Papá”. Anadie se le dio documento de 
constancia de su aporte. 

Simultáneamente surgió la propuesta que los sacó del hacinamiento: 
el arrendamiento de campos de la familia Espalter, en Río Negro. Los 
hermanos Espalter ofrecieron casi tres mil hectáreas de su propiedad por 
un período de diez años cuya renta debía pagarse cada seis meses. Los 
arrendatarios destinarían los campos a la agricultura, la ganadería y la 


(19) Ver texto completo de las crónicas en el capítulo “Miradas”. 

(20) El Litoral, 25 de junio de 1963. 


25 



Virginia Martínez 


explotación maderera. Al fin del contrato los propietarios tenían derecho 
a quedarse con las construcciones rústicas y debían ponerse de acuerdo 
con los colonos para comprar las de material. Durante el primer año el 
Estado garantizaba a la sucesión Espalter el pago del alquiler más una 
indemnización en caso de que los agricultores no pudieran cumplir con 
lo pactado. El gobierno también se comprometió a entregarles semillas 
y herramientas. La fórmula era equivalente a la empleada en otras co¬ 
lonias inmigrantes de iniciativa privada, en las que el Estado era fiador 
solidario y apoyaba el emprendimiento facilitando asesoramiento técnico 
e instrumentos de labor. 

El ingeniero agrónomo Miguel Iewdiukow, (21) que había llegado 
de Rusia pocos años antes, estuvo muy cerca de sus compatriotas e hizo 
gestiones para que la propuesta llegara a buen fin. A las familias con 
mayores recursos no les atraía la solución pues querían instalarse en 
Cerro Largo donde pensaban comprar campos a título individual. Dice 
Iewdiukow: “Tuve que emplear entonces toda mi influencia moral sobre 
los colonos haciendo fracasar los propósitos de las familias pudientes 
obligándolas a tomar en explotación conjuntamente con las familias 
pobres el campo ofrecido por el gobiemo”. (22) Finalmente aceptaron 
la iniciativa y acordaron que el poblado se llamaría Colonia Espalter, 
nombre que luego cambiaron por San Javier. 

Ciento cuarenta y ocho jefes de familia nombraron a Lubkov ad¬ 
ministrador general del emprendimiento y le otorgaron un poder que lo 
habilitaba a vender, comprar, permutar, ceder, arrendar y disponer de los 
bienes presentes y futuros de la colonia. (23) También podía pedir prestamos 
y cobrar deudas en nombre de los pobladores y los representaba legalmen¬ 
te en toda instancia presente o futura en la que debieran comparecer ante 
el Estado. La amplitud del poder dejaba a los colonos en una situación 
de completa dependencia del administrador. La renuncia a la soberanía 
individual era característica de la fe religiosa de Nuevo Israel puesto 


(21) Miguel Iewdiukow (¿-1960). Emigró a Austria tras la revolución de 1905. Allí 
conoció a una joven de la nobleza polaca llamada Eda Tachnika, con quien se casó. Es posible 
que el matrimonio y la hija mayor, nacida en Viena, haya llegado a Uruguay en 1910. Iew- 
diukow fue jefe de la estación agronómica de Cerro Largo y se instaló en Bañados de Medina. 
Continuó su carrera en la estación de Paysandú. Entrevista a las nietas de Miguel, Alejandra 
y María Iewdiukov Artagaveytia. Montevideo, 19 de diciembre de 2009. 

(22) La Democracia, 16 de octubre de 1921. 

(23) Ver texto completo del poder en el capítulo “Miradas”. 


26 



Los rusos de San Javier 


que Lubkov, el profeta, hablaba y actuaba por todos. Su poder terrenal 
provenía de su autoridad espiritual, tanto que, instalada la colonia, al 
pie de las comunicaciones que enviaba como administrador no firmaba 
con su nombre y apellido sino como “Papá”. Por ello no parece despro¬ 
porcionada la afirmación que cuatro años más tarde hizo la Comisión 
Investigadora nombrada por el Ministerio de Industrias para estudiar la 
situación de la colonia: “La administración es Lubkov, la propiedad es 
Lubkov, la ley es Lubkov, la religión es Lubkov”. (24) 

El 27 de julio de 1913 llegaron a las costas del río Uruguay los 
primeros colonos. Desmalezaron el terreno, excavaron pozos de agua 
y levantaron las carpas donde iban a pasar el invierno. A principios de 
agosto se sumaron dos nuevos grupos. (25) 

Como el capital reunido solo permitía que se instalara una cantidad 
limitada de gente, algunos rusos, aproximadamente cien personas, tu¬ 
vieron que quedarse en Montevideo. El Telégrafo de Paysandú publicó 
un aviso informando que entre estos había agricultores, herreros y ma¬ 
quinistas con voluntad de emplearse en cualquier tarea: “Las personas 
que tengan necesidad de obreros y campesinos competentes dirigirse al 
Alojamiento de inmigrantes”. (26) 

El Ministerio de Industrias anunció concursos con premios en dinero 
para los mejores trabajadores y nombró al ingeniero agrónomo Manuel 
Vázquez Ferreiro como asesor de los agricultores. 

El Telégrafo relató los primeros días de San Javier. Son artículos 
llenos de entusiasmo con el empeño de los inmigrantes y el futuro del 
asentamiento: “La colmena está en plena actividad. En todas partes se ve 
gente que trabaja. Nadie está inactivo. Los hombres levantan las paredes de 
los ‘ranchos’ y ajustan las vigas de su techumbre. Las mujeres pisan barro, 
forman ladrillos de adobe o bien cavan tierra y fabrican hornos y cocinas 
que son un verdadero modelo en su género. Los chicos transportan mate¬ 
riales de un lado a otro”. Las crónicas respiran una mezcla de curiosidad 
y paternal admiración por los recién llegados. Los hombres son robustos, 
vigorosos e ingenuos; las mujeres, recatadas. El conjunto reúne los rasgos 
idealizados del pionero: humildad, disposición al sacrificio, laboriosidad y 
en este caso, además, se distinguen por la devoción al caudillo que los ha 


(24) dscr, 8 de noviembre de 1921, pág. 466. 

(25) En el primer grupo llegaron 582 personas. Entre el 2 y el 5 de agosto llegaron, en 
dos viajes, 374 personas más. 

(26) El Telégrafo, 5 de agosto de 1913. 

27 



Virginia Martínez 


conducido a la libertad. Entre la multitud destaca la figura del jefe, padre 
y sacerdote de la colonia: “Lo respetan y le obedecen con ciega sumisión 
y confianza absoluta”. Carácter, fuerza e inteligencia son las cualidades de 
Lubkov: “En esto tal vez resida el ascendiente que posee sobre los colonos, 
y que choca en el primer momento, a nuestros temperamentos latinos, 
inquietos y rebeldes”. (27) 

Una de las primeras fotos de San Javier muestra un estrecho camino 
de tierra. “El prodigio del trabajo”, título que eligió El Telégrafo para uno 
de sus artículos, también resume el espíritu de esa imagen en blanco y 
negro. Al costado del sendero hay carretones de pértigo y casas encaladas, 
de techo a dos aguas. Hombres de traje y corbata, mujeres con bebés en 
brazos y una niña vestida de blanco avanzan cargando grandes zapallos. 
El pie de la foto nos informa que en retribución a la hospitalidad del 
país de adopción, los colonos han decidido dar el nombre “Boulevard 
Artigas” a ese camino abierto entre la nada, que algún día será la calle 
principal de la colonia. 

Los recuerdos de Solotariov contradicen el optimismo del diario 
sanducero: “En agosto el tiempo se volvió inestable, vientos huracana¬ 
dos, grandes descargas eléctricas. Los vientos volaban las carpas, llovía 
torrencialmente y el agua corría por las camas y pocos muebles. La no¬ 
che era noche, no había luces y escasos faroles”. (28) Hubo que racionar 
la alimentación: a cada familia se le entregó una porción de azúcar y 
harina de maíz. Se organizaron grupos de trabajo para pescar, acarrear, 
construir. El frío y el hambre provocaron los primeros muertos, sobre 
todo entre los niños. 

“Habíamos sido abandonados por completo por las autoridades. 
Los campos eran cruzados a veces por algunos gauchos curiosos que 
se aproximaban a mirar a las familias extranjeras. Alguna carreta tirada 
por tres o cuatro bueyes. No teníamos noción si había alguna autoridad 
en donde vivíamos, si dependíamos de Fray Bentos o no. Nunca vimos 
alguna autoridad de Río Negro en ese largo campamento en todo ese 
pasar, de meses y meses. Nacían niños, otros morían. Había enfermos, 
jamás les llegó asistencia oficial de las autoridades municipales o nacio¬ 
nales”, escribe Solotariov. (29) 


(27) El Telégrafo, 23 de agosto de 1913. 

(28) El Litoral, 28 de junio de 1963. 

(29) El Litoral, 2 de julio de 1963. 


28 



Los rusos de San Javier 


Los pobladores lograron, sin embargo, establecerse y organizarse de 
acuerdo al mandato religioso. Levantaron un gran galpón para la sabraña, 
asamblea donde se celebraba el culto. Dos veces por semana se reunían 
en el salón vacío de imágenes -los hombres a la derecha y las mujeres 
a la izquierda- para escuchar la prédica del “Papá”. Cantaban himnos y 
danzaban en círculo en ceremonias litúrgicas cuya intensidad repugnó a 
algunos periodistas de la capital que años después llegaron a San Javier. 
La sabraña era el sitio donde se escuchaba el sermón y también, tribuna 
de arenga política. Allí Lubkov hablaba de asuntos espirituales y terre¬ 
nales. Informaba de la marcha de la economía, organizaba el trabajo, 
llamaba a la unidad del grupo y distinguía -o condenaba- a los fieles. 

En 1914 el poblado creció con la llegada de cincuenta familias y, 
con un préstamo del Banco Hipotecario, compraron un campo vecino, 
propiedad de Adelina Espalter de Falcao. 

Tres años más tarde habían sobrevivido a las epidemias de saram¬ 
pión, los temporales, las plagas de langosta, la ignorancia del idioma y la 
burocracia de la capital. Sembraban maíz, lino, trigo, avena e introdujeron 
el aceite de girasol en el país. 

Una de las primeras conquistas de la colonia fue la de romper el 
aislamiento: establecieron contacto con Paysandú a donde mandaban a los 
enfermos graves y de donde traían herramientas y alimentos. A principios 
de 1916 la planta urbana del poblado se desplazó a su ubicación actual y 
Lubkov estableció su residencia oficial en una gran casa, rematada por 
un alto mirador, conocida por todos como la Casa Blanca. 


29 





El sistema Lubkov 


San Javier funcionaba como un pequeño Estado teocrático gober¬ 
nado por un hombre enérgico y autoritario que decidía en nombre de 
la colectividad, maldecía a los díscolos, favorecía a sus preferidos y 
cambiaba de esposa por mujeres siempre más jóvenes. 

Los “perros del patrón” -así llamaban en voz baja a los hombres de 
Lubkov- vigilaban la colonia y mantenían informado al jefe. La mayoría 
de la población no hablaba español y temía la amenaza de expulsión “tras 
el alambrado”, como le llamaban, es decir fuera del mundo conocido. 
Quien violara alguna de las prohibiciones que regían en la colectividad 
debía someterse a un humillante acto de contrición. Arrodillado, el rostro 
en la tierra y las manos alzadas en plegaria, el pecador imploraba piedad. 

Los colonos reproducían las costumbres de la aldea campesina 
rusa, donde era habitual sancionar a los rebeldes con multas, expulsión, 
u otras formas de degradación que incluían el castigo corporal. Pero en 
San Javier no era el consejo de ancianos de la aldea, sino el “Papá” quien 
distribuía castigo y perdones. 

El germen de la oposición a Lubkov nació casi con la fundación de 
la colonia. Al principio fueron actos de desobediencia espontánea que 
luego se volvieron rebeldía abierta y organizada. 

Los padres de Eustaquia Golochin llegaron a Uruguay con los 
primeros pobladores. En su infancia, Dunia, como la llaman, escuchaba 
el relato de los primeros gestos de protesta: “En casa nos contaban la 
historia de la señora María Jarchenko. Un día, cuando llegó el reparto de 
leche, a ella le dieron apenas una jarra. Se armó de un palo, se metió en 
el corral y se abalanzó sobre un ternero. ‘Que no se me acerque nadie’, 
gritaba. ‘Tengo cinco hijos hambrientos’. No estaba dispuesta a seguir 
aceptando el privilegio de los protegidos”. <30) 

Los más jóvenes desafiaron la prohibición de fumar, tocar la guita¬ 
rra, el acordeón, la balalaika y cantar fuera de la sabraña, donde solo se 


(30) Entrevista a Dunia Golochin. Montevideo, 22 de abril de 2008. 


31 



Virginia Martínez 


entonaban los himnos religiosos compuestos por Lubkov. Crearon una 
biblioteca de libros rusos y en español. El jefe aceptó de mala gana la 
iniciativa y se nombró una comisión con las pocas personas que sabían 
leer: Miguel Sabelín, Jorge Jauchov, Juan Scherstibit, Andrés Solotariov, 
Cosme Solodlin y Pablo Chiculin. Poco después, Lubkov confiscó los 
libros y ordenó cerrar la biblioteca. 

La maldición del “Papá” no frenó a los rebeldes. Dice Gorlo: “La 
juventud opositora, con la ayuda de los maestros de la escuela 32 inició y 
promovió la actividad cultural de la colonia. [...] Así nació ‘Hacia la luz’, 
que podría considerarse el primer centro cultural de San Javier. Con gran 
entusiasmo, en un galpón, se ponían obras teatrales en ruso y español. 
Eran veladas muy populares en aquellos años que ayudaron a cimentar 
la buena convivencia entre los colonos rusos y la gente del lugar”. (31) 

El enfrentamiento entre los pobladores se agravó y se hizo más 
complejo cuando las disputas políticas nacionales se mezclaron con el 
conflicto local: la colonia se convirtió en centro de furiosas campañas 
de prensa y debates parlamentarios en los que blancos y colorados se 
acusaron mutuamente de utilizar a los rusos con fines electorales. 

En noviembre de 1921 Alberto Zum Felde (32) llegó a San Javier 
como corresponsal de El Día. Al cabo de la visita publicó una serie de 
ocho crónicas llamadas “Impresiones de un viaje” en las que ensaya una 
interpretación de la naturaleza de la comunidad y del conflicto: “Forzoso 
es constatar el fenómeno religioso en el fondo de cuanto ocurre en la 
Colonia Rusa, desde su formación hasta la actual lucha civil entablada 
entre los bandos. La separación más típica entre la minoría disidente y la 
mayoría adicta a Lubkov, es que los componentes de aquella no asisten a 
las ceremonias del culto organizando, aparte, funciones de carácter laico, 
tales como representaciones dramáticas o conciertos. Durante nuestra 
estada en la Colonia tuvimos oportunidad de ver este aspecto pintoresco 
de la lucha. Se celebra en uno de los grandes galpones, la fiesta religiosa 
y nocturna del domingo llamada ‘Sabrania’; y frente a esta, en franca 
competencia, en otro amplio galpón, los disidentes habían organizado 
una representación teatral, siendo ellos mismos los intérpretes. Todos 


(31) Carta de Basilio Gorlo a su sobrino Víctor Macarov, fechada en Stavropol, agosto 
de 2003. 

(32) Alberto Zum Felde (1889-1976). Ensayista, crítico literario e historiador. Publicó, 
entre otras obras. Proceso histórico del Uruguay (1919) y Proceso intelectual del Uruguay 
(1930). 


32 




Los rusos de San Javier 


los adictos a Lubkov estaban en la ‘Sabrania’; a la función dramática 
asistían las familias de los disidentes y algunos criollos avecindados en 
la Colonia, a quienes atraía más, sin duda, el espectáculo teatral que la 
ceremonia de un culto exótico”. (33) 

El conflicto que dividía a San Javier era religioso y cultural, pero 
también político y económico. Los colonos debían volcar el producto del 
trabajo a un fondo común pero no se llevaban cuentas ni la gente se atrevía 
a pedirlas. La obligación alcanzaba a los jóvenes que habían partido a 
trabajar en Fray Bentos o Paysandú, y a las familias que recibían dinero 
de Rusia. Muchos se oponían al administrador por considerar que su go¬ 
bierno era injusto y arbitrario. “Día a día se hacía más dueño de nuestro 
trabajo, de nuestro capital y de nuestras vidas. Seguíamos trabajando 
por pésima comida, ración mezquina. [...] Solo consultaba -porque no 
dejaba de estar nervioso y preocupado- con sus más fieles Apóstoles, 
cómo pedir dinero al gobierno y a los bancos”, dice Solotariov. (34) 

El primer acto formal de oposición surgió precisamente como cues- 
tionamiento al documento que había nombrado a Lubkov administrador 
de la colonia. El 17 de diciembre de 1915 un grupo de colonos se presentó 
ante el escribano Alberto Pedro Indart, de Fray Bentos, para pedir que se 
estudiara la contabilidad de la Administración y revocara el poder que 
habían firmado en Paysandú. (35) 

Aunque Lubkov siguió dirigiendo la colonia, en 1917 el interventor 
del Estado Eduardo Arechavaleta estableció ciertas obligaciones como 
las de documentar la participación de los pobladores en el fondo comu¬ 
nitario y hacer liquidaciones anuales que debían tener la aprobación por 
escrito de los colonos. Cuando llegó el momento de presentar la primera 
rendición, los números no reflejaban el aporte realizado en los trabajos 
de construcción de viviendas, en el puerto, ni las mejoras hechas en el 
pueblo. Faltaban también las sumas generadas por la venta de arvejas, 
porotos y quesos. A ningún colono, por analfabeto que fuera, se lo podía 
engañar en renglones tan esenciales. La mayoría se negó a firmar. 


(33) El Día, 23 de noviembre de 1921. Ver texto completo de “Impresiones de un viaje” 
en el capítulo “Miradas”. 

(34) El Litoral, 2 y 5 de julio de 1963. 

(35) Al pie del pedido de revocación del poder otorgado a Lubkov firman Pedro Po- 
dsviron, Pedro Michin, Miguel Gayvoronsky, Máximo Tayzev, Uvar Nickichenko, Pablo 
Aleynicov, Pablo Echestak, Projor Joniakov, Pedro Surcov, Simeón Yuyenko, Ignacio Pataja, 
Pablo Nesmanchy, Demetrio Schevzov, Juan Ykacheuko y Juan Roslik. dscr, 1 7 de noviembre 
de 1921, pág. 76. 


33 




Virginia Martínez 


Para liquidar la protesta, Lubkov forzó a irse a treinta familias 
opositoras, a quienes antes había insultado en la sabraña. Les quitaron 
los bienes, los privaron de la cosecha y los obligaron a salir del pueblo. 

El 18 de octubre de 1918, un decreto del administrador endureció 
aún más la vida de la comunidad: “1. La harina, lo mismo que bolsas, 
hilo sisal y otros útiles serán entregados de almacén solo a los colonos 
que firmaron sus cuentas de conformidad. 2. Solicitar el decreto del juez 
de paz para declarar a todos estos bolchevikistas, que ellos no pueden 
tocar nada de su cosecha sin autorización de la administración. 3. Quien 
no tenga cosecha, se embargarán sus inmuebles; los que no entreguen 
las cuotas correspondientes al Banco Hipotecario, quitarles derechos a 
las propiedades que tengan [...] 4. Comprende esta resolución a aque¬ 
llas personas que fueron a Montevideo y dejaron sus deudas en esta, 
conjuntamente con sus propiedades. 5. Toda la cosecha, como ser trigo, 
avena, cebada, debe ser entregada en el galpón, a fin de ser vendida por 
intermedio del Interventor del Estado; [...] 6. Deben entregar todos los 
procreos, que deben ser marcados con la marca de la colonia; deben 
justificar con certificados de propiedad los animales que tienen”. (36) 

Si bien Lubkov estaba mandatado para organizar el trabajo colec¬ 
tivo, cobrar deudas y representar a la colonia, el decreto evidencia que 
también usaba la facultad para asfixiar económicamente a los opositores. 
Hábil e inteligente, había aprendido el español y a relacionarse con los 
criollos y era quien mejor conocía el mundo que existía más allá del 
alambrado. Ejercía su autoridad en nombre del interés común e incluso, 
formalmente, no recibía salario por la tarea. La Administración pagaba 
sus gastos personales, y su trabajo -solía decir- sería recompensado 
cuando San Javier progresara. 

Su poder no era el de un administrador sino el de un jefe de secta. 
En su persona reunía el prestigio del caudillo y la autoridad moral del 
sacerdote. Bonch Bruevich, que había convivido con los fieles de Nuevo 
Israel y había tratado al “Papá”, define así su lugar en la comunidad: 
“El líder -Cristo- es el jefe de la organización. Su poder es ilimitado y 
absoluto”. (37) 


(36) Comunicado de Lubkov, citado por el ingeniero Iewdiukow. La Democracia, 20 
de octubre de 1921. 

(37) Petrov, op.cit. 


34 



Los rusos de San Javier 


En una sociedad marcada por el aislamiento geográfico y lingüístico, 
en la que gobierno, trabajo, cultura y religión eran uno e indivisibles, 
no había asunto que escapara a su dominio. Vasili Lubkov era, para de¬ 
cirlo con las palabras cargadas de ironía de Solotariov, padre espiritual, 
administrador legal y cajero. 

Zum Felde, que no oculta la simpatía que le inspira el jefe de San 
Javier, calificó su gobierno de dictadura paternal y necesaria: “Desde el 
punto de vista de la Libertad y del Derecho, su conducta es absorbente 
y despótica; pero desde el punto de vista de la Realidad, no es más que 
un hecho necesario”. (38) 

Los opositores aparecían asociados a los partidarios de la revolución 
que en Rusia acababa de derrocar al régimen zarista. Lubkov los llamaba 
“disidentes”, “maximalistas” y “bolchevikistas”. Y algunos lo eran. De 
hecho, “Hacia la luz”, centro cultural creado por los jóvenes opositores, 
también fue el primer núcleo de inspiración marxista de San Javier. Así 
lo definieron viejos comunistas que vivían en la colonia en 2008 cuando 
inicié esta investigación. 

Otro núcleo de disidencia estaba formado por los rusos que habían 
partido a Paysandú y a Montevideo, para emplearse como obreros en 
la naciente industria frigorífica. Aprendieron el idioma del país, cono¬ 
cieron formas de organización laicas e igualitarias, como el sindicato, y 
comenzaron a integrarse a la sociedad uruguaya. “La propaganda ácrata 
calentó sus cabezas y enfrió su ingenua fe religiosa”, apunta con agudeza 
el redactor del informe de la Comisión de Agricultura ya citado. (39) Esos 
trabajadores tenían familia y amigos en San Javier, les mandaban cartas 
y folletos que hablaban de organización obrera y revolución social, y 
muchos, luego de trabajar en la capital, volvieron al pueblo. En sus “Im¬ 
presiones de viaje”, Zum Felde despacha a este grupo opositor en dos 
líneas gruesas y poco amistosas: son los anarquistas venidos del Cerro, 
los entrometidos en la colonia para provocar el desorden. 

Zum Felde exagera la nota pues la mayoría de los disidentes no era 
anarquista, ni comunista y menos provocadores venidos de fuera. Eran 
colonos que habían perdido la fe en Lubkov y criticaban los métodos 
de su administración, la oscuridad de las cuentas, el favoritismo en el 
reparto de las chacras, la utilización del crédito como premio y castigo. 


(38) El Día, 24 de noviembre de 1921. 

(39) dscr, 17 de agosto de 1923, pág. 203. 


35 



Virginia Martínez 


que se dispusiera discrecionalmente del capital social y que se les privara 
de las cosechas y animales. Querían revocar el mandato general y que 
los campos se escrituraran como propiedad individual. Para conservar 
la autoridad que antes había ejercido con el consentimiento de todos, 
Lubkov necesitaba que San Javier continuara siendo un mundo aparte, 
un islote gobernado por la ley religiosa. Pero en un país cada vez más 
laico, el reino teocrático del “Papá” estaba destinado, en algún momento, 
a desaparecer. 

Zum Felde observó que muchos pobladores habían abandonado 
la vestimenta campesina rusa, tomaban mate como los criollos, y se 
habían adaptado a las condiciones geográficas y económicas del país. A 
eso hay que agregar la influencia que la escuela pública -abierta poco 
después de la fundación de la colonia y que entonces ya tenía 200 alum¬ 
nos- comenzó a ejercer en la generación nacida en Uruguay. “Los más 
jóvenes -mancebos y muchachas- formados en el país, influenciados 
por los elementos conversos, ya no sienten hacia la secta y hacia su jefe 
el fervor ingenuo y antiguo de los padres. Cantan en la ‘Sabrania’ por 
respeto y solidaridad paterna, pero no besan las manos de Papá Lubkov 
como lo hacen los viejos”, concluye Zum Felde. 

La alfabetización, más que la acción de provocadores foráneos, 
dividió a la colonia en dos grupos generacionales bien definidos. El de 
los fundadores, devotos del “Papá” o temerosos de su poder, que no 
hablaban bien español y aceptaban el código moral de la comunidad, y 
el de los más jóvenes que sabían leer y escribir, también sumar y restar. 
Comprendían la contabilidad de la administración, vestían como en la 
ciudad, tenían voluntad de progreso individual y querían emanciparse 
de la dictadura patriarcal de Lubkov. 

La penetración de la política nacional en San Javier no es ajena al 
conflicto. Fue temprana y se presentó como debate sobre el derecho, y 
aun sobre la capacidad de discernimiento, de los rusos para participar 
en la vida política del país. El Partido Nacional y su prensa acusaron al 
gobierno de promover la nacionalización en masa de los colonos para 
contar con sus votos. A poco de fundarse la colonia, el “Papá” se había 
pronunciado públicamente a favor del partido Colorado. “Este Lubkov 
era perspicaz y hábil: desde el primer día en tierra criolla entendió el 
consejo del viejo Vizcacha y decidió hacerse amigo del juez. Cuando 
el presidente Feliciano Viera pasó por Fray Bentos el 8 de setiembre de 
1915, allí estaba él presidiendo una delegación de colonos, para manifes- 


36 



Los rusos de San Javier 


tar su agradecimiento y adhesión al gobierno y el deseo de tramitar las 
cartas de ciudadanía”, apunta el político colorado de la corriente riverista 
Carlos Manini Ríos en Una nave en la tormenta , (40) 

La acusación del Partido Nacional era, desde un punto de vista, 
injusta pues el batllismo no consideraba la ciudadanía solo como el 
derecho a tener credencial cívica sino también en su aspecto social y 
cultural, y entendía que debía alcanzar a amplios sectores de la población, 
entre los que estaban los inmigrantes. La transformación económica y 
el bienestar social no podían separarse de la participación ciudadana ni 
de la educación pública, factor de progreso individual y de integración 
social por excelencia. Para el batllismo, cosmopolita e integrador, la 
ciudadanía no era patrimonio del Estado ni reconocía fronteras. Era un 
conjunto de valores, (democracia, justicia, soberanía, fraternidad), que 
tenía carácter universal. 

También es cierto que el Partido Colorado se asignaba el rol de di¬ 
rigir la construcción del pequeño país modelo, como lo llamaba Batlle y 
Ordóñez, por lo que la participación política muchas veces se asimilaba, 
o subordinaba, a la lógica electoral y esta siempre tenía como objetivo 
asegurar el triunfo colorado. De ahí la importancia, en el caso de San 
Javier como en otros, de contar con el voto de los colonos. 

Un artículo publicado por La Campaña, de Fray Bentos, que repro¬ 
dujeron diarios de la capital, dio pie a los diputados nacionalistas Julián 
Quintana y Francisco Suárez Haedo a plantear el asunto en la sesión del 
13 de marzo de 1918. Esa fue la segunda vez que se pronunció el nombre 
de Vasili Lubkov en una sesión parlamentaria. En los años siguientes, 
San Javier y la gestión del administrador fueron objeto de interminables 
debates. Se lo calificó de Rasputín, protegido del Estado, caudillo electo¬ 
ral, repugnante, inmoral, embaucador, delincuente reincidente, violador 
de mujeres, minotauro. Tantas sesiones, interpelaciones, informes y ar¬ 
tículos periodísticos se le dedicaron que, en un arrebato de aristocrático 
hastío, el patriarca nacionalista Aureliano Rodríguez Larreta pidió que 
no se hablara más de él: “Me parece que hasta por decoro ha llegado ya 
el momento de concluir con la Colonia de San Javier [...] Es un asunto 
escandaloso, que para lo único que ha servido es para hacer del señor 
Lubkov una personalidad, de la que se ocupa hoy todo el país”. (41) 


(40) Carlos Manini Ríos, Una nave en la tormenta , (Montevideo, 1972), pág. 182. 

(41) dscr, I o de diciembre de 1921, pág. 423. 


37 




Virginia Martínez 


La publicación que motivó la intervención de los diputados nacio¬ 
nalistas fue una carta del comerciante y caudillo blanco Antonio Pons. 
Este denunció que el gobierno había forzado a los colonos a nacionali¬ 
zarse para votar al candidato colorado por Río Negro, Manuel Stirling. 
Los artífices del mangoneo electoral eran el interventor Arechavaleta, el 
fiscal del Estado Ignacio Silva y el propio Stirling. A cambio del favor 
habían ofrecido tierras, servicio médico y la construcción de un puerto. 
Ante la reticencia de la población -afirmaba Pons- el oficialismo cambió 
de estrategia y amenazó entonces con retirar las garantías del Estado y 
suspender los créditos. 

Por el contrario Pons se presenta ante los lectores de La Campaña 
como desinteresado protector de San Javier: “El 80% de la vitalidad de 
esa colonia me corresponde; es obra del criollo que dio vida y sostuvo 
aquella colonia sin hacer política jamás; el nacionalista que dijo a sus 
compañeros: no me pidan rusos, porque no trabajaré”. Sin embargo, a 
renglón seguido agrega: “Dejo sentado que si en las elecciones del 30 de 
julio y 14 de enero esa masa de gente fue al campamento nacionalista a 
compartir con nosotros en aquellas reuniones, lo hicieron por voluntad 
propia, lo que demuestra que colorados ni en broma han sido nunca: 
son nacionalistas de corazón y colorados de opresión y tomiquete”. (42> 

Los dos políticos estaban vinculados a la economía de la colonia. 
Pons ya era uno de sus principales acreedores y Stirling, en ese entonces 
discutía con Lubkov el apoyo del gobierno para el arrendamiento de los 
campos del estanciero Carlos Peixoto de Abreu Lima. “Como legislador 
por el Departamento de Río Negro -se defendió Stirling- ofrecí en aquella 
ocasión al señor Lubkov mi intervención decidida. [...] Debo manifestar, 
en honor a la verdad, que al retirarme de la colonia, el señor Lubkov, 
Administrador de aquella, me expresó su agradecimiento al Gobierno 
por la protección que en todos los momentos le había proporcionado a 
aquella colonia, agregando que era su propósito y el de muchos de sus 
connacionales el de nacionalizarse y ofrecer su acción cívica al Gobierno 
y al Partido Colorado de sus afecciones”. (43) 

De las declaraciones de ambos surge que blancos y colorados tenían 
base en San Javier y se disputaban sus votos. El gobierno, a diferencia de 
la oposición, estaba en mejores condiciones para ejercer el clientelismo 


(42) dscr, 13 de marzo de 1918, pág. 274. 

(43) dscr, 13 de marzo de 1918, pág. 276. 


38 



Los rusos de San Javier 


electoral. Podía ofrecer créditos, garantías y la promesa de obras públicas. 
Y además contaba con un aliado poderoso: el administrador. Por eso en 
los años siguientes, los blancos se opusieron a la nacionalización de los 
rusos. Mejor no ciudadanos que colorados. En sus intervenciones en la 
Cámara y en la prensa partidaria, retrataron a los colonos como seres 
laboriosos, pero ignorantes e incapaces, por historia y conformación sico¬ 
lógica, de razonamiento político. Eran algo así como niños encerrados en 
rudos cuerpos de hombre. El diputado Quintana resumió la idea en pocas 
palabras: “estos infelices, buenos y sencillos ciudadanos de la Colonia 
Rusa, gente completamente ajena a nuestras cuestiones políticas”. <44) 

Ante la denuncia de Pons, el diputado Cesar Miranda propuso la 
formación de una comisión investigadora. La Cámara aprobó la iniciativa 
pero la dejó sin efecto en la sesión siguiente. Ajuicio de la mayoría, las 
declaraciones que acababa de hacer el ministro de Industrias invalidaban 
la acusación del diputado Suárez Haedo. 

En reportaje publicado por La Razón, el ministro Justino Jiménez 
de Aréchaga denunció que Pons había coaccionado a los colonos con 
promesas económicas para que se mantuvieran al margen de la con¬ 
tienda electoral. Jiménez de Aréchaga divulgó una carta enviada por el 
comerciante al interventor Arechavaleta en la que daba cuenta de esa 
gestión: “Siempre fue mi sano consejo conducirlos a que se conservasen 
neutrales con lo que se beneficiarían, y en este mi tren de propaganda, 
en Octubre o Noviembre, cuando el anticipo de los doce mil pesos para 
arrendamiento, el señor Lubkov contrajo un compromiso conmigo de 
mantenerse neutral, al que ha faltado hoy”. (45) 

El ministro anunció que tras la lectura de la carta había instruido 
a Arechavaleta para que informara a los pobladores de San Javier que 
tenían derecho a la ciudadanía y a intervenir en la vida política del país. 
Quintana se opuso y otra vez argumentó en favor de la excepcionalidad 
rusa: “Es necesario que en esa Colonia Rusa la comisión parlamentaria 
forme idea cabal sobre la psicología de aquellos colonos, sobre su men¬ 
talidad, rara, exótica, heredera de siglos de subordinación y servidumbre. 
[...] La Colonia Rusa es un conglomerado de familias que no obedecen 


(44) dscr, 13 de marzo de 1918, pág. 279. 

(45) La razón, 14 de marzo de 1918. 


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Virginia Martínez 


más que a una sola voz por razón de su temperamento y por razón de su 
psicología política y social: la de su jefe”. (46) 

En marzo de 1919 el nuevo ministro de Industrias, Luis C. Caviglia, 
hizo una visita de inspección a San Javier. Según declaró después, había 
entrado a la colonia mal dispuesto y lleno de prejuicios hacia la comuni¬ 
dad: “Iba como buen burgués a combatir a los comunistas y a combatir 
las inmoralidades de Lubkov. [...] Cuando llegué, señor Presidente, a 
la colonia de San Javier, [...] tuve una impresión tan clara que me hizo 
cambiar de opinión: que por más vicios y por más defectos que existieran 
entre los rusos de la colonia San Javier [...] estaban destinados a triunfar 
en nuestra sociedad [...] porque en ellos existía evidentemente la base 
de todo principio de regeneración o sea la fuerza del trabajo”. (47) 

La temprana referencia al comunismo que introduce Caviglia se 
repetirá en las intervenciones de los legisladores y en los informes que 
redactan las sucesivas comisiones investigadoras sobre San Javier. Al 
principio, más que a una ideología o forma de gobierno, la definición 
alude al mir, la comunidad campesina que en el régimen zarista poseía y 
trabajaba las tierras colectivamente. Luego la caracterización ampliará su 
alcance y, así, cuando en 1923 el diputado Alejandro Pesce se refiera al 
“comunismo” de San Javier estará empleando el término como sinónimo 
de ideología y sistema político: “En este país abierto a todos los hombres 
y a todas las ideas, con el contacto con la propiedad privada, protegida y 
perpetua, con la facilidad de comunicaciones, con la libertad de trabajo y 
de transporte, el régimen comunista que trajo el grupo Nuevo Israel, debía 
dar necesariamente, señor Presidente, lo que dio, lo que dará siempre en 
tierras de libertad el régimen comunista: discordias, fracasos económicos 
y, tal vez, odios implacables e irreductibles”. (48) 

La visita del ministro Caviglia a San Javier, además de permitirle 
apreciar el progreso de la colonia, también le dio oportunidad de consta¬ 
tar irregularidades en la administración que lo decidieron a ordenar una 
inspección en el lugar. Confió la tarea al ingeniero Miguel Iewdiukow, 
director de la Estación Agronómica de Cerro Largo. Su origen, su antigua 
vinculación con los colonos y una reconocida carrera en la administración 
pública, hicieron de Iewdiukow el titular de la difícil empresa. 


(46) dscr, 15 de marzo de 1918, pág. 300. 

(47) dscr, 17 de noviembre de 1921, pág. 87. 

(48) dscr, 23 de agosto de 1923, pág. 311. 


40 




El informe lewdiukow 


El 10 junio de 1919, temprano en la mañana, lewdiukow llegó a 
San Javier. Se presentó en la casa de Lubkov, pidió y revisó las cuentas 
de la administración, trepó a un sulky y salió a recorrer el poblado y las 
chacras vecinas. Se proponía hacer un diagnóstico del estado material 
de la colonia y de la situación moral de sus habitantes. Su trabajo, a la 
manera de un censo, tenía por objeto estudiar las deudas de los colonos 
y saber si las reconocían como legítimas; identificar las superficies de 
campo arrendadas, quiénes las ocupaban y a qué cultivo las dedicaban; 
hacer un inventario de los animales y bienes de los chacareros; estudiar 
cómo se componían las familias, si eran matrimonios legales o uniones 
de hecho, cuántos hijos tenían y si estaban inscriptos en el Registro Civil. 
Por último debía abordar el difícil asunto de la relación de los pobladores 
con el administrador y jefe espiritual de la sociedad. Al terminar la ins¬ 
pección, el ingeniero había entrevistado a doscientas personas, a quienes 
aseguró que no sufrirían represalia por sus opiniones. 

De doscientas veinte familias que arrendaban campos en San Ja¬ 
vier y los alrededores, ciento veinticuatro poseían bienes y capital que 
superaban sus deudas; cuarenta y ocho no podían pagar las deudas pero 
tenían buenas condiciones materiales y humanas para remontarlas en 
caso de que se reorganizara el sistema de trabajo. Otro tanto, cuarenta y 
ocho personas, estaban ya demasiado hundidas, su capital, herramientas y 
animales hacía suponer que les sería muy difícil salir del endeudamiento. 

Ajuicio de lewdiukow, la mala administración y la forma de labor 
impuesta a la colectividad por Lubkov eran responsables de la situación. 
“En lugar de hacer trabajar al colono siempre en la misma chacra, lo que 
facilita el estudio del campo, economiza tiempo para el trabajo, construc¬ 
ción de diversas mejoras, abrigos, casas, etc., él traslada casi todos los años 
los colonos de un lugar a otro en la época impropia para la mudanza [...] 
los colonos viven en condiciones antihigiénicas, padeciendo muchísimas 
enfermedades, especialmente las mujeres y niños; esta es la causa tam¬ 
bién porque los colonos no cuidan sus parvas de paja, maizales, avenales, 
alfalfales, cuya utilidad ellos comprenden muy bien.” 


41 



Virginia Martínez 


El abandono alcanzaba también a las máquinas de sembrar y cose¬ 
char, que quedaban a la intemperie hasta que llegaba la época de siembra. 
La cosecha se apilaba sin clasificar en un galpón: “Todo va en una sola 
parva, sea el trigo o lino especiales, húmedos, chuzos, sucios; así que no 
existe estímulo alguno para los colonos que son cuidadosos; al contrario, 
todo favorece al colono despreocupado, dejado”. 

Administración abusiva y oscura, colonos sometidos y endeuda¬ 
dos, régimen de trabajo arbitrario e ineficiente, recursos humanos bien 
dispuestos y necesitados de orientación técnica. Tal fue el diagnóstico de 
Iewdiukow sobre la situación material y la productividad de la colonia. 

A su regreso a Montevideo, entregó a Caviglia un informe con 
propuestas para que San Javier superara el estancamiento y cumpliera las 
obligaciones contraídas con el Estado: “ 1. Declarar a cada colono o grupo 
de colonos inmovibles hasta la terminación del contrato. 2. Facilitar a los 
colonos todas las máquinas, sembradoras, segadoras, repartiéndolas en 
forma conveniente entre los mismos. 3. Los colonos que tienen el capital 
suficiente para garantía de sus deudas pueden disponer libremente de la 
venta de sus productos. 4. Ninguno de estos colonos podrá abandonar 
el campo antes de la terminación del contrato, salvo el pago de todas las 
indemnizaciones que indica el contrato celebrado con la sucesión Espal- 
ter. 5. Repartir todo el campo en chacras de 40 a 50 hectáreas, cada una, 
en forma que no se pierda ningún pedazo de campo por inconvenientes 
de agua, pues hay chacras secas que no se explotan por ese motivo. 6. 
Entregar estas chacras a los colonos para que las exploten hasta la ter¬ 
minación del contrato con el derecho de adquirirlas si quisieran”. 

Recomendaba que las propiedades comunales fueran administradas 
por una comisión que los pobladores elegirían sin presiones, con liber¬ 
tad. A su juicio, la destitución de Lubkov era imprescindible para que 
prosperara el arreglo de San Javier. 

Respecto de la composición familiar de la colonia, Iewdiukow 
consignó que las tres cuartas partes de las parejas eran uniones de he¬ 
cho -sin documentos en Rusia ni en Uruguay- y que gran parte de los 
hijos no habían sido inscriptos en el Registro Civil. El concubinato y 
los cambios de pareja fueron los aspectos más discutidos de la vida de 
la comunidad y dieron pie a que se tratara a San Javier como un bolsón 
de inmoralidad y paraíso de poligamia. En este, como en otros asuntos, 
las normas de Nuevo Israel chocaban con la moral pública del sistema 
político y la sociedad uruguaya. 


42 



Los rusos de San Javier 


Los colonos no tenían papeles que probaran la legalidad de sus 
uniones matrimoniales pues habían renunciado a la Iglesia Ortodoxa y con 
ella a sus sacramentos. Además, venían de remotas aldeas campesinas, 
donde habían vivido al margen del Estado o en oposición a él. Pero las 
uniones de hecho no eran patrimonio exclusivo de la colonia. En otros 
pueblos del interior del país, con mayoría de población criolla, un censo 
como el realizado por el ingeniero ruso en San Javier, hubiera arrojado 
datos similares. Por otro lado, en la colonia se celebraban matrimonios 
legales, consagrados por la autoridad del profeta Lubkov, solo que esa 
legalidad no tenía valor “fuera del alambrado”. 

El informe revelaba aspectos controvertidos de la vida privada del 
“Papá” sobre los que se hablaría largamente en los años siguientes. Dice 
Iewdiukow: “el señor Lubkov aparece como Cristo. Solo no le gusta la 
idea del matrimonio y para salvar este punto, él dice que la vida cris¬ 
tiana no es ideal; pues mejor vivían los judíos en el tiempo de David y 
Salomón. Con una habilidad excepcional, convence a los sectantes de las 
conveniencias de vivir en poligamia. Él, como Salomón o David, puede 
tener cuantas mujeres quiera y los demás, cuando sus mujeres dejan de 
ser de su agrado, pueden cambiarlas por otras”. (49) 

Temerosos de su poder, o en busca de favores, los fieles se congra¬ 
ciaban con Lubkov llevándole a sus hijas a título de tributo y homenaje: 
“El señor Juez de paz de Florida tiene los datos concretos sobre este 
punto y puede declarar en cualquier momento. Los colonos esclavizados 
bajo la amenaza de echarlos a la calle tienen que entregarle sus hijas. 
[...] Su audacia llegó a tal punto que él resolvió cambiar su mujer, la 
cual era querida por toda la colonia y vecinos, y para evitar las protestas 
permitió en plena reunión cambiar sus mujeres a todos los que deseaban 
hacerlo”. (50) 

El administrador había convertido la Cooperativa Agrícola -co¬ 
mercio de ramos generales- en instrumento de coacción, apropiándose 
del trabajo y los bienes de los pobladores: “Suspendió rentas; restringió 
créditos; obró, en fin, de tal manera en su beneficio que al cabo de poco 


(49) En Manini Ríos, op. cit., pág. 183. 

(50) El episodio del cambio de parejas y la entrega de jovencitas a Lubkov aún vive 
en la memoria de la colectividad. Se repite una y otra vez en los relatos de hijos y nietos de 
los fundadores. 


43 




Virginia Martínez 


tiempo no quedaba a los colonos de San Javier, en sus desesperaciones, 
más que dos caminos: o someterse a Lubkov o abandonar el feudo”. 

Entre los expulsados por disidencia, estuvieron el agricultor Gre¬ 
gorio Stepanovich y el zapatero Basilio Gregorevich, abuelo y padre 
de Basilio Gorlo. Ambos se instalaron en el Cerro y se emplearon en 
un frigorífico: “Se trabajaba en tres tumos. Se faenaba el ganado para 
exportar a Europa, que se encontraba destruida por la guerra y acosada 
por el hambre. El lugar más pesado y difícil eran las cámaras frigoríficas. 
Ahí trabajaban sobre todo los rusos”, recuerda Gorlo. 

El matrimonio Protopopov Guadalaski también se mudó a Mon¬ 
tevideo pero por razones económicas. Eran originarios del Cáucaso y 
habían llegado con los primeros inmigrantes. Alberto, el hijo mayor, 
nació en San Javier. En 1920 se mudó con los padres al Cerro, donde 
creció y luego trabajó como hojalatero, calderero y mecánico. En 2008, 
cuando lo entrevisté, Alberto tenía 95 años y todavía vivía en el barrio: 
“Las chacras entregadas a los colonos eran de 45 hectáreas. El primer 
y segundo año, la familia sobrevivió. No tenían vacas, solo un caballo 
para arar. Mi madre siempre me decía que yo tomé mamaderas de maíz 
hervido porque no había otra cosa. Las tierras empezaron a agotarse y, 
además, como tenían problemas con Lubkov, decidieron irse. Mi padre 
consiguió un puesto en el Frigorífico. Trabajaba bien y en 1930 ya había 
comprado terreno propio”. (51) 

Los rusos del Cerro -los provocadores en la visión de Zum Fel- 
de- formaban una colonia populosa y definida. Llegaron a constituir un 
barrio. En 1928, en un local de la calle Chile, entre Inglaterra y México, 
fundaron una organización gremial y social que contaba con biblioteca. 
También abrieron la Asociación de Hijos de Inmigrantes. Difundían la 
cultura rusa; ensayaban y estrenaban obras filodramáticas en el teatro 
Edén, hoy convertido en estacionamiento de autos, y en el teatro Selecto, 
luego transformado en fábrica textil. Años después, en la calle Turquía, 
abrieron la filial cerrense del Centro Cultural Máximo Gorki. 


(51) Entrevista a Alberto Protopopov. Montevideo, 5 de mayo de 2008. 


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El sultán de San Javier 


Durante casi dos años el Poder Ejecutivo logró mantener en reserva 
el informe de Iewdiukow. <52) En setiembre de 1921, el diario blanco La 
Democracia reveló el resultado de la inspección e inició una campaña 
que duró tres meses y tuvo un título provocativo: “La satrapía de San 
Javier”. El diario de la fracción vierista del Partido Colorado, La Defensa, 
respondió con una serie de artículos que llamó “La novela rusa” y El 
Día, con las ocho entregas de Zum Felde. 

La polémica, a la que se plegó el diario comunista Justicia con 
la serie “Los escándalos de la colonia rusa”, también convocó a otras 
publicaciones de la capital y del interior. El asunto mereció editoriales, 
cartas, primicias, sueltos llenos de ironía y testimonios reveladores. Co¬ 
rresponsales de Montevideo llegaron a San Javier para corroborar en el 
lugar las afirmaciones de Iewdiukow. Las crónicas, picantes o moralistas, 
abundan en adjetivos esdrújulos: Lubkov es sátrapa, sátiro, déspota y el 
gobierno, cómplice. 

Según La Democracia, el crédito bancario del Estado sostenía a 
San Javier, y el gobierno soportaba el déficit a cambio del voto de los 
colonos. El diario se propuso demostrar con números que el ensayo 
agrícola era un fracaso y que su administración estaba en ruinas. De las 
cinco mil hectáreas que integraban la colonia solo se cultivaba la mitad, 
los campos se habían adjudicado de manera irregular a los incondicio¬ 
nales de Lubkov y los agricultores trabajaban parcelas menores de las 
que efectivamente podían sembrar con los instrumentos que tenían. “Es 
sintomática la frescura con que Lubkov, por intermedio de los rusos, 
sus siervos, todavía pretende nuevas compras de campo para repartir a 
los colonos cuando no se les ha repartido todavía ni los solares de los 
campos adquiridos hace siete años y cuyos propietarios desconocen la 


(52) El informe se leyó en sesión secreta de la Cámara de Representantes el 17 de se¬ 
tiembre de 1919. El Consejo Nacional de Administración fundamentó su carácter reservado 
en el hecho de que la información sobre las finanzas de San Javier podía perjudicar el crédito 
comercial de sus pobladores y en que no existía razón que justificara la divulgación del capítulo 
relativo a la moral del administrador. 


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Virginia Martínez 


porción y la ubicación de su propiedad [...] Ese es el comunismo que 
existe en la colonia rusa”. (53) 

Zum Felde polemiza con el punto de vista de La Democracia. A 
diferencia de otros cronistas, él no fue a San Javier como agente político 
en misión partidaria. Su actitud es la del observador atento y curioso que 
intenta despojarse de prejuicios ante lo extraño -por desconocido- para 
internarse en la peripecia de una sociedad singular. Zum Felde es un 
intelectual que busca comprender y explicar. De esa búsqueda surgen 
apreciaciones que no pueden ser más que provisorias, de ahí que la serie 
de crónicas se titule “Impresiones”. El escritor se detiene en la descrip¬ 
ción del paisaje geográfico y humano de la colonia; en las ceremonias 
religiosas y en las relaciones familiares. Lo conmueven los atardeceres 
frente al río; describe la vegetación, la vestimenta de la gente, el rostro 
de los niños y repara en la limpieza de las casas, de humilde mobiliario. 
Donde La Democracia ve siervos infelices, Zum Felde adivina campe¬ 
sinos venerables. No se pretende, sin embargo, neutral ni equidistante. 
Zum Felde, el hombre de letras, toma partido por Lubkov: “La colonia 
San Javier es su obra en nuestro país. No solamente trajo a los colonos, 
les dio unidad orgánica, procuró tierras, dirigió los trabajos, trató con 
los negociantes y con el gobierno, cosas de que ninguno de los colonos 
fuera capaz por sí”. (54) 

Aunque sus conclusiones son opuestas a las del diario blanco, coin¬ 
cide con aquel en que San Javier es una sociedad comunista e igualitaria: 
“No carecen de nada necesario a su vida humilde, pero nada poseen ni 
nada acumulan, no siéndole posible a ninguno salir del nivel común. La 
igualdad social más perfecta impera en la colectividad, no habiendo en 
ella ni jornaleros, ni sirvientes, ni meretrices. La explotación del hombre 
por el hombre está abolida”. 

La crítica que Zum Felde hace al sistema Lubkov no es de orden 
moral ni político sino filosófico. Para él, la igualdad es un bien que se 
conquista solo al precio de resignar la iniciativa individual y la libertad: 
“Las diferencias que la naturaleza crea en los individuos, en cuanto a 
sus capacidades de conquista, son anuladas, en la resignación pasiva del 
nivel. Y la individualidad es un hecho inmanente del cual no se puede 
prescindir en el progreso humano. Además, toda comunidad igualitaria 


(53) La Democracia , 27 de setiembre de 1921. 

(54) El Día, 24 de noviembre de 1921. 


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Los rusos de San Javier 


requiere como único gobierno posible el despotismo, pues siendo crea¬ 
ción lógica del hombre, si se la deja en libertad se deshace, volviendo 
las cosas a la diferencia natural”. (55) 

El autoritarismo patriarcal de Lubkov nace, en opinión de Zum 
Felde, de los inmensos desafíos que debió enfrentar como líder de la 
colectividad: “Una empresa tal y una tal lucha sólo puede realizarla un 
hombre de poder dictatorial”. En el retrato físico y sicológico del jefe, 
resalta su fuerza y capacidad de conducción: “Tiene la mirada dura, de 
halcón, la nariz fuerte, la boca desdeñosa, la palabra firme, el ademán 
imperativo, y de todo él emana una energía ejecutiva y una robustez 
segura, de hombre hecho para la empresa y para el mando”. Según 
Zum Felde, Lubkov supera a los colonos en inteligencia y carácter 
y es, sobre todo, una voluntad de hierro forjada en años de cárcel y 
destierro en Siberia. 

En las antípodas, La Democracia hizo del profeta de Nuevo Israel, 
un sultán de vida licenciosa y alimentó la campaña con jugosos relatos 
sobre su desenfrenado asedio a las jovencitas: “Lubkov se sentía hastiado 
ya de la mujer que hasta entonces era su ‘favorita’ y había echado ya el 
ojo sobre una nueva víctima, una niña -el detalle es sencillamente re¬ 
pugnante-, cuya edad no alcanza los 15 años. Se llama Tatiana Safronov 
y si a la fecha no ha caído en poder de Lubkov no debe faltarle mucho. 
Cuando nosotros abandonamos San Javier la pobre niña se encontraba 
‘en capilla’. Había sido conducida a la chacra de un yerno y secuaz del 
embaucador, llamado Castamov donde se mantenía en el más absoluto 
aislamiento...”, escribe el enviado del diario. (56) Días después El Siglo 
publicó un airado desmentido de la muchacha en el que acusaba al co¬ 
rresponsal de “intrigante, gran charlatán y embustero”. (57) 

Otra de las niñas cautivas, Tatiana Gmurenko, de quien se decía que 
había sido acorralada junto a su familia para obligarla a dar el sí, salió 
en defensa de su prometido con una carta que también divulgó el diario 
vierista: “He contraído compromiso matrimonial con el señor Lubkov 
por mi propia y libre voluntad y con completa conciencia de lo que hago 
por cuanto no soy una criatura, sino mayor de edad”. (58) 


(55) El Día, 23 de noviembre de 1921. 

(56) La Democracia, 3 de setiembre de 1921. 

(57) El Siglo, 13 de setiembre de 1921. 

(58) La Defensa, 24 de setiembre de 1921. 


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Virginia Martínez 


El Nacionalista de Meló tampoco ahorró adjetivos a la hora de 
calificar al “Papá”. El artículo, publicado sin firma, y modelo en el arte 
de injuriar, lo retrata así: “Oscuro, negro en su conciencia de inmode¬ 
rada e insaciable concupiscencia, ha sentado sus redes -su carpa hecha 
de pingajos humanos- en el departamento de Río Negro [...] Sátiro sin 
dignidad humana, vive de la mentira, del embuste, disponiendo del honor 
de las familias que están bajo su dominio”. (59) 

El caso Lubkov tenía todos los ingredientes del folletín: el hombre 
poderoso que arde en fiebre de lujuria, la niña virtuosa y el padre cam¬ 
pesino que, agobiado por la extorsión económica, finalmente claudica y 
entrega a la hija predilecta. En la naturaleza de las historias narradas y en 
el tono del relato abunda el escándalo, el estereotipo y una no disimulada 
xenofobia. Sin duda eso explica que el carnaval de 1922 haya tomado el 
“affaire” como motivo de sátira. 

La Democracia no se detuvo en la denuncia de la inmoralidad del 
jefe, en ella involucró a toda la comunidad. San Javier era el reino de la 
poligamia. Una vez más, Zum Felde miró con otros ojos a esa particular 
colectividad: “El más original aspecto de la vida de los colonos rusos en 
‘San Javier’, es, sin duda, el que respecta a las relaciones sexuales. Dentro 
de la secta de la ‘Nueva Israel’ el amor es libre. Cuando un hombre y 
una mujer se quieren, se unen, sin que exista traba ninguna para ellos. 
Viven en matrimonio durante el tiempo que la simpatía permanece viva 
y la armonía no se rompe. [...] Cuando los esposos ya no armonizan, sea 
por razones de carácter, por haber nacido en uno de ellos alguna nueva 
simpatía imperiosa, se separan, quedando ambos en libertad de concertar 
nuevas uniones. Los hijos habidos de un matrimonio, al separarse los 
cónyuges quedan en poder del padre o de la madre, indiferentemente; 
y en caso que haya discusión, el jefe de la secta decide, de acuerdo con 
los apóstoles. Los nuevos padres aceptan el cuidado y la paternidad de 
los hijos que uno de ellos o ambos traen consigo, al modo como, entre 
nosotros, ocurre con los viudos o divorciados con prole que contraen 
nuevo enlace”. 

En este punto Zum Felde va más allá de la defensa de la moral de 
la colonia y hace de sus artículos un acta de acusación contra la hipo¬ 
cresía de los ejemplares padres de familia criollos que practicaban la 
poligamia encubierta y el abandono de los hijos ilegítimos: “Nuestros 


(59) El Nacionalista, 14 de noviembre de 1921. 


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Los rusos de San Javier 


graves señores se han indignado mucho, porque, según se decía, los 
colonos rusos tenían varias mujeres. Pero esos mismos señores, tienen, 
entre nosotros, una mujer legal y otras clandestinas. La prostitución es 
la forma más monstruosa de la poligamia. Mas, ¡he aquí que los colonos 
rusos son monógamos! [...] En la Colonia ‘San Javier’ no hay adulterio, 
ni abortos, ni lupanares. No se fuma, no se juega, y se bebe muy poco. 
Quien diga que allí reina la inmoralidad es un impostor”. (60) 

El cronista de La Democracia cargó las tintas en las ceremonias 
religiosas de Nuevo Israel a las que presentó como un rito fanático de 
gente alienada: “Aunque parezca mentira, en San Javier se canta y se 
baila hasta el cansancio. La secta capataceada por Lubkov se reúne en 
solemnes sesiones, presididas por el embaucador [...] que aparece ante 
la recua de infelices como el representante de Cristo sobre la tierra, [y] 
exalta hasta lo inconcebible en fogosos sermones, el clásico misticismo 
moscovita... Los sectarios, que se han aglomerado alrededor de un gran 
recipiente que ellos llaman ‘samovar’ lleno hasta los borde de thé, in¬ 
gieren sendos tazones del excitante brebaje -el brebaje preferido por el 
pueblo ruso. [...] Los fanáticos, poseídos de una verdadera fiebre mística, 
puestos de pie, las manos levantadas al cielo en actitud de plegaria, se 
desgañitan entonando cantos litúrgicos y se extenúan en la agitación 
de exóticas danzas hasta que muchos de ellos dan con sus cuerpos en 
la tierra.. .” (61) Para el periodista de La Democracia toda la cultura rusa 
era ajena y le resultaba tan extravagante la sabraña como el samovar. 

Sorprendido y a la vez fascinado por la riqueza del espectáculo, 
Zum Felde narró la misma escena con palabras bien distintas: “Los dos 
coros de hombres y mujeres, separados hasta entonces, tal como lo he¬ 
mos descrito, comienzan a acercarse, mientras intensifican el canto, que 
cambia su salmodia majestuosa por el ‘alegro vivace’. Aumentando el 
canto en vivacidad, hombres y mujeres comienzan a agitarse, saltando 
y levantando los brazos, que mueven como si hicieran señales. [...] Los 
que están afuera golpean las manos, llevando el compás y excitando a los 
danzantes. Poco a poco todos van entrando en la rueda que salta y gira, 
formando nuevos círculos, siempre más de prisa, entre gritos rítmicos, 


(60) El Día, 27 de noviembre de 1921. 

(61) La Democracia, 1 0 de setiembre de 1921. 


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Virginia Martínez 


que al fin son ya jadeantes. Para completar la plasticidad sugestiva de 
esta danza primitiva -que evoca quién sabe qué antiguos ritos mágicos de 
Oriente- sólo faltan los trajes regionales, con el brillo de sus colores”. (62) 

Lubkov no permaneció al margen de la polémica e intervino en ella 
con cuatro cartas, escritas en perfecto español, que publicó La Defensa. 
Para el acusado la campaña tenía un fin político y un autor: Antonio 
Pons. El comerciante había sido amigo de los rusos -a quienes, además, 
explotaba en sus campos- hasta que pasó de buen vecino a enemigo: 
“¿Por qué cambió el señor Pons? Por la sencilla razón de que nosotros 
rechazamos sus insinuaciones políticas, siguiendo nuestras inclinaciones 
que nos llevaban a votar por el Partido Colorado”. (63) Según Lubkov, 
Pons estaba empeñado en dividir a la colonia. Especulaba con el fin del 
contrato de arrendamiento de los campos de la sucesión Espalter para 
comprarlos y luego alquilarlos al grupo disidente. 

El acusado rechazó la imputación de inmoral, pero sobre todo limitó 
el territorio del debate, al exigir que se excluyeran los asuntos persona¬ 
les: “En mi vida privada ninguno tiene el derecho de meterse, desde que 
nadie se perjudica sino yo mismo. ¿Qué le importa a ‘La Democracia’ 
como vive Lubkov?”, preguntó, empleando una altiva tercera persona 
para referirse a sí mismo. (64) 

El diario nacionalista divulgó el facsímil de una vieja carta de 
Lubkov del 12 de marzo de 1918, escrita en ruso y dirigida a sus fieles, 
en la que informaba que había tramitado la ciudadanía para cincuenta 
rusos a fin de que votaran por Stirling, “un amigo de la colonia”. Al 
oficialismo le faltaban doscientos votos y, a cambio de ellos, el admi¬ 
nistrador reclamaba beneficios para San Javier por lo que consideraba 
razonable el canje. Pedía una botica, atención médica dos veces por 
semana, la construcción de un puerto, el perdón de deudas y garantías 
de vida y tranquilidad, y la expropiación de los campos de Espalter para 
entregarlos a la colonia en condiciones favorables. 

Según la carta, la transacción era imprescindible para mantener la 
especial protección de que gozaban: “Nosotros examinamos y encon¬ 
tramos que es mejor ir mano a mano, con el dueño de este país que es 
demócrata, que no con una banda de gauchos católicos. Encontramos 


(62) El Día, 26 de noviembre de 1921. 

(63) La Defensa, 22 de setiembre de 1921. 

(64) La Defensa, 28 de setiembre de 1921. 


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Los rusos de San Javier 


esta ruta razonable para tener ayuda y defensa, y más ahora que ya no 
hay representante ruso para defender Nuestros intereses, pues Rusia ya 
no existe. Se disolvió en pólvora”. 

El voto por Stirling era un precio necesario y conveniente: “No¬ 
sotros quedamos impartidarios. No hay nada más que votar. En nuestra 
vida espiritual y nuestras creencias, nadie se mete aquí”. (65) Cien fami¬ 
lias siguieron la recomendación del jefe mientras que unas cuarenta se 
negaron a aceptarla. 


(65) dscr, 8 de noviembre de 1921, pág. 476. 


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Súbditos o ciudadanos 


La carta de Lubkov motivó el llamado a sala del ministro Caviglia. 
La interpelación, que condujo el diputado nacionalista de Río Negro 
Gualberto Ros, comenzó el 8 de noviembre y se extendió por días. Fue¬ 
ron sesiones caóticas llenas de interrupciones, abucheos desde la barra, 
acusaciones cruzadas sobre maniobras electorales, risas y aplausos cada 
vez que se mencionaba la potencia sexual del administrador. Lubkov 
viajó a Montevideo para seguir el debate. 

Los representantes colorados argumentaron que únicamente un 
perito calígrafo podía certificar la autenticidad de la carta pues estaba 
escrita en ruso. Y hubo quien mocionó convocar a Lubkov para que se 
expidiera sobre la autoría del documento. Finalmente, en un esfuerzo 
digno de otra causa, la Cámara decidió contratar un traductor oficial en 
Buenos Aires. 

La Noche entrevistó al acusado para confirmar si era el autor de la 
carta: “Escribo mucho y mucho he escrito así que necesitaría verla para 
acordarme si es mía efectivamente. Por lo demás, entre el gobierno y no¬ 
sotros, no hubo sino una amistosa inteligencia. Venir como hemos venido 
sin recursos, careciendo completamente de amparo, sin un cónsul que 
protegiera la miseria que diezmaba nuestras familias, justo era que nos 
confiáramos a alguien. El gobierno era el que con mayor eficacia podría 
beneficiamos, recurrimos a él y, en reconocimiento o para estimular su 
interés, resolvimos, mediante resolución de una sabraña nacionalizamos 
para otorgarle nuestros sufragios”. (66) La explicación era de un irrepro¬ 
chable realismo. La discusión sobre la autenticidad del texto pasó a 
segundo plano desde el momento que Lubkov, aunque no confirmó ni 
negó la autoría, ratificó y fundamentó su contenido. 

Para Caviglia, en la recomendación del administrador no había 
delito penal ni electoral. Así lo certificaba la opinión del fiscal en lo 
civil Rodolfo Sayagués Laso: “En vano he examinado los artículos del 


(66) La Noche, 26 de noviembre de 1921. 

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Virginia Martínez 


Código Penal y de las leyes electorales, y en ninguno de ellos encuadra 
el hecho de que el director de una agrupación social, política o agraria 
aconseje a sus amigos, dirigidos, correligionarios o secuaces que voten 
en determinado sentido por las ventajas lícitas o las probabilidades de un 
mejoramiento de la situación actual o futura. Mientras no haya presión 
o coacción, o mientras no se produzca el comercio verdadero del voto, 
no existe delito...” (67) 

Otras cartas enviadas a la Cámara avivaron el debate y pusieron 
de manifiesto la fractura de la colonia. Doscientos agricultores de San 
Javier defendieron a Lubkov y reivindicaron su condición, libremente 
elegida, de colorados: “declaramos que si somos y seguiremos siendo 
colorados es porque en este partido hemos visto, desde nuestra llegada 
al país, al único que por sus ideales democráticos contempla nuestras 
aspiraciones, y seguiremos admirando a los prohombres dirigentes de 
este partido, don José Batlle y Ordóñez, Feliciano Viera, don Baltasar 
Brum, etc., en sus ideas avancistas y liberales”. (68) 

En un español bastante más rudimentario que el empleado por los 
lubkovistas, ciento ochenta colonos del grupo disidente, representados 
por Simón Kulik y Andrés Solotariov, también hicieron llegar su voz al 
presidente de la Cámara de Representantes. Rechazaron la acusación de 
“maximalistas” y declararon que su objetivo era destituir al administra¬ 
dor y modificar el régimen de propiedad de la tierra: “Comunicamos a 
usted que nosotros no somos comunistas, como quieren calumniamos. 
Es cierto que venían de Paysandú comunistas a la Colonia, ellos hicieron 
proposición a nosotros de protestar contra tiranía monárquica de Lubkov, 
nosotros aceptamos que protestan, pues ellos ya han publicado nuestras 
protestas contra que dicho en esta carta. [...] Nosotros llamamos a to¬ 
dos que nos defienden y salvan régimen de Lubkov. Asimismo pedimos 
escrituración individual de las chacras y protestamos otra vez contra 
inmoral amor libre que predica Lubkov”. (69) 

En sintonía con el administrador, que acusaba a Kulik de ser el “jefe 
de la banda bolchevique”, Zum Felde dio por sentado que los líderes 
de la fracción opositora eran comunistas, aunque por conveniencia lo 
ocultaran: “Es evidente que este grupo está tocado de bolshevikismo, si 


(67) dscr, I o de diciembre de 1921, pág .425. 

(68) dscr, I o de diciembre de 1921, pág. 422. 

(69) dscr, 24 de noviembre de 1921, pág. 234. 


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Los rusos de San Javier 


bien persigue una finalidad concreta e inmediata dentro de la Colonia, 
que es quitar a Lubkov para sustituirlo por un soviet”. 

Días después de que se leyó en Cámara la carta de los disidentes, 
Zum Felde entrevistó en San Javier a Kulik y a Solotariov: “Se hablaron 
algunas frases en ruso y luego Solotariov nos dijo: 

-No somos maximalistas. 

-¿Cómo es, entonces que están ustedes suscritos al diario ‘Justicia’ 
de Montevideo, y que celebraron un mitin con banderas rojas y oradores 
comunistas venidos de Paysandú? 

Hubo un momento de indecisión en el grupo. Se miraron y hablaron 
en ruso otra vez. Otra vez nos dijo el lenguaraz: 

-Nosotros estamos con los que ayudan a nuestro movimiento. Si 
el gobierno nos apoyara en vez de apoyar a Lubkov, seríamos amigos 
del gobierno. 

Vimos pegado en la pared uno de los carteles alegóricos publica¬ 
dos por el Partido Comunista, y que ya habíamos visto en las calles de 
Montevideo. 

-¿Y ese cartel? -inquirimos. 

Nueva indecisión, nuevas miradas, nuevas frases en ruso. 

-Lo trajeron los oradores de Paysandú-contestó Solotariov alzando 
los hombros para no darle importancia. Y agregó Kulik, dueño de la casa: 

-Es un adorno.. .” <70) 


En la interpelación, el ministro Caviglia se esforzó por conducir el 
debate hacia el asunto que estimaba era el único importante: expedirse 
sobre si se consideraba a San Javier una colectividad deseable o indesea¬ 
ble para el país. Habló como hijo de inmigrantes y denunció el prejuicio 
de la sociedad uruguaya contra los extranjeros: “Los que vienen a buscar 
trabajo en nuestra tierra son mirados con desprecio. [...] ya sea por ser 
pobres, ya sea por ser ignorantes o ya sea por inmiscuirse en nuestras 
contiendas”. La discriminación de los criollos contra los extranjeros no 
se limitaba a los rusos y era una actitud generalizada: “Todos nosotros 
hemos visto cómo se injuriaba por la calle a los inmigrantes sirios, y 
no sabemos qué es lo que harán mañana para el país los hijos de esos 
súbditos sirios que pasan humildemente por las calles”. (71) 


(70) El Día, 25 de noviembre de 1921. 

(71 ) dscr, 17 de noviembre de 1921, pág. 54. 


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Virginia Martínez 


El gran capítulo de la inmoralidad del jefe espiritual y terrenal de San 
Javier fue al que más tiempo y calificativos dedicaron los representantes 
blancos. Se habló de derecho de pernada, de abortos, y de Lubkov como 
un caso rarísimo, patológico, de energía sexual. 

San Javier era un paraíso de lujuria. Como prueba se ofrecieron dos 
datos: la cantidad de uniones de hecho y de hijos ilegítimos. En respuesta, 
el ministro presentó el movimiento del Estado Civil en las once secciones 
del departamento de Río Negro que mostraban que la colectividad rusa 
tenía cifras “más morales” que el resto de la región. 

Finalmente Caviglia pidió una comisión investigadora y presentó al 
Consejo Nacional de Administración un proyecto para otorgar un nuevo 
préstamo a San Javier. La propuesta inauguró una modalidad que se re¬ 
petiría, como calcada, en los años siguientes: cada pedido de préstamo 
venía acompañado de la formación de una comisión investigadora y del 
anuncio de un inminente plan de reordenamiento de la colonia. 

La Democracia se mostró satisfecha con el resultado de la interpe¬ 
lación y terminó la campaña con palabras de triunfo: “Maese Lubkov: 
se la hemos dado en toda la regla. ¡Hasta pronto!” (72) Sin embargo, por el 
momento, las cartas siguieron dando ganador al jefe. Lubkov conservó 
el cargo de administrador y muy poco cambió en San Javier. 


(72) La Democracia, 8 de diciembre de 1921. 


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Regalo para Stalin 


El triunfo del Ejército Rojo en la guerra civil que luego de la revo¬ 
lución desangró al Estado soviético trajo a San Javier un nuevo tipo de 
inmigrante: el ruso blanco (73) . Con ellos llegó Andrei Poiarkov, a-quien 
Solotariov da como combatiente en las tropas del aristocrático gene¬ 
ral Wrangel, jefe del Ejército Blanco. Desde su exilio en Yugoslavia, 
Poiarkov habría escrito a Lubkov pidiéndole ayuda para viajar a Uruguay. 
Los dos hombres se habían conocido durante el destierro de Lubkov y 
este consideraba a Andriusha el “primogénito de Nuevo Israel” pues 
había sido de los primeros en reconocer su liderazgo espiritual. 

Según Solotariov, el “Papá” organizó una colecta entre los poblado¬ 
res y tiempo después Poiarkov desembarcó en San Javier. Su presencia 
reforzó el poder de Lubkov y ahondó el enfrentamiento entre oficialistas 
y disidentes: “Los primeros festejaron con alegría su arribo, los otros 
editaron panfletos expresando su repudio al huésped. Estos panfletos se 
pegaban en las casas de San Javier”. (74) 

La llegada de Poairkov fortaleció a Lubkov y le permitió formar un 
triunvirato, del que los rebeldes se burlaban con el mote de “Santísima 
Trinidad”, integrado por Miguel Sabelín y ellos dos. 

La persecución a los opositores y la compra de tierras con crédito 
del Estado escrituradas a nombre de Lubkov continuaron. En febrero de 
1921 adquirió quinientas hectáreas del ex saladero Santa María, que más 
tarde se llamó Nuevo Paysandú. A diferencia de las compras anteriores, 
esta no podía justificarse por la necesidad de extender la colonia pues no 
era un terreno lindero. Al parecer, Lubkov tenía la intención de fundar un 
nuevo poblado. Celebró el acto con una gran fiesta en la que estuvieron 
fieles, comerciantes y autoridades: “Proclamamos Nueva Santa María 
espiritual y al mismo tiempo con ayuda de Dios inauguramos esta bendita 


(73) Así se llamó a los rusos contrarrevolucionarios, pro zaristas, que lucharon contra 
el Ejército Rojo en la guerra civil rusa (1918-1921). 

(74) El Litoral, 9 de agosto de 1963. 


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Virginia Martínez 


tierra como Santa Ciudad de Canaan, como ciudad del cielo casi mejor 
que el Paraíso de Adán”. (75) 

Las compras -nunca consultadas con la comunidad- se hacían a 
costa del capital social, renovando el ciclo de préstamo y endeudamiento 
que amenazaba llevar a San Javier a la quiebra. Un año después de la ad¬ 
quisición de Santa María, el diputado vierista Simón Amighetti presentó 
un proyecto de ley que autorizaba al Consejo Nacional de Administración 
a contratar un nuevo préstamo. La exposición de motivos de Amighetti 
era de tan infundado optimismo que parecía escrita por el preceptor del 
Cándido de Voltaire. Para Pangloss, este era el mejor de los mundos 
posibles y no existía efecto sin causa. Así también para Amighetti. Los 
prestamos existían para ser pedidos y según su apreciación el último 
solo buscaba “consolidar la situación económica de la colonia, un tanto 
comprometida por las necesarias adquisiciones de tierras”. 

La iniciativa proponía que cada agricultor tuviera su propia chacra: 
“Es una aspiración unánime de todos los colonos de San Javier, ami¬ 
gos y adversarios de la actual administración, la de poseer su parcela 
de tierras para construir en ella su hogar, plantar árboles y mejorarla 
incesantemente”. <76) El proyecto venía precedido de la fórmula habitual 
“comisión investigadora y plan de reorganización”, en el que participarían 
el Ministerio de Industrias y Lubkov. 

Un año después, en contradicción con el porfiado entusiasmo de 
Amighetti, hubo que pedir un nuevo auxilio económico. El 17 de agosto 
de 1923 la Comisión de Agricultura y Colonización expuso en la Cámara 
de Diputados un informe sobre su visita de inspección a San Javier. El 
documento, redactado por el batllista Cesar Mayo Gutiérrez es, sin duda, 
el más equilibrado de todos los informes que se presentaron en el cuerpo 
legislativo. Rastrea los orígenes y creencias de Nuevo Israel e historia la 
fundación de la colonia. Analiza su régimen administrativo, la política 
de créditos, de compra de tierras y el método de explotación agrícola. 
El documento no elude puntos conflictivos como la nacionalización de 
los rusos o la disidencia interna e intenta saldar el mentado asunto de la 
moralidad de Lubkov. (77) 


(75) El Litoral, 26 de julio de 1963. 

(76) dscr, 22 de febrero de 1922, pág. 576. 

(77) dscr, 17 de agosto de 1923, pág. 202 y siguientes. 


58 



Los rusos de San Javier 


El memorando, escrito diez años después de la fundación de San 
Javier, puede leerse como un primer balance de ese corto período de su 
historia. Respecto a la forma de explotación dominante en la colonia, 
establece: “El comunismo, en el cual algunos creen ver la raíz de todos 
los males que afligen a la colonia, no existe ni creemos que haya existido 
nunca, al menos en su pureza doctrinaria en San Javier”. La propiedad y 
explotación colectivas de los primeros tiempos había dejado paso a un 
régimen más complejo en el que convivían formas individuales o mixtas 
como la medianería y el subarrendamiento. 

La sucesiva contratación de prestamos obligaba a los colonos a 
entregar las cosechas a la Administración para los pagos semestrales. 
Solo podían quedarse con lo necesario para semillas y con trescientos 
kilos por cada persona mayor de diez años del núcleo familiar. Aunque 
los colonos hacían su aporte, la Administración cumplía tarde, o no 
cumplía, los compromisos bancarios por lo que al fin de cada período se 
imponía un pedido de prórroga o un préstamo suplementario. Tal avidez 
de capital podía explicarse por las precarias condiciones económicas en 
que se había iniciado la comunidad o por las rachas de malas cosechas 
pero también, como dice el informe, por la “imprevisión e imprudencia 
de la Administración de la Colonia, al lanzarse, sin antes abatir el pasivo, 
a la adquisición de nuevas tierras”. 

La compra de terrenos desnudaba otros vicios, imputables a la sin¬ 
gular gestión del administrador. (78) La mayoría de las escrituras estaba 
a nombre de Lubkov y aunque en teoría compraba como representante 
de la comunidad para luego repartir, las adjudicaciones individuales 
nunca alcanzaban estatuto legal, eran “de palabra”. Los terrenos se 
dividían nominalmente entre los compradores sin precisar la ubicación 
de las parcelas ni tener en cuenta las zonas no aptas para la explotación. 
Ningún colono sabía cuál era su chacra y a la hora de averiguarlo podía 
enterarse que le había tocado una zona de esteros o que su parcela había 
sido ganada por la edificación del poblado. El hecho se agravaba por las 
permanentes rotaciones que el administrador imponía a los agricultores, 
que los obligaba a abandonar casa y terreno para trabajar en otra chacra. 


(78) En mayo de 1914 se realizó la primera compra, el campo de Adelina Espalter de 
Falcao. En setiembre de 1918 Lubkov adquirió tierras a Alberto Espalter y en mayo de 1920 
a Eduardo Espalter. A ellas se agrega la compra de los terrenos del ex saladero Santa María 
(Nuevo Paysandú) y de la estancia Barraca del Vilardebó, de Carlos Peixoto de Abreu Lima 
(colonia Ofir). 


59 



Virginia Martínez 


Ante los miembros de la comisión investigadora Lubkov aceptó 
que había escriturado los terrenos a su nombre, pero argumentó que 
simultáneamente había firmado un documento privado garantizando la 
propiedad de los colonos. “Sin embargo -apunta el informe- hay que 
advertir que las circunstancias invocadas por el señor Lubkov no obstaban 
de ningún modo para que en el instrumento público se hiciese mención 
al mandato tácito en cuya virtud se ejecutaba aquel acto”. 

La falta de escrituras individuales, de mensura y amojonamiento 
no solo respondía a las siempre agobiantes dificultades económicas de 
San Javier, también había razones de orden político. La indivisión y la 
indefinición de la propiedad de la tierra constituían el corazón del sistema 
económico de Lubkov. Así justificaba su condición de administrador 
de todo y de todos y mantenía a los colonos bajo control. La propiedad 
individual era sinónimo de soberanía: cada familia podría manejar con 
independencia su producción, al margen de los dictados de la Adminis¬ 
tración. De esa manera Lubkov perdería la base que sustentaba su poder 
temporal, y quedaría reducido al papel de cuestionado jefe espiritual de 
la comunidad. 

El capítulo de la división intema fue el más enredado de todos los 
que abordó la comisión llegada de la capital pues lubkovistas y disidentes 
abrumaron a los legisladores con pruebas que inculpaban a los contrarios. 
El encono se nutría de historias grandes y pequeñas, recientes y antiguas. 
Algunas se remontaban a la fundación de la colonia. Ante la complejidad 
del panorama, la comisión renunció a la intención de arrojar luz sobre el 
punto. En todo caso interesa destacar sus conclusiones respecto al carácter 
de la oposición: “Los elementos adictos a la Administración acusan de 
bolshevikis a los disidentes, pero la verdad es que estos maximalistas, 
si lo son, no ven la raíz del mal en el instituto de la propiedad privada, 
sino que, por el contrario, resumen sus aspiraciones en la posesión de 
la chacra individual”. 

Por último, el informe lauda de manera escrupulosa y mesurada 
sobre la polémica vida privada del jefe: “El señor Lubkov ha contraído 
desde que está en el país, tres o cuatro uniones irregulares, consagradas 
públicamente según el ritual de la secta. Su poligamia no ha sido simul¬ 
tánea, sino sucesiva. Los informes recogidos por vuestra Comisión no 
confirman la acusación de disipación y libertinaje formulada contra él 
ni tampoco lo presentan rigiendo su vida conforme a austeros principios 
morales”. 


60 



Los rusos de San Javier 


El 29 de noviembre de 1923 se aprobó un préstamo de $ 229.500 a 
favor de San Javier y Nuevo Paysandú. La ley también creó una Comi¬ 
sión Reorganizadora encargada de estudiar un plan de reordenamiento 
de los poblados y de supervisar su cumplimiento. Un año después, la 
comisión no había podido llevar adelante el plan, la colonia estaba en 
bancarrota y, como era de esperar, se solicitó un nuevo préstamo, esta 
vez de $ 370.000. 

El 3 de diciembre de 1924 la Cámara de Representantes discutió 
el proyecto de ley de la Comisión de Agricultura. El texto incluía una 
carta de los acreedores comerciales de San Javier. Las empresas, en su 
totalidad sanduceras, habían pedido que el Consejo Nacional de Admi¬ 
nistración interviniera en defensa de sus intereses ante un endeudamiento 
que consideraban endémico. (79) 

El panorama no podía ser más sombrío. El producto de la última cose¬ 
cha impedía cumplir con los compromisos comerciales e hipotecarios, la So¬ 
ciedad Cooperativa estaba desabastecida, casi vacía, y los colonos no tenían 
cómo reparar las máquinas ni las herramientas, abandonadas en galpones. 

La bancada nacionalista cerró filas contra el proyecto. Irritado, el 
legislador Rogelio Mendiondo dijo que la colonia era un fósil y que en 
nueve años no había aportado beneficio alguno al país. El diputado José 
Monegal fue más lejos: “Allí todo ha fracasado: ha fracasado la Colonia 
desde su instalación; han fracasado las Comisiones de investigaciones y 
las reorganizadoras. Todos los resultados han sido negativos, tanto que 
yo creo que en la Colonia Rusa, para segar algo, una vez siquiera, habría 
que entrar con una hoz -moralmente se entiende- y segarla a toda ella”. (80) 

En opinión de los blancos, el gobierno favorecía a su “colonia oficial” 
en detrimento de los agricultores uruguayos y de otras colectividades inmi¬ 
grantes, como la Colonia Suiza, ejemplo de laboriosidad. Para Monegal, San 
Javier encerraba todos los males del alma rusa: “El vicio fundamental de la 
colonia rusa es el vicio fundamental del ruso: el servilismo, el mujikismo. 
[...] nosotros queremos que los perseguidos vengan a nuestra tierra a gozar 
de esas grandes leyes sociales que los señores diputados proclaman, y en 
algunas de las cuales creo, y no a continuar viviendo, en este caso, bajo la 
férula lubkoviana.[...] hemos tenido la triste suerte de ver en nuestro suelo 


(79) Entre los acreedores figuran Estefanell, Pons y Cía., Adip Abraham, Pedro Har- 
guindegui, Francisco Oddone y Cía., Manisse Hnos., Saint Hnos., Legnani y Debali. dscr, 3 
de diciembre de 1924, pág. 483 y siguientes. 

(80) dscr, 4 de diciembre de 1924, pág. 519. 


61 




Virginia Martínez 


una pequeña Rusia trashumante, donde sus componentes viven peleados, 
donde no se recogen las cosechas por el sectarismo, por las discusiones 
filosóficas y de otro orden”. (81) 

Ante una intervención del batllista Domingo Arena, pidiéndole que 
se centrara en el tema de debate -qué hacer con la colonia- Monegal 
respondió exasperado: “Mándesela a Trotsky o si no, que la pongan en 
el mausoleo de Lenin, como un ejemplo negativo del comunismo en 
tierra criolla”. (82) 

Finalmente la mayoría logró la aprobación del préstamo, que llevaba 
su habitual coda de comisión investigadora y plan de reorganización. 

En la colonia circulaba el rumor de que Lubkov había comenzado a 
preparar la retirada. Iba poco a San Javier -estaba prácticamente instalado 
en Paysandú- y casi no se reunía con los Apóstoles. Algunos creían que 
se mudaría a Paraguay y otros, que volvería a la patria. 

Según el historiador ruso Sergei Petrov, especialista en las sectas 
disidentes de la Iglesia Ortodoxa, es posible que a través de Vladimir 
Bonch Bruevich -ahora hombre influyente del régimen comunista- 
Lubkov haya tenido noticias de la nueva política religiosa soviética. En 
un primer momento el Estado bolchevique dirigió la persecución religiosa 
contra la Iglesia oficial del zarismo y devolvió la libertad de cultos a las 
comunidades no ortodoxas, que conocieron un período de florecimiento. 
El “Papá” envió a la Unión Soviética, en misión exploratoria, a uno de 
los Apóstoles llamado Trofim Ztidkov, quien le aseguró que el gobierno 
veía con buenos ojos la experiencia comunitaria de Nuevo Israel. 

Conocemos los últimos meses de Lubkov en Uruguay por las 
crónicas de Solotariov. Antes de partir, el administrador terminó de va¬ 
ciar la esmirriada Cooperativa de San Javier y la de su filial en Nuevo 
Paysandú. Los colonos tenían que comprar en el almacén de Poiarkov, 
el primogénito de Nuevo Israel. Vendió las herramientas y los animales 
del fondo común y marcó el ganado con su nombre: “Redujo a dinero 
todo lo que podía perder”, afirma Solotariov. (83) 

Afines de 1925 Cesar Mayo Gutiérrez-ahora ministro de Industrias- 
llegó a la colonia acompañado del gerente general del Banco Hipotecario 
Raúl Bonino. Exigieron la entrega de las pocas mercaderías existentes en 
la Cooperativa y de los documentos contables. Dice Solotariov: “Lubkov 


(81) dscr, 4 de diciembre de 1924, pág. 527. 

(82) dscr, 4 de diciembre de 1924, pág. 519. 

(83) El Litoral , 13 de setiembre de 1963. 


62 



Los rusos de San Javier 


había regresado a la zona y al otro día de esos sucesos cita a los fieles a una 
asamblea en la Colonia Ofir. Allí se reúnen con sus familiares, ex empleados 
de la Cooperativa. Lubkov les declaró que estaba perdido, levantó las manos 
al cielo y se arrodilló, pidiéndoles que lo salvaran. Y agregó ‘Sálvenme de 
esta desgracia, los culpables son los disidentes. Malditos, malditos’, gritaba 
furioso. Agregó que contra él habían estado los nacionalistas y los malos 
batllistas (se refería al ministro Mayo Gutiérrez que con su honestidad fue 
quien consiguió que se hiciera justicia)”. (84) 

Algunos disidentes fueron a la Casa Blanca para pedirle que en¬ 
tregara los títulos de propiedad y que no se fuera sin liberar de deudas a 
fieles y opositores. Pero por poderoso que fuera, el administrador no podía 
liberarlos de la carga que iba a asfixiar a la colonia en los años siguientes. 
Tendrían que trabajar duro para el nuevo patrón: el Banco Hipotecario. 

En 1926 Lubkov abandonó San Javier. Antes, nombró sucesor a 
Poairkov. Con él partieron cincuenta familias, entre las que estaban buena 
parte de sus funcionarios de gobierno. Se instaló en Manich, provincia 
de Rostov, donde recreó la comunidad Nuevo Israel. Tres años después, 
Stalin anunció la anulación de los kulaks (85) y la colectivización de la 
tierra. El proceso que siguió es conocido: deportaciones en masa y ham¬ 
bruna campesina. La deskulakización fue preámbulo de la generalización 
del koljós, “granja colectiva del futuro”, en palabras del presidente de 
los soviets Mijail Kalinin. 

Las sectas religiosas ingresaron al cada vez más ancho territorio 
de los enemigos del socialismo. El gobierno convirtió el asentamiento 
religioso en el koljós Octubre Rojo. Lubkov fue arrestado y deportado, 
junto a unos cuarenta fieles, a un campo de concentración en Asia Central. 
Es posible que el “Papá” haya muerto en cautiverio o haya sido ejecutado 
en agosto de 1938. (86) Algunas de las familias que habían viajado con él 
volvieron a Uruguay y otras se dispersaron al norte del Cáucaso. 


(84) El Litoral, 20 de setiembre de 1963. 

(85) Agricultores y campesinos que explotaban tierras de su propiedad. Bajo el zarismo, 
el término kulak designaba al campesino rico. Bajo el estalinismo la denominación comprendió 
también al simple campesino, al renuente a integrarse al koljós y al enemigo del régimen. 

(86) El antropólogo Nicolás Guigou entrevistó a la bisnieta de Lubkov, Katia Castamov, 
quien le mostró cartas escritas por él con ciertas claves que había acordado para informar a 
sus seguidores en San Javier que las cosas en la urss no iban bien. En 1933 los Castamov le 
enviaron dinero para ayudarlo a volver a la colonia. La agencia marítima Domer y Bernitt 
lo devolvió con una carta en la que informaba que el gobierno soviético no había autorizado 
su salida del país. 


63 







Vasili Lubkov (centro) flanqueado por los dos líderes históricos de Nuevo Israel, Parfentio 
Katasonov (izquierda) y Vasili Mokshin (derecha). Esta imagen, en lugar del tradicional 
icono de la religión ortodoxa, estaba en las casas de los miembros de la secta. 


Así los conoció el historiador Vladimir Bonch Bruevich. 
Asentamiento de Nuevo Israel en Elizavetpol, Transcaucasia, 1909. 
Imagen de Sergei M. Prokudin-Gorsky. 
















Asentamiento de Nuevo Israel en Elizavetpol, Transcaucasia, 1909. 
Imagen de Sergei M. Prokudin-Gorsky. 



Los apóstoles 
de Nuevo Israel. 

De izquierda a derecha: 
Esteban Michin, 

Anikei Kabanets 
y Andrei Poiarkov, 1910. 
Imagen de Sergei 
M. Prokudin-Gorsky. 






Lubkov retratado por Sergei M. 
Prokudin-Gorsky. 

La mirada y la actitud del 
“Papá” de Nuevo Israel 
coinciden con la descripción 
que Alberto Zum Felde hizo de 
él años después. 


Natalia Grigorievna Lubkov. 
Esposa de Lubkov y “Mamá” 
de la secta cuando los rusos 
llegaron a Uruguay. 
Murió en San Javier en 1924 
y está enterrada en la colonia. 






Materiaux pour servir á l'histoire des sectes russes. Uvraison 4 
Redice tur V. Uontch'itroMferltch. 

Warepiaiibi ku Hcropiu h H3yaenito pyccKaro ceKiaHiciBa h CTapooópsAHecisa 
Ilojh pejuxuicfl Dnaanai'lMi ÍH>iin.-r>p.re nana. 

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bcccht» na aeujrb. - 


(flcajo.vh 46, « 


. u) 


c.-nETEPByprii. 

1911. 


Facsímil de la portada del libro 
de Vladimir Bonch Bruevich 
dedicado a Nuevo Israel. 

San Petersburgo, 1911. 


Frente al Kremlin 
Bonch Bruevich con Lenin, 
cuando ya se había 
convertido en uno de sus 
hombres de confianza. 
Moscú, 1918. 






Hacinamiento en el Hotel de Inmigrantes. 

A la espera de las tierras donde fundar la nueva Sión, los recién llegados hacen parte de su 
vida en la calle. 

Imágenes del semanario Fray Mocho, 18 de julio de 1913. 





Humor sobre la situación de los inmigrantes, convidados de piedra del gobierno. 

—Boino sinor impliados. Yo ¡star afeitados navakas. ¿ Dónde se incointra bailes qui invistastes yo? 
—¡Caramba amigo ruso! ¡Tengo la invitación pero... no sé dónde es ni cuándo se llevará a cabo. 

La Semana, 1° de marzo de 1913. 






Bulevar Artigas, futura calle principal de la colonia, 1914. 
Archivo Nacional de la Imagen del SODRE. 


Niños de la colonia. Entre ellos, con seguridad, están los primeros nacidos en Uruguay, 
1914. Archivo Nacional de la Imagen del SODRE. 





Prodigio del trabajo: la colmena en actividad 

Así describía El Telégrafo los primeros tiempos de la colonia. 




1913, Archivo Nacional de la Imagen del SODRE. 


1913, Archivo Nacional de la Imagen del SODRE. 












Sin fecha. 
























Lubkov rodeado de colonos recibe a autoridades del gobierno. 
Fray Mocho, I o de enero de 1915. 

















Una de las tantas páginas que la prensa uruguaya dedicó al padre espiritual y administrador 
legal de San Javier. Justicia, 27 de julio de 1921. 


El sultán que aquí tenemos 

Ludcoo, sus mujeres y algunos de sus hijos^Bi 

Como lo anunciamos, reproducimos hoy los' retratos de Ludcov, jsus esposas y algrunas de_ las 
hijas. En verdad que la pose se Ih envidiaría el Sultán de Turquía, a quien ha dejado pequeñito.- 
Ludcov Se ríe de todos lo^ serrallos; a él le sobran inujeres. « 

• i . 

























Rusos en Montevideo en la década del treinta. Fotos Centro Máximo Gorki de Montevideo. 


















La primera bala 


El fundador dejó una comunidad endeudada y dividida y familias 
separadas por la nueva emigración. Deudora del Estado y del comercio 
sanducero, San Javier se parecía más, según la imagen de un informe 
parlamentario, a un campamento de soldados del trabajo que a una co¬ 
lonia asentada y arraigada. 

“Había que trabajar de nuevo casi como cuando llegamos en 1913. 
La cosecha ya bajo la dirección del Banco Hipotecario nos dejó el 60%. 
La otra cosecha se realizó ya con más rigurosa inspección. Hubo encar¬ 
gados de las balanzas y la cosecha marchó a los galpones del Banco. Se 
nos dejó un 5% del triguillo para las aves”, escribe Solotariov. (87) 

Desde Stavropol, Gorlo agrega: “Los chacareros sanjavierinos 
agachaban el lomo para pagar los intereses de las deudas que les cargó 
el querido ‘Papá’, en chacras pequeñas, en tierras que se iban desgas¬ 
tando y debilitando. Y venía la trilladora del Banco, y de 300 bolsas que 
se llenaban, 30 quedaban para el chacarero, para que no se muriera de 
hambre, y 270, él mismo en su carro tenía que acarrearlas, iban al galpón 
del Banco. No en vano, después de la partida del ‘Papá’ quedó el dicho: 
‘¡Ah, cuentas viejas de Lubkov!’ cuando se hablaba de algún clavo en 
los negocios, cosas turbias, deudas”. 

A mediados de la década del treinta San Javier se había extendido. 
Atravesada por calles rectas y bien delineadas que formaban manzanas 
uniformes, las viviendas se asentaban en terrenos generosos y arbolados. 
La población aumentó con la llegada de nuevos pobladores, en su mayoría 
ucranianos, pero también con familias italianas, españolas, alemanas y 
algunas de origen turco. 

Si la influencia de Lubkov empezaba a ser cosa del pasado no lo 
eran las deudas ni el temor a perder las chacras. La amenaza del Banco 
Hipotecario de desalojar a los morosos había sustituido a la del “Papá” 
de expulsar a los disidentes. 


(87) El Litoral, 22 de octubre de 1963. 

65 



Virginia Martínez 


El reclamo de tierras y la movilización contra los inminentes de¬ 
salojos marcaron los siguientes veinte años de San Javier. Los comu¬ 
nistas -rusos y criollos- estuvieron al frente de esa lucha. Animaron 
el nacimiento del sindicato agrario y sus legisladores reclamaron la 
expropiación de terrenos para los colonos. 

Así describía el panorama el diario Justicia : “Actualmente, debido 
a la langosta, la seca y otras calamidades, cada colono pudo recoger 
apenas una, dos y hasta tres fanegas de trigo por cuadra. En el momento 
de recogerlas se les presentaba el empleado del Banco, acompañado del 
Juez Texidor, y un destacamento de policías, quienes decían al colono: 
‘si usted nos entrega la cosecha, nosotros no le embargaremos y usted 
se evita los gastos del embargo; ahora si usted se niega a entregarla, 
entonces le embargamos y usted tiene que pagar todos los gastos”. (88) 

En enero de 1933, el diputado socialista Liber Troitiño expuso en 
Cámara el agravamiento de la situación por el anuncio de nuevos desalojos 
y del embargo de los restos de la cosecha, que ese año fue muy mala. 

Ante la alarma, el sindicato respondió con manifestaciones de 
protesta y llamó a no entregar la producción. Se esperaba el desalojo 
de cuarenta familias. El clima de la colonia era de agitación. La Poli¬ 
cía revisaba a los trabajadores que volvían de las chacras, en busca de 
armas. Hubo insultos a los extranjeros, detenciones y malos tratos en 
la comisaría. La desesperación de los colonos, la prédica del sindicato 
y la prepotencia de los uniformados presagiaban la violencia que días 
después se adueñó del poblado. Dice Troitiño: “Si el ambiente estaba 
preparado; si existía una evidente tirantez de relaciones entre una especie 
de clase que se forma entre ciertos vecinos ‘distinguidos’ -el Comisario, 
los comerciantes, los parientes del comisario-, y los pobres agricultores, 
más temibles cuanto más hambrientos, esa situación iba a producir una 
crisis que se iba a resolver en esta forma violenta”. (89> 

El 8 de enero los comunistas organizaron un acto en el centro de la 
colonia. Provocadores vestidos de civil y policías que blandían sables y 
rebenques interrumpían a los oradores. “Cada vez que ocupaba la tribu¬ 
na una mujer en San Javier, era víctima de los peores insultos y de las 
peores groserías de elementos alcoholizados [...] mientras hablaba uno 
de nuestros oradores, un sargento que tiene fama de matón en el lugar, 


(88) Justicia, 29 de enero de 1933. 

(89) dscr, 10 y 11 de febrero de 1933, pág. 457. 


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Los rusos de San Javier 


además de exhibir todas las armas que le ha dado la institución policial, 
sacaba una cuchilla que tenía una hoja como de cuarenta centímetros 
para pelar una naranja, y hacía movimientos amenazantes para el ora¬ 
dor”, denunció el diputado comunista Eugenio Gómez, (90) presente en el 
accidentado encuentro/ 90 Al fin del acto, la Policía detuvo a los oradores, 
entre los que se encontraba el diputado comunista José Lazárraga, y los 
envió a Fray Bentos. 

El 22 de enero se organizó un nuevo acto frente al local del sindi¬ 
cato, en el que iba a hablar la dirigente comunista Julia Arévalo. (92) La 
concentración terminó con un muerto, ocho heridos graves y cuarenta 
presos. La Policía reprimió el mitin: hubo corridas, cargas de sable y 
una bala derribó a Julia Schultz. Julia era ucraniana y estaba casada con 
Nicolás Skorina, activo comunista de la colonia. 

El episodio ocurrió dos meses antes del golpe de Estado del pre¬ 
sidente Gabriel Terra en un clima político ganado por las amenazas, la 
represión, la denuncia de torturas, el allanamiento de sindicatos y clau¬ 
suras a la prensa comunista. 

Esteban Sanin, el niño nacido en alta mar cuando los fundadores de 
San Javier cruzaban el Atlántico, tenía entonces veinte años y era corres¬ 
ponsal de Justicia. Años más tarde se casó con una hija de Julia Skorina 
y a fin de la década del cincuenta emigró a la Unión Soviética con su 
mujer y dos hijos. En Djurin, pueblo de la región de Vinnitskaya, donde 
se instaló la familia, Sanin escribió una serie de notas autobiográficas 
que se publicaron en diarios ucranianos. En una de ellas relata cómo se 
gestó la manifestación: “El acto tendría lugar en la calle principal a las 
cuatro y media de la tarde. Imposible hacerlo antes de esa hora porque 
hacía mucho calor. Temprano, la Policía empezó a preparar la emboscada. 
Organizó un asado y repartió vino entre los policías y la gente del pueblo 
que los apoyaba. El responsable era el comisario Martín Cabrera. Había 
también un policía llamado Jerez, un civil de nombre Larrosa y estaban 
los hermanos Espalter”. (93) 


(90) Eugenio Gómez (1892-1973). Dirigente del Partido Comunista y figura principal de 
ese partido durante tres décadas. En 1955 fue expulsado del Partido por una fracción dirigida 
por Rodney Arismendi y José Luis Massera. 

(91) dscr, 10 y 11 de febrero de 1933, pág. 447. 

(92) Julia Arévalo (1898-1985). Obrera y sindicalista. Fundadora y dirigente del Partido 
Comunista uruguayo. Fue electa diputada en 1942 e ingresó al Senado cuatro años más tarde. 

(93) Olga Sanin, hija de Esteban, me facilitó y tradujo los artículos periodísticos. 


67 



Virginia Martínez 


“Lo peor fue que contaron con la colaboración de dos rusos blancos. 
Andrei Poiarkov los aconsejaba sobre la mejor forma de atacar. [...] 
Aunque la secta tenía como máxima no intervenir en asuntos políticos, 
Poiarkov apoyaba a las fuerzas reaccionarias. El otro ruso blanco se 
llamaba Nicolai Polischuk. Había salido de Rusia huyendo de la Re¬ 
volución, pasó por Francia, Brasil y Paraguay e hizo su ‘nidito’ en San 
Javier. Este ‘palomo’ tenía un boliche y a todos los que llegaban allí les 
daba bebida y los hacía hablar”. 

“A la hora indicada empezaron a llegar los camaradas y comenzó el 
mitin. Alexandra Emilianenko hizo un discurso denunciando al gobierno 
de Terra y la explotación de los trabajadores del campo. La gente, api¬ 
ñada al lado de la tribuna, escuchaba en silencio. De pronto apareció la 
Policía a caballo. Rodearon el estrado, le ordenaron a Emilianenko que 
se callara y dieron orden de dispersarse. La oradora respondió que iba a 
terminar su discurso y que ella no decía más que la verdad”. 

“Uno de los provocadores que había entre el público, un hombre de 
Fray Bentos, de apellido Mendario, disparó un arma de fuego. La Policía 
sacó los sables y empezó a reprimir. En ese momento cayó Julia Skorina, 
madre de cinco hijos. Tenía en brazos al más pequeño. Murió allí mismo”. 

Julia Skorina fue enterrada en el cementerio local. El Comité de 
Mujeres, el Sindicato de Peones y el de Oficios Varios le rindieron ho¬ 
menaje. Sobre la tumba, el sindicato grabó el siguiente epitafio: “Aquí 
yace Julia Skorina, caída bajo las balas de la reacción feudal el 22 de 
enero de 1933”. Gastada por el tiempo, la leyenda se ha borrado pero 
todavía hoy en el pequeño cementerio de San Javier, puede verse a ras 
de la tierra la lápida roja de Julia Skorina sobre la que se dibuja la hoz 
y el martillo, y una inscripción que dice ¡Presente! 

En la caracterización política e ideológica del Partido Comunista, 
San Javier era un feudo dominado por el Banco Hipotecario, la Policía 
y el Juez. Los colonos, heroicos campesinos alzados contra “el gobierno 
batllista de Terra, por un gobierno de obreros, campesinos y soldados”. <94) 
El sindicato, un “baluarte de organización” orientado por “la línea revo¬ 
lucionaria trazada por el Partido Comunista para los sindicatos”. (95) La 
represión en San Javier no era un hecho aislado sino que se inscribía en la 


(94) Justicia, 27 de enero de 1933. 

(95) Justicia, 29 de enero de 1933. 


68 




Los rusos de San Javier 


política de los partidos “feudal burgueses” para empujar “al movimiento 
obrero, a sus organizaciones, a su Partido, a la ilegalidad”. (96) 

De ahí la importancia que los comunistas dieron a la denuncia de 
los hechos de San Javier y el llamado a la solidaridad que hicieron en 
las organizaciones obreras. La Confederación General del Trabajo (cgt) 
convocó a actos de repudio en Montevideo y el Interior, y la sección 
uruguaya del Socorro Rojo Internacional organizó colectas para ayudar 
a las familias de los presos. (97) 

La lucha de los colonos rusos, liderada por la vanguardia comunista, 
debía extenderse a todos los trabajadores del campo: “El sindicato de 
Asalariados Agrícolas ha hecho su bautismo de sangre. El comité cam¬ 
pesino vive y lucha. La célula comunista de San Javier se ha mantenido 
al frente en la lucha contra los embargos del Banco Hipotecario. [...] El 
ejemplo debe cundir en toda la campaña ¡Ni un embargo! ¡Resistencia 
organizada, colectiva y activamente revolucionaria! ¡Ni un desalojo! ¡La 
organización es el único instrumento de las masas!” (98) 

Los diputados Gómez y Lazárraga lograron que se votara el llamado 
a sala del ministro del Interior Alberto Demichelli. Gómez denunció la 
represión contra el mitin como un acto planificado por el Poder Ejecutivo, 
que había llevado gente a la colonia a fin de provocar: “El sábado por la 
tarde, en víspera del trágico suceso, se realizó una fiesta que ofreció el 
Juez de Paz -elemento perseguidor de los trabajadores- y de esa fiesta 
participó la policía. En esa fiesta se hacía el ensayo de la forma que se 
iba a atacar la conferencia comunista. Uno gritaba: ‘¡Viva el Partido 
Comunista!’ y otros respondían: ‘¡Muera el Partido Comunista; mueran 
los obreros extranjeros! ’. Era la preparación con todo ensañamiento, del 
crimen que iban a cometer el día siguiente”. (99) 

Los testimonios recogidos por Lazárraga entre los vecinos asegu¬ 
raban que Julia Skorina no había caído en la confusión de la refriega: 
“En la calle la obrera Skorina fue golpeada por los sables de la policía. 
La obrera, bajo los golpes de sable, recogió un pequeño hijo que había 
sido derribado por los caballos de los soldados. Con su hijo en brazos, 
la obrera Skorina huyó hacia el local. Un policía -según la declaración 


(96) Justicia, 24 de enero de 1933. 

(97) Justicia, 16 y 25 de enero de 1933. 

(98) Justicia, 25 de enero de 1933. 

(99) dscr, 10 y 11 de febrero de 1933, pág. 448. 


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conteste de todos los que asistían al acto- hizo puntería sobre la mujer 
obrera que llevaba el niño en los brazos y la mató fríamente”. 

La gente había corrido a refugiarse en el local del Sindicato, 
sitiado luego por la Policía. Los heridos -de sable y de bala- queda¬ 
ron encerrados pues no se les dejó salir a buscar auxilio. Decenas de 
manifestantes terminaron en la comisaría: “Fueron objeto de todos los 
insultos, especialmente, los trabajadores extranjeros. No hubo insulto 
ni amenaza que no se profiriera contra ellos. Los tuvieron en el patio, 
durante doce horas”. 

Como era de esperar, la versión oficial contradecía en todo la 
denuncia de los diputados comunistas. El ministro del Interior basó su 
intervención en el resultado del sumario instruido por el delegado del 
Poder Ejecutivo Silvio Emilio Reta. 

Ajuicio de Demichelli, el informe probaba que la violencia se había 
iniciado en el campo de los manifestantes: “La agresión partió de los 
comunistas. En esas circunstancias la policía se defendió”. 

De acuerdo a Reta, los hechos ocurrieron así: “El lugar elegido por 
los organizadores para realizar la conferencia se halla situado frente al 
local del Sindicato de Obreros y a la hora fijada para realizar aquélla, se 
reunieron, según los informes obtenidos por el suscrito, unas trescien¬ 
tas personas, entre ellas muchas mujeres y niños. En la mañana de ese 
mismo día domingo habían llegado juntos a la colonia, desde Paysandú, 
siete personas, entre las cuales Francisco Hidalgo, Mario Cuitiño y un 
tal Borges, conocidos afiliados al Partido Comunista, con el propósito 
de asistir a la conferencia”. 

“La comisión policial de servicio, a cargo del subcomisario Damino, 
concurrió a caballo, armados los guardias civiles con carabina y sable, y 
algunos de ellos también armados de revólveres, apostándose en la misma 
calle que debía realizarse la reunión, a una distancia de cien metros de 
esta. Además, los guardia civiles Eugenio Braseiro y Miguel Mayada 
fueron comisionados para mezclarse con el público de la conferencia 
vestidos de particular en servicio de vigilancia”. (100) 

La oratoria había estado a cargo de un “mozo morocho de Paysan¬ 
dú”, que habló en español, y de los lugareños Andrés Solotariov y Ale- 


(100) El informe consigna los policías destinados por el comisario Martín Cabrera a 
la vigilancia del acto: subcomisario Anselmo Damino, escribiente Francisco Javier Espalter, 
suboficial inspector Emilio Rosano, sargento Juan Ramón Jerez y los guardia civiles Jacinto 
Muñoz, Antonio de los Santos, Rudesindo Arrúa, Felipe Estigarribia, Eusebio Ojeda, Mariano 
Mendario y Alfonso Guerrero. 


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Los rusos de San Javier 


jandra Emilianenko, que lo hicieron en ruso: “Estos dos últimos oradores 
atacaron con el enérgico y enconado léxico común a la generalidad de 
los propagandistas de su credo, al gobierno del doctor Terra y a la policía 
local”. [...] 

“Lorenzo Emilianenko, padre de la oradora y dirigente comunista, 
declara que mientras estaba hablando su hija un ruso llamado Gregorio 
Chunsky empezó a gritar contra la policía y contra el gobierno interrum¬ 
piendo a la oradora”. 

El guardia civil Braseiro había llamado al orden al hombre, borra¬ 
cho según los testimonios, pero este no se calmó. Entonces, Braseiro 
salió del acto para pedir instrucciones. El comisario Cabrera ordenó al 
subcomisario Damino que detuviera al revoltoso. 

“Acto seguido -declara Damino- el deponente, acompañado del 
Escribiente Espalter y del sargento Jerez, se aproximó al lugar de la 
reunión, disponiendo que entre los guardiaciviles Braseiro y Mayada se 
hiciera retirar al que promovía el desorden [...] al darse cumplimiento a 
esa orden, los asistentes a la reunión empezaron a gritar ‘que lo larguen, 
que lo larguen, que lo larguen bandidos’, rodeando al ebrio de la refe¬ 
rencia, [...] y a los dos guardiaciviles que trataban de hacerlo retirar”. 

Para impedir la acción policial, los manifestantes lanzaron piedras 
contra los uniformados. En esa confusión, Damino vio que “un comunista 
llamado Florencio Zapata disparaba un tiro de revólver contra él y acto 
continuo otro individuo a quien el deponente no conocía, y que se hallaba 
cerca de Zapata, también le descerrajaba un tiro; que tiene la impresión 
de que este último sea un individuo llamado Francisco Hidalgo. [...] 
Antes de ser disparados los primeros tiros a que hace referencia, en la 
imposibilidad de dominar a los asistentes de la reunión que exigían se 
dejara en libertad a Chunsky, ese funcionario ordenó que se disolviera 
la reunión”. 

El escribiente Espalter y dos vecinos apoyaron los dichos de Da- 
mino. Según Espalter, la agresividad del público había obligado al sub¬ 
comisario a suspender el acto; Héctor Heinzen declaró que “la oradora 
rusa se dirigía al público incitándolo a que no hiciera caso a la policía”, 
y Víctor Martinelli agregó que vio y oyó a Emilianenko gritar desde la 
tribuna: “¡Esa es la justicia que hace la perrada de Terra!”. 

El punto fuerte del sumario de Reta estaba en las declaraciones de 
dos detenidos tras el acto. Florencio Zapata y Francisco Hidalgo con¬ 
fesaron que iban armados y se acusaron mutuamente de ser los autores 


71 




Virginia Martínez 


de los disparos. Las declaraciones de otros detenidos extendían la res¬ 
ponsabilidad de la violencia a los comunistas Juan Cachenco, Lizarka 
Safronov y Basilio Klivzov. Según aquellas, Cachenco prestó el arma; 
Safronov compró las balas y Klivzov disparó. 

Sin embargo, el recuento de las bajas de uno y otro lado contradecía 
la afirmación de que la Policía había actuado para defenderse: “Se com¬ 
probó que había sido muerta una mujer llamada Julia Skorina (informes 
de la autopsia a fojas 21 y vuelta) y heridos de gravedad los comunistas 
Alejandro Casanovich y Mario Cuitiño, el primero con lesiones produci¬ 
das por sable y proyectil de arma de fuego, y el segundo únicamente por 
bala (certificados médicos de fojas 11 y 12, y 16 y 19), como así también 
Jorge Pochevirov, herido de bala (certificados médicos de fojas 13 y 18); 
Pola Sanin, con herida de bala (certificados de fojas 14 y 17); y María 
Muroski de Jarchenko, con lesiones de sable y herida de bala (certificado 
de fojas 15 y 20). Además se registraron lesiones leves en las siguientes 
personas: Nina Emilianenko, en el cuello; Florencio Zapata, con herida 
lacero contusa en el codo izquierdo; Julia Arévalo de Roche, con una 
lesión en el brazo izquierdo (parte de fojas 6 y vuelta) [...] De la policía 
no resultó ningún herido habiéndose registrado únicamente la muerte 
del caballo que montaba el guardiacivil Guerrero, producida por bala”. 

El estado de rebelión de la colonia ante el anuncio de los desalojos, 
más el “enconado léxico” de los oradores permite suponer que la reac¬ 
ción espontánea de los manifestantes haya sido la de resistir la orden 
de disolver el acto y aun la de lanzar piedras a los uniformados. Lo que 
no alcanza a explicar el informe de Reta es que los supuestos agresores 
hayan terminado el enfrentamiento con un muerto y cinco heridos de bala 
en estado grave y, en cambio, los agredidos solo tuvieran que lamentar 
la pérdida de un caballo. 

Hasta La Mañana, diario colorado de la fracción riverista, al que 
no se podía reprochar simpatía con los comunistas, cuestionó la versión 
oficial: “La policía de San Javier dice que los asistentes a la conferencia 
abrieron fuego contra ella y que luego continuaron respondiendo viva¬ 
mente al tiroteo. También dice que le arrojaron piedras. Presentados los 
sucesos así o la policía goza de una invulnerabilidad milagrosa o no hubo 
tal tiroteo de la parte adversa”. 000 

El sumario de Reta -informe verídico y exacto para Demichelli-, 
es de una parcialidad flagrante. En lugar de acta de investigación parece 


(101) La Mañana, 3 de febrero de 1933. 

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Los rusos de San Javier 


una sucesión de fichas de prontuario. El instructor establece dos cate¬ 
gorías de personas y de testimonios. A las primeras las llama “el testigo 
Victorio Martinelli”, “el testigo Agustín C. Fischer”, “el subcomisario 
Damino”, “el Administrador Técnico de la colonia, ingeniero don Óscar 
V. Rodríguez López”; a las segundas, en cambio, las presenta como 
“Miguel Jarchenko, comunista por más que lo niega en su declaración”; 
“Andrés Solotariov, uno de los más decididos y activos propagandistas de 
la región”; “Alejandra Emilianenko, de ideas también comunistas, hija de 
Lorenzo Emilianenko, afiliado al Partido Comunista”; “Hidalgo [quien] 
no sólo es comunista sino que además es un comunista de significación 
dentro de las filas de su partido”. 

Reta no quiso terminar su informe sin antes hacerse portavoz del 
malestar del llamado vecindario honesto ante la prédica de los comunistas 
de San Javier. En atención a las impresiones recogidas en el lugar, el 
instructor pidió “enérgicas medidas” para poner fin al estado de rebelión 
de la colonia. 

La voz del vecindario honesto se conoció a través de la carta firmada 
por cincuenta y dos pobladores que publicó el diario tenista El Pueblo : 
“Desde hace mucho tiempo esta población es albergue de elementos 
comunistas que huyendo de otros lugares donde han caído al margen de 
la ley, se refugian en los domicilios de sujetos de su misma clase para 
programar y llevar a cabo como así lo hacen casi todos los Domingos 
reuniones en público y en privado con el solo objeto de protestar contra 
todas las leyes y disposiciones legales vigentes profiriendo gritos de 
abajo el Gobierno, abajo el presidente Tena, abajo el Juez, la Policía y 
el Banco Hipotecario”. [...] 

“Hacemos constar que dada la actitud conecta y decidida del Sub- 
Comisario Damino y del oficial Rosano las cosas no pasaron a mayores 
dada la gran ofuscación popular contra esta clase de sujetos que se dicen 
obreros y que en su mayoría no lo son”. [...] 

“La honestidad del vecindario ha sido hasta tal punto ultrajada por 
estos sujetos, que la mayoría tenían el propósito de jugarse el todo por 
el todo para terminar por sus propias manos este estado de cosas”. (102) 
Para frenar la tentación de muchos de hacer justicia por mano propia, 
los firmantes pedían que la represión fuese más severa y que se contro¬ 
lara el acceso a la colonia. Había que cercar San Javier para impedir la 
entrada de agitadores. 


(102) El Pueblo, I o de febrero de 1933. 

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Virginia Martínez 


Aunque quienes suscribían la carta eran habitantes del lugar, en 
rigor, no podían ser considerados colonos. Integraban lo que Troitiño 
llamó el grupo de vecinos distinguidos: funcionarios públicos, comisarios 
jubilados, comerciantes, familiares de Lubkov y algunos de los antiguos 
Apóstoles. (103) 

El diputado colorado Clemente Ruggia se plegó a la denuncia de los 
cincuenta y dos vecinos: “La colonia de San Javier, antes de la llegada 
de los agitadores comunistas, vivía tranquila, vivía en paz, vivía con el 
apoyo del Estado [...] cuando se habla aquí de que los colonos son co¬ 
munistas o que siguen las inspiraciones de los comunistas, se equivocan 
de medio a medio. De doscientos colonos que hay entre San Javier y 
Ofir, solamente hay cuatro colonos comunistas”. 

Al fin de dos sesiones largas y borrascosas en las que volaron vasos, 
ceniceros y los legisladores casi llegaron a las manos, Gómez mocionó 
para que la Cámara hiciera responsable al gobierno por lo sucedido en 
San Javier, pidiera la liberación de los presos, el retiro de las fuerzas 
enviadas por el Poder Ejecutivo y declarara que, en el futuro, el gobierno 
no podría prohibir los actos del Partido Comunista ni de las organizacio¬ 
nes obreras. La moción, francamente maximalista, fue rechazada. Igual 
suerte corrió la muy modesta de conceder setenta pesos de pensión, un 
salario mínimo, a los huérfanos de Julia Skorina. 

Al día siguiente de la interpelación, El Pueblo, el diario del Pre¬ 
sidente, editorializó: “El gobierno no puede impedir la alteración del 
orden. Lo que puede hacer es reprimir el desorden. [...] El Presidente de 
la República, llegado el caso, cumplirá con el doloroso deber de ordenar 
que se ametralle a los revoltosos; pero la sangre derramada en uno y otro 
lado caerá gota a gota sobre la conciencia de los que tuvieron en sus 
manos la paz y el orden de la República, y los arrojaron al caos, ciegos 
de apasionamiento y ambición”. 004 * Aunque el artículo no menciona 
los hechos de San Javier, sí deja claro la posición del gobierno ante la 
protesta social. Un mes y medio después, Terra disolvió las Cámaras. 


(103) Al pie de la carta, entre otras, figuran las firmas de Eduardo Arechavaleta, Andrei 
Poiarkov, Samuel y Andrés Goldstein, Jacobo Castamov, Ana L. de Castamov, Sofia M. de 
Castamov, Andrés Gayvoronsky, Nicolás Polischuk, Genaro Aguiar, Luis Manguin, Catalino 
Viera. 

(104) El Pueblo, 13 de febrero de 1933. 

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El oro ruso 


La mayoría de los sanjavierinos tenía familiares en la Unión Soviéti¬ 
ca. La distancia geográfica no fue, sin embargo, el principal obstáculo que 
separó a los de San Javier de sus parientes soviéticos. La colectivización 
forzada en la urss y la represión que vino con ella hicieron que muchas 
familias de Uruguay perdieran contacto con las que habían retomado a 
la patria. A eso se agrega que en los años más duros del estalinismo la 
comunicación con el extranjero estuvo prácticamente prohibida por lo 
que los vínculos entre las dos partes se cortaron, en algunos casos, por 
décadas. 

Por otro lado, el 27 de diciembre de 1935 el gobierno de Terra 
decretó la interrupción de las relaciones con la Unión Soviética. 005 ' La 
resolución, que tenía la firma del ministro de Relaciones Exteriores José 
Espalter, en cuyo campo había nacido la colonia, interrumpía las relacio¬ 
nes diplomáticas con Rusia iniciadas casi ochenta años antes. El 10 de 
diciembre de 1857 el zar Alejandro n -“por la gracia de Dios emperador 
y autócrata de todas las Rusias”- había respondido con entusiasmo a la 
carta del presidente Gabriel Pereira que expresaba la voluntad y el interés 
de la República Oriental del Uruguay de establecer relaciones oficiales 
y amistosas con el imperio mso. 

El jurista y diplomático Héctor Gros Espiell señala la importancia 
del establecimiento de relaciones entre los dos Estados. Uruguay por ese 
entonces intentaba consolidar su independencia. Aun no se había firmado 
el Tratado Definitivo previsto por la Convención Preliminar de Paz que 
en 1928 había reconocido la independencia del país. La fragilidad de la 
república, todavía muy ligada a los conflictos políticos de Argentina y 
Brasil, necesitaba una política exterior con apoyos fuera de la región: 
“Sólo un Uruguay reconocido en Europa y en Estados Unidos, vinculado 
a los grandes textos internacionales, como los emanados del Congreso 


(105) Decreto del 27 de diciembre de 1935. Registro Nacional de Leyes y Decretos 
1020-1023. 


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Virginia Martínez 


de París, que hiciera valer los principios del Derecho de Gentes, podía 
salir del abrazo asfixiante, por más fraternal que fuera, de sus vecinos. 
En ese contexto, nunca explorado por la historiografía uruguaya, es que 
debe situarse la nota de Pereira a Alejandro n”, dice Gros Espiell. (106) 

En 1886 Rusia ya tenía consulado en Montevideo y en 1906 Uru¬ 
guay abrió una legación en Moscú. 

La Revolución de Octubre interrumpió, de hecho, la relación con el 
caído imperio de Nicolás n. En 1926, afio en que Lubkov dejó San Javier, 
el gobierno uruguayo, adelantándose a Estados Unidos y a la mayoría 
de los países sudamericanos, reconoció a la Unión de las Repúblicas 
Socialistas Soviéticas. (107) En octubre de 1933, Terra nombró embajador 
en Moscú al general Eduardo Da Costa y en marzo del año siguiente 
el gobierno soviético envió a Alexander Minkin como su representante 
plenipotenciario. 

La ruptura de relaciones -formalmente se trató de una interrupción- 
decretada por el gobierno de Terra se basó en la acusación de que la 
embajada soviética en Montevideo alentaba y financiaba los movimientos 
subversivos del continente, en particular el intento de insurrección armada 
que lideró el comunista Luis Carlos Prestes en Brasil. (,08) 


(106) Héctor Gros Espiell, “Las relaciones diplomáticas entre el Uruguay y Rusia. Al¬ 
gunos puntos de interés jurídico”, pág. 68 en Relaciones diplomáticas entre Rusia y Uruguay 
140°Aniversario. Historia, estado actual, perspectivas (Ministerio de Relaciones Exteriores, 
Embajada de la Federación de Rusia en Uruguay, Montevideo, 1999). 

(107) Telegrama del ministro de Relaciones Exteriores Alvaro Saralegui al Viceco¬ 
misario del Pueblo de Relaciones Exteriores de la urss, M. Litvinov, 21 de agosto de 1926, 
en Uruguay-URSS 60 años de Relaciones diplomáticas 1926-1986. Documentos y materiales 
(Montevideo, Ministerio de Relaciones Exteriores del Uruguay-Ministerio de Relaciones 
Exteriores de la urss, 1989). 

(108) Luis Carlos Prestes (1898-1990). Capitán del Ejército y secretario general del Partido 
Comunista Brasileño. En 1924 participó de la Revolución de los Tenientes, jóvenes militares que 
se sublevaron contra la falta de libertades y corrupción del viejo Estado brasileño. Derrotados, 
los tenientes buscaron asilo en Bolivia. La columna Prestes, como se la conoció, transitó 36.000 
kilómetros, la mayoría de ellos a pie, asediada por las tropas del gobierno, sin sufrir una sola derrota 
militar. La gesta convirtió a Prestes en el “Caballero de la esperanza”. Exiliado en Buenos Aires 
y en Montevideo, se afilió al Partido Comunista y viajó a la urss. En 1934 volvió clandestino a 
Brasil para dirigir una revolución organizada y financiada por el Comintem. Lo acompañaban una 
decena de revolucionarios internacionales elegidos por Moscú para participar en la operación. Entre 
ellos estaba la judía alemana Olga Benario, su mujer. Poco después, la policía brasileña desbarató 
la conspiración. Olga fue detenida y aunque estaba embarazada el presidente Getulio Vargas la 
entregó a la Alemania de Hitler. Dio a luz a una niña que fue devuelta a la familia tras una campaña 
que encabezó su abuela paterna y el Socorro Rojo Internacional. Olga Benario murió en la cámara 
de gas del campo de concentración de Bemburg en 1942. 


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Los rusos de San Javier 


Los diarios nacionalistas La Tribuna Popular y El Debate rivali¬ 
zaron en la campaña anticomunista que precedió al decreto y que hizo 
del embajador Minkin cerebro de la propaganda soviética en la región. 
Dice La Tribuna Popular. “Fuimos los primeros en dar la voz de alerta 
sobre la existencia de ‘células’ sembradas por el Soviet y la formación 
de organizaciones destinadas a iniciar acciones en el continente; el hecho 
indiscutible de que todos los movimientos subversivos que han estallado 
de mucho tiempo a esta parte, que tuvieron relación con el comunismo, 
se orientaron por las instrucciones y órdenes impartidas desde Monte¬ 
video [...] Llamamos la atención de las autoridades sobre la acusación 
pendiente en el Brasil, sobre la conducta del ministro soviético acreditado 
en nuestro país a quien se atribuyó siempre la dirección de las células 
actuantes en aquel país hermano”. (109) 

Según las denuncias de la prensa conservadora de Montevideo 
y Buenos Aires, la Yuzhamtorg, también conocida como Iuyamtorg o 
Amtorg, una sociedad anónima soviética que tenía su cuartel general en 
Buenos Aires y oficiaba de embajada comercial, coordinaba las fuerzas 
de la subversión continental. La corporación había nacido en Nueva York 
para facilitar el comercio entre la urss y Estados Unidos. En 1927 abrió 
oficina en Buenos Aires y luego tuvo filiales en Montevideo, Valparaíso 
y Asunción. 

La Yuzhamtorg -“comercio sudamericano”- permitió reanudar el 
intercambio comercial que la revolución bolchevique y la guerra civil 
habían interrumpido y contribuyó al crecimiento del comercio soviético 
con América Latina. Aunque Argentina no tenía relaciones diplomáticas 
con la urss, en esos años ya se había convertido en importante socio 
comercial del Estado soviético en América del Sur. El periodista Isidoro 
Gilbert, corresponsal del diario comunista El Popular y durante trein¬ 
ta años jefe de la agencia de noticias soviética tass en Buenos Aires, 
historia el nacimiento de la empresa y sus actividades. Los datos que 
aporta respecto a Argentina son elocuentes: “Los comerciantes soviéticos 
se vincularon con grandes empresas frigoríficas como Swift, Armour, 
Hermanos Dickenson. A comienzos de 1927, el 85% de los vendedores 
de cueros rioplatenses operaba con la Amtorg. Con la llegada de exporta¬ 
ciones soviéticas (maderas, pieles, minerales), el intercambio comercial 


(109) La Tribuna Popular, 28 de diciembre de 1935. 


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Virginia Martínez 


aumentó de 4,5 millones de dólares durante el período 1925-1926, a 12,5 
millones de dólares un año más tarde”. (110) 

Hasta que la dictadura del general José Uriburu la clausuró, la 
Yuzhamtorg fue dirigida por Boris Kraievski, quien había llegado a Bue¬ 
nos Aires con el cometido de abrir la sucursal porteña. El 12 de noviembre 
de 1930 la policía allanó la sede de la empresa en la Avenida de Mayo 
para indagar sobre sus “verdaderas actividades”. Con el argumento de 
que dirigía la propaganda comunista y realizaba dumping, Uriburu pro¬ 
hibió la actividad de la corporación y expulsó a sus directivos. Kraievski 
regresó a Moscú. (111) 

Tras el cierre de la filial porteña, la Yuzhamtorg se instaló en Mon¬ 
tevideo y quedó bajo las órdenes del embajador Minkin. La empresa ya 
operaba en Uruguay como comisionista en la venta de madera, carbón, 
papel, máquinas de coser, azúcar y petróleo. En este último renglón 
competía con las compañías petroleras inglesas y estadounidenses que 
tenían intereses en el país. El conflicto se puso de manifiesto cuando en 
octubre de 1931 se creó ancap. 

La ley estableció que el monopolio estatal de la importación, refi¬ 
namiento y venta de petróleo se hiciera efectivo cuando ancap estuviese 
en condiciones de refinar el 50% del combustible del país. Para obstruir 
el proceso de monopolización, las empresas extranjeras trabaron la venta 
de refinados al ente y luego que este tuvo refinería propia se negaron 
a venderle petróleo crudo. El desabastecimiento pudo superarse con la 
compra de combustible soviético. La importación se hizo a través de la 
Yuzhamtorg. 

La entrada soviética en el negocio petrolero preocupó a las empre¬ 
sas extranjeras. El informe redactado por un funcionario de la británica 
Eagle Oil and Transpon Company revela esa preocupación así como 
la identificación que hicieron del batllismo con los “rojos”: “Ya hace 
un tiempo considerable que la actitud del Gobierno uruguayo hacia las 
empresas del capital extranjero es muy insatisfactoria. [...] Las activida- 


(110) Isidoro Gilbert, El oro de Moscú, Historia secreta de la diplomacia, el comercio y la 
inteligencia soviética en la Argentina (Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 2007), pág. 103. 

(111) Según Gilbert, aunque Kraievski no logró que el gobierno argentino reconociera 
formalmente al soviético ni pudo impedir el cierre de la firma, su labor fue decisiva en la 
definición de la futura política soviética hacia América Latina. El mérito no lo salvó de caer 
en la represión estalinista. Como tantos otros rusos que volvían del extranjero, Kraievski se 
convirtió primero en sospechoso y luego en enemigo. Lo fusilaron en 1937. 


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Los rusos de San Javier 


des de las compañías petroleras en el pasado han estado sujetas a serios 
disturbios causados por boicots de las organizaciones laborales locales 
y, más recientemente, por críticas y propaganda de fuentes políticas. La 
más fuerte influencia que trabaja actualmente en el Uruguay es la del 
Soviet [...] las recientes negociaciones con Rusia para el intercambio 
de cueros, lana y ganado a cambio de productos petroleros, ofrece una 
oportunidad para el elemento “Rojo” local...” (112) 

La campaña antisoviética tuvo un vigoroso cruzado, el herrerista 
Ángel María Cusano. Desde las páginas de El Debate, en conferencias y 
en el parlamento, el diputado puso todo su empeño en denunciar los dos 
males que acechaban al país: el comunismo y los inmigrantes. 

Dado que la agresión soviética tenía carácter continental, Cusano 
llamó a crear un frente único de los gobiernos democráticos: “debe, 
imperiosamente, arribarse al ideal de la cohesión del Sur de América, 
si es que no puede extenderse más allá el acuerdo. La coordinación de 
las legislaciones represivas traerá aparejado un movimiento de rechazo 
uniforme”. (ll3) 

Montevideo era el cuartel general desde donde el embajador Min- 
kin, lanzaba acciones subversivas hacia los países vecinos: “Las valijas 
diplomáticas, selladas por la inmunidad que el Derecho Internacional 
les otorga, van tejiendo, como invisibles agujas, la malla de la revolu¬ 
ción en América, el oro ruso, desde Montevideo, rueda para alimentar 
la rebelión”. 014) 

Cusano concebía la conspiración soviética como un engranaje 
perfecto en el que cada agente tenía una función: “Mil hombres deci¬ 
didos le basta al comunismo para llevar a la práctica sus intentos. Mil 
hombres dispersos, estudiando el funcionamiento técnico-burocrático 
del Estado. Curiosos que llegan a los Ministerios, Bancos nacionales y 
oficinas públicas, observando sus emplazamientos, sus redes telefóni¬ 
cas, sus horarios de servicio. Desocupados -bien pueden ser ingenieros 
especializados- que miran atentamente, en una reparación accidental, 


(112) Informe de Mr. Davis, funcionario de la “Eagle Oil and Transport Company”, 5 
de noviembre de 1931. Benjamín Nahum, Informes diplomáticos de los Representantes del 
Reino Unido en Uruguay (Departamento de Publicaciones de la Universidad de la Repúbli¬ 
ca, 1994), en 75 años deAncap Lo que nos mueve es todo un país 1931-2006 (Montevideo, 
Ancap, 2006), págs. 77 y 78. 

(113) Ángel María Cusano, SudAmérica bajo la amenaza soviética, (Montevideo, 1936). 

(114) Cusano, op.cit., pág. 50. 


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las conducciones del agua corriente y de la luz eléctrica. Dibujantes que 
copian, distraídos, la ubicación de las usinas, de las redes telegráficas, 
de los mercados de abastecimiento, de las estaciones ferrocarrileras.” (115) 

Los conspiradores podían tener la apariencia de sindicalistas o es¬ 
tudiantes, intelectuales o socios de centros culturales. En esa malla com¬ 
pacta e impenetrable tejida por agentes-soldados, las colonias extranjeras 
eran un grupo especialmente peligroso: “Tanto en sus periódicos, que 
vemos circular, escritos en caracteres casi indescifrables para los latinos, 
como en sus reuniones sociales, se hace propaganda abierta y decidida 
por la revolución comunista. Y más se agrava esta actitud por la cola¬ 
boración que sus organismos de crédito prestan al bolcheviquismo”. 016) 

En setiembre de 1936, Cusano presentó un proyecto de ley conocido 
como “ley de indeseables” para prohibir la entrada al país, o expulsar 
a los inmigrantes que pertenecían a lo que él llama razas perseguidas 
o vencidas en el mundo. (1,7) En ellas ubicaba a los rusos: “No traían la 
salud moral de españoles e italianos. Ni deseaban tampoco atar con los 
criollos, vínculos familiares. Hombres que llegaban cargados de odio. 
Saturados de rebeldías. Inadaptables. Infectados de doctrinas disolventes. 
[...] Muchos de ellos mantienen contacto con Moscú. Son los agentes 
encargados de subvertir, de revolucionar, de destruir. Nada los ata al 
país. Ni el respeto a las Instituciones. Ni la devoción a su historia. Ni el 
amor a la familia plasmada con sangre uruguaya. Son ejecutores fríos, 
insensibles”. 018) 

La ley, aprobada en octubre de 1936, multiplicaba las causales ya 
existentes que impedían la entrada de extranjeros. Exigía un certificado 
expedido por el consulado uruguayo en el país de origen en el que cons¬ 
tara que el inmigrante no tenía vinculación con “organismos sociales 
o políticos que por medio de la violencia tiendan a destruir las bases 
fundamentales de la nacionalidad”. La prohibición se extendía a “los 
expulsados de cualquier país en virtud de leyes de seguridad pública”, 
es decir a los perseguidos políticos. 


(115) Cusano, op. cit., pág. 40. 

(116) Cusano, op. cit., pág. 50. 

(117) El proyecto de ley fue presentado por los legisladores Ángel María Cusano, 
Miguel Pringues, Ulises Collazo, Alcides Aldama y José Gorosito Tanco. Fue aprobado, con 
ligeras modificaciones, el 13 de octubre de 1936. 

(118) Cusano, op. cit., pág. 52. 


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Los rusos de San Javier 


La Tribuna Popular, tan antisoviética como su colega El debate, 
imprimió un acento particular a la campaña. De un venenoso antisemi¬ 
tismo, hizo de judío sinónimo de comunista. “El comunismo, es dirigido, 
lisa y llanamente por judíos, luego son los judíos y dentro de estos los 
más retrógrados, los más disolventes e indeseables, los que practican 
esta arbitraria doctrina de absoluta ilegalidad. [...] La Central comu¬ 
nista, Moscú, ha sido inspirada, organizada y dirigida por judíos. Lo es 
actualmente y lo seguirá siendo ya que solo el judío puede prestarse a la 
doble condición de déspota y ‘cordero’. Hay que desterrar los factores 
esenciales del comunismo”. (U9) 

El cordón sanitario continental, obra conjunta de los Estados, debía 
reforzarse con medidas locales: ley de inmigración, registro de vecindad, 
limitación del derecho de reunión e ilegalización del Partido Comunista. 


(119) La Tribuna Popular, 15 de diciembre de 1936, mDa.vid7e\ias, La campaña anti¬ 
inmigratoria de la Tribuna Poulary El Debate, 1936-1937 (versión en línea). 


81 





Tierra para ia colonia 


A justo título Francisco Coimán puede ser considerado entre los 
primeros comunistas criollos que recuerda San Javier. En 2008, cuando 
lo entrevisté, todavía vivía allí con su mujer Ana Elisa Schestak, nacida 
en Esteros de Farrapos en 1925. 

Inmovilizado en una silla de ruedas, a los 92 años, Coimán con¬ 
servaba intacta la memoria y en la forma de expresarse se adivinaba el 
comunista que había sido en la juventud. Nacido en Estación Maza, un 
pueblo de la pampa argentina, Coimán llegó a Fray Bentos el mismo 
año que Lubkov dejaba San Javier. Hijo de un obrero frigorífico, se crió 
entre peones analfabetos: “Ellos fueron mis primeros maestros. Crecí 
trabajando, levantándome de madrugada, durmiendo en galpones alum¬ 
brados por faroles de kerosene y comiendo pirón en platos de lata”. (120) 
Vestido siempre de paisano, con sombrero respingado, desde muy joven 
se ganó el apodo de Gaucho Rojo. Así lo bautizó Doclomiro Benítez, 
comunista, hombre de teatro y periodista de El Telégrafo de Paysandú. 
A los 24 años, Coimán fue detenido por primera vez. 

En la década del cuarenta, los comunistas de San Javier tenían tres 
reivindicaciones. El reclamo de médico permanente para la colonia ya 
había cumplido veinte años. Aunque tenía cuatro mil habitantes, San 
Javier seguía dependiendo del médico de Paysandú. Cuando llovía, los 
caminos se volvían intransitables -el arreglo de los caminos era la se¬ 
gunda reivindicación- y el pueblo quedaba aislado. El médico no tenía 
día ni hora de atención. Iba a la colonia cuando podía. A veces llegaba 
tarde en la noche y la gente de las chacras más alejadas no se enteraba 
o no podía llevar hasta el Centro a los enfermos. 

El tercer reclamo también era histórico: pedían tierras. Al cabo de 
treinta años de explotación continuada, el campo había perdido fertilidad 
y el rendimiento de los cultivos, disminuido. Los jóvenes emigraban 
a los pueblos vecinos por lo que muchos colonos no reclamaban para 


(120) Entrevista a Francisco Coimán. San Javier, 9 de marzo de 2008. 


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Virginia Martínez 


ellos sino para sus hijos, empleados como peones y jornaleros lejos de 
la colonia. Querían que se expropiara parte de la estancia de Farrapos 
cuyos dueños vivían en el extranjero. 

En 1946, ocho muchachos, entre los que estaba Coimán, escribieron 
las reivindicaciones en las paredes del Banco Hipotecario, de la policlí¬ 
nica y de la agencia de ómnibus Sabelín. La hoz y el martillo lucían al 
pie de las consignas, escritas con tiza de color rojo. 

El administrador del Banco denunció que la “tiza penetrante” había 
dañado la fachada del edificio. La Policía detuvo y mandó a Fray Bentos 
a los responsables: Francisco Coimán, Américo Laserre, Raúl Ayres -a 
quien llamaban Tito Zapata- Simón Krauzov, Basilio Artemov, Nicolás 
Kulenich y los hermanos Esteban y Nicolás Ivanchenko. 

El fotógrafo Andrés Jacina se presentó en el Juzgado y asumió de 
oficio la defensa de los presos. Pidió al juez la protección de los muros 
-prueba del supuesto delito- para evitar que algún malintencionado 
agravara el daño. El juez accedió al pedido y, como medida cautelar, 
dispuso la custodia de los locales. Al día siguiente los vecinos se sor¬ 
prendieron al ver que hombres uniformados hacían guardia al pie de los 
muros. Enterados de la detención de los compañeros, los comunistas de 
Fray Bentos les enviaron ropa, comida y cigarrillos pero el único que se 
benefició del acto de solidaridad fue el comisario: “No nos entregó nada 
y mientras fumaba, decía: Qué buenos los cigarros de los camaradas”, 
recuerda Coimán. 

El juez ordenó liberar a los detenidos. Como llovía a cántaros y no 
tenían dinero, los muchachos no querían salir de la comisaría. Tuvieron 
que echarlos. Tres días después llegaron a San Javier, cantando. Uno 
marchaba al frente, marcando el ritmo con una vara. Desfilaron frente 
a la comisaría. 

El reclamo de tierras para San Javier continuó. En las elecciones de 
1946, el Partido Comunista obtuvo por primera vez un representante en 
el Senado. Al asumir la banca, la senadora Julia Arévalo expuso su plan 
de trabajo: “damos seguridad al pueblo, de que lucharemos diariamente 
en la Cámara y en el Senado por sus aspiraciones y muy particularmen¬ 
te, con insistencia que nadie doblegará, por la reforma agraria, por el 
abaratamiento de la vida y contra la intromisión extranjera en nuestra 
patria...” (121) 


(121) dscs, 25 de febrero de 1947, pág. 11. 

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Los rusos de San Javier 


En noviembre de 1947 Arévalo presentó un proyecto de ley para 
expropiar diez mil hectáreas de la estancia de Farrapos, lindera con la 
colonia. Las tierras debían parcelarse y entregarse de acuerdo con un 
criterio de justa preferencia: a los desalojados, a los que tenían familia 
y a los hijos de agricultores que aspiraban a ser colonos. En caso de 
que sobraran predios se destinarían a los desalojados de Nuevo Berlín, 
Young y Bellaco. (122) 

El 21 de agosto de 1950, el Poder Ejecutivo, “haciéndose eco de 
un legítimo reclamo que desde años atrás se viene realizando por parte 
de los laboriosos y meritorios agricultores de dichas colonias”, presentó 
un proyecto de ley para la ampliación de San Javier y la colonia Ofir. 

En 1951, el proyecto aún no se había aprobado. El 1 ° de mayo de ese 
año un grupo de colonos, en su mayoría rusos, ocupó Farrapos. Cortaron 
el alambrado y se metieron en el terreno. Entraron con niños, bebidas, 
tortas y ganso cocido. La Policía cercó el campo y detuvo a los ocupantes. 
Justicia denunció que había más de cuarenta presos en la comisaría de 
Fray Bentos, entre ellos los comunistas Basilio Jacina, Simón Krausov 
y Edison di Pascua. El diario celebró el acto como un día histórico en 
la lucha por la reforma agraria: “¡Paz, pan, tierra! Solidaridad con los 
heroicos campesinos de San Javier!” . 

El diario Justicia hizo de la jomada de protesta un hito en la lucha 
por la tierra y la retrató apelando a imágenes épicas y poéticas. “Después 
de un entusiasta acto en el pueblo de San Javier, acto que fue seguido 
con gran interés, los campesinos comenzaron a dirigirse en sus carros, 
montaron sus caballos y se dio la voz de partida hacia Farrapos. La dis¬ 
tancia del pueblo al lugar de destino es una legua. El sol de la tarde del 
primero de mayo doraba el camino y una serenidad de hombres y cosas 
guardaba a través de la distancia. Mujeres y hombres en la extensa fila 
de la caravana. [...] Tras esas alambradas estaba el feudo de Farrapos. 
Fueron entrando a la estancia, siguiendo a los líderes embanderados y 
cerca del camino se estableció el campamento. [...] El comisario, junto 
con dos policías, que acompañaba la marcha, entró a anotar el nombre 
de los responsables. [...] El campamento fue todo fraternidad, espíritu de 
lucha, alegría de batallar por conseguir la tierra, expresada en canciones. 
A las diez y media de la noche, apareció el capataz, matón de película 
yanqui, pidiendo que se apartaran las mujeres porque traía a sus peones 


(122) dscs, 20 de noviembre de 1947, pág. 181. 


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Virginia Martínez 


‘con armas largas’ e iba a hacer fuego sobre el grupo. Después al lacayo 
Martiricorena [administrador de Farrapos] se le bajaron los humos. Y se 
fue como quién no sabe dónde... a buscar a la policía de Fray Bentos. 
[...] La lucha por la posesión de Farrapos está abierta y hay muchos 
Farrapos en todo el Uruguay, que el campesinado expropiará, por la paz 
y la liberación nacional hasta su triunfo definitivo”. (123) 

La pequeña gesta pasó a la Historia, aun a la leyenda del poblado. 
Treinta y cuatro años más tarde, el director del liceo de San Javier profesor 
Román Klivzov, preso en el penal de Libertad, volvió a escuchar hablar 
del episodio de Farrapos como una prueba de la infiltración comunista 
en la colonia: “Un capitán y otro oficial que entraron a mi celda, empe¬ 
zaron a hablarme de San Javier como un pueblo bravo. Me pusieron el 
ejemplo de Farrapos. Yo les dije: ‘Ustedes saben que la ocupación fue 
un acto simbólico, sin violencia. No se disparó un tiro”. (124) 

En 1953 el Instituto Nacional de Colonización expropió y repartió 
las tierras. Coimán asegura que la entrega se hizo con riguroso criterio 
político: en primer lugar a las familias coloradas y en segundo a las 
blancas. 

El año de la expropiación fue también el año de la muerte de Stalin. 
En San Javier se le rindió homenaje -discurso y corona de flores- en 
una vieja herrería. Al otro lado de la calle, la Policía esperaba a los par¬ 
ticipantes para detenerlos a medida que iban saliendo del local. A Ana 
Elisa, la mujer de Coimán, el embarazo no la salvó de que la llevaran 
presa y la mandaran a Fray Bentos. 

Pocos pero activos, los comunistas de San Javier estaban vinculados 
con sus camaradas de Paysandú, Salto y Fray Bentos. Difundían pro¬ 
paganda y sembraban organización en la colonia. Se enfrentaban sobre 
todo con los ruralistas: “La gente de ‘Chicotazo’ se alegraba cuando nos 
llevaban presos. Se burlaban y festejaban. Pero no se los puede culpar 
porque eran víctimas del atraso y la propaganda”, afirma Coimán. 

En la década del sesenta Basilio Jacina, Lizarka, Simón Krauzov y 
Francisco Coimán integraban el Comité Ejecutivo del Partido Comunista 
de San Javier. Eran gente humilde, de formación política autodidacta, 
pro soviéticos y, con seguridad, vehementes y sectarios, como los que se 
saben minoría. En opinión de Coimán, el ucraniano Jacina era un hombre 


(123) Crónica de Hugo E. Pedemonte, Justicia, 11 de mayo de 1951. 

(124) Entrevista a Román Klivzov. San Javier, 10 de marzo de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


“íntegro, ingenuo, muy comunista o más bien rusista”. Román Klivzov 
recuerda largas tenidas con Lizarka sobre la inexplicable unanimidad que 
dominaba la sociedad soviética: “Yo le decía que las revistas mostraban 
fotos de las reuniones del Politburó en las que todos siempre estaban 
con la mano alzada, votando por la afirmativa. ‘No puedo creer que no 
haya uno solo que discrepe’, comentaba yo. ‘Lizarka’ me respondía que 
no me dejara engañar por la propaganda occidental”. 

Tan lejos de Moscú como de Montevideo, la mayoría de los san- 
javierinos, era indiferente a la política y a los debates que ocupaban al 
reducido núcleo de comunistas locales. Vivían en un pueblo pequeño y 
autosuficiente, formado por chacareros, apicultores y empleados públicos. 
Eran hombres y mujeres de rasgos eslavos -rubios de rostro fuerte y ojos 
claros- y cultura mixta. Se consideraban rusos y uruguayos, y cultiva¬ 
ban las tradiciones de sus mayores -la comida, el idioma, la música y la 
danza- sin que eso significara adhesión a una ideología. 

Los acontecimientos políticos de la capital llegaban tarde a la colo¬ 
nia y tenían resonancia lejana. “Viva Batlle” respondían automáticamente, 
en mal español, los más viejos cuando tenían que expresar opinión o 
preferencia. Por gratitud, costumbre o tradición la mayoría votaba al 
Partido Colorado y, aunque se la consideraba una colectividad integrada, 
San Javier participaba poco en la vida política uruguaya. 

Los fundadores todavía eran una presencia viva. La historia de la 
colonia podía medirse en la vida de una o dos generaciones. El abuelo y 
la baba contaban historias de la ciudad donde habían nacido, evocaban 
las peripecias de la travesía transatlántica y las privaciones de los pri¬ 
meros tiempos. Los nacidos en Uruguay eran bilingües y en casi todas 
las familias se hablaba ruso. Como otras colectividades inmigrantes, 
se casaban entre ellos -algunos recuerdan la desaprobación de la baba 
si el nieto se animaba a presentar una novia criolla- y a un siglo de su 
fundación, en la colonia muchos aún tienen doble ascendencia rusa. Al 
independizarse construían vivienda en el terreno de los padres y toda¬ 
vía hoy habitan las casas que aquellos hombres y mujeres levantaron a 
principios del siglo pasado. 

San Javier tenía escuela y liceo. En 1958, a iniciativa de un grupo 
de padres, se creó el liceo que hoy lleva el nombre Valentina Poiarkov 
de Diéguez. (125) Las primeras clases se dictaron en la casa de la familia 


(125) La ley 16.924 aprobada el 17 de marzo de 1998 dio el nombre Valentina Poiarkov 
de Diéguez al liceo de San Javier. 


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Virginia Martínez 


Guchin, y luego el liceo se mudó al Centro Cultural Juventud Unida. 
Los primeros seis años se sostuvieron gracias al trabajo honorario de 
los profesores. También había cuadro de fútbol -el Club Atlético River 
Píate- creado, como casi todo en la colonia, por el esfuerzo de sus habi¬ 
tantes. Las proyecciones en el cine Pobieda enriquecían la vida cultural 
de los vecinos. 

Dos almacenes de ramos generales abastecían de lo esencial. El 
resto se compraba en Fray Bentos o en Paysandú. La Cooperativa Agrí¬ 
cola era propiedad de los rusos y la otra empresa pertenecía a la familia 
Goldstein de Paysandú. 

La comunicación con el exterior no era sencilla ni frecuente. Du¬ 
rante años se había realizado en carros tirados por caballos, que salían 
de madrugada para colocar la producción de las quintas en las ciudades 
vecinas. Después abrió la empresa Sabelín, de pasajeros y encomiendas. 
Una vez por semana, la lancha del capitán Alejandro Castamov, nieto de 
Lubkov, remontaba el río Uruguay hacia Paysandú. 

En 1963 San Javier celebró los cincuenta años de su fundación. Los 
vecinos formaron un Comité Popular de Festejos. Las calles se llenaron 
de banderas, hubo concursos de pesca, bailes organizados por el Centro 
Cultural Máximo Gorki y un acto en la sabraña. Se descubrió una placa 
en homenaje a los fundadores, se inauguró un monumento a Artigas y 
abrió la nueva sucursal del Banco República. El Batallón de Infantería 
número 9 de Fray Bentos, el mismo que veinte años más tarde invadió 
el pueblo, remató la celebración con un desfile. 

En la década del sesenta, nuevos reclamos se sumaron a los his¬ 
tóricos de la colonia: luz, agua potable, teléfono y que se oficializara el 
liceo popular. 

En esos años Hugo González llegó a San Javier como funcionario 
del Banco República. Recuerda la primera imagen que tuvo del lugar: 
“Las calles eran de tosca y había luz solo hasta las diez de la noche, 
hora que, salvo en caso de velorio, se apagaba el generador de ute”. (126) 

Las elecciones presidenciales de 1971 rompieron la tradicional 
apatía del pueblo y movilizaron a los vecinos. En una vieja herrería se 
fundó el único comité de base del Frente Amplio que conoció la colonia. 
San Javier fue una de las escalas en la gira que realizó la coalición por el 


(126) Entrevista a Hugo González. San Javier, 10 de marzo de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


interior del país. El general Líber Seregni recorrió el pueblo, habló en un 
acto y se alojó en casa del profesor Klivzov y de su mujer Sara Kijtenko. 

Aunque el comité reunía a socialistas, independientes y demó¬ 
crata cristianos, casi todos los ffenteamplistas del pueblo votaban a los 
comunistas. En opinión de Hugo González, afiliado por entonces a la 
democracia cristiana, el Partido Comunista era la única fuerza política 
organizada en San Javier. 

Otra particularidad de las elecciones de ese año fue que el médico 
de la colonia, el doctor Ricardo Voelker, se presentó como candidato 
a diputado por el Departamento de Río Negro en el sector del Partido 
Colorado vinculado al presidente Jorge Pacheco Areco. 


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Faro de la humanidad 


Durante la Segunda Guerra Mundial, en San Javier se había forma¬ 
do un Comité de Ayuda a la Unión Soviética presidido por el zapatero 
Basilio Gregorevich. Relata su hijo, Basilio Gorlo: “Al principio los 
israeltsi no apoyaron al comité. Cedieron después de algunas obstinadas 
conferencias, reconociendo que la Patria estaba en peligro: ‘Vamos a 
ayudar a Rusia y no a la Unión Soviética’. Así que desde aquel tiempo, 
la ayuda fue parte de todo el pueblo”. 

Organizaban bailes, montaban obras de teatro y tejían ropa de 
abrigo. Brigadas de recolección salían a los alrededores en busca de do¬ 
naciones de trigo, lana y zapatos. Cocinaban el sashlik -cordero asado a 
las brasas en largos pinchos- para venderlo en las “Kermés de la urss”, 
ferias que atraían gente de lugares vecinos. “Estas manifestaciones daban 
no solamente buenos resultados financieros, sino que popularizaban entre 
los uruguayos la idea antifascista, la cultura rusa, sus costumbres, hasta 
las comidas como el sashlik, piroshki, kvas (]21> , pero lo más importante 
era que fortalecía en todos la confianza de la victoria sobre el fascismo”, 
agrega Gorlo. 

Compraron un proyector y en el depósito de granos de la Coopera¬ 
tiva improvisaron una sala de cine con asientos de tablones levantados 
sobre bolsas de trigo donde exhibían películas soviéticas. “Alguien en 
aquel tiempo lo llamó Cine ‘Pobieda’, que significa ‘victoria’ en ruso. 
Después fue construido un local de cine. Este edificio aún hoy día se 
llama Sala Pobieda”. 

En julio de 1943 el gobierno uruguayo reanudó las relaciones di¬ 
plomáticas con la urss. El decreto del presidente Juan José de Amézaga 
destacaba la entrega del pueblo ruso en la lucha contra el nazismo: “han 
dictado al mundo una trágica pero admirable cátedra de heroísmo y de 
eficiencia militar, oponiendo una infranqueable muralla humana a los 
planes de dominación por la violencia”. (128) Tres meses antes había ter¬ 
minado la batalla de Stalingrado. 


(127) Piroshki: especie de empanada; Kvas: bebida alcohólica muy popular. 

(128) Decreto del Poder Ejecutivo, presidente Juan José de Amézaga; ministro de 
Relaciones Exteriores José Serrato, 28 de julio de 1943. 


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Virginia Martínez 


En setiembre Uruguay designó embajador en la Unión Soviética y 
en mayo de 1943 Emilio Frugoni presentó credenciales ante el Comisario 
del Pueblo de Relaciones Exteriores, V. M. Molotov. (129) La normalización 
de relaciones se completó con el envió de Sergei Alexevich Orlov como 
ministro plenipotenciario de la urss en Uruguay. Poco después, Orlov 
murió en Montevideo. (130) Lo sustituyó Nikolai Corelkin. 

Desde principios de la década del veinte, el Estado soviético impulsó 
la creación de organizaciones internacionales que contribuyeran a romper 
su aislamiento político y diplomático y le permitieran ganar para su causa 
a la opinión pública, sobre todo entre artistas e intelectuales de los países 
capitalistas. En 1921 el Llamamiento de Lenin a los obreros del mundo dio 
lugar al nacimiento del Comité Extranjero para la Organización del Socorro 
Obrero para los Hambrientos en Rusia (iah). Presidida por el alemán Willi 
Münzenberg, (131) la iah logró que un mes después llegara a Petrogrado el pri¬ 
mer barco con alimentos. A ése se sumaron otros que salieron de Argentina, 
Sudáfrica y Estados Unidos. En Uruguay, a iniciativa del Partido Comunista, 
también se crearon Comités de Ayuda a la República de los Soviets, que 
realizaron campañas de recolección de víveres para enviar a Moscú. (132) 


(129) Con la convicción de que en Uruguay esperaban que volviese con “la verdad sobre 
la Unión Soviética”, al fin de su estadía de dos años en Moscú, Frugoni escribió sus impre¬ 
siones sobre el sistema político, la sociedad, la cultura y la vida cotidiana bajo el socialismo: 
“La Unión Soviética no es para mí una esperanza (...) porque lajuzgo una trágica desviación 
hacia formas de tiranía política que para el mundo occidental constituyen un retroceso. Sin 
desconocer las realizaciones que en diversos órdenes pueden admirarse, mi juicio sobre la 
realidad y entraña política del comunismo soviético es ése”, concluye. La Esfinge roja, (Buenos 
Aires, Claridad, 1948), pág. 475. 

(130) La muerte de Orlov ocurrió casi al fin de la Segunda Guerra Mundial. El tributo 
que se le rindió fue, sin duda, expresión del alineamiento de Uruguay en el campo aliado. 
Lo velaron en el Cabildo con guardia de honor del cuerpo de Blandengues y fue despedido 
por un multitudinario cortejo. Enterrado en el Cementerio Central, en su sepelio hablaron 
tres personas que con seguridad no volverían a compartir estrado, el ministro de Relaciones 
Exteriores José Serrato, el embajador de Estados Unidos William Dawson y el secretario 
general de la Unión General de Trabajadores (ugt) Enrique Rodríguez. Ver Justicia, 27 de 
octubre a 3 de noviembre de 1944. 

(131) Willi Münzenberg (1889-1940). Creó un consorcio de propaganda al servicio de la 
causa soviética y luego de la lucha antifascista, formado por diarios, revistas, películas, obras de 
teatro, congresos de intelectuales, etc. Emigró a Francia tras el incendio del Reichstag y rompió 
con Stalin a raíz del pacto de no agresión germano soviético. Internado en un campo junto a emi¬ 
grados alemanes cuando Francia declaró la guerra a Hitler, fue evacuado ante el avance alemán 
en territorio francés. Su cuerpo apareció colgado de un árbol en un bosque del sur de Francia. Su 
muerte continúa siendo un misterio aunque se sospecha que los autores fueron agentes de Stalin. 

(132) Eugenio Gómez, Historia del Partido Comunista del Uruguay Hasta el año 1951, 
(Editorial Eco, agosto de 1990), pág. 65. 


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Los rusos de San Javier 


La iah no limitó su trabajo a la solidaridad con la Unión Soviética; 
también abrió comedores para los desocupados de Alemania, lanzó 
campañas contra el hambre en Irlanda, ayudó a los obreros textiles de 
Shangai y a las víctimas de un terremoto en Japón. Con filiales en la 
mayoría de los países de Europa Occidental, en Estados Unidos y Pekín 
la multinacional podía movilizarse ante cualquier emergencia. 

En 1922 se creó el Socorro Rojo Internacional (mopr). Lo pre¬ 
sidieron las comunistas Clara Zetkin, (133) Tina Modotti, (134) y Elena 
Stasova. (135, El Socorro Rojo era una asociación de ayuda a los perseguidos 
que en cualquier parte del mundo apoyaban la causa del proletariado. El 
presidente del Comintem Gregori Zinoviev (136) expuso con claridad sus 
objetivos: “el mopr no es una organización filantrópica ni una institución 
dedicada a la caridad; debe considerarse como un eslabón en la cadena 
del movimiento proletario internacional”. El mopr participó en las cam¬ 
pañas por la vida de los anarquistas Sacco y Vanzetti (137) , por la libertad 
de los dirigentes del Partido Comunista Italiano Antonio Gramsci {138) 
y del Partido Comunista Alemán, Emest Thaelman, (139) entre otras que 
emprendieron en más de un continente. Para la organización no había 
causas grandes y pequeñas. Todas convocaban a la solidaridad proletaria. 
De ahí que la sección uruguaya del Socorro Rojo haya enviado delegados 


(133) Clara Zetkin (1857-1933). Comunista, feminista y diputada alemana. Integró la 
Liga Espartaco junto a Rosa Luxemburgo y fue una de las fundadoras del Partido Comunista 
de su país. 

(134) Tina Modotti (1896-1942). Fotógrafa y comunista italiana. Expulsada de México, 
llegó a Moscú en 1930. Combatió en la guerra civil española en el Quinto Regimiento. Tras 
la victoria de Franco, volvió como refugiada a México donde murió. 

(135) Elena Stasova (1873-1966). Comunista rusa, líder de los bolcheviques de Pe- 
trogrado. 

(136) Gregori Zinoviev (1883-1936). Presidente del Comintem desde 1919. Integró, 
junto a Stalin y Kamenev, la troika que gobernó la urss entre 1923 y 1925. Condenado a 
muerte en el llamado “Juicio de los 16”, fue ejecutado con Kamenev. 

(137) Nicola Sacco (1891-1927) y Bartolomeo Vanzetti (1888-1927). Anarquistas 
italianos, trabajadores inmigrantes en Estados Unidos, acusados del asalto a una fábrica y del 
asesinato de dos personas. El juicio que los condenó duró siete años y motivó una inmensa 
campaña internacional de protesta y solidaridad. Murieron en la silla eléctrica en 1927. 

(138) Antonio Gramsci (1891-1937). Filósofo, teórico del marxismo, fundador y 
secretario general del Partido Comunista italiano. Detenido en 1926, un tribunal fascista lo 
condenó por conspirar contra el Estado e incitar al odio de clases. Tras diez años de penosa 
reclusión, fue liberado pocos días antes de su muerte, el 27 de abril de 1937. 

(139) Emest Thaelman (1886-1944). Diputado y secretario general del Partido Comu¬ 
nista alemán. Detenido tras el incendio del Reichstag, estuvo 11 años en prisión. Fue asesinado 
en el campo de concentración de Buchenwald poco antes del fin de la guerra. 


93 



Virginia Martínez 


a San Javier para ayudar a las familias de los detenidos y heridos tras el 
acto que terminó con la muerte de Julia Skorina. (140) 

Para centralizar y coordinar las acciones de intercambio cultural 
con el exterior, también en 1922, se formó en Moscú la Sociedad para 
las Relaciones Culturales con el Extranjero (voks). Asociaciones de 
amigos de la urss, institutos y centro culturales, uniones de intelectuales 
y científicos fueron algunas de las formas asociativas creadas en decenas 
de países con el fin de divulgar los logros de la construcción socialista, 
contrarrestar la propaganda antisoviética y establecer contactos con la 
cultura local. 

La iah, el Socorro Rojo y el voks eran redes internacionales que 
respondían con más o menos grado de independencia (cada vez menos) 
a la política del Comintem. Herederas del modelo de organización cen¬ 
tralizada de la tradición bolchevique, también adoptaron su estructura: 
congreso internacional, comité ejecutivo y presidium. Formaban parte 
de un todo y eran, como las calificó un dirigente de la socialdemocracia 
alemana de los años veinte, instrumentos diplomáticos de Moscú. 

Casi al fin de la guerra, el Partido Comunista de la urss disolvió el 
Comintem y luego adoptó la tesis de la construcción del socialismo en 
un solo país por lo que el Estado soviético -a excepción de la intentona 
revolucionaria de Prestes en Brasil- no pretendía exportar su revolución 
proletaria a América Latina. Ahora la propaganda buscaba difundir la 
imagen de la Unión Soviética como bastión de progreso e igualdad. 

Todas las organizaciones internacionales privilegiaban las activida¬ 
des de propaganda, pero en las asociaciones culturales esta era su razón 
de ser. Empresas editoriales, revistas que se distribuían en forma gratuita, 
audiciones de radio y programas de intercambio cultural divulgaban 
las bondades del régimen soviético. “Era necesario poner al servicio 
de las ideas las cifras, datos, textos, ejemplos que probaran de manera 
incontestable la superioridad de la urss”, señala la investigadora de la 


(140) En junio de 1925 se fundó la Sección Uruguaya de la organización internacional: 
“El Socorro Rojo en el Uruguay realizó una intensa labor de ayuda y defensa de los presos por 
cuestiones sociales. Realizó además una amplia agitación de carácter político. Denunciaba 
ante la masa los crímenes de la reacción y promovía la solidaridad en conexión con toda la 
lucha de la clase obrera y el pueblo. Educaba de esta forma a la clase obrera en la solidaridad 
proletaria”. (Gómez, op. cit., pág. 69) A mediados de la década del veinte también se creó 
la Federación Roja del Deporte y en 1928 un equipo uruguayo asistió a la Spartakiada que 
tuvo lugar en Moscú. 


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Los rusos de San Javier 


Universidad de Murcia Magdalena Garrido Caballero en un trabajo sobre 
el papel de las asociaciones culturales en la relación hispano-soviética. (141) 

La mayoría de ellas recibía algún tipo de apoyo económico de 
Moscú -viajes, becas, donación de equipos como proyectores de cine o 
imprentas- pero en general sostenían su actividad con la cuota mensual 
de los socios, con rifas, espectáculos y venta de libros. Eso no impidió 
que en todos los países donde funcionaron se las acusara llanamente de 
ser financiadas por el “oro de Moscú”, y a sus miembros, de “agentes a 
sueldo” del comunismo. 

“La urss apostaba por asociaciones plurales, pues no interesaba for¬ 
mar guetos, sino convencer a mayorías significativas. Es decir, se buscaba 
la integración del tejido social, sobre todo, de notables representantes 
de la cultura de reconocido prestigio profesional e influencia social que 
pudiesen ayudar a proyectar una imagen favorable de la Unión Soviética 
y que no quedase necesariamente conectada a la política”, agrega Garrido. 

Como parte de esa plataforma de inserción internacional lanzada por 
el país que a fuerza de una inmensa entrega y sacrificio gozaba del pres¬ 
tigio de haber sido baluarte en la lucha contra el nazismo, y que buscaba 
sumar artistas y pensadores a la causa del socialismo en un momento que 
se valoraba el compromiso de los intelectuales, en diciembre de 1945 se 
fundó en Montevideo el Instituto Cultural Uruguayo Soviético (icus). 

Dos años después el Instituto editaba una revista mensual -“Uru¬ 
guay y la urss”-, dictaba cursos de ruso, organizaba conferencias, ex¬ 
posiciones, conciertos y ciclos de cine que se exhibían en la sala de la 
asociación cultural judía Jaime Zhitlovsky. En junio de 1952, abrieron 
un grupo de teatro, dirigido por el entonces presidente del Instituto, el 
director Atahualpa del Cioppo. Ese año también crearon una sección de 
teatro de marionetas bajo la dirección de la actriz Rosita Baffico. Tenían, 
además, un programa semanal de radio, que en los comienzos condujo 
el historiador y ensayista Eugenio Petit Muñoz. 

En 1952, invitados por el voks, viajaron a Moscú, el periodista y 
poeta Alejandro Laureiro, el ingeniero José Luis Massera, el maestro y 
pedagogo Jesualdo Sosa, el dirigente sindical Félix Díaz, y del Cioppo. 
A su regreso publicaron el libro “Cinco uruguayos en la urss”. A ese 
viaje siguieron otros de intelectuales, artistas, estudiantes y dirigentes 


(141) Magdalena Garrido Caballero, Las relaciones entre España y la Unión Soviética 
a través de las Asociaciones de Amistad en el siglo xx. (versión en línea). 


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Virginia Martínez 


sindicales, vinculados en su mayoría al Partido Comunista, pero también 
de gente sin compromiso partidario, interesada en conocer de primera 
mano la realidad soviética. 

El icus abrió filiales en Paysandú (1955), Salto (1960) y Rivera 
(1960) y en la década del sesenta, empezaron a ofrecer becas de estudio 
y perfeccionamiento profesional sobre todo en el campo de la música y 
el teatro, que luego se extendieron a otras disciplinas. 

En San Javier, el fin de la guerra también había terminado con el 
Comité de apoyo a la urss, disuelto por discrepancias entre sus miembros. 
Los comunistas querían continuar trabajando por la reconstrucción del 
país pero los que se oponían al régimen soviético se retiraron. 

Poco después se fundó el Centro Cultural Máximo Gorki de San 
Javier, filial del que ya existía en la capital. (I42) Por la misma época, 
gracias al esfuerzo de sus socios, los de Montevideo compraron la casa 
de la calle Charrúa 1827 donde todavía funciona el Centro. En el salón 
de la vieja casona, una placa recuerda el nombre de aquellos cuyo ge¬ 
neroso aporte hizo posible la compra. La asociación cultural, además, 
tenía una filial más pequeña pero muy activa, en la calle Turquía 3082, 
en la villa del Cerro. 

En 1953 el Máximo Gorki de la colonia también tuvo casa propia. 
Los vecinos compraron un terreno en el Centro del pueblo y dos años 
más tarde inauguraron la sede, un local de dos pisos que contaba con 
biblioteca y un gran salón con escenario. Daban clases de ruso y crearon 
un conjunto de baile llamado Kalinka, nombre de un árbol de fruto rojo 
como la frambuesa que florece en invierno. 

El Centro Cultural Máximo Gorki integraba la Unión Eslava del 
Uruguay junto al Centro Cultural Polaco Adam Mickiewicz, el Círculo 
Checoslovaco, la Sociedad Cultural Búlgara y la Asociación Yugoeslava 
Bratstvo (Fraternidad, en croata). Con el apoyo de sus socios y no sin 
gran esfuerzo, la Unión Eslava compró la casa de la calle Carlos María 
de Pena 4149, donde aún está la la asociación. Tenían una audición de 
radio, “La voz eslava”, organizaban conferencias, bailes, distribuían 
revistas y se destacaron por su grupo de danzas tradicionales. 

De la lectura de los informes y memorandos que existen en los archi- 


(142) La asociación cultural obtuvo la personeríajurídica por decreto del Poder Ejecutivo 
del 9 de junio de 1949, según consta en el sitio web del Centro. 


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Los rusos de San Javier 


vos de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia (dnii) surge con 
claridad que, desde su creación, el Estado uruguayo consideró que todas las 
asociaciones culturales no solo eran agentes de propaganda soviética sino 
también centros de conspiración política organizada. De ahí el temprano 
seguimiento que hizo de sus miembros y actividades. 

La represión contra San Javier y el cierre del Máximo Gorki bajo la 
dictadura cívico militar no puede entenderse al margen de esa concepción. 
La impenetrable malla de agentes soviéticos, de la que hablaba Miguel 
Ángel Cusano, encontraba campo fértil para la acción en las colectividades 
de inmigrantes cuyos institutos culturales eran parte de la red. La Doctrina 
de la Seguridad Nacional profundizó y extendió esa definición pero la idea 
de agresión continental y de la necesidad de combatir al comunismo en 
todos los campos, sobre todo el social y cultural, no era nueva ni nació con 
el golpe de Estado del 27 de junio de 1973. 

Ejemplo de ello es la carta que el embajador uruguayo en la urss, 
Juan Ángel Lorenzi le envió al ministro de Relaciones Exteriores teniente 
de navio Homero Martínez Montero, para trasmitirle información que le 
habían confiado de buena fuente: “Una organización anexa al comunismo 
internacional ‘Unión Eslava del Uruguay’ tendría la misión de obtener 
la rápida naturalización de inmigrantes de procedencia eslava que están 
o lleguen al Uruguay. El Partido Comunista uruguayo trataría de cana¬ 
lizar a su favor los votos de los naturalizados, como parte de una acción 
de carácter general componente de un plan destinado a acrecentar la 
influencia del comunismo en el Uruguay. La Unión Eslava del Uruguay 
recibe grandes cantidades de dinero de fuente soviética, siendo aplicado 
a fines de propaganda e infiltración en colectividad eslava y círculos de 
la clerecía ortodoxa”. (143) La nacionalización de los rusos que tanto había 
preocupado al Partido Nacional cuarenta años antes y que motivó inter¬ 
pelaciones y comisiones investigadoras, reaparecía ahora bajo la forma 
de maniobra electoral del Partido Comunista, ávido de nuevos votantes. 

El diplomático señala como responsables de la operación al se¬ 
cretario general del Partido Rodney Arismendi, a “La Voz Eslava” y al 
Máximo Gorki de Montevideo. La carta del embajador concluye con una 
extraña información, que sorprende tanto por la extravagancia como por 


(143) Carta del embajador Juan Ángel Lorenzi al ministro de Relaciones Exteriores 
capitán de navio Homero Martínez Montero fechada en Moscú e! 13 de julio de 1961. En 
Archivo de la dnii. 


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Virginia Martínez 


la imprecisión. Lorenzi apunta a la colonia rusa como el escenario elegido 
por los conspiradores: “En la ciudad de Paysandú y de San Javier, un 
Chino comunista especializado en labores de infiltración, llamado Kung 
May, actualmente en La Habana, prepara acciones de infiltración para 
Latino América en especial en Uruguay”. 

Por esa misma época, un informante policial le hace llegar al Jefe de 
Policía de Rivera una lista de 60 personas que aprenden ruso en el icus 
de ese departamento: “Como usted verá, hay algunas personas que no he 
podido averiguarles el nombre, y que por lo tanto, están solamente sus 
apellidos en la lista. También hay infinidad de personas que concurren, 
pero que no les he podido averiguar sus nombres y apellidos, y otros 
que solamente sé sus apodos. Dentro de pocos días habré completado 
el trabajo, y podré enviarle una lista más amplia de los concurrentes”, 
anuncia el informante. (144) 

El trabajo de Inteligencia más exhaustivo sobre el icus es el que 
elevó el director nacional de la dnii comisario inspector Víctor Castiglioni 
al jefe de Policía de Montevideo coronel Alberto Ballestrino el 13 de 
marzo de 1974. El memorando confirma que la vigilancia a la actividad 
del Instituto y el seguimiento de sus socios era de larga data y, además, 
revela el avance y los límites de la acción represiva en los primeros 
tiempos de gobierno dictatorial. 

El icus fue clausurado el 28 de noviembre de 1973 por el decreto 
de Juan María Bordaberry que ilegalizó catorce organizaciones políticas, 
estudiantiles, sindicales y el diario El Popular. En marzo del año siguiente 
los directivos del Instituto, el doctor Juan Carlos Badano y el ingeniero 
Rafael Laguardia pidieron al Consejo de Seguridad Nacional (cosena) 
que les permitiera realizar una inspección en la sede de la calle Canelones 
1136, “a efectos de salvaguardar la conservación del local y mobiliario 
existente”. En la misma carta solicitaron la reapertura del icus basándose 
en que este era una asociación cultural, no una organización política. (l45) 
A raíz del pedido, el cosena encargó una investigación al Ministerio del 


(144) Carta sin firma, fechada en Rivera, el 13 de setiembre de 1961. En Archivo de 
la dnii. 

(145) El 14 de marzo de 1974 el comisario Juan Carlos Alves dio cuenta al director 
de Seguridad inspector Medardo Martínez de la inspección realizada junto a los directivos 
del icus: “se procedió a la rotura de (20) lacres de los (24) existentes procediéndose luego a 
lacrar las entradas principales de dicha finca”. En Archivo de la dnii. 


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Los rusos de San Javier 


Interior. El informe de Castiglioni es el resultado de esa investigación. 

El memorando de unas cincuenta páginas historia la creación del 
Instituto, su actividad en Montevideo y en el Interior del país, anexa los 
Estatutos, las actas e integración (titulares y suplentes) de la comisión 
directiva, el nombre de buena parte de sus socios, de los viajeros a Moscú 
y el fichero de la biblioteca (catálogo y nombre de quiénes retiran libros). 
Antes de concluir su trabajo y para hacer acopio de pruebas, Castiglio¬ 
ni pidió a las autoridades del icus que le remitieran la nómina de los 
participantes y ganadores de todos los concursos convocados desde la 
fundación del Instituto, el catálogo de la exposición “El libro soviético 
en español”, ejemplares de la revista “Uruguay y la urss”, y la resolución 
de la unesco sobre la celebración del centenario del nacimiento de Lenin, 
entre otros documentos. Ajuicio del inspector esos materiales constituían 
una prueba incontestable de la orientación marxista de la asociación. 

Castiglioni recomendó que no se autorizara la reapertura: “el in¬ 
tercambio cultural que es una de las finalidades del icus no se realiza en 
términos de igualdad, sino que es desproporcionadamente más importante 
la influencia que nos llega de la urss que la muy insignificante proyec¬ 
ción que nuestros valores culturales hayan podido alcanzar en el país”. 

El 16 de julio de 1975 Bordaberry decretó la clausura definitiva 
del icus. El decreto refiere expresamente al Instituto como asociación 
subordinada a las directivas del voks e “instrumento eficaz de su política 
de penetración ideológica en los medios culturales de cada país, y de 
propaganda al servicio del comunismo soviético”. (146> 

Castiglioni terminó el memorando informando a sus superiores que 
la dnii continuaría el trabajo sobre los restantes centros culturales, reuni¬ 
dos en la Unión Eslava. Tres años después el comisario Adolfo Costábile 
elevó al director de Inteligencia un informe sobre estas asociaciones. Dice 
Costábile: “surge claramente la íntima relación de esta institución con las 
distintas representaciones diplomáticas de países socialistas acreditados 
en nuestro país. Merecen destacarse los festejos con motivo de aniver¬ 
sarios de la Revolución Bolchevique y el natalicio de Lenin, quedando 
en evidencia y sin ninguna duda, la militancia política comunista de las 


(146) Decreto 1.157/975 del 16 de julio de 1975. Juan María Bordaberry, presidente; 
general Hugo Linares Brum, ministro del Interior; Walter Ravenna, ministro de Defensa. 


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instituciones que integran la ueu [Unión Eslava del Uruguay]”. (147) 

El Estado uruguayo siempre consideró que los centros culturales 
vinculados a los países socialistas tenían una actividad pública aparente, 
el intercambio y estrechamiento de lazos culturales entre los pueblos, y 
otra real y encubierta, la propaganda y agitación comunistas. Luego del 
golpe de Estado, la dictadura aplicó una política de represión progresiva 
hacia esas asociaciones -desde la vigilancia de sus socios hasta la clau¬ 
sura- que no excluyó ciertos grados de tolerancia. 

El Poder Ejecutivo cerró el icus y el Centro Lituano (que no in¬ 
tegraba la Unión Eslava) por su “notoria actividad marxista”; expulsó 
al presidente de la Sociedad Yugoslava Bratstvo y al secretario de la 
Unión, Pedro Kurtic por “comprobarse que estaba al frente de un grupo 
de elemento de ideología comunista”, (148) pero no clausuró la Unión 
Eslava. Su grupo de baile incluso participó en la Feria de las Naciones, 
que inauguró la presidenta de los Voluntarios de Acción Social Josefina 
Herrén de Bordaberry en 1975. Bajo vigilancia y con prohibición de rea¬ 
lizar cualquier actividad sin la autorización del Ministerio del Interior, la 
casa de Carlos María de Pena siguió abierta, pero quedó reducida, como 
informa Costábile, a “la concurrencia de sus asociados a la sede social, 
la que está dotada de cantina y cancha de bochas”. 

El comisario también dio cuenta de que la Sociedad Yugoslava 
había pedido autorización para realizar un homenaje y exhibir un film en 
ocasión de conmemorar los 85 años del presidente Josip Broz Tito: “A 
este respecto debe destacarse que previamente se realizó una proyección 
privada de los filmes para la Comisión de Censura del Ministerio del 
Interior, resolviendo la misma que fueran efectuados cortes en determi¬ 
nados pasajes que se hacía propaganda marxista en la película titulada 
‘Presidente Tito te queremos”. 

La consolidación del régimen cívico militar, la ampliación de su 
política represiva y la necesidad de mostrar la directa vinculación entre el 
comunismo soviético y la subversión armada llevará tres años más tarde 
a la invasión de San Javier y la clausura del Centro Cultural Máximo 
Gorki de la colonia. La represión no llegará bajo el mando del inspector 


(147) Informe del encargado del Departamento número 2 de la dnii comisario Adolfo 
Costábile Tocce al inspector Víctor Castiglioni, 5 de mayo de 1977. En Archivo de la dnii. 

(148) Decreto del 13 de enero de 1976. 


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Los rusos de San Javier 


Castiglioni sino en camiones del Batallón de Infantería número 9 de 
Fray Bentos. 


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Paraíso rojo 


En la década del cincuenta la Unión Soviética lanzó la campaña 
“Por el regreso a la Patria” para atraer a los rusos que estaban en la diás- 
pora. Así narra Gorlo cómo vivieron el llamado algunos sanjavierinos: 
“El entusiasmo que produjo la victoria sobre el fascismo, más la fuerte 
propaganda de parte de la Unión Soviética, surtieron efecto. Familias 
enteras comenzaron a prepararse para el viaje. Los más ancianos se 
sintieron atraídos por la patria y nosotros, para sostenerlos, de mala 
gana, abandonamos nuestra amada tierra”. A fines de 1959 la familia 
Gorlo -padres, hijos y nietos, quince personas en total- dejó San Javier 
y se instaló en la urss. 

Los Lapunov también estuvieron entre los que oyeron el llamado 
del “paraíso rojo”, como apodó con ironía el diario El País a la Unión 
Soviética. Gregorio Lapunov había desembarcado en Uruguay poco antes 
que Lubkov, pero no llegó huyendo de la persecución religiosa sino de 
la condena a muerte del zar. Ucraniano y metalúrgico, Gregorio había 
sido pendenciero y gran bebedor hasta que conoció al célebre Néstor 
Majno, (I49) nacido como él en Guliay Pole. “Con Majno, el abuelo se hizo 
anarquista y revolucionario. Él le encausó la rebeldía. Como quien dice, 
le pasó escofina”, relata su nieto Aníbal Lapunov, detenido y procesado 
en el operativo contra la colonia que se inició afines de abril de 1980. (150) 

Gregorio se casó con Esperanza Sabelín, hermana de uno de los 
Apóstoles de Lubkov, y tuvieron tres hijos. Con seguridad la nostalgia 
de la patria fue más fuerte que la convicción ácrata porque en 1962 el 
viejo Gregorio se decidió a volver. El proyecto separó a los Lapunov. 


(149) Néstro Majno (1889-1934). Campesino anarquista ucraniano. Condenado a prisión 
perpetua bajo el zarismo, salió en libertad con la revolución de 1917. Combatió en la guerra 
civil aliado con los bolcheviques al frente de una fuerza independiente, el Ejército Negro. En 
1920 los bolcheviques rompieron con el Ejército Negro y detuvieron y fusilaron a la mayoría 
de sus cuadros militares. Majno logró huir a París donde murió de tuberculosis en 1934. 

(150) Entrevista a Aníbal Lapunov. Paysandú, 8 de marzo de 2008. 


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Virginia Martínez 


Esperanza se quedó en Uruguay y los hijos partieron con él. Uno de 
ellos, Arcadiy, viajó con su esposa Rosa Belichco Roslik y sus tres hijos. 
Aníbal, el mayor de los tres hermanos, acababa de cumplir cuatro años. 

Arcadiy y Rosa trabajaban en Montevideo -él como chofer de la 
Embajada de Checoslovaquia y ella haciendo limpiezas- y vivían con 
comodidad en un pequeño apartamento en Pocitos. Aceptaron acompañar 
a Gregorio convencidos de que en la Unión Soviética los esperaba la 
prosperidad. Dice Aníbal: “Mi madre no terminó la escuela y era ajena 
a toda cuestión política. Quería vivir bien y se entusiasmó con aquellas 
preciosas tapas de revistas. Llegamos a la urss, a un pueblo perdido 
en Kazajstán, entre tártaros y kasajos. Nos mandaron a un koljós. El 
secretario del koljós le dijo a mis padres que nos iba a entregar una casa 
muy buena. Quizá la casa fuese buena para los pobladores de allí pero 
no para el concepto de mi madre. Así que no la aceptó y nos dieron otra 
que luego tuvimos que devolver para que funcionara una policlínica. 
Mis padres se sintieron engañados: los habían atraído con propaganda 
para mandarlos a la nada, entre musulmanes, que ni siquiera hablaban 
ruso. De pronto mi madre se vio rodeada de mujeres kazajas con las que 
apenas podía comunicarse”. 

Acostumbrada a la abundancia criolla, Rosa preguntó dónde estaba 
la panadería; sorprendidas las kasajas le respondieron que allí no había 
panadería, que había que procurarse la harina y amasar el pan en casa. 
“De este Paraíso me quiero ir ya”, le dijo Rosa al marido. Poco después, 
empezó las gestiones para el retomo familiar ante la lejana burocracia 
moscovita/ 150 Entretanto lograron mudarse aNicopol, en Ucrania, donde 
Aníbal hizo la escuela y estudió en el Instituto Metalúrgico: “El cambio 
de San Javier a Kazajstán, y luego a Nicopol, me debe haber provocado 
trastornos. Cuando llegué a la Unión Soviética yo, como mi madre, creía 
que hablaba mso. Ahí me di cuenta de que el idioma que yo hablaba 
no era ruso, sino una jerga con la que apenas podía comunicarme. Lo 
mismo me pasó al volver a Uruguay, creía que hablaba español pero en 
realidad terminé de hablarlo y de escribirlo en el Penal de Libertad. Me 
recuerdo como un niño con problemas. Me movía en tres realidades: 


(151) El 21 de agosto de 1969 los Lapunov obtuvieron autorización para emigrar pero 
no pudieron hacerlo por una dolorosa circunstancia familiar —la muerte de una hija-. Ven¬ 
cidos autorización y pasaportes, el 25 de noviembre de 1973, Arcadiy Lapunov escribió a la 
Embajada uruguaya para reiniciar las gestiones. Archivo del mrree. 


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Los rusos de San Javier 


en casa, la amargura y el resentimiento de mi madre por tener que vivir 
en la Unión Soviética. Mis padres eran muy críticos con la dirigencia 
comunista. Afuera estaba la vida oficial -en la escuela te enseñaban que 
los hombres debían ser fuertes para defender a la Patria, que los héroes 
entregaban la vida- y por último la vida real, que la aprendías en la calle”. 

La familia Schevchenko, matrimonio y cinco hijos, también emigró 
a la urss a principios de los sesenta. Instalados en Alma Ata y desilu¬ 
sionados de la vida bajo el comunismo comenzaron los trámites para 
volver. La odisea de los Schevchenko tuvo amplia cobertura en El País. 
“Las decenas de funcionarios consulares y ‘agregados’ de la Embajada 
de la urss en nuestro país no han tenido tiempo suficiente parar acelerar 
los trámites. O no lo desean. ¿Temor quizá? ¿A qué? ¿El gigantesco oso 
ruso teme que una modesta familia de agricultores pueda socavar acaso 
la imagen que a través de millones de toneladas de propaganda impresa 
distribuye en el mundo?”, se pregunta el periodista. (l52) 

Para el sanjavierino Alberto Jajulin Lorduguin, entrevistado por El 
País, la emigración era consecuencia de la prédica de agentes adiestra¬ 
dos: “En general en San Javier es activo el comunista ‘no ruso’, es decir 
el uruguayo que no ha estado ni ha vivido las peripecias de nuestros 
compatriotas o el que va, becado, [y] vuelve enfervorizado a conseguir 
inocentes adeptos que se presten a la experiencia”. (I53) 

Si la ilusión del regreso mantuvo en pie a los Lapunov y a los 
Schevchenko, la familia Gorlo, en cambio, descartó la idea de volver a 
Uruguay pero su frustración fue equivalente a la de aquellos: “No había 
ninguna necesidad de arrancamos de nuestro lugar, nosotros vivíamos 
normalmente, en un país libre, democrático. [...] Pero a los dirigentes 
de la urss en ese entonces les era muy necesario mostrarle al mundo y 


(152) El País, 27 de agosto de 1973. Las demoras de la burocracia soviética eran 
comparables a las'demoras de la burocracia uruguaya. El embajador uruguayo en Moscú 
Luis María de Posadas Montero envió al Ministerio de Relaciones Exteriores una carta en la 
que señala que gestiones como las realizadas por la familia Schevchenko podrían solucio¬ 
narse más rápidamente con la reciprocidad de las autoridades competentes uruguayas: “Las 
demoras y, a veces, la falta de respuesta nos crean momentos desagradables, especialmente 
si se trata de solicitudes de funcionarios diplomáticos, viajes oficiales y de otra índole, como 
ser viajes deportivos, culturales, etc. La misma demora de parte de nuestras autoridades se 
constata en los casos de ciudadanos soviéticos que desean viajar temporariamente a nuestro 
país con el fin de visitar parientes”. Memoria anual 1973, enviada el 11 de febrero de 1974. 
En Archivo del mrree. 

(153) El País, 29 de agosto de 1973. 


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Virginia Martínez 


al pueblo soviético, que entonces vivía mucho peor que nosotros, que la 
gente huía del capitalismo”, concluye Gorlo. 

Alarmado por la cantidad de materiales que llegaban a San Javier, 
el diario El País dedicó tres artículos al asunto: “En 1963 llegaban 32 
kilos de propaganda semanal. Actualmente no se tienen datos exactos 
aunque se sabe que ha aumentado el volumen de los envíos”. Las revistas 
pintaban a la urss como el país de las oportunidades, lo que estimulaba 
la creciente emigración de las familias de la colonia: “Esta propaganda 
de todas las horas y a todo color, a un alto costo, aunque de distribución 
gratuita, ha sido convincente hasta que, ya tarde, pudieron comprobar 
las inexactitudes de la misma”. 

Alejandro Castamov, nieto del fundador de San Javier, denunció 
que las revistas eran un señuelo para atrapar ingenuos pues habilitaban 
a participar en sorteos, cuyo premio era un viaje a la urss: “Se llega 
allá y le muestran lo que deben mostrar. Quien vuelve solo canta loas. 
Además con 500 revistas anuales que se reciben (en papel satinado y a 
todo color) por cada destinatario, se va creando el interés y va penetran¬ 
do el diario o la revista. Se lee y se comenta y poco a poco va haciendo 
conciencia, siembra muy hondo y para sacarlo se necesita un combate 
frontal y masivo”. 

La experiencia de Esteban Gilsov y de Vladimir Roslik en la Unión 
Soviética fue distinta a la que vivió la familia Lapunov. Nieto e hijo 
de rusos, Gilsov nació y se crió en San Javier. Estudió en la Escuela 
Industrial de Montevideo, donde se recibió de tornero. Durante más de 
una década trabajó en la fábrica Alpargatas y por las tardes en el Centro 
Máximo Gorki de la capital. Por esa época se afilió al Partido Comunista 
pero nunca llegó a ser militante. (154) 

A fines de 1963 la Embajada le informó que había becas de estudio 
para muchachos que tuvieran formación técnica y hablaran ruso. Gilsov 
dudó pues, aunque reunía las condiciones, había cumplido 25 años y se 
sentía viejo para iniciar una carrera universitaria. Lo decidió el apoyo 
de sus compañeros: “Si no vas, te echamos”, le dijeron los dirigentes 
del sindicato Jorgelina Martínez e Ignacio Huguet. Tíos paternos ha¬ 
bían emigrado en 1959 por lo que Gilsov también tenía familia en la 
Unión Soviética. Viajó a Moscú a principios de 1964. Al cabo de un 
año de estudios preparatorios, se inscribió en el Instituto Energético de 


(154) Entrevista a Esteban Gilsov. Montevideo, 8 de abril de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


Moscú de donde egresó con el título de ingeniero hidráulico. Se casó 
con una ingeniera rusa y con ella volvió a Uruguay. Gilsov trabajó en 
funsa hasta el golpe de Estado. Lo echaron por haber participado en la 
Huelga General. Poco después la empresa Mendes Júnior lo llamó para 
formar parte del equipo de ingenieros que iba a construir, con tecnología 
soviética, la represa de Palmar. Allí trabajaba cuando lo detuvieron y 
procesaron en 1980. 

Roslik llegó a Moscú en 1962, año en que la familia Lapunov se 
instalaba en Kazajstán. Había ganado una beca del icus para estudiar 
Medicina en la Universidad Patricio Lumumba, que recién comenzaba 
a funcionar. Creada en los años sesenta para contribuir a la formación de 
profesionales de los recién descolonizados países de Álfica y Asia, pronto 
la Universidad también comenzó a recibir estudiantes de América Latina. 

El periodista Luis Udaquiola reconstruyó el periplo universitario de 
Roslik a partir del testimonio de sus compañeros de generación. Excelente 
estudiante, mejor compañero y poco interesado en los debates políticos 
que ocupaban a latinoamericanos y uruguayos, su único objetivo era 
terminar la carrera: “Había asumido que sería uno de los primeros -si 
no el primero- en retomar graduado al Uruguay y ello le generaba una 
importante responsabilidad; junto a la decisión inapelable de radicarse 
en San Javier constituía su mayor desvelo. Una imagen recurrente era 
verlo bajar del ómnibus de la residencia, solo, encorvado con los libros, 
tomando el camino de su habitación donde se encerraba. Quien no lo 
conociese podía pensar que era un ruso: ojos celestes, gorro de piel, 
sobretodo negro, y aquel acento del sur que caracterizaba el idioma que 
había aprendido de sus padres”. (!55) 

Su estadía en la Unión Soviética, como la de todos los uruguayos 
que viajaban a Moscú, fue motivo de atención para la Policía. Precisa¬ 
mente, el primer registro que la dnii hace sobre Roslik se refiere a ese 
viaje: “Estudiante de Medicina; se encuentra en Moscú, desde el 27 de 
setiembre de 1962, efectuando un curso en la Universidad Amistad de 
los Pueblos ‘Patricio Lumumba’, de aquella capital, en usufructo de una 
beca del mencionado instituto universitario. Durante las vacaciones de 
verano de 1964 trabajó voluntariamente, formando una brigada con otros 
estudiantes extranjeros, en las obras y los campos de las tierras vírgenes 
de la urss. Por ello recibió la insignia honorífica del Comité Central del 


(155) Udaquiola, op. cit., pág 47. 


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Komsomol (Juventud Soviética llamada ‘A la Joven Vanguardia de la 
Producción’)”. (156) 

La entrega de la insignia, un acto protocolar, había sido público, 
tanto que el Departamento de Inteligencia tomó la información de un 
artículo de El Popular. El 6 de octubre de 1964 el diario dio cuenta de 
la reunión en la que jóvenes soviéticos habían condecorado a becarios 
extranjeros por su trabajo en la brigada “Juventud del Planeta”. Entre 
los estudiantes de dieciocho países que participaron del acto, El Popular 
destacó la presencia de cuatro uruguayos, Vladimir Roslik, Eduardo 
Vedovatti, Antonio Hovaginian y Juan Tolosa. 

En 1969, como lo había planeado, Roslik volvió a San Javier con el 
título de médico en la valija. El afecto con que lo recibieron familiares 
y amigos lo obligó a hacer largas visitas para relatar -en ruso y español 
según la edad del interlocutor- la vida del estudiante extranjero en Mos¬ 
cú. En 1970 registró el título de doctor en medicina en el Ministerio de 
Salud Pública y en marzo del año siguiente el Ministerio lo autorizó a 
trabajar en la Policlínica Móvil de la colonia. La resolución establecía 
que debía coordinar su tarea con el médico jefe Ricardo Voelker. Según 
el testimonio de vecinos y amigos de Roslik, veterano y con consultorio 
establecido, Voelker siempre vio en el médico joven un competidor. 
Sus cualidades ponían en peligro el monopolio profesional del médico 
y político colorado: nacido en San Javier, Vladimir hablaba ruso y tenía 
buen vínculo con los pobladores. Voelker no tardó en hacerle saber que lo 
consideraba un intruso e hizo lo posible para desanimar al recién llegado. 

Por esa época, Roslik comenzó el noviazgo con Mary Zabalkin. 
Mary era la segunda generación de la familia Zabalkin nacida en Uru¬ 
guay. Había empezado a estudiar en Paysandú hasta que la muerte de 
la madre la obligó a volver al pueblo y ponerse al frente de la casa. Su 
padre, Miguel Zabalkin, era apicultor y redondeaba los ingresos traba¬ 
jando como chofer. Vivían en un rancho sin luz eléctrica, vecino a la 
casa de los Coimán. 

Los intereses de Mary eran los de una muchacha de pueblo. Alta y 
muy bonita, bailaba en el Kalinka y estudiaba inglés. En su casa nunca 
se hablaba de política ni entraban revistas soviéticas: “Mientras fui niña 
me parecía normal ser ruso. No tenía nada que ver con el comunismo. Mi 
padre no era comunista, ni leía propaganda. Compraba El País y libros de 


(156) Ver ficha patronímica de Vladimir Roslik en la dnii en capítulo “Documentos”. 


108 




Los rusos de San Javier 


pistoleros. Los más comprometido que yo leí fue el suplemento infantil 
Churrinche de El Popular cuando iba a casa de Coimán”. 

Al principio Maiy desconfió del médico pues corría el rumor de que 
muchos egresados de la Lumumba, aunque se presentaban como solteros 
habían dejado mujer e hijos en Moscú. La sospechada familia moscovita 
de Vladimir nunca apareció y la relación se afianzó entre comidas con 
amigos, tardes de pesca en Puerto Viejo y matinés en el Pobieda. En 
1977, tras seis años de noviazgo, se casaron. El matrimonio pasó una 
luna de miel modesta y feliz en Porto Alegre. 


109 




Ensayo 


El eco del golpe de Estado llegó en sordina a San Javier. “En el 
Banco República -recuerda Hugo González- todos los funcionarios 
salvo el gerente acataron la Huelga General. Días después la levantamos 
porque ya no se podía hacer nada”. 

En octubre y noviembre de 1973 tuvo lugar el primer operativo 
contra la colonia. Detuvieron a dos comunistas: Ricardo Belbey y Ricardo 
Coimán. En la redada también cayeron Ernesto Capurro y Vladimir Ros- 
lik. “Roslik no estaba afiliado al Partido ni tenía militancia política. Jamás 
fue a una reunión. Lo puedo decir porque yo integraba el Secretariado. Lo 
detuvieron porque era presidente del Máximo Gorki”, asegura Coimán. 

Para ese entonces la ideología de la dictadura cívico militar ya 
había hecho del marxismo un enemigo mortal y de su combate razón de 
Estado. El discurso que pronunció en esos días el general Luis Forteza, 
director del Instituto Militar de Estudios Superiores, no deja dudas sobre 
el espíritu con que las Fuerzas Armadas abrazaron esa cruzada: “Hay 
que ir al enemigo que todos conocemos muy bien, porque sabemos de 
qué arte, maña y medios se vale para envilecer conciencias y paralizar 
brazos, formando rebaños, creando miserias y odio. Su acción falaz, ruin 
y traidora debe ser definitivamente extirpada, como debe ser extirpado el 
cáncer en bien de la vida”. (157) De ahí a hacer del Máximo Gorki centro 
para el envilecimiento de conciencias había un paso que la dictadura iba 
a demorar todavía unos años en dar. 

Los presos fueron enviados a la comisaría de Young donde les in¬ 
formaron que se trataba de una medida preventiva: el 28 de noviembre el 
Poder Ejecutivo había ilegalizado los partidos políticos de izquierda -en¬ 
tre ellos el Partido Comunista- y ordenado la incautación de sus bienes. 
Al decreto siguieron detenciones masivas en Montevideo y el interior 
del país. En el caso de los detenidos de San Javier no hubo maltrato ni 


(157) El País, 23 de setiembre de 1973. 

111 



Virginia Martínez 


interrogatorio. El comisario los distinguió con un asado que mandó a 
hacer y compartió con ellos. Al cabo de siete días de incomunicación, 
Roslik salió en libertad. Poco después renunció a la presidencia del 
Máximo Gorki. 

Las detenciones no alteraron la tranquilidad de la colonia ni supu¬ 
sieron otras medidas de represión. “En los primeros tiempos, la dictadura 
no nos rozaba. Hasta que empezaron la persecuciones contra maestros y 
profesores y las listas negras que impedían que muchos padres integraran 
las apal y las comisiones de fomento”, recuerda González. 

La consolidación de la dictadura cívico-militar fue simultánea a la 
ampliación de sus frentes de lucha. Afines de 1975 comenzó la ofensiva 
contra el Partido Comunista, que se extendió hasta principios del año 
siguiente. La represión a gran escala en el país se prolongó fuera de 
fronteras con el secuestro y desaparición en Buenos Aires de militantes 
comunistas, del Movimiento de Liberación Nacional (mln), del Partido 
por la Victoria del Pueblo (pvp), de los Grupos de Acción Unificadora 
(gau) y del Partido Comunista Revolucionario (pcr). 

El 13 de julio de 1976 las Fuerzas Armadas resolvieron el conflicto 
político que las enfrentaba a Bordaberry: lo expulsaron de la Presidencia 
y nombraron en su lugar a Aparicio Méndez. Ese día, el Ejército desem¬ 
barcó en San Javier. Si hasta el momento la dictadura apenas había rozado 
al pueblo ahora llegó en camiones militares que ocuparon la avenida 
principal. Al frente del procedimiento estaba el teniente Julio Danzov. 
La comisaría local se convirtió en base de operaciones del Batallón de 
Infantería número 9 de Fray Bentos. 

Primero detuvieron a los comunistas conocidos. Apilaron y quema¬ 
ron en la calle los libros que encontraron en casa de Belbey y más tarde 
fueron a lo de Coimán. Lo sacaron encapuchado, las manos atadas a la 
espalda con una bufanda que le había tejido su mujer. 

Después continuaron con otros vecinos. Rodearon la casa de Román 
Klivzov: “Vivíamos en un rancho de adobe, que los soldados perforaron 
con bayonetas en busca de materiales. Encontraron discos rusos de música 
clásica y un disco simple con la Internacional. Yo tenía una colección 
casi completa de Marcha pero no se la llevaron”. Dos semanas más tarde 
lo citaron de la comisaría. Se presentó y quedó detenido. 

Los soldados del Batallón también llegaron a casa del bancario 
González. Su mujer, María de los Ángeles Casas, recuerda la violencia 
del allanamiento: “Hundían las bayonetas en los colchones donde esta- 


112 




Los rusos de San Javier 


ban durmiendo nuestras dos hijas, que eran chiquitas”. (158) Esa vez no se 
llevaron preso a González; su tumo llegó cuatro años más tarde. 

El procedimiento continuó en las casas de Adela Guchin y de 
Susana Zanoniani, detenidas y enviadas con los otros presos al cuartel 
de Fray Bentos. Hija de rusos fundadores de la colonia, Adela nació en 
San Javier, donde atendía una pequeña tienda de su propiedad y no se le 
conocía opinión política. “Nunca supe ni qué ni por qué” -dice a falta 
de otra expresión para explicar que la hayan sacado de la casa encapu¬ 
chada y a punta de metralleta. “Yo lo único que hacía era participar del 
Máximo Gorki. Al Centro lo quise y lo querré siempre. Son nuestras 
tradiciones”. (159) 

Susana era maestra de la escuela de la colonia. Es hija del dentista 
Carlos Zanoniani, hombre de convicciones socialistas, apreciado entre 
los sanduceros por su solidaridad: “Mi padre murió de alegría en el 
primer acto del Frente Amplio en Paysandú. Julio Castro, que era ami¬ 
go suyo, escribió en Marcha una nota muy sentida cuando su muerte”, 
recuerda. (160) Susana había llegado a San Javier en 1965, recién recibida. 
Tiempo después se casó con Jorge Gurin y tuvieron dos hijos. 

En el patio de la escuela se enteró de los allanamientos que estaban 
ocurriendo en el pueblo. La maestra Mary Jlakin, tía del teniente Danzov, 
le comentó: “Están los verdes por todos lados, en las chacras y en el 
monte”. En la tarde el Ejército llegó a la casa de Susana: “Dieron vuelta 
todo. Mi hijo menor, que era un bebé, lloraba. Mi madre pidió para ir a la 
cocina a prepararle una mamadera y la siguió un soldado armado”. Como 
a los otros, a ella también se la llevaron encapuchada. “En el Batallón 
me tuvieron de plantón, desnuda. De a ratos, una soldado de San Javier 
que estaba en el cuartel, me dejaba sentar pero decía que me parara si 
escuchaba los pasos de Danzov, porque si la descubrían, se ligaba una 
sanción”. Susana tuvo la convicción de que el interrogatorio no conducía 
a ningún lado, como si no tuviera objeto: “No buscaban información. 
Todo parecía un montaje, una provocación”. 

La misma soldado que ayudó a Susana, le levantó la capucha a 
Adela y se sorprendió de encontrarla allí. Le aconsejó pedir que la inte¬ 
rrogaran, pero esa noche nadie vino por ella. “Yo sentía un jadeo muy 


(158) Entrevista a María de los Ángeles Casas. San Javier, 10 de marzo de 2008. 

(159) Entrevista a Adela Guchin. San Javier, 10 de marzo de 2008. 

(160) Entrevista a Susana Zanoniani. Montevideo, 20 de marzo de 2008. 


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Virginia Martínez 


cercano. Pensé que era mi primo, Román Klivzov. Después, por lo bajo 
de la capucha, me di cuenta de que era un perro que nos vigilaba”, re¬ 
cuerda Adela. Finalmente la llevaron ante Danzov. El oficial le preguntó 
si estaba en conocimiento de que en San Javier había tráfico de armas. 

“Lo tuyo fue una denuncia falsa. No puedo decirte más”, concluyó 
Danzov como única explicación cuando Adela preguntó por qué la habían 
detenido. Días después la liberaron. Salió del cuartel acongojada por dejar 
sola a Susana. Nunca supo ni investigó quién la había denunciado. “No 
quise saber nada. Me dediqué a criar a mi hijo. Yo estaba sola y cada 
uno tiene que defender lo suyo”. 

Coimán estuvo nueve días de plantón. Lo vigilaban dos soldados 
jóvenes que comentaban al pasar pero en voz alta: “Mirá hermano, 
nuestro oficio es triste pero 400 pesos por cabeza valen la pena”. No 
lo golpearon. La tortura fue la capucha, los interminables plantones y 
sentadas, y los insultos. “A mí me daba lástima no tanto por mí sino por 
ver cómo tenían a Klivzov, excelente profesor de matemáticas del liceo, y 
también porque yo me decía, qué bajo ha caído el uniforme de Artigas”. 

Klivzov, en cambio, califica de “muy decente” el trato recibido y 
está claro que lo dice en comparación con las torturas que sufriría en el 
mismo Batallón ocho años después. Aunque siempre estuvo encapuchado, 
reconoció la voz del hombre que lo interrogaba. Danzov era dirigente del 
Club Atlético Independiente y tenía una audición de radio que Klivzov 
escuchaba con frecuencia. Una semana más tarde lo dejaron en libertad. 

Llegó al centro de Fray Bentos cansado y preocupado por su familia. 
Buscó a un amigo que tenía un programa en radio Rincón. Atajándose 
del probable rechazo, le advirtió que se iría enseguida si lo comprometía. 
La respuesta de Enrique Donato está entre las cosas buenas que Klivzov 
recuerda de aquellos días oscuros: “Gringo, yo con vos salgo a recorrer 
Fray Bentos”. Cuando por fin volvió a San Javier, Klivzov terminó la 
obra que los militares habían dejado inconclusa: quemó la colección de 
Marcha, sobreviviente del allanamiento. No lo destituyeron del liceo 
pero quedó inhabilitado para integrar la directiva del Club Atlético Ri- 
ver Píate: “Fui dirigente y fundador del cuadro de fútbol de San Javier. 
Estas manos doblaron hierros, pusieron ladrillos. Todo gratis, por un 
ideal, porque quería que la colonia tuviera un club. Hasta que en 1976 
me vetaron y tuve que salir de la Directiva”. 

Susana Zanoniani perdió el trabajo: la sumariaron y separaron del 
cargo. En 1978 le comunicaron la destitución. El ingeniero Daniel Ferrei- 


114 




Los rusos de San Javier 


ra, rector interventor del Consejo Nacional de Enseñanza, y el vicerrector 
coronel Julio Soto, firmaron la resolución, basada en información de 
organismos de inteligencia, que la expulsó de la Enseñanza. La circular 
abundaba en consideraciones doctrinarias escritas en el lenguaje buro¬ 
crático de la administración y de los discursos militares: “logro de los 
fines del proceso y de la política educativa nacional de todo el pueblo 
oriental”, “orden y seguridad integral del Estado y desarrollo del país”. (161) 

No le permitieron entrar más a la escuela ni siquiera para asistir a la 
fiesta de fin de curso de los hijos: “Tampoco pude dar clases particulares; 
nadie se animaba a venir a casa. Tuve que buscarme otro trabajo y empecé 
con un reparto de dulce de leche que hacía en bicicleta”. 

Veinticuatro años después, Susana narró su peripecia en una carta 
que envió a La República : “Un día apareció el malón, lo comandaba 
por aquel entonces un teniente por cuyas venas corría sangre rusa (mal 
que le pese) que había sido adoctrinado en Panamá. (,62) Se llamaba Julio 
Danzov Jlakin. Junto a otros se apoderó del pueblo, allanó, robó y llevó 
presos a militantes del Frente Amplio y algunos que no lo eran. [...] Me 
amenazó con que no vería más a mis hijos. [...] Me culpaba de enseñar 
a mis niños de primer año, los colores en la misma ubicación de los 
colores de la bandera del Frente Amplio”. (163) 

La persecución en la colonia generalizó el temor y la desconfianza 
entre los pobladores. Los vecinos se evitaban para no comprometerse con 
el saludo ni sufrir la vergüenza de no saludarse. “Sentí el vacío de mis 
propios compañeros y amigos. Fue horrible vivir en San Javier. Aquellos 
con los que tenía trato permanente, a quienes consideraba amigos, me 
esquivaban”, recuerda Susana. Su testimonio coincide con el de otros, que 
admiten haberse distanciado de las viejas amistades por miedo. Cruzaban 
la calle, miraban para el costado -actitud difícil de sostener en un pueblo 
tan pequeño que las casas no tienen número- y si, por obligación, tenían 
que intercambiar palabra, la conversación era furtiva y banal. 


(161) Resolución del Consejo Nacional de Educación (conae), 16 de febrero de 1978. 

(162) En la nómina de oficiales uruguayos que estudiaron en la usArmy School of the 
Américas entre 1949 y 1996, figura el cadete Julio Danzov Jlakin como participante de un 
curso de seguridad interior (enero a febrero de 1973). 

(163) La República, I o de agosto de 2000. En julio de ese año José Carbajal El Sabalero 
afirmó en un programa de televisión que en las escuelas militares se formaban “hijos de puta”. 
La declaración desató polémica en los medios de comunicación, motivó un acto de desagravio 
al Liceo Militar y expresiones de rechazo de todos los sectores políticos. El Sabalero tuvo 
que comparecer ante la justicia. En apoyo al compositor y a sus dichos, Zanoniani decidió 
enviar la carta en la que, por primera vez, dio testimonio de su peripecia. 


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Virginia Martínez 


La escuela y el liceo fueron territorios donde la persecución llegó 
al absurdo. Dice María de los Ángeles Casas: “Cuando se celebró el Año 
Internacional del Niño, la directora de la escuela, que era una mujer del 
Partido Colorado, tuvo la idea de invitar a Mary Zabalkin a realizar un 
espectáculo con los niños del ‘Kalinka’. Bailaron danzas criollas, italia¬ 
nas y rusas. Días después llegó un abogado de Montevideo para instruir 
un sumario. Nos citaron a todos los padres a declarar. Nos preguntaban 
qué opinábamos de que nuestros hijos hubieran visto un baile ruso”. La 
persecución, la censura y la autocensura se prolongaron hasta el fin de la 
dictadura. En 1983, un grupo de madres decidió hacer una torta para una 
fiesta del liceo. Una sugirió decorarla imitando la bandera uruguaya. Otra, 
por temor a que el hecho se interpretara como una falta de respeto al sím¬ 
bolo patrio, propuso consultar al comisario. La autoridad respondió que 
no veía problema siempre y cuando el diseño respetara las proporciones 
de las franjas de la bandera. Así lo hicieron. Sin embargo una profesora 
entendió que eso no era suficiente. “Inaceptable. Es como comerse a la 
patria en pedacitos”, dijo cuando vio llegar a las madres con la torta. 
En los dos episodios precedentes la arbitrariedad llega al absurdo y al 
ridículo pero no todo fue caricaturesco, hubo hechos más graves como 
la quema de libros. Las obras de Chejov, Gogol y Dostoievski ardieron 
en el patio del liceo. 

Lejos del clima opresivo que se vivía en la colonia, en Nicopol, 
la familia Lapunov obtenía, por fin, permiso para emigrar. Aníbal no 
quería sumarse al plan de sus padres: “Me faltaban pocas materias para 
recibirme. No tenía idea de qué pasaba en Uruguay hasta que llegaron a 
casa unos universitarios interesados en entrevistar a mi abuelo Gregorio. 
Nos hablaron de la situación del país y del continente, y nos aconsejaron 
quedamos”. La resistencia de Aníbal a volver no obedecía a razones 
políticas sino económicas. Próximo a egresar del Instituto Metalúrgico, 
ya tenía ofertas de trabajo: “Mi madre puso el grito en el cielo cuando 
dije que no. Le vino un ataque y hubo que internarla. La reacción de mi 
madre me torció y finalmente tomé la vuelta como una aventura”. 

En 1976 la familia emprendió el regreso. “Pasamos por Hamburgo, 
un puerto hermoso, y llegamos a Montevideo un día gris. Al desembar¬ 
car en el puerto detuvieron a mi padre, por unas revistas científicas que 
traía en la valija”, recuerda Aníbal. Es claro que solo la más completa 
ignorancia de la situación política del Uruguay puede explicar que los 
Lapunov, residentes casi dos décadas en la Unión Soviética hayan de- 


116 



Los rusos de San Javier 


cidido volver al país en 1976, año de la gran represión que costó tantos 
muertos y desaparecidos al Partido Comunista. 

Viajaron a Mercedes y se instalaron en casa de una tía, Susana Ros- 
lik: “Nos recibieron con miedo. Yo me pasaba encerrado. Quería salir a 
pescar pero mi tía me decía que era muy peligroso. En ese momento se me 
terminó la fantasía de la aventura”. Como le había sucedido a su madre 
cuando recién llegada a Kazajstán se dio cuenta de que no hablaba ruso, 
Aníbal tuvo conciencia de que el español que se hablaba en su casa era 
incomprensible en Uruguay: “La primera tortura espiritual que sufrí fue 
la del idioma. Me costaba comunicarme y establecer relaciones con la 
gente. Creo que solamente mi hermano menor -un soviético total- tenía 
más dificultades que yo”. Tiempo después, Aníbal consiguió trabajo en 
imsa, empresa industrializadora de maíz, y se mudó a San Carlos. Allí 
trabajaba cuando lo detuvieron. 


117 




Plaga de langosta 


Con la intención de dar apariencia de legalidad a su poder, el 30 de 
noviembre de 1980 la dictadura sometió al voto ciudadano un proyecto 
de reforma constitucional que consagraba la intervención de los militares 
en la vida del país y anulaba las libertades individuales. La Comisión de 
Asuntos Políticos de las Fuerzas Armadas (comaspo) llamó a los partidos 
tradicionales a dialogar pero el entendimiento no fue posible. Los mili¬ 
tares querían respaldo civil para su plan político; los convocados pedían 
libertades y el levantamiento de las proscripciones. La declaración del 
comandante en jefe del Ejército teniente general Luis V. Queirolo -“a los 
vencedores no se les pone condiciones”- dejó claro que el camino de la 
apertura política, aun en su carácter de apertura limitada, era estrecho. 

A fin de abril de ese año se inició el operativo que iba a convertir 
a San Javier en una suerte de gueto. El procedimiento -como una obra 
ejecutada en actos- culminó con la invasión del pueblo, que superó en 
despliegue y violencia al ensayo de 1976. Los más viejos lo compara¬ 
ron con la plaga de langosta que casi devastó a la colonia luego de su 
fundación. 

La comisaría, el Centro Cultural Juventud Unida y hasta la cha¬ 
cra de un vecino fueron los lugares donde se interrogó y torturó a los 
detenidos. Hubo veinticinco personas detenidas y once procesados por 
la justicia militar, que cumplieron condenas de entre uno y cuatro años 
en el Penal de Libertad. 064 ' Ninguno de los procesados militaba en el 
Partido Comunista. La mayoría ni siquiera simpatizaba con la izquierda: 
se tenían por apolíticos, indiferentes a cualquier ideología. 

El Ejército destrozó y clausuró el Centro Cultural Máximo Gorki 
donde -dijeron- la célula subversiva escondía armas. El ataque, real y 
a la vez simbólico, golpeó el corazón de la comunidad pues el Centro 


(164) Nombre y edad de los once procesados: Vladimir Roslik Bichcov (42), Miguel 
Roslik Bichcov (52), Víctor Roslik Dubikin (19), Vladimir Roslik Dubikin (18), Carlos Ja- 
cina Leiva (32), Esteban Gilsov Silchenko (44), Jorge Gurin Jlakin (33), Miguel Schevzov 
Bichcov (18), Aníbal Lapunov Belichco (22), Víctor Macarov Slajus (18) y Ricardo Bozinsky 
Schevzov (19). 


119 



Virginia Martínez 


era espacio de expresión de las tradiciones colectivas. Los sanjavierinos 
sintieron que los castigaban por su origen y cultura. Por ser rusos. 

El operativo de 1980 tuvo diferencias cualitativas con los anteriores. 
No file uno más. Su preparación insumió meses de trabajo de infiltración 
e incluyó el relevamiento de la zona por agentes de la División Investi¬ 
gaciones e Inteligencia de la Prefectura Nacional Naval (dipre). 

La acción de inteligencia se originó en anónimos que sanjavierinos 
hicieron llegar a la Prefectura de Salto denunciando a sus vecinos: en 
el pueblo había gente sospechosa que mantenía correspondencia con 
la Unión Soviética. Aún hoy en la colonia se señala el nombre de los 
delatores, de los cómplices y de aquellos que saludaron las detenciones. 
El procedimiento no hubiera prosperado de no ser funcional al objetivo 
de la dictadura -mostrar el siempre emergente peligro subversivo- pero 
el hecho de que la denuncia partiera de la propia colonia expandió la 
atmósfera de persecución y agravó el daño que el golpe provocó en una 
sociedad pequeña y aislada. 

El soldado desertor de la dipre Daniel Rey Piuma testimonió sobre 
cómo se gestó y organizó el procedimiento: “La Central de Inteligen¬ 
cia en Montevideo se hizo cargo de esto. Con el fin de infiltrarse en la 
población formaron un grupo de militares. Eran los marineros Silveira 
Muñoz, Femando González y el Marinero Rodríguez que había sido de 
la Prefectura del Departamento de Salto. Como mochileros, con juegos 
de documentos falsos y con armas de gran poder, fueron a las cantinas 
del lugar, robaron un mapa de la ciudad y tuvieron un enfrentamiento 
con jóvenes del lugar que presumían que ellos eran militares. Se hicie¬ 
ron llevar presos. Con este material y fotos que se habían sacado se fue 
preparando el operativo en el que supuestamente caería gran cantidad 
de integrantes del Partido Comunista del Umguay que aparentemente 
habían logrado montar toda una infraestructura en el lugar. Al laboratorio 
de Prefectura le tocó hacer los planos y las fotos. Entre ellas se destacaba 
el cine ‘Pobieda’ [...] y el centro Cultural ‘Máximo Gorki. [...] En ese 
momento comienzan a trabajar los oficiales. Una semana va uno como 
representante de una firma comercial de venta de automotores, otro va 
como turista y así sucesivamente”. (l65) 


(165) Daniel Rey Piuma, Un marino acusa, (Montevideo, Tupac Amaru Editores, 1988), 
pág. 99 y siguientes. El marino desertó en octubre de 1980 y durante el período que trabajó 
como fotógrafo de la dipre acopió documentos y fotos sobre la participación de la Armada 


120 




Los rusos de San Javier 


El testimonio de los vecinos coincide con la versión de Rey Piu- 
ma. San Javier, adonde no se llega por error ni casualidad, se convirtió 
en el lugar elegido por cazadores, turistas encantados con la belleza 
natural del paisaje, vendedores ambulantes, obreros textiles y peones 
remolacheros desocupados en busca de trabajo. En marzo Miguel 
Roslik atendió en su cantina -el Centro Bar- a un grupo de muchachos 
robustos y bullangueros que se movilizaban en un camión. Le pareció 
que tenían armas demasiado potentes y modernas para ser cazadores 
de fin de semana. La infiltración se combinó con actos aislados de 
provocación: a la casa de Carlos Jacina, hijo del veterano comunista 
Basilio Jacina, llegaron hombres que decían ser delegados del Comité 
Ejecutivo del Partido Comunista enviados desde Montevideo para 
coordinar tareas de conspiración e insurgencia. 

Por esos días, Mary Zabalkin se sorprendió por la extraña entrevista 
que tuvo en Montevideo con Parker Anderson, director de la Alianza 
Cultural Uruguay-Estados Unidos y del departamento cultural de la 
Embajada. Anderson la llamó a su oficina. La charla que mantuvieron 
tuvo algo de interrogatorio. El director de la Alianza le preguntó por su 
estado civil y por la nacionalidad y profesión de Vladimir. Al fin de la 
reunión le informó que los datos de su marido se los había proporciona¬ 
do Daniel Jajulin Lorduguin, un sanjavierino vinculado a la Embajada. 
Profesor de geografía, fundador de la radio del pueblo pero, sobre todo, 
ferviente y declarado anticomunista. Jajulin es un personaje controvertido 
del pueblo sobre quien volveremos más adelante. 

Rey Piuma afirma que la hipótesis inicial de la dipre consideraba 
a la colonia como posible base de operaciones -armamento y comuni¬ 
caciones- del Partido Comunista y punto de enlace para la fuga hacia 
Argentina de militantes perseguidos. “Después se comprobó que no era 
así. Todos los datos recogidos por Prefectura fueron pasados a niveles 
superiores y con eso el Ejército llevó a cabo un operativo por su cuenta. 
Hubo un problema de honores entre ellos, porque todo el trabajo que 
había hecho Prefectura durante cinco meses, se lo ‘roba’ el Ejército”. 

Las primeras detenciones las realizó el comisario interino de la 
seccional Esteban Alberto Silva, a quien apodaban Cuzco. Según mu¬ 
chos vecinos, el titular de la comisaría Diego Duarte -conocido como 
El Capincho- en conocimiento de la represión que iba a caer sobre la 


en la represión. Su testimonio fue el primero sobre el origen de los cuerpos que comenzaron 
a aparecer en las costas uruguayas en abril de 1976. 


121 




Virginia Martínez 


colonia, había pedido licencia por enfermedad. Vivía en San Javier y 
con seguridad no quería pasar a la historia del pueblo como su verdugo. 

El 27 de abril detuvieron a Vladimir Roslik Dubikin. Sobrino del 
médico, Vladimir tenía entonces 18 años. Lo sacaron del cine Pobie- 
da: “El portero entró a la sala para decirme que afuera me esperaba la 
Policía”. (166) El agente Adán Mendieta se lo llevó sin explicaciones. A 
Víctor, un año mayor que su hermano Vladimir, lo detuvieron en el Centro 
Bar. La mañana siguiente Miguel Roslik se presentó en la comisaría para 
saber de sus dos hijos. Los muchachos estaban demorados en averigua¬ 
ciones y no tardarían en salir, lo tranquilizó el comisario. 

Víctor Macarov tenía 18 años y estudiaba en el liceo de San Javier. 
Hijo de una familia batllista, su padre había abierto un club de la lista 
15 en las elecciones de 1971. La idea política más definida de Víctor 
no iba más allá del recuerdo de una tarde en que Jorge Batlle lo paseó 
en hombros por las calles de la colonia y lo llevó a dar una vuelta en 
un auto descapotable. Alto, delgado y dotado para el baile, Víctor hacía 
pareja con Mary Zabalkin en el Kalinka. Lo detuvieron en la puerta del 
liceo mientras conversaba con amigos sobre la fiesta de casamiento a 
la que iban a ir la noche siguiente: “No podría decir exactamente si me 
detuvieron o me secuestraron. Llegó una camioneta Chevrolet S10 de 
la Policía, estacionó y me llevaron”. 

Ricardo Bozinsky, Pepe, ya no vivía en San Javier. Nieto de rusos, e 
hijo de chacareros uruguayos, hacía el bachillerato técnico en Montevideo 
y estaba de visita en la colonia. Acaba de cumplir 19 años. Lo detuvie¬ 
ron saliendo del Centro Bar. Nadie le informó por qué lo llevaban preso 
pero empezó a preocuparse cuando le mostraron una escarapela con la 
hoz y el martillo: “Esto es lo que le hizo mal al mundo”, le dijeron. La 
preocupación creció cuando vio volver a Cuzco Silva de la chacra de sus 
padres festejando con los brazos en alto el hallazgo: traía un rifle 22 de 
un solo tiro que se usaba en la casa para matar cotorras. (167) 

En la tarde, los presos desbordaban la comisaría. Entre los dete¬ 
nidos que finalmente no fueron procesados estaban Miguel Simoncelli, 
Miguel Eskin, Libán Golovchenko, Sara Puchkariov, Lila Radionov y 
los menores de edad Sergio Onetto y Ornar Karamán. Simoncelli y Juan 
Semikin -a quien detuvieron al día siguiente- marcharon a Fray Bentos; 
el resto salió en libertad tras unas horas de calabozo. 


(166) Entrevista a Vladimir Roslik Dubikin. San Javier, 9 de marzo de 2008. 

(167) Entrevista a Ricardo Bozinsky. San Javier, 9 de marzo de 2008. 


122 



Los rusos de San Javier 


El interrogatorio estuvo a cargo del policía Adán Mendieta y de 
otro de apellido Corrales. Ajeno por completo a la gravedad de lo que 
estaba por venir, la única preocupación de Macarov era no perderse la 
fiesta de casamiento. Ansioso, se atrevió a preguntar a qué hora saldría 
en libertad: le respondieron que el asunto ya no estaba en manos de 
la Policía. 

Al ingeniero Esteban Gilsov lo apresaron cuando salía de la colonia: 
“En ese entonces yo trabaja en la represa de Salto Grande y había ido 
a San Javier por el día para visitar a un hermano de mi padre, el único 
que aún queda vivo. Era un día cálido. Basilio Semikin y su familia nos 
invitaron a comer un asado. Estaban también Vladimir y Mary, ‘Carozo’ 
Gurin y su mujer, Susana. Fuimos a pescar y después nos sentamos en 
el bar del pueblo a tomar unas cervezas. Había gente extraña. Decidí no 
quedarme hasta tarde y cuando ya iba dando la vuelta por la placita, me 
pidieron documentos y me detuvieron. Estuve toda la noche de plantón 
en el club Juventud Unida. Al día siguiente me llevaron con Carlos Jaci- 
na a la chacra del padre de Daniel Jajulin. No había nadie. Mientras me 
encerraban en un ropero a él le pegaban. Después cambiaban, él iba para 
el ropero y yo recibía los golpes”. Daniel Jajulin es el hombre vinculado 
a la Embajada de Estados Unidos que hacía del anticomunismo carta de 
presentación personal. 

El 29 de abril el Batallón de Infantería número 9 de Fray Bentos 
invadió San Javier. “Parecía una película de guerra. Había camiones 
militares por todos lados”, recuerda Sara Kijtenko. (168) A partir de ese 
día, las Fuerzas Armadas comandaron el operativo. Allanaron la chacra 
de Basilio Jacina, en busca de armas. Se llevaron una escopeta vieja, 
cartas y fotos familiares, y discos de Gardel. No detuvieron a Basilio 
sino a su hijo Carlos. 

En la noche, el Ejército llegó a casa de Susana Zanoniani. Se la 
llevaron con su marido Jorge Gurin. 

Miguel Roslik todavía tenía esperanza de que liberaran a los hijos 
cuando soldados del Batallón vinieron por él. Allanaron el Centro Bar, 
la librería de su mujer, María Rosa Dubikin, y la casa familiar. Buscaban 
armas, que no encontraron, y tuvieron que conformarse con unas revistas 
soviéticas y obras de Dostoievski, Chéjov y Gorki. Esa noche también 
detuvieron a Vladimir Roslik. 


(168) Entrevista a Sara Kijtenko. San Javier, 10 de marzo de 2008. 


123 




Virginia Martínez 


Tras la intervención militar la situación en la comisaría cambió: 
tapiaron las ventanas y empezó la tortura. El teniente Ivo Dardo Mo¬ 
rales interrogaba y el policía Adán Mendieta golpeaba a los detenidos. 
Preguntaban por las armas del Máximo Gorki y querían saber qué temas 
trataban con los diplomáticos soviéticos que llegaban a la colonia para 
asistir a las celebraciones de San Javier. A Pepe Bozinsky lo llevaron a 
un barranco llamado Cueva del Tigre donde, según los militares, estaban 
escondidas las armas. “Yo caminaba descalzo sobre el caraguatá. Ellos 
andaban pesados, las botas embarradas. Me decían: Se ve que estás bien 
entrenado, no te cansás”. 

El operativo culminó con la toma del Máximo Gorki. Rodearon y 
coparon el local. Fotografiaron como verdaderas las armas de utilería 
del Kalinka, demolieron las escenografías, quemaron el vestuario y se 
llevaron las botas de cuero de los bailarines. Picaron los dos murales 
que decoraban los lados del escenario: el de la derecha retrataba a una 
madre amamantando a su bebé, en segundo plano un hombre con el 
torso desnudo trabajaba la tierra; el mural de la izquierda representaba 
bailarines con vestimentas rusas. En el fondo se dibujaba el tanque de 
ose característico de la colonia. “No cargaron con el piano -asegura Ma- 
carov- porque rompieron el pasador de la puerta principal y no pudieron 
sacarlo. Si no, hubiera terminado en un casino de oficiales”. Días después, 
algunos vecinos se indignaron -pero se cuidaron de hacer comentarios- 
cuando al cruzarse con otros del pueblo, vieron que calzaban las botas 
robadas al Kalinka. 

Coimán alcanzó a pedirle a Roslik un certificado médico que lo 
eximiera de ir a trabajar el I o de mayo, ya que un decreto del Poder 
Ejecutivo había declarado laborable ese día. No tuvo oportunidad de 
presentarlo porque lo detuvieron la víspera. 

La madrugada del 2 de mayo una veintena de uniformados llegaron 
a casa del bancario Hugo González. Mientras unos excavaban el terreno, 
otros allanaban la vivienda. Julio Danzov comandaba el pelotón. 

Aníbal Lapunov se sorprendió al saber que dos hombres habían 
preguntado por él en la oficina de imsa, en San Carlos. Hacía tiempo 
que era empleado de la empresa pero prácticamente no tenía amistad 
con nadie. La dificultad con el idioma y su carácter reservado, lo volvían 
un muchacho poco sociable. El I o de mayo el capataz de la fábrica lo 
despertó anunciándole que afuera lo esperaba la Policía. Lo llevaron a 
Maldonado. Hizo el viaje tomando mate con los custodios. De allí lo 


124 




Los rusos de San Javier 


trasladaron a la Jefatura de Policía de Montevideo, donde el trato cambió, 
y luego a Fray Bentos: “Subí al tren esposado y muerto de vergüenza 
de que me vieran los pasajeros. Los policías se referían a mí como el 
ruso peligroso”. 

Los procedimientos continuaron en Montevideo, donde la dipre 
conservó la dirección de las operaciones. Allanaron el local del Máximo 
Gorki y de la Unión Eslava. Según Rey Piuma: “Ahí se hizo lo mismo, 
primero un relevamiento y luego se procedió a incautarles los materiales. 
Por el simple hecho de tener una imagen de Lenin y el libro del Manifiesto 
Comunista y por tener antecedentes de haber pertenecido al pc, proce¬ 
saron por cuatro años, al que creo es el presidente del Centro Cultural 
Máximo Gorki, un viejito de nombre Osipuk Danieluk. (169) Les incautaron 
las filmadoras, todos los aparatos de proyección, toda la biblioteca, las 
máquinas de escribir y las máquinas fotográficas. El material pasó para 
Inteligencia, siempre y cuando no haya algún oficial más rápido que se 
quede con algo, prácticamente fue un asalto al Centro Cultural. Uno de 
los detenidos de nombre Drafta, a quien decían ‘Cacho’, violinista del 
sodre, quedó en libertad. Me acuerdo de esa persona porque tuve que 
sacarle una foto”. 

Un año después que Rey Piuma, desertó el infante de marina Víctor 
Paulo Laborde. Su testimonio corrobora el del primero: “Esta persona 
[Danieluk] estuvo en carcelaje y fue procesada. Era una persona de edad. 
Sé que tenía que ver con la casa de cultura Máximo Gorki en Monte¬ 
video. Drafta, en muchas oportunidades hablé con él. También estuvo 
en carcelaje. Robusto, bastante canosos. Los dos fueron torturados”. 0705 


(169) Según testimonio de su familia y de los socios del Centro Cultural Máximo 
Gorki, Gregorio Osipuk Danieluk estuvo detenido unos días pero no fue procesado por la 
justicia militar. 

(170) Testimonio de Víctor Paulo Laborde ante el Sécretariat International des Juristes 
pour l'Amnistié en Uruguay (sijau). París, 6 de junio de 1981. En Archivo de serpaj. 


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Célula subversiva 


Los presos salieron de San Javier apilados en un camión de la 
Intendencia. Hicieron el viaje a Fray Bentos, encapuchados, las manos 
esposadas a la espalda, tapados con una lona. “Los milicos se reían co¬ 
mentando que habían asfaltado el acceso norte del pueblo solo porque 
les resultaba más fácil para entrar a la colonia a llevarse comunistas”, 
recuerda Macarov. 

Fueron pasando de a uno por el examen del médico del cuartel. El 
doctor Eduardo Saíz Pedrini ordenó a Susana que se desnudara frente 
a los soldados. Después, comenzó la tortura. Ninguno ha olvidado el 
nombre del responsable: el teniente Ivo Dardo Morales. El militar tam¬ 
poco parecía interesado en ocultarse pues mientras torturaba a Macarov 
le levantó la capucha y le mostró la cédula de identidad. A González le 
preguntó si sabía por qué estaba allí. “Debe ser porque soy socio del 
Máximo Gorki”, se atajó el bancario. “Si fuera por eso habría traído a 
todo el pueblo”, replicó Morales. En ese momento González supo que uno 
de los detenidos lo había acusado de participar en reuniones clandestinas 
en el muelle de Puerto Viejo. 

Empezaron por ablandarlos con plantón, golpes e insultos. No les 
daban de comer, no los dejaban tomar agua ni ir al baño. Al cabo del 
tercer día, deliraban. Juan Semikin, proyeccionista del Pobieda, creía que 
estaba trabajando; Miguel Schevzov quería salir a comprar una cerveza. 

“Estuvimos once días de plantón. Morales me pedía nombres de San 
Javier pero también quería que denunciara comunistas de Alpargatas, de 
funsa, de la represa de Palmar. Todo le servía”, testimonia Gilsov. 

Lapunov fue el último en llegar al Batallón. Le costó reconocer a 
sus amigos en esos hombres marcados por la tortura: “Miguel Schevzov 
y Vladimir Roslik eran masacotes de gente, hinchados. Los saludé pero 
era como saludar a lunáticos. Lo más débil que tiene el ser humano es 
el cerebro. Días después yo también me agoté y empecé a alucinar. Veía 
ríos corriendo por las paredes, veía banquetes servidos como en las 
pinturas europeas. Le ladraba a Semikin y no obedecía las órdenes de 
los milicos. No podía, como los otros, orinarme encima. Tenía náuseas, 
ganas de vomitar pero no lograba orinar mientras estaba de plantón”. 


127 



Virginia Martínez 


“Los ojos abiertos como el dos de oro”, le gritaban a Bozinsky 
cuando, extenuado y sediento, se venía abajo. “Yo insistía en derrumbar 
la pared para ver la plaza de toros que imaginaba atrás del muro. Me 
pateaban gritando cosas absurdas: ‘Ustedes, los rusos, van a pagar lo 
que hicieron en Vietnam’. Todo era gritos y quejidos. Había un soldado 
que lloraba bajito diciendo que él había entrado al Ejército solo porque 
era músico y quería tocar en la banda militar”. 

A Macarov le golpeaban las piernas y los tobillos: “Gringo de 
mierda, no vas a bailar más esos bailes rusos”. Día y noche se escuchaba 
música de la banda Katunga y la canción “Disculpe” de Los Nocheros. 

Para Susana Zanoniani lo peor no fue el plantón ni el hambre sino 
ver derrumbarse a los muchachos que habían sido sus alumnos. “Tampoco 
me puedo olvidar de los gritos de Roslik. Lo torturaron horriblemente”, 
dice. González coincide con ella: “Estaba de plantón, piernas y brazos 
separados. Morales le apagaba cigarrillos en la espalda y después le 
obligaba a sostenerse una gasita cubriendo las quemaduras. Lo oí delirar. 
Le hablaba a Sáiz: Dejáme salir que me voy a vivir a Venezuela y no te 
denuncio”. 

La participación del médico militar no se limitaba a controlar el 
estado de los detenidos. Morales también lo consultaba sobre el conte¬ 
nido del interrogatorio: “Le preguntaba si le parecían verosímiles las 
respuestas. Lo trataba como a un superior”, afirma González. 

Diez días después Juan Semikin, Hugo González, Miguel Simoncelli 
y Susana Zanoniani salieron en libertad. “Te dejamos ir, nos alcanza con tu 
marido”, le dijeron a la maestra. Cuando González volvió a San Javier no 
le permitieron entrar al Banco. Al año siguiente lo destituyeron. 

Los torturadores se concentraron entonces en los once hombres a 
quienes iban a presentar como miembros de la célula armada. Empezaron 
a aplicarles picana con un cable de teléfono. Querían que se hicieran 
responsables de fabricar explosivos, participar en entrenamiento militar, 
pilotear aviones y comunicarse con submarinos soviéticos. Macarov 
estudiaba electrónica por correspondencia: lo convirtieron en el hombre 
de telecomunicaciones. A Jacina, que vivía en la chacra de los padres, 
lo acusaron de ser el jefe de la pista de aterrizaje donde se embarcaba 
el armamento. 

“Morales me aseguró que en un día, un mes, o en cuatro años, yo 
terminaría por firmar. Que ellos tenían todo el tiempo del mundo. ‘Si 
firmás, te vas en libertad’, dijo. Quizá lo que dijo fue ‘a Libertad’, pero 


128 




Los rusos de San Javier 


yo no entendí porque no tenía idea de que existía una cárcel con ese 
nombre”. A Bozinsky lo arrastraron a la celda donde un preso dormitaba 
o deliraba sobre un colchón: “¿Ves? Ese está cómodo. Ya firmó”. 

Lapunov recuerda a Morales como un canario robusto y de ojos 
grandes. Durante un interrogatorio, le levantó la capucha: “Te vamos a 
tirar al río. Son cuentos chinos eso de que son chinos”, le dijo. (171) Le 
ordenó a un miliquito que trajera dos latas de duraznos. El soldadito salió 
corriendo y volvió con las latas. ‘Párese ahí adentro’, me gritó. Después 
le pidió al mismo miliquito que fuera a hacer portland. Otra vez corrió el 
hombre a cumplir la orden”. Finalmente Aníbal aceptó las acusaciones. 
Le dieron papel, lápiz y un diccionario ruso-español para que escribiera 
la declaración. Como no avanzaba con la rapidez que exigía la empresa, 
los torturadores optaron por el camino corto: “Ellos mismos redactaron 
el acta y me la dieron a firmar. Yo debía parecerles un perfecto extrate¬ 
rrestre. No entendía nada”. 

Con Bozinsky repitieron la amenaza de tirarlo vivo al mar. Él tam¬ 
bién cedió y firmó la acusación: “Sabía que significaban años de cárcel 
pero estaba convencido de que nadie iba a creer tal verso”. 

Los interrogatorios concluyeron con un simulacro de juicio rea¬ 
lizado en el mismo Batallón. El defensor militar que le tocó en suerte 
a Macarov le habló de venganzas personales y le refirió el caso de un 
alférez que había logrado que detuvieran y procesaran a un joven porque 
le disputaba la novia. Como consuelo le dijo que por su edad saldría en 
poco tiempo. “Cuando terminé de leer la declaración el escribiente me 
preguntó si tenía algo que agregar: ‘Sí, que todo es falso’. Yo estaba 
sentado en una silla de cármica. No había terminado de decir eso cuan¬ 
do un oficial me tumbó de un piñazo. En el Penal, supe que me había 
quebrado la mandíbula. Y muchos años más tarde, volví a ver al oficial 
en un casamiento en la Iglesia que está frente a mi casa. Era Danzov”. 

El 21 de junio, dos meses después de la invasión a San Javier, un 
comunicado de la dinarp dio cuenta del operativo: “Una importante 
célula del aparato armado del proscripto Partido Comunista que estaba 
capacitando a sus elementos para la lucha armada fue desbaratada por 
las Fuerzas Conjuntas en el Departamento de Río Negro. [...] Con esa 
intención realizaban la concientización política de los habitantes de la 


(171) En abril de 1976 comenzaron a aparecer cadáveres mutilados en las costas de 
Rocha. Un comunicado de la Prefectura Naval informó que se trataba de marineros de origen 
asiático. 


129 




Virginia Martínez 


localidad, teniendo como fachada el Centro Cultural Máximo Gorki, 
una entidad fundada el 18 de agosto de 1957 por residentes ucranianos, 
bielorrusos y rusos, cuyos fines fueron desvirtuados con el correr del 
tiempo hasta quedar convertido en un lugar de adoctrinamiento. Así, 
se atraía a la juventud con actividades culturales, sociales, y deportivas 
pretendiendo poco a poco inculcar en ella ideología marxista”. 

“Paralelamente el brazo armado del grupo realizó un relevamiento 
de la zona de acción con la finalidad de localizar posibles escondites 
para personas, armas y material de propaganda. Se determinaron en base 
a ese mismo estudio, los puntos vitales, tales como caminos de acceso 
e interiores, redes de alimentación eléctrica, etc. Y se determinaron las 
zonas aptas para el desarrollo de su programa de instrucción militar, el 
que se realizaba en base a instrucción del manejo de armas, instrucción 
de tiro, construcción de equipos de radio, proyectos para fabricación de 
explosivos, etc”. 

“Alertadas las autoridades militares de la zona, luego de procesar 
toda la información obtenida ordenaron la realización de varios proce¬ 
dimientos, en el desarrollo de los cuales se incautaron armas largas y 
cortas, trasmisores, repuestos y manuales técnicos para construir equipos 
de radio y abundante literatura de origen soviético, toda ella de carácter 
subversivo. Como consecuencia de estos hallazgos fueron detenidas 25 
personas”. 

“La mayoría de los implicados son directivos o asociados al Centro 
Cultural Máximo Gorki, en cuya sede fueron encontradas la mayor parte 
de las armas y algunos aparatos de transmisión, uno de los cuales está 
capacitado para interferir la red policial y fue hábilmente ‘disfrazado’ 
con la apariencia de un receptor de radio común, de uso familiar”. 

“Entre los detenidos hay dos profesionales que obtuvieron sus 
títulos en el Instituto Energético de Moscú y en la Universidad Patricio 
Lumumba, un reconocido centro de adoctrinamiento comunista y de 
capacitación de guerrilleros”. (l72) 

El 27 de junio de 1980, los once hombres salieron del cuartel de Fray 
Bentos -“encerrados como gatos en una bolsa”, dice Miguel Roslik- ha¬ 
cia el Establecimiento Militar de Reclusión número 1, Penal de Libertad. 


(172) Comunicado de la dinarp. El País, 21 de junio de 1980. 


130 




Seguridad Nacional 


Extrañamente el operativo de abril-mayo de 1980 no tuvo la explota¬ 
ción pública que merecía un rebrote subversivo de la magnitud anunciada 
por el comunicado militar. Las Fuerzas Conjuntas no recurrieron a los 
procedimientos que acostumbraban en esos casos. Cuando a principios 
de 1976 habían informado de la destrucción del aparato armado, propa¬ 
gandístico y financiero del Partido Comunista, difundieron fotos de los 
locales allanados, de las avionetas, embarcaciones, armas y literatura 
secuestradas, y de los responsables de cada sector. Expusieron el material 
incautado en el Subte Municipal. Los diarios dieron cuenta de la visita 
del presidente Juan María Bordaberry y de los altos mandos militares a 
la exposición. El libro de la Junta de Comandantes en Jefe Las Fuerzas 
Armadas al pueblo oriental, publicado dos años después, registra el hecho 
con el siguiente pie de foto: “Imponente poder de fuego. Autoridades 
nacionales, Jefes y Oficiales del Ejército y diplomáticos visitaron la 
muestra de armas. Posteriormente en el céntrico subterráneo municipal, 
más de doce mil personas se asombraron del material que escondía el 
marxismo leninismo”. (173) 

Afines de octubre de 1976 culminó otro operativo-exhibición, esta 
vez contra el Partido por la Victoria del Pueblo, pvp. Las Fuerzas Con¬ 
juntas informaron que tras la captura de sesenta y dos sediciosos, habían 
logrado desarticular un intento de invasión del país. Algunos habían sido 
detenidos en hoteles del Centro de Montevideo y el grupo más nume¬ 
roso en un chalé del balneario Shangrilá. Pieza clave del montaje fue 
la convocatoria a la prensa nacional e internacional para que registrara 
el momento en que los supuestamente recién capturados salían, cami¬ 
nando en fila, las manos esposadas a la espalda, de la casa. En realidad, 
los militantes habían sido secuestrados meses antes en Buenos Aires, 
torturados en el centro clandestino Automotores Orletti y trasladados 
ilegalmente a Uruguay. 


(173) Junta de Comandantes en Jefe, El proceso político. Las Fuerzas armadas al 
pueblo oriental, (Montevideo, 1978), pág. 216. 


131 



Virginia Martínez 


La coyuntura de 1976 puede explicar la necesidad -y la posibilidad- 
de las Fuerzas Armadas de realizar tales montajes. Ese año Amnistía Inter¬ 
nacional lanzó en Nueva York una campaña contra la tortura en Uruguay. 
Por primera vez la organización se apartó de su modalidad habitual de 
trabajo -la adopción individual de prisioneros de conciencia- y tomó al 
país como caso. El Consejo Mundial de Iglesias se unió a la campaña. 
El trabajo de documentación realizado por los exiliados uruguayos fue 
imprescindible para que Amnistía estuviera en condiciones de difundir 
denuncias serias y probadas. <174) 

Por otro lado, en Estados Unidos un grupo de legisladores demó¬ 
cratas, críticos de la gestión del Secretario de Estado Henry Kissinger, 
trabajaba para impedir la ayuda militar a países comprometidos en la 
violación de los derechos humanos. En marzo de 1976, el representante 
Demócrata Edward Koch había pedido al Congreso la suspensión del 
entrenamiento militar y la venta de armas al gobierno uruguayo. “La 
sangre de los presos torturados tiñe nuestras manos”, declaró Koch. La 
Comisión Fraser de la Cámara de Representantes recibió al delegado de 
Amnistía Edy Kaufman y al ex senador Wilson Ferreira Aldunate, cuyos 
testimonios fueron decisivos para que el Congreso aprobara la suspen¬ 
sión. En octubre, el presidente Gerald Ford ratificó la Enmienda Koch. 

La respuesta del gobierno no se hizo esperar: “Nadie nos enseñará 
a respetar los derechos humanos del vencido”, declaró el Comandante 
en Jefe del Ejército teniente general Julio C. Vadora. La reacción del 
presidente Aparicio Méndez fue más contundente: acusó al Partido De¬ 
mócrata de ser el mejor aliado de la sedición internacional. 

Privada de la asistencia militar estadounidense y aislada en la 
comunidad internacional por las denuncias de violación a los derechos 
humanos, la dictadura necesitaba mostrar que el país continuaba siendo 
blanco de agresión interior y exterior. De ahí la amplia exhibición del 
resultado de los operativos contra el Partido Comunista y el pvp. 

Pero además, aquellos simulacros eran posibles pues en ambos 
casos se trataba de organizaciones vivas que, con distinto grado de 
inserción y desarrollo, tenían presencia en el país. Promovían actos de 
resistencia, difundían propaganda. Los hombres y mujeres capturados 


(174) Ver Vania Markarian, La izquierda uruguaya en el exilio y las redes transna¬ 
cionales de derechos humanos (1972-1976) (Montevideo, Cuadernos del claeh, número 89, 
diciembre de 2004). 


132 



Los rusos de San Javier 


y procesados por la justicia militar eran militantes de partidos políticos 
ilegales. Muchos de ellos estaban requeridos desde tiempo atrás por las 
Fuerzas Conjuntas. 

No es el caso de San Javier. Si, como afirma Rey Piuma, la dipre 
había sospechado que una célula subversiva anidaba en la colonia rusa, 
el trabajo de infiltración e inteligencia realizado en el lugar descartó la 
hipótesis. Cuando el Ejército entró en el pueblo sabía que allí no había 
armas ni conspiración organizada. 

Las Fuerzas Armadas hicieron pasar por cuadros político-militares 
entrenados en la Unión Soviética a hombres comunes que vivían, estudia¬ 
ban y trabajaban en la legalidad. Gente sin formación política, ajena a las 
normas de la clandestinidad, la compartimentación y aun de la militancia. 

Cinco de los once procesados tenían entre 18 y 19 años. Eran estu¬ 
diantes conocidos por todos, de familias afincadas en la colonia. Llevaban 
la vida de cualquier joven en un pueblo del Interior. “El liceo está de 
luto”, dijo una profesora de San Javier tras las detenciones. 

Ese estado de inocencia política, lejos de servirles de protección, 
era su punto débil, y con seguridad por esa razón los eligieron. No te¬ 
nían defensas, reflejos conspirativos y, sobre todo, no podían imaginar 
el trance que les esperaba. 

La cárcel y la tortura no existían, siquiera como posibilidad remota, 
en la cabeza de ninguno de ellos. Vivieron el interrogatorio, la acusación y 
el simulacro de juicio como una situación irreal. “Yo miraba la ventana y 
la reja del cuartel y me preguntaba: ¿Qué hago acá?”, recuerda Macarov. 
Aníbal Lapunov no atinaba a responder las preguntas: “Ustedes forman 
una célula terrorista”, me decía Morales. ¿Quiénes son ‘ustedes’?, pre¬ 
guntaba yo. Y lo preguntaba de verdad porque no sabía a qué se refería”. 

Sometidos a tormento, anulados por el poder de los captores, eran 
solo cuerpos heridos, agotados por el plantón, la sed y el hambre. Todos 
firmaron haciéndose responsables de traficar armas, participar en entrena¬ 
mientos militares y en actividades de adoctrinamiento que se realizaban 
en el Centro Cultural Máximo Gorki. 

A diferencia de los procedimientos señalados anteriormente, en San 
Javier las Fuerzas Armadas no fotografiaron armas ni literatura subversi¬ 
va; no mostraron el escenario de los hechos ni el rostro de los sediciosos. 
El comunicado de la dinarp que informó del desbaratamiento de la célula 
armada del proscrito Partido Comunista está lleno de generalidades: no 
menciona fechas, ni quiénes eran los universitarios formados en Moscú 


133 



Virginia Martínez 


y omite referirse a los procedimientos contra el Centro Cultural Máxi¬ 
mo Gorki y la Unión Eslava de Montevideo. No reseña el armamento 
incautado y los párrafos destinados a la descripción de las actividades 
sediciosas del grupo concluyen con un burocrático “etc.” Rutinario y 
desprolijo, el parte carece de la precisión y aun de la apariencia que 
necesita una mentira burda para convertirse en una mentira verosímil. 

El gran descubrimiento de la conspiración de San Javier se agotó 
con el comunicado, que la prensa reprodujo puntualmente. La dinarp 
informó que continuaban las investigaciones pero no volvió a hablarse 
del asunto. Los detenidos fueron procesados por los clásicos delitos que 
la justicia militar imputaba a los sediciosos “Atentado a la Constitución 
en el grado de conspiración seguida de actos preparatorios”, “Asociación 
subversiva”, a los que, en este caso, se agregaron “fabricación, comercio 
y depósito de sustancias explosivas”. 

Para ese entonces las relaciones diplomáticas del gobierno uruguayo 
con Estados Unidos habían mejorado. A principios de julio, el coman¬ 
dante en jefe del Ejército viajó a Washington. La gira del teniente general 
Queirolo tuvo destacada cobertura en la prensa. Al salir de una reunión 
con el jefe adjunto del Consejo de Seguridad Nacional David Aron, a la 
que asistió acompañado del embajador Jorge Pacheco Areco, Queirolo 
declaró satisfecho: “Se han dado cuenta de que lo que estamos haciendo 
lo estamos haciendo bien y sabemos cómo hacerlo. [...] Nosotros no 
vinimos sino a conversar, no a rendir un examen. [...] Venimos a decir 
nuestra verdad, que ahora se nos cree”. (175) 

En esa ocasión, el comandante en jefe dictó una conferencia en 
la Junta Interamericana de Defensa. La intervención, publicada por la 
dinarp, resume la cosmovisión cívico militar y recoge las ideas centrales 
de la doctrina de la Seguridad Nacional. Queirolo historió el nacimiento 
de la violencia política en el país e hizo responsable al Partido Comunista 
de haberla ambientado con su prédica: “La puesta en práctica de la guerra 
revolucionaria en el Uruguay estuvo precedida por un trabajo sistemático 
y sostenido de más de cuarenta años del Partido Comunista, liderado por 
Rodney Arismendi, a quien las autoridades soviéticas consideraban uno 
de los mejores intérpretes de la doctrina marxista leninista”. <176) 


(175) El País, 8 de julio de 1980. 

(176) Conferencia del teniente general Luis V. Queirolo en la Junta Interamericana de 
Defensa, dinarp, julio de 1980. 


134 




Los rusos de San Javier 


La derrota de la sedición armada no había puesto fin a la lucha 
antisubversiva porque esta no se agotaba en el campo militar: “El en¬ 
frentamiento producido permitió tomar contacto por lo tanto con la cruda 
realidad: la subversión anidaba en todos los frentes”. El combate debía 
librarse en el campo económico, político, social, cultural y religioso pues 
el marxismo buscaba conquistar la cabeza de la gente para destruir la 
identidad y los valores nacionales. “Todo lo que se oponga al orden será 
subversivo. De esta manera resulta claro que el concepto de subversión es 
muy extenso, y puede abarcar todas las actividades posibles del hombre”. 
De la definición surge que no había aspecto de la vida ciudadana ajeno 
a la siempre amenazada seguridad nacional. 


135 




Agentes de la kgb 


Si el comunicado de la dinarp sobre la renacida célula comunista de 
San Javier no logra sostenerse, la información disponible en los archivos 
de la dnii confirma la idea de que el operativo tuvo una motivación po¬ 
lítica e ideológica. Antes que dirigido a desbaratar un inminente rebrote 
armado, el procedimiento se inscribe en la cruzada antisubversiva -guerra 
global y permanente contra la penetración del marxismo internacional- tal 
como la planteó el teniente general Queirolo en Washington. 

El comunista era, siempre y antes que nada, un agente soviético. 
El combate en defensa de la integridad y los valores de la Nación no 
reconocía actos ni personas neutrales. Nadie en San Javier lo era. Tenían 
apellidos rusos y rasgos eslavos. Mantenían correspondencia con la Unión 
Soviética e integraban una asociación cultural que llevaba el nombre de 
un escritor comunista. 

Los documentos consultados en la dnii permiten precisar con 
exactitud la fecha en que el Ejército tomó el mando del procedimiento. 
A pedido del Jefe de Policía de Río Negro coronel Walter Tito, el 29 de 
abril el comisario Homero Vaz Bresque y los sargentos Roberto Rivero 
y Walter Vivone de la dnii de Montevideo viajaron al departamento para 
colaborar en el operativo. Cuando el comisario Vaz Bresque llegó a 
Fray Bentos, el coronel Tito acababa de recibir la comunicación de que 
la dirección del operativo había pasado a manos del jefe del Batallón 
de Infantería número 9 coronel Oscar Roca. (177) De todas formas, Tito 
le ordenó al comisario que fuera con sus subalternos a San Javier para 
colaborar con el jefe de Investigaciones de Río Negro inspector Elbio 
Canti y el encargado de la comisaría local, comisario Esteban Silva. 

El jefe de Policía de Paysandú coronel Rubén González también 
envió funcionarios de Inteligencia para detectar posibles conexiones con 
subversivos de su departamento. A diferencia de sus pares de Montevideo, 


(177) Oficio del comisario Homero Vaz Bresque al director de la dnii inspector Víctor 
Castiglioni, fechado en San Javier el 30 de abril de 1980. En Archivo de la dnii. Ver capítulo 
“Documentos”. 


137 



Virginia Martínez 


los sanduceros pudieron interrogar a los detenidos en el cuartel de Fray 
Bentos. El informe que González envió al inspector Víctor Castiglioni 
dice que uno de los presos había admitido su participación en trece 
desembarcos de armas que llegaban a las costas del río Uruguay en 
barcazas argentinas: “El cargamento era transportado en vehículos (no 
especifica detalles sobre los mismos) hasta la Colonia ‘La Paz’ donde 
había una capilla vieja y una pista de aterrizaje y que una vez en ese 
lugar eran cargados en una avioneta tipo ‘Piper’ que allí esperaba y de 
allí eran transportados a destinos que él [el detenido] ignora. Que estos 
procedimientos siempre se realizaron en horas de la noche. Que sabe, 
por haberlos sentido nombrar, que los pilotos eran de nombre Julio Pazos 
y Rubén Márquez y que ambos eran de Tacuarembó. Que además en el 
campo existente en la colonia La Paz, quien esperaba el vehículo con 
las armas era una persona de apellido Fagúndez”. (178) 

Las diligencias realizadas por los funcionarios policiales tras el 
interrogatorio revelan lo inconsistente de aquella confesión obtenida 
bajo tortura: cierto es que en Paysandú existía un campo de aterrizaje 
que tenía una vieja capilla en la entrada, pero -consigna el propio in¬ 
forme- el campo estaba abandonado desde hacía tiempo. Julio Pazos, 
efectivamente, había sido propietario de una avioneta pero la había 
vendido dos años antes de que ocurrieran los hechos denunciados. El 
subversivo que supuestamente recibía y trasladaba las armas resultó 
ser un peón rural. Detenido e interrogado, Fagúndez declaró que no 
conocía a los dos pilotos, ni a quien lo acusaba, y que nunca había visto 
“descender o decolar avionetas en horas de la noche” durante el tiempo 
que trabajó en el establecimiento de Tacuarembó. Sobre el piloto Rubén 
Márquez apunta el oficio: “en Tacuarembó no es persona conocida y no 
se encuentra registrada como Piloto ninguna persona con ese nombre”. 
Existía sí un piloto de apellido Márquez pero de nombre Vladimir, que fue 
interrogado por personal del Batallón de Infantería número 9. Tampoco 
a él pudieron probarle nada: “se desempeña como piloto aeronáutico del 
Frigorífico ‘Tacuarembó’ realizando exclusivamente viajes para dicha 
planta en la avioneta propiedad de esa firma”. 

El personal de Inteligencia incautó al detenido que confesó su 


(178) Oficio 143/80 del jefe de Policía de Paysandú coronel Rubén González al director 
de la dnii Víctor Castiglioni, fechado en Paysandú el 29 de mayo de 1980. En Archivo de la dnii. 


138 



Los rusos de San Javier 


participación en el desembarco de armas el plano de un campo. Aunque 
el memorando anota que el croquis incautado era antiguo (“fue confec¬ 
cionado hace mucho tiempo”), agrega, sin más detalles, que sobre él 
se apreciaban “sugestivamente” dibujos y referencias que “podrían ser 
indicaciones de un posible enterradero de armas”. 

El resto de los presos repitió como un estribillo el argumento im¬ 
puesto por los interrogadores. Las declaraciones no rozan siquiera lo 
verosímil y son, por momentos, disparatadas. Uno admite que viajó a 
Perú becado por la embajada soviética para estudiar en la Universidad de 
Quito (sic). Todos reconocen que se proponían “juntar dinero, comprar 
armas y comenzar la lucha armada”; “formar un aparato militar para 
una futura lucha armada por el Partido Comunista”; “el reclutamiento 
de masas”; “formar un grupo de adeptos a esta ideología”; “atacar la 
Comisaría, realizar atentados contra agentes, soldados, marineros o todo 
aquel enemigo del Partido Comunista”. 

Ninguno dio información concreta -no la tenían- que pudiera soste¬ 
ner, aunque más no fuese en apariencia, el relato oficial. No mencionan un 
solo contacto con militantes de Montevideo, Paysandú u otras ciudades, 
ni de dónde procedía o a dónde iba el armamento. La célula armada de 
San Javier parece como nacida de la nada. 

Lejos de corroborar la confesión, el resultado de las investigaciones 
obligaba a descartar la hipótesis de la conspiración armada. Sin embar¬ 
go, el informe concluye categóricamente y sin prueba, que “el grupo 
de personas detenidas en la localidad de San Javier pertenece al P.C.R. 
(Partido Comunista Revolucionario)”. Esa es, por otro lado, la primera 
y única mención en los oficios policiales que vincula a los detenidos en 
la colonia con el pcr, organización política ilegal de orientación maoísta 
que no tenía relación con la Unión Soviética. 

El Jefe de Policía de Río Negro informó al ministro del Interior 
general Manuel Núñez que en la colonia se habían incautado: 11 esco¬ 
petas, 4 rifles calibre 22, 1 revólver calibre 44, 2 revólveres calibre 32, 
1 revólver calibre 22, 2 pistolas calibre 6,35; 2 pistolas calibre 22 y 1 
revólver calibre 22 de fabricación casera. (179) Armamento pobre y rústico 
para un grupo subversivo con conexión internacional, que disponía de 


(179) Oficio 88/980 del Jefe de Policía de Río Negro coronel Walter Tito al ministro del 
Interior general Manuel Núñez, fechado en Fray Bentos el 5 de mayo de 1980. En Archivo 
de la dnii. 


139 




Virginia Martínez 


barcos y avionetas y que había hecho trece desembarcos de armas. Ni la 
Policía ni el Ejército descubrieron “enterraderos” en San Javier y aun si 
se diera por bueno el inventario de la Jefatura de Policía de Río Negro, 
es claro que no estamos ante un arsenal. Se trata de armas requisadas 
casa por casa, que podían encontrarse en la mayoría de las familias de 
pueblos del Interior. 

No es en las evidencias materiales sino en las ideológicas que 
encuentra su punto de apoyo el procedimiento contra la colonia. Lo 
que condena a los detenidos es su origen y su genérica vinculación con 
la Unión Soviética. La afirmación es evidente en el caso de Vladimir 
Roslik. En los informes de Inteligencia y en los comunicados militares, 
la mención de su persona siempre viene precedida de una sentencia: 
estudió en la Universidad Patricio Lumumba. Esa era prueba suficiente 
de su condición de agente soviético. La ficha de la dnii que registra sus 
antecedentes llega a poner en duda que su diploma fuera auténtico: 
“Aproximadamente en 1965 fue becado a Moscú a la Universidad Pa¬ 
tricio Lumumba, regresando en 1969 con el supuesto título de Médico”. 

El parte del coronel Rubén González afirma que Roslik “realizó 
cursos de adiestramiento en Rusia, recibiendo por ello medalla de oro”; 
que “es miembro de la K.G.B. rusa y posee estrechos vínculos de amistad 
con el Sr. Embajador de Rusia en nuestro País como así también con los 
restantes integrantes de dicha Embajada, siendo además visitado en San 
Javier en forma frecuente por dichos diplomáticos”. 

Once años después, el último comandante en Jefe del Ejército de la 
dictadura y ministro de Defensa del primer gobierno del presidente Julio 
María Sanguinetti, continuaba aferrado a esa armadura ideológica. En el 
reportaje que dio al periodista Cesar Di Candía, el teniente general (r) Hugo 
Medina afirmó: “Voy a decirle algo que en algún modo justifica esa muerte. 
Roslik no era tampoco el santo varón que ha pintado la prensa. Había es¬ 
tado en la Universidad ‘Patrice Lumumba’ donde había hecho un curso de 
guerrillero. Tenía sus antecedentes por los cuales había estado preso en el 
Penal de Libertad; aunque lo cierto es que ya había pagado las culpas”. (180) 

Aníbal Lapunov también lleva el sambenito de la Universidad 
Patricio Lumumba. El informe de González afirma que allí recibió ‘ins¬ 
trucción militar’ por espacio de 18 meses”. 

Si la Patricio Lumumba era un centro internacional de entrenamiento 


(180) Búsqueda , 7 de marzo de 1991. 


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Los rusos de San Javier 


guerrillero, el Máximo Gorki lo era de adoctrinamiento ideológico. Prue¬ 
ba de esa convicción es el informe que Vaz Bresque envía a Castiglioni. 
En él afirma que la asociación cultural tiene como objetivo la “adhesión 
incondicional a los métodos, política y propaganda de la urss”; que el 
Centro estaba integrado por personas de “reconocida ideología izquier¬ 
dista, integrantes de grupos del F. A.” [Frente Amplio] y que su principal 
fuente de ayuda era la Embajada soviética: “han venido diplomáticos 
de la urss a visitar el Centro, haciéndose exhibiciones cinematográficas 
con propaganda comunista (vida, trabajo, agricultura, etc. en la urss). 
La Embajada da becas de estudio a los asociados, hijos de asociados o 
familiares de estos, para la urss”. 

El grupo de baile Kalinka, que el comisario rebautiza como “Los 
Kalinkas”, no queda a salvo de la sospecha. Aunque casi todos sus in¬ 
tegrantes eran menores, liceales en su mayoría, a falta de antecedentes 
propios el informe los convierte en sospechosos o culpables por la ideo¬ 
logía real o supuesta de sus padres, novios o tíos. Dice el oficio: “Ana 
Semikin Roslik, hija de Juan Semikin, ideóloga izquierdista; hermana de 
Alberto Semikin, actualmente en Rusia; sobrina de Miguel y Vladimir 
Roslik, ambos izquierdistas, novia de José Erramuspe, hijo de Ramón 
Erramuspe, de conocida tendencia izquierdista; Raúl Añasco, se le cree 
de ideología demócrata; [...] Conrado Zapata Romaniuk, (a) ‘Lito’, de 
ideología dudosa, su padre, empleado portuario; [...] Carmen Kulenich, 
estudiante de secundaria, menor de edad, ideología dudosa, al igual que su 
familia. Sus padres son nacidos en Polonia; Mara Aksionov, estudiante de 
Secundaria; su padre es empleado municipal, y de ideología dudosa; [...] 
Celia Ojeda, estudiante secundaria, hija de Ramón Ojeda, empleado por¬ 
tuario, de ideología izquierdista; Ornar Karamán, estudiante secundario, 
hijo de Nicolás Karamán, empleado portuario, de ideología izquierdista, 
con muchos vínculos de amistad con la familia Engler. [...] Gabriela y 
Catalina González Casas, hijas de Hugo González Sierra, hermano del 
tupamaro Dardo Yamandú González Sierra”. 

Días después del operativo, mientras los detenidos eran torturados 
en el Batallón de Infantería, el Jefe de Policía de Río Negro recomendó 
al ministro del Interior el cierre del Centro Cultural Máximo Gorki. Las 
pruebas que ofrece, las “evidencias de ideología y actividades” como 
llama al heterogéneo conjunto de hallazgos resultante del allanamiento 
del Centro, son: “a) emblema soviético; b) literatura soviética; c) distin¬ 
tivos del Partido Comunista uruguayo; d) sacos de lona tipo mochilas; e) 


141 




Virginia Martínez 


impactos de bala en vidrios”. En un acto de celo profesional el coronel 
Tito también creyó pertinente aconsejar que se retirara el título univer¬ 
sitario a Esteban Gilsov y a Vladimir Roslik. 

El 22 de mayo el juez militar capitán de navio Ricardo Moreno, 
acompañado del jefe del Batallón de Infantería número 9, clausuró el 
Centro. Cargaron con los libros de la biblioteca, lacraron la entrada de 
la casa y dispusieron guardia policial permanente. 080 


(181) Resolución 147/80 del Juzgado Militar de Instrucción de Segundo Tumo del 22 
de mayo de 1980. En archivo de la dnii. 


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El gran encierro 


Los presos llegaron al Penal de Libertad un día ventoso y helado. 
Les sacaron fotos, los raparon y les asignaron número de recluso. Después 
de entregarles unos mamelucos viejos, los mandaron a “la isla”, celda de 
castigo, pasaje obligado para todos los que entraban al establecimiento 
militar. 

“íbamos los once en fila. Cada uno con un atadito. Muertos de frío. 
A mí me pusieron en la celda con Pepe Bozinsky. Nos abrazábamos para 
damos calor. Enseguida que llegamos, los compañeros encargados de 
repartir la comida empezaron a sobrealimentamos. Estábamos esque¬ 
léticos”, relata Gilsov. Lapunov no ha olvidado el terror que los domi¬ 
naba: “Todo lo que veíamos en el Penal lo asociábamos con la tortura. 
El ascensor nos parecía una máquina para estirar hombres y estábamos 
convencidos de que las barracas eran el crematorio del campo”. 

Los alojaron en un ala del tercer piso del Penal, donde se concentraba 
a los presos del Partido Comunista. “Como éramos once, en broma, los 
compañeros nos llamaban el cuadro de fútbol”, recuerda Bozinsky. Meses 
después, ya habían dejado de ser unos presos novatos. Reconocían el grado 
de un militar por los galones del uniforme y habían aprendido a distinguir 
las guardias duras de las menos represivas. El oído fue una fuente de infor¬ 
mación tan valiosa como el consejo de los compañeros: “Me volví experto. 
Adivinaba la vida del Penal por sus ruidos. Podía adelantar cómo iba a ser 
el día, qué iba a pasar”, dice Macarov. 

Cada tanto les tocaba el trabajo de fajineros. A las seis de la mañana 
comenzaba la entrega de herramientas y de agua caliente para el mate. 
Recogían la ropa y repartían el rancho, la comida de presos y soldados. 
Organizaban las comisiones -tumos de trabajos que se realizaban fuera 
de la celda-, atentos al pedido de los comunistas veteranos, que aprove¬ 
chaban la salida para intercambiar información. 

“Los compañeros nos decían, cárcel de presos comunes, escuela 
de crimen; cárcel de presos políticos, escuela de formación”, recuerda 
Bozinsky. En 1980 estaban encerrados en el Penal de Libertad los 
principales cuadros políticos y sindicales del Partido Comunista por 


143 



Virginia Martínez 


lo que la prisión militar más que escuela bien podía considerarse una 
Universidad. Allí había hombres probados en cientos de batallas, con 
trayectorias políticas y personales que resumían buena parte de la historia 
del movimiento obrero y de la izquierda uruguaya. 

Para Macarov los cuatro años que pasó en el Penal fueron un curso 
intensivo dictado por los más calificados profesores: “Yo no tenía idea 
de nada pero si preguntaba ¿qué es el marxismo? me mandaban a hablar 
con Massera (182) , que también enseñaba matemáticas. Si quería saber algo 
de sindicalismo, tenía a Turiansky (183) y a un viejito llamado Cardozo. (184) 
Durante tres años compartí la celda con Ismael Weinberger. (185) Me habló 
de cosas que yo ignoraba completamente. Con él oí hablar por primera vez 
de la guerra fría y de cómo Estados Unidos hacía trabajo de infiltración”. 

A Lapunov, el trato con los presos lo hizo madurar y le ayudó, por 
fin, a dominar el español. “El Penal me sirvió para abrirme la mente. 
Crecí, empecé a razonar, a ordenarme como ser humano. En eso me 
ayudaron los compañeros pero la materia prima la puse yo. Y además 
terminé de aprender a hablar y a escribir en español. Por primera vez 
estudié seriamente el idioma con Juan Carlos Rodríguez, estudiante de 
Arquitectura, y con Gastón Grisoni que me dio el libro Las mil y una 
formas de escribir una carta ”. 

Cuando los de San Javier llegaron al Penal, Grisoni, militante de 
la juventud comunista, llevaba cuatro años preso y aun pasaría otros 
cuatro años más en el Penal de Libertad. Así recuerda el encuentro con 
los recién llegados: “Les decíamos ios rusitos’ y a Aníbal, irónicamente, 
yo lo llamaba, ‘ciudadano Lapunov’, por la forma en que se comportaba. 
Al principio no entendía nada de la vida del Penal, ni los reglamentos ni 
las órdenes. Yo lo veía como un soviético que había caído en Uruguay. 
Nuestra actitud hacia ellos era de contención y ayuda”. (186) 

Durante un tiempo Roslik pudo ejercer como médico en el Penal y 
compartió la celda con su hermano Miguel. Después le suspendieron la 


(182) José Luis Massera (1915-2002). Ingeniero y matemático, diputado y dirigente del 
Partido Comunista uruguayo. Detenido en 1975, estuvo nueve años en prisión. 

(183) Wladimir Turiansky (1927). Ingeniero, dirigente sindical y del Partido Comunista 
uruguayo. Detenido en 1975, estuvo diez años en prisión. 

(184) Henderson Cardozo. Militante del Partido Comunista y fundador del Sindicato 
Único Nacional de la Construcción y Afines (sunca). 

(185) Ismael Weinberger. Militante comunista y periodista del diario El Popular y de 
Carta Popular que se distribuyó en forma clandestina durante la dictadura. 

(186) Entrevista a Gastón Grisoni. Montevideo, 21 de abril de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


función y lo trasladaron a la celda de Carozo Gurin. Durante el período 
que este estuvo preso, su mujer, Susana Zanoniani se mudó a Paysandú 
desde donde emprendía el largo viaje al Penal de Libertad con los dos 
hijos pequeños. Mary Zabalkin se empleó como administrativa en Mon¬ 
tevideo y trabajó de mucama -cofia y delantal- en casas de familia en 
Punta del Este. Era la única manera de pagarse el viaje y el paquete de 
comestibles que todos los meses mandaba al Penal. 

La situación de los jóvenes era menos angustiosa que la que vivían 
los presos con responsabilidades familiares: “Ellos no la pasaban bien. 
Se preocupaban por la mujer y los hijos. Yo no tenía esa preocupación. 
Solo estaba ahí y esperaba”, dice Bozinsky. 

María Rosa Dubikin se quedó en San Javier. Con el marido y dos 
hijos presos, siguió trabajando en la librería: “Preparaba tres paquetes y 
tenía tres visitas. Viajaba de San Javier al Penal y de ahí a Montevideo. 
Iba al Juzgado Militar de 8 de Octubre y Jaime Cibils a preguntar cuán¬ 
do saldrían en libertad. Siempre me contestaban lo mismo: ‘Están en 
averiguaciones’. Así pasaron cuatro años. Incluso le pedí ayuda a Mario 
Carminatti: (187) ‘Por esos casos no puedo hacer nada’, me respondió. Al 
día siguiente que se llevaron a Miguel y a los muchachos, las mujeres 
de los policías de la colonia vinieron al negocio y pagaron todo lo que 
debían. Nunca más me compraron nada. Fueron años muy duros. No 
tuvimos mucha ayuda. A veces algún vecino de la zona me daba dinero 
para comprar tabaco, no más que eso”. 

Unos eran más perseguidos que otros y estos evitaban a aquellos. 
En el primer círculo estaban los presos y poco más afuera sus familias. 
Aunque las madres se daban apoyo y animaban mutuamente sufrían al 
ver que los amigos y aun los parientes no preguntaban por los mucha¬ 
chos. Evitaban el tema como si no existiera. El miedo había dañado la 
solidaridad. 

El operativo de 1976 había comenzado a cerrar el cerco sobre la 
población de San Javier. Quienes entraban o salían debían identificarse 
ante un piquete policial apostado en los accesos, en la intersección co¬ 
nocida como Tres Bocas. Luego del procedimiento de 1980, la vigilan¬ 
cia convirtió a la colonia en espacio cerrado. Puerto Viejo era zona de 


(187) Mario Carminatti (1936-2002). Abogado, empresario y político del Partido 
Colorado. Senador e intendente de Río Negro en las dos administraciones de Julio María 
Sanguinetti y en el gobierno de Luis Alberto Lacalle. 


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Virginia Martínez 


riesgo y muchos dejaron de ir a pescar por temor a que los denunciaran 
y llevaran presos acusados de participar en reuniones clandestinas o en 
tráfico de armas. 

“De San Javier no se podía salir. Tenian que pedir permiso, decir a 
dónde iban, a qué hora volvían y antes de las tres de la tarde, tenían que 
estar de vuelta aquí. San Javier es un campo de concentración. Incluso 
yo, que doy clases de inglés particulares, tengo que dar datos en la co¬ 
misaría de que doy clases, de a qué hora y cuántos alumnos concurren”, 
testimonió la viuda de Roslik poco después del asesinato de su marido. 

La situación de clausura continuó hasta el fin de la dictadura. Así 
la describían los vecinos en agosto de 1984: “Hoy el pueblo está sitiado 
por tierra y por el río. Todo visitante que se acerque a la zona recibe la 
impresión de una gran cárcel”. (I88) 

La casa del Centro Cultural Máximo Gorki fue cedida a la Univer¬ 
sidad del Trabajo y se suspendieron todas las actividades culturales que 
ligaban a la población con las tradiciones rusas. El Centro de Montevideo, 
en cambio, no fue clausurado. Tras el allanamiento, las Fuerzas Conjuntas 
permitieron que la cuidadora del local, Vera Antonov, continuara en la 
casa. Cuando el presidente Gregorio Osipuk salió en libertad, la institu¬ 
ción debió presentar a la Jefatura de Policía la nueva lista de socios que 
integraría la directiva. Aunque no cerraron las puertas, muy pocos se 
animaron a seguir frecuentando la casa de la calle Charrúa. (189) 

Mientras tanto, en la cárcel, junto a militantes del Partido, Macarov 
intentaba darse una explicación de por qué él y sus compañeros habían 
sido los elegidos para el montaje de un operativo tan extravagante como 
el de la colonia: “Todo el mundo sabía quiénes eran los comunistas de 
San Javier y a esos no les pasó nada, dice. ¿Por qué a nosotros? La pre¬ 
gunta también se la hacían los compañeros de la Dirección del Partido 
Comunista que estaban en el Penal de Libertad”. 


(188) Escrito presentado por el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay 
(ielsur) a la Suprema Corte de Justicia el 24 de agosto de 1984. En archivo de ielsur. 

(189) Según informe de la dnii, en mayo de 1980, el Centro Cultural Máximo Gorki 
de Montevideo tenía 87 socios y sede propia en la que se realizaban actividades culturales 
y sociales. Respecto a la actividad política de la asociación, anota el informe, “está en este 
momento aparentemente en estado de quietud [...] dado que los componentes son personas 
de edad y a que no se les da el campo propicio para esas actividades”. En archivo de la dnii, 
sin más datos. 


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Los rusos de San Javier 


Y aunque se integraron a la vida del Penal y recibieron la solidaridad 
de sus compañeros, los de San Javier no dejaron de ser un grupo aparte 
tanto para los presos como para los militares. En su mayoría muchachos 
sin formación ni experiencia política, algunos apenas si habían salido de 
la colonia. Eran los “rusitos”. 

El Partido Comunista no los reivindicó como propios -no lo eran-. 
En los ejemplares mimeografiados de Carta Popular que distribuían en 
la clandestinidad no hay referencias al operativo ni figuran sus nombres 
entre los muchos por quienes el periódico pide la libertad. 

Han muerto casi todos los dirigentes de aquellos años protagonistas 
de la clandestinidad, la cárcel o el exilio, lo que hace más difícil elaborar 
una interpretación. José Pacella fue uno de los militantes comunistas 
que más conoció el período de la clandestinidad, pues a partir de 1979 
pasó a ser, de hecho, secretario general del Partido. (190) En su opinión, las 
acciones contra la colonia fueron una más en la sostenida represión de 
la dictadura para destruir al Partido Comunista: “El cronograma militar 
exigía eliminar al pc y a las organizaciones obreras. Se necesitaba una 
política de tierra arrasada para tener terreno libre y avanzar en el cronogra¬ 
ma. En paralelo lanzaron un movimiento para crear una Central sindical 
nacionalista e hicieron más de un intento, siempre fallido, de inaugurarla 
en actos públicos, en la Sala 18 de Mayo. El servicio de Inteligencia 
de la Marina estuvo al frente de la operación. Sacaron a dos presos del 
penal de Libertad, los llevaron a tabacaleros y a aebu para crear el nuevo 
sindicalismo. El plan no prosperó porque el Ejército decidió cortar la 
formación de la central nacionalista. Fracasado el intento se deciden por 
suprimir el 1° de Mayo y en ese cuadro hay nuevos operativos”. 

Para él, el procedimiento en San Javier coincidió con otros realiza¬ 
dos en Montevideo y el Interior: “Entre abril y mayo de 1980 detuvieron 
a cincuenta compañeros del sunca, a veinte de la ujc y a otros tantos 
militantes del departamento de Canelones. Aun así ese año, que fue el del 
sesenta aniversario del Partido, afiliamos a cien jóvenes y les entregamos 
el carné con su nombre”. 


(190) José Pacella (1944-2012). Militante comunista. En marzo de 1979, tras la deten¬ 
ción de la Dirección quedó al frente del Partido. Lo detuvieron en junio de 1981 y salió en 
libertad en marzo de 1985. Cuando lo entrevisté en Montevideo, el 29 de agosto de 2008, no 
tenía militancia partidaria y se definía como comunista independiente. 


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Virginia Martínez 


En la memoria de los hechos que para Pacella marcaron el perío¬ 
do -ruptura del inmovilismo político, reorganización de los sindicatos 
y persecución a los comunistas- el operativo contra San Javier no es 
distinto ni se diferencia del resto. 

Macarov, en cambio, atribuye una intención particular al procedi¬ 
miento: “La dictadura quiso embarrar a la Unión Soviética y a la Em¬ 
bajada vinculándolas a un complot armado. Y como éramos la segunda 
generación de rusos nacidos en Uruguay, bien podían pedir por nosotros 
y eso sería el pretexto para romper las relaciones diplomáticas”. 

Su interpretación importa porque expresa la necesidad de los in¬ 
dividuos de encontrar explicaciones que den sentido a las situaciones 
extremas que les toca vivir. Pero además introduce un tema importante: 
la política exterior de la Unión Soviética hacia América Latina y en 
particular frente a las dictaduras latinoamericanas que en la década del 
setenta dominaban el continente. Aunque la complejidad y amplitud del 
asunto exige un abordaje más extenso y profundo del que haré aquí, vale 
detenerse y volver atrás para luego retomar la historia en este punto. 


148 



Una diplomacia pragmática 


Tras la Revolución de Octubre, el naciente Estado de los soviets se 
propuso llevar la insurrección proletaria al resto del mundo. En marzo 
de 1919, bajo la dirección de Lenin, el Partido Comunista ruso fundó la 
ni Internacional, conocida como Comintem, con el objetivo de “luchar 
por todos los medios posibles, incluso la lucha armada, por el derroca¬ 
miento de la burguesía internacional y por la creación de una república 
internacional soviética como etapa de transición hacia la abolición com¬ 
pleta del Estado”. La Internacional Comunista postulaba la dictadura del 
proletariado como el camino para liberar a la humanidad del capitalismo 
y al poder soviético como “la forma históricamente dada de esa dictadura 
del proletariado”. 

El Comintem pidió a los partidos socialistas y comunistas del mundo 
que adhirieran a su programa. La adhesión, y las condiciones impuestas 
para ello, originaron polémicas y provocaron rupturas en la izquierda 
latinoamericana. La de Uruguay no fue excepción. La cuestión terminó 
por fracturar al Partido Socialista y dio nacimiento al Partido Comunista, 
que iba a distinguirse como uno de los más prosoviéticos del continente. 

La escisión se desarrolló en dos actos. En setiembre de 1920, el vm 
Congreso del Partido Socialista aprobó la adhesión al Comintem. Aunque 
el sector encabezado por Frugoni y Troitiño estaba en desacuerdo, aca¬ 
taron la decisión de la mayoría y permanecieron en las filas socialistas. 

Poco después, se divulgaron las “21 condiciones” exigidas por el 
ii Congreso del Comintem, para que la incorporación fuera orgánica. (191) 
Eugenio Gómez, líder de los “intemacionalistas” o “terceristas”, funda¬ 
mentó la aceptación en la necesidad de crear partidos “duros como la 
roca”, aptos para dirigir a la clase obrera en la época en que el capitalismo 
había dejado de ser el único sistema social del mundo. 


(191) La aprobación suponía, entre otras exigencias, el apoyo incondicional a la Unión 
Soviética, que los partidos miembros adoptaran el nombre de Partido Comunista, se organizaran 
de acuerdo a los principios del centralismo democrático, crearan una estructura clandestina 
paralela a la legal, combinaran el trabajo legal e ilegal y rompieran con los llamados refor¬ 
mistas, expulsándolos de la organización. 


149 



Virginia Martínez 


Para la fracción de Fragoni, a quienes los primeros tildaron de 
“reconstructores” o “reformistas”, aceptarlas suponía subordinar la 
organización nacional a la política soviética. 

Cierto es que la firma de las condiciones implicaba someterse a 
Moscú, pero eso no tenía el mismo significado para todos. Para los “re¬ 
constructores” la independencia era un valor, sobre todo ante un centro 
que emitía señales de intransigencia frente a cualquier discrepancia. Los 
“terceristas”, en cambio, consideraban la subordinación una necesidad 
política y un acto de lealtad con el primer Estado proletario de la Historia. 
Así, saludaron las condiciones como el medio para conocer quiénes eran 
los “comunistas de verdad” y no temieron la ruptura, en la que vieron 
un instrumento de defensa de la pureza ideológica. 

Tras largas discusiones que convocaron a los centros socialistas de 
Montevideo y del Interior, y una febril polémica en la prensa partida¬ 
ria, triunfaron los intemacionalistas. A fines de abril de 1921, Justicia 
suprimió el subtítulo “Diario del Partido Socialista”, que sustituyó por 
“Diario del Partido Comunista”. 

Sin embargo, ni siquiera en su momento de auge, el Comintem pudo 
aplicar a rajatabla el programa cuyo cumplimiento había exigido a los 
Partidos Comunistas. Los intereses del Estado soviético -la necesidad 
de establecer y desarrollar relaciones diplomáticas y económicas con 
los países capitalistas- obligaron a la urss a llevar adelante una política 
exterior que no se rigió por estrictas razones ideológicas. 

La tesis de la construcción del socialismo en un solo país triunfó 
sobre la revolución proletaria mundial. En 1943 Stalin disolvió el Co- 
mintem. (192) A partir de entonces la política soviética tuvo dos canales: 
uno diplomático, oficial, entre Estados, y otro que ligaba al pcus con los 
partidos hermanos, como se los llamaba. 

En 1956, el xx Congreso del pcus trajo nuevas revisiones. El informe 
secreto del secretario general Nikita Jmschov denunció los crímenes del 
período de Stalin, criticó el culto a la personalidad e inició la desesta- 
linización. El Partido abandonó principios fundamentales de la teoría 
marxista sobre el Estado y el carácter de la revolución. La transición 


(192) Una resolución de su Comité Ejecutivo del 13 de mayo de 1943 disolvió el Comin¬ 
tem como centro de orientación del movimiento obrero internacional, liberó a sus secciones 
nacionales de las obligaciones derivadas de su Constitución y las exhortó a concentrar fuerzas 
en la lucha contra Hitler y sus aliados. 


150 




Los rusos de San Javier 


pacífica al socialismo -la posibilidad de alcanzar transformaciones es¬ 
tructurales de la sociedad por la vía parlamentaria-, se impuso a la teoría 
de la lucha armada. El congreso también incorporó la idea, decisiva para 
la política exterior, de la coexistencia pacífica entre el campo capitalista 
y el socialista. 

El xxii Congreso profundizó los cambios programáticos en un con¬ 
cepto clave, la dictadura del proletariado, característica de la transición 
de la sociedad clasista a la sociedad sin clases. El congreso decretó que, 
cumplida su misión histórica, la dictadura de los más sobre los menos 
había dejado de ser necesaria en la urss. 

Estas definiciones, en particular la del xx Congreso sobre la co¬ 
existencia pacífica, supusieron dejar atrás los principios del Comintem 
y reorientaron la política exterior del Estado soviético. 

En el escenario mundial América Latina caía en el área de influencia 
de Estados Unidos. Ello explica que hasta la década del sesenta la urss 
prestara poca atención al continente y que su visión de este siempre 
haya estado enmarcada en la relación de competencia y equilibrio con 
Estados Unidos. 

Según el politólogo e historiador Kiva Maidanik -marxista, experto 
en temas latinoamericanos y discrepante con la ortodoxia soviética- su 
país, hecha la excepción del período de Jruschov, nunca tuvo una política 
coherente ni una estrategia a largo plazo para América Latina. En su opi¬ 
nión, el principal interés soviético en la región era asegurar la hegemonía 
de sus directivas en el movimiento comunista latinoamericano. A cambio 
del apoyo incondicional a la política de Moscú, los partidos hermanos 
obtenían un discreto pero regular financiamiento, sobre todo para sus 
campañas electorales; adoctrinamiento en las escuelas partidarias, y vaca¬ 
ciones y visitas a la urss, que generaron una suerte de “internacionalismo 
culinario” -como lo llama con fina ironía- importante en la política de 
“estímulos y halagos” que Moscú estableció con la periferia pero que 
sirvieron de poco a la hora de la persecución política. (193) 

La revolución cubana despertó el interés del Kremlin por el continente. 
La posibilidad de que nuevas revoluciones armadas estallaran en la región 


(193) Kiva Maidanik, The ideológical aspects of Soviet relations with Latín America, 
en The Soviet Union ’s Latín American Policy, editado por Edmé Domínguez (Center for 
Russian and East European Studies, Goteborgs Universitet, Latin American Studies at the 
Social Scienses Faculty, 1995), pág. 14. 


151 



Virginia Martínez 


dominó las controversias político-ideológicas de la década del sesenta. Cuba 
se opuso a la estrategia de los partidos comunistas tradicionales y postuló 
su experiencia como ejemplo para el resto de América Latina. De ahí el 
apoyo que dio a las organizaciones guerrilleras latinoamericanas, apoyo 
que, por el contrario, la urss siempre negó. (194) 

El sociólogo chileno Augusto Varas señala que el gobierno de 
Brezhnev consolidó los principios que caracterizarían la política soviética 
hacia América Latina: no traspasar el límite de lo tolerable para los Esta¬ 
dos Unidos y lograr un mayor desarrollo de las relaciones económicas, 
comerciales y de cooperación técnica con los estados latinoamericanos 
al margen de la orientación de sus gobiernos. 

El programa de reformas que inició en Perú el general Juan Velasco 
Alvarado y el triunfo de Salvador Allende en Chile en la década del seten¬ 
ta suscitaron el interés de Moscú en tanto ambos podían entroncar con el 
modelo Brezhnev. El caso peruano impulsó a diplomáticos y académicos 
soviéticos al análisis de la potencialidad revolucionaria de las Fuerzas 
Armadas en los países del Tercer Mundo y de las alianzas de las fuerzas 
democráticas con los sectores progresistas militares. Chile parecía confirmar 
la pertinencia de la idea de transición pacífica al socialismo. 

Para Varas las dos experiencias confirmaban al régimen soviético 
que se podía reformar la sociedad sin recurrir a las armas. Eran una refe¬ 
rencia para los países latinoamericanos en el sentido de que se podía llevar 
adelante “una política de estatización de la economía [...] con amplios 
frentes políticos y de clases, con el apoyo de las Fuerzas Armadas y sin 
alterar las relaciones con Estados Unidos”. (l95) 


(194) Luego del secuestro y asesinato por parte del MLN-Tupamaros del instructor de la Po¬ 
licía en prácticas de contrainsurgencia y tortura Dan Mitrione, el encargado de negocios uruguayo 
en Moscú Ramiro Píriz envió al ministro de Relaciones Exteriores Jorge Peirano Fació una nota 
confidencial: “Reitero en esta oportunidad mi convicción de que las autoridades soviéticas son 
firmes y sinceras en su repudio al terrorismo. En este sentido los jerarcas de la Cancillería han 
sido claros y categóricos mostrando marcada preocupación por disociar al comunismo soviético 
de la acción de los grupos terroristas. En este sentido es interesante señalar su preocupación en 
aclarar que los grupos sediciosos involucrados no tienen ninguna vinculación con la línea marxista 
ortodoxa. [...] en los medios diplomáticos cubanos existió cierto asombro por la posición oficial 
adoptada por la urss tan categórica (subrayado en el original) a la acción de los sediciosos”. Nota 
número 312-70. Moscú, 8 de setiembre de 1970. En archivo del mrree. 

(195) Augusto Varas, La Unión soviética en la política exterior de América Latina: los 
casos de Chile, Argentina, Brasil y Perú , (trabajo presentado al Seminario sobre Políticas 
Exteriores Latinoamericanas: Enfoques Comparativos organizado por el Instituto de Estudios 
Internacionales de la Universidad de Chile y el Instituto de Estudios Latinoamericanos de 
Carolina del Norte, Viña del Mar 20 al 23 de setiembre, 1982), pág. 18. 


152 



Los rusos de San Javier 


Ni el derrocamiento de Velasco Alvarado ni el golpe de Estado en 
Chile alteraron la política moderada y pragmática de la urss hacia la 
región. En El oro de Moscú, Gilbert relata que un diplomático soviético 
acreditado en Argentina, a quien el autor prometió mantener el anonimato, 
planteaba así la visión soviética de las dictaduras latinoamericanas: “La 
prohibición de los partidos comunistas, las medidas represivas contra las 
fuerzas progresistas, el establecimiento de regímenes de extrema derecha, 
como resultado de golpes de Estado habitualmente no eran considerados 
por Moscú como pretexto obligatorio para la ruptura de relaciones diplo¬ 
máticas. En Moscú tenían en cuenta que los gobiernos, tarde o temprano, 
serían reemplazados por otros o cambiarían sus posiciones en una u otra 
dirección con la influencia de los factores externos o internos. [...] Con 
tales gobiernos se mantenían relaciones comerciales y se colaboraba en 
otras esferas, si esto era necesario”. (196) 

La Unión Soviética no rompió relaciones con Brasil, Uruguay ni 
Argentina tras los golpes de Estado que derrocaron a sus gobiernos 
civiles. Chile fue una excepción. Según afirma Sergo Mikoyan, ex¬ 
perto en América Latina y entonces director de la revista Latinskaja 
Amerika, la ruptura con la junta militar no estaba en los planes so¬ 
viéticos: “Inmediatamente después del 11 de setiembre el ministro de 
Relaciones Exteriores Andrei Gromiko envió un telegrama al Kremlin 
desde Nueva York, proponiendo que no se rompieran relaciones. La 
propuesta no fue oída”. (197) 

Para Varas, el anticomunismo extremo de Pinochet antes que el 
compromiso moral con Allende o el repudio a la violencia del derro¬ 
camiento hizo inevitable la ruptura: “el elemento más importante en la 
confrontación URSS-Junta Militar chilena lo puso esta última al lanzar 
una cruzada anti-comunista que crea una nueva situación a la política 
de Brezhnev. El hecho inédito desde 1964 es que la Junta Militar 
presenta a la urss exactamente al revés de cómo ella quería aparecer 
o actuar. [...] El papel subversivo del orden político interno con que 
se quiso confundir el accionar de las urss durante los tres años de la 
up [Unidad Popular] significaba un peligro ideológico para las urss, 
el que comparado con la definición del papel referencial del proceso 


(196) Isidoro Gilbert, op. cit., pág. 409 y 410. 

(197) Sergo Mikoyan , The Soviet Union and Latín America: the Political andStrategic 
Domain, en Edmé Domínguez, op. cit., pág. 31. 


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Virginia Martínez 


político chileno para el resto de los países del área, le exigía conjurarlo 
con toda la fuerza disponible”. (198) 

El golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 tampoco implicó la 
ruptura de relaciones con Argentina. Por el contrario, el intercambio 
comercial y la cooperación técnica entre ambos países se intensificaron. 
En 1974 se firmó un convenio para la construcción de la represa de Salto 
Grande, que implicaba el suministro de las turbinas. Las obras se ini¬ 
ciaron cuando ambos países, Argentina y Uruguay, ya tenían regímenes 
dictatoriales. 0 " 5 

El comercio con Argentina creció a partir de 1979 con el rechazo 
del gobierno militar a plegarse al embargo de cereales impulsado por 
Estados Unidos tras la invasión soviética a Afganistán. 

La relación de la Unión Soviética con la dictadura argentina es un 
ejemplo de la desideologización de su política exterior y de cómo los 
intereses de Estado privaban sobre otras consideraciones. Apunta Varas: 
“Argentina representa para la urss un buen ejemplo de cómo un vínculo 
comercial, eventualmente político-militar, puede desarrollarse al margen 
de coincidencias ideológicas. De esta forma, directa e indirectamente la 
urss muestra en este caso lo irreal que es definir su papel como subversi¬ 
vo. Este pragmatismo político ideológico, que se puede observar también 
en sus relaciones con Uruguay, Bolivia y otros Estados latinoamericanos, 
mantiene las orientaciones soviéticas básicas hacia la región”. (200) 


(198) Augusto Varas, op.cit., pág. 19. 

(199) Andrés Cisneros y Carlos Escudé, coordinadores de la Historia General de las 
Relaciones Exteriores de la República Argentina señalan la singularidad e importancia del 
acuerdo: “Esa fue la primera vez que una firma soviética se presentaba a una licitación inter¬ 
nacional aceptando reglas de juego establecidas en base a la tecnología occidental. Segundo, 
como el proyecto de Salto Grande fue financiado parcialmente por el Banco Interamericano de 
Desarrollo (bid) y el Banco Mundial (bm), este también fue el primer caso en que concurrían 
en un mismo proyecto fuentes de financiamiento de organismos internacionales occidentales 
y de la urss. Tercero, el contrato firmado con la firma soviética Energomashexport establecía 
cláusulas ventajosas para la Argentina en cuanto a condiciones de financiamiento: incluso parte 
de las cuotas de pago de las maquinarias podrían ser cubiertas con productos de exportación 
argentinos y uruguayos en una proporción del 70% y el 30% respectivamente”. (Andrés 
Cisneros y Carlos Escudé, Historia General de las Relaciones Exteriores de la República 
Argentina, Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales, 2000). 

(200) Augusto Varas, op. cit., 25. 


154 




Respetuoso distanciamiento 


En la abundante bibliografía dedicada al estudio de la relación 
de la Unión Soviética y América Latina, las referencias a Uruguay son 
escasas o nulas. A cuenta de una investigación más exhaustiva van las 
siguientes consideraciones. 

La posición soviética respecto de la dictadura uruguaya no escapó 
a los principios generales del pragmatismo que señala Augusto Varas. 
Moscú no rompió relaciones con el país luego del golpe de Estado del 
27 de junio de 1973 ni interrumpió el intercambio comercial. Al menos 
durante el primer año de gobierno dictatorial parece claro que Uruguay 
interpretaba con realismo la política soviética basada en la distensión, 
el acercamiento a Occidente y el respeto de las áreas de influencia de 
Estados Unidos. En un largo informe que el embajador en Moscú Luis 
María de Posadas Montero envió al ministro de Relaciones Exteriores 
Juan Carlos Blanco, titulado “Actual política coexistencia pacífica y 
distensión internacional urss”, el embajador formula una pregunta, 
punto de partida de su reflexión: “¿es menester o no dar crédito a la urss 
cuando proclama su adhesión a la coexistencia pacífica, entendido en la 
forma que hemos expresado?”. Y responde: “Creemos firmemente que 
sí y creemos asimismo que las urss no solo está dispuesta a atenerse 
a la coexistencia pacífica, sino más aun está embarcada en una clara 
política de acercamiento con los países industrializados, la cual, si 
bien tiene una motivación económica, no puede menos que manifes¬ 
tarse también en el terreno político. [...] “en lo que refiere a América 
Latina, salvo que se alteren sustancialmente las condiciones que hoy 
existen, no creemos que esté dentro de los planes actuales de la urss, 
ni de la dirección del movimiento comunista mundial, entidades que 
se confunden según dijimos, el fomentar ningún cambio violento”. 

De Posadas también ratifica la idea del respeto soviético a las zonas 
de influencia de Estados Unidos: “cualquier intento revolucionario en 
un país latinoamericano provocaría una fuerte reacción de los Estados 
Unidos, cosa que, por las razones expuestas más arriba, no es deseada 


155 



Virginia Martínez 


actualmente por la urss”. (201) 

En julio de 1973, en nota confidencial, informaba que la diso¬ 
lución de la cnt más que la clausura del Parlamento era lo que había 
motivado juicios adversos en la prensa moscovita: “las críticas que 
se suscitan nunca serán muy violentas mientras nuestro país siga una 
política internacional independiente y no tome una actitud hostil ha¬ 
cia la urss como Estado, adoptando medidas respecto de su personal 
diplomático destacado en Montevideo u otras de índole similar”. (202) 
La alta estima que Moscú tenía por Rodney Arismendi provocó un 
momento de crispación cuando en diciembre de ese año se divulgó 
la noticia de que había sido detenido en Montevideo. El embajador 
uruguayo trató el tema con el viceministro de Relaciones Exteriores 
y funcionarios del Departamento de América Latina de ese Ministerio 
con la intención de evaluar cuánto podía afectar las relaciones bila¬ 
terales: “La respuesta al igual que el tono general de la conversación 
fue sumamente fría, contestándosenos que si bien la urss era muy 
escrupulosa en la aplicación del principio de no intervención, de todas 
maneras la opinión pública soviética (sic) estaba desfavorablemente 
impresionada con los acontecimientos, en especial con la noticia de la 
prisión de Arismendi, por lo que era de prever que hubiera reacciones 
desfavorables en la prensa y declaraciones condenatorias por parte de 
organizaciones no estatales (sic) como por ejemplo los sindicatos”. (203) 

En efecto, los artículos de prensa se multiplicaron y se endureció 
el tono de las publicaciones que, según los partes diplomáticos, hasta 
ese momento siempre había sido moderado. Por primera vez Uruguay 
tuvo el “honor” -las comillas son del embajador de Posadas Montero- 
de ser protagonista de la caricatura de la página central de Pravda. La 
representación gráfica cumple todos los requisitos de la iconografía sobre 
el golpismo latinoamericano. Un militar rústico, con uniforme, gorra, 
calavera y tibias cruzadas sostiene con manos ensangrentadas un garrote 


(201) Nota número 446/73 del embajador en Moscú Luis María de Posadas Montero 
al ministro de Relaciones Exteriores Juan Carlos Blanco, del 10 de diciembre de 1973. En la 
carátula del documento se lee un agregado manuscrito: “con copia al Ministerio de Defensa 
Nacional”. En Archivo del mrree. 

(202) Nota confidencial número 278/73 del embajador Luis María de Posadas Montero 
al ministro de Relaciones Exteriores Juan Carlos Blanco, del 10 de julio de 1973. En Archivo 

del MRREE. 

(203) Nota sin número, asunto: “Actitud urss ante decreto P.E. de 28 noviembre de 
1973”, del 14 de diciembre de 1973. En Archivo del mrree. 


156 




Los rusos de San Javier 


y un espejo que le devuelve su imagen, la de un fiero gorila. 

Cuando la Embajada recibió un telegrama de Montevideo que 
desmentía la detención, de Posadas se comunicó inmediatamente con el 
viceministro de Relaciones Exteriores. Las aguas volvieron a su cauce, 
disminuyeron las menciones a Uruguay en la prensa y las conversacio¬ 
nes recuperaron el tono cordial característico. “En lo que se refiere a 
las perspectivas de futuro -concluye el embajador- creemos que, si en 
nuestro país no se producen nuevos acontecimientos, toda esta situación 
se irá normalizando aquí y la actitud de la urss hacia nosotros, aunque 
un poco más fría, no experimentará alteraciones de importancia”. 

En mayo de 1974 Arismendi fue detenido y ello enturbió las rela¬ 
ciones bilaterales. La urss no se pronunció oficialmente pero la prensa 
y las organizaciones sindicales redoblaron los reclamos por la libertad 
del secretario general y las acusaciones contra Uruguay. Meses después 
Arismendi llegó, expulsado, a Moscú. En nota enviada al ministro Juan 
Carlos Blanco, el embajador nuevamente informó del cese de los ataques 
de la prensa y que las relaciones habían ganado fluidez. (204) 

En julio de 1975 la Unión Soviética anunció la suspensión de la 
compra de carne a Uruguay. El embajador uruguayo comunicó al Mi¬ 
nisterio de Comercio Exterior soviético el malestar que había causado 
la medida. Este respondió que la decisión obedecía solo a razones 
comerciales: “Señaló [el funcionario] nuevamente que este problema 
no podía rebasar la esfera estrictamente comercial e insistió que no se 
le compraba carne al Uruguay porque las importaciones para 1975 ya 
estaban planificadas como consecuencia de compromisos contraídos con 
anterioridad, agregando que este año no se había firmado por la urss 
ningún nuevo compromiso de compra con ningún país, salvo pequeñas 
cantidades con los países socialistas y que, probablemente tampoco se 
firmara ninguno, limitándose las adquisiciones al cumplimiento de lo ya 
acordado previamente”/ 2055 

La represión al Partido Comunista, que avanzó con la consolidación 
de la dictadura cívico-militar, erosionó las relaciones pero nunca al punto 
de la fractura. El 9 de agosto de 1978 el encargado de negocios Ricardo 
Williams -ese año de Posadas Montero dejó Moscú por Buenos Aires- 


(204) Nota número 03/75C, asunto: “Repercusiones liberación y llegada urss, Sr. 
Arismendi”, Moscú, 16 de enero de 1975. En Archivo mrree. 

(205) Nota número 16/75C, Moscú, 28 de julio de 1975. En Archivo del mrree. 


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Virginia Martínez 


envió un balance al ministro de Relaciones Exteriores Alejandro Rovira. 
En él atribuye el distanciamiento y el enfriamiento de la relaciones al 
cierre del icus y a la ilegalización del Partido Comunista. (206) 

La Unión Soviética siguió comprando carne y lana a Uruguay pero 
el intercambio cultural quedó anulado y las relaciones diplomáticas se 
estancaron. Luego de la partida de de Posadas Montero, Uruguay tardó 
dos años en acreditar embajador en Moscú. Williams recomendó que un 
encargado de negocios siguiera atendiendo los intereses del país pues el 
nombramiento de un diplomático de mayor jerarquía sería interpretado 
como una “clara victoria diplomática soviética”. 

Del intercambio de informes y notas entre Montevideo y la Emba¬ 
jada en Moscú surge que sus funcionarios tenían instrucción de mantener 
el vínculo diplomático en un marco estrictamente protocolar y que no 
tenían mayor contacto con la sociedad soviética. La tarea principal de 
embajadores y encargados de negocios parece concentrarse en relevar, 
recortar, traducir, comentar y enviar a Montevideo artículos de prensa 
sobre la situación política de Uruguay. Una noticia de Pravda o Izvestia, 
la transcripción de un artículo aparecido en Bohemia, Granma o en diarios 
europeos, la declaración de una organización obrera internacional a favor 
de la libertad de un dirigente comunista uruguayo, una entrevista de la 
televisión local a Arismendi, tal es la materia principal de la correspon¬ 
dencia salida de la Embajada en Moscú. 

A partir de 1981 hay un cambio de atmósfera, que anuncia cierta 
distensión: el canciller soviético Andrei Gromiko envía un telegrama 
de saludo cuando asume su par Estanislao Valdés Otero, el gobierno 
uruguayo autoriza la actuación de un circo soviético en Montevideo y 
funcionarios soviéticos trasmiten el interés de su país en celebrar acuerdos 
de cooperación técnica con Uruguay. 

Al año siguiente Juan Pedro Amestoy (207) presentó credencia¬ 
les como embajador. A principios de 1983 envió a Montevideo una 
memoria balance. En ella no califica las relaciones bilaterales de 
frías, como en antiguos informes, sino que habla de un “respetuoso 
distanciamiento”. (208) Destaca el crecimiento de las exportaciones uru- 


(206) Nota número 098/78C Asunto: Ref. Circular enviada el 9 de agosto de 1978 por 
el encargado de negocios Ricardo Williams. En Archivo del mrree. 

(207) Juan Pedro Amestoy (1925-2010). Diplomático y político del Partido Colorado. 
Embajador en Moscú entre 1982 y 1987. 

(208) Relación de actividades de la Embajada de Uruguay en urss durante el año 1982. 


158 




Los rusos de San Javier 


guayas; “Uruguay mantúvose al igual que en el año 1981, como el tercer 
proveedor de América Latina a la Unión Soviética, incrementándose las co¬ 
locaciones tradicionales, como lana, por ejemplo, y agregándosele nuevos 
productos tales como manteca, mantas, cueros, etc. los que entraron en este 
mercado luego de años en que no habían sido objeto de transacciones”. (209) 

La distancia política e ideológica que separaba a los dos gobiernos, 
en cambio, no podía disimularse, ni comportarse como los productos de 
exportación. Un asunto sensible para la diplomacia soviética -el futuro 
del icus- reaparecía en los contactos oficiales; “No ha faltado ocasión 
que algún funcionario de ese Ministerio [Relaciones Exteriores] no haya 
planteado, a modo de buceo, sobre las perspectivas de reorganizar aquel 
instituto y ponerlo a funcionar nuevamente. Carente de instrucciones pre¬ 
cisas al respecto, la Misión ha eludido cortésmente brindar una posición 
definida sobre el tema”. 

Las menciones a Uruguay en la prensa, a las que tanta importancia 
daba la Embajada, no quedaron fuera de la consideración de Amestoy. En 
este punto el embajador también percibió signos de distensión: “... en el 
correr del año 1982 la agresividad verbal esgrimida aquí a través de los 
medios de comunicación en la segunda mitad de la década anterior ha ido 
diluyéndose paulatina pero claramente”. En opinión del informante, hasta 
la prédica de Arismendi acompasaba el mencionado apaciguamiento: 
“.. .en los últimos tiempos sus intervenciones públicas han disminuido y 
aun en caso de producirse, han tenido como objetivos otros temas y sin 
mayores referencias o denuncias destinadas a Uruguay, lo que parecería 
orientado en misma y paralela línea que la prensa en general”. 

Un aspecto particular de la política soviética hacia América Latina 
es su posición frente a las denuncias por violación de los derechos hu¬ 
manos de las dictaduras del continente. En este punto, como en los otros 
reseñados, la bibliografía sobre el caso argentino también es extensa. La 
Unión Soviética nunca condenó a la dictadura argentina, por el contrario 
tuvo una participación activa para evitar que esta fuera censurada en la 
onu. En 1978 el gobierno argentino acordó con el soviético que cada 
año sus cancillerías debían consultarse antes de la sesión de la Asamblea 


Sin fecha. En Archivo del mrree. 

(209) Amestoy cita las exportaciones en esos rubros de las sociedades anónimas La 
Aurora, Alpargatas, Midobers y de Conaprole. 


159 



Virginia Martínez 


General de la onu. En 1977, la urss había votado tres veces contra la 
inclusión de Argentina como país a ser investigado por la Comisión de 
Derechos Humanos. Yen 1981 volvió a votar en contra junto a Rumania 
cuando la onu finalmente aprobó la resolución. (210) 

La experiencia de Mikoyan como analista y representante sovié¬ 
tico en congresos internacionales confirma la postura de su país: “Las 
autoridades de Moscú eran muy prudentes en las evaluaciones políticas 
sobre los regímenes del Cono Sur y el Departamento Internacional no 
permitía ataques directos a esos gobiernos en las publicaciones acadé¬ 
micas. En las conferencias internacionales, la delegaciones soviéticas 
tenían prohibido tener contacto con montoneros ni votar resoluciones 
condenando la sangrienta represión de regímenes como el de Videla o 
el gobierno brasileño”/ 210 

En 1980 Uruguay fue incluido como país a investigar por la Co¬ 
misión de Derechos Humanos de la onu. La dictadura atribuyó gran 
importancia a esa batalla diplomática y organizó una campaña, a la que 
El País se sumó con una prolongada cobertura, para que la población 
enviara cartas al secretario general de la onu. Las cartas, expresión de 
las vivencias de la gente común, debían trasmitir la realidad del país: 
la seguridad en el trabajo y el estudio, la unidad de la “Gran Familia 
Oriental”, etcétera. (212) 

La Embajada uruguaya en Moscú se preocupó por la aparición en 
Pravda de artículos críticos con la situación de los presos políticos, y 
temió que ello fuera un adelanto de la posición soviética en Ginebra. 
Por ello, el encargado de negocios Rodolfo Invemizzi Arena solicitó 
al gobierno “una consideración obejtiva del tema, aportándoles a tales 
efectos, material con que nuestra Delegación ha de trabajar en la reunión 
de Ginebra”. 

Tras analizar la documentación recopilada, el grupo de trabajo de 
la Comisión de Derechos Humanos de onu propuso una declaración que 


(210) Ver Sofía Lamberto, “El largo amorío de la dictadura argentina con la urss”, 
Argenpress, julio de 2006. (versión en línea). 

(211) Sergo Mikoyan, op. cit., pag. 31. 

(212) El director del liceo militar número 5 de Colonia coronel Rodolfo Quintana 
participó activamente de la campaña. Sugirió modelos de texto y una mención final para 
todos: “Deseo que esta carta sea publicada como documento oficial de la próxima reunión de 
la Comisión de Derechos Humanos y que la misma sea utilizada como documento de dicha 
reunión”. En marzo la DfNARP informó que habían llegado a Ginebra más de diez mil cartas. 


160 




Los rusos de San Javier 


expresaba preocupación por la situación de los derechos humanos en Uru¬ 
guay y recomendó la designación de un relator especial de la Comisión que 
realizara “un estudio a fondo de la situación de los Derechos Humanos en 
el Uruguay” y presentara un informe a la Comisión en el siguiente período 
de sesiones. La delegación argentina asistió a su par uruguaya con la formu¬ 
lación de una enmienda -finalmente aprobada- que atenuaba la exigencia 
del estudio de campo al suprimir al relator especial. La urss votó contra la 
enmienda junto a otros siete países, entre los que estaban Bulgaria, Cuba, 
Mongolia, Panamá y Bielorrusia. (213) 

Al año siguiente, la Comisión volvió a aprobar una resolución 
confidencial que dejó abierto el caso Uruguay. La resolución estimó que 
el informe presentado por el Secretario General “podría haber sido más 
amplio”, y lo instó a que en el cumpliento del mandato de investigación 
tuviera en cuenta no solo la información del gobierno sino también la 
de “otras fuentes pertinentes”. Esa ampliación de las fuentes, iniciativa 
de la delegación de Cuba y de Dinamarca, contó con el voto favorable 
de la urss. La delegación soviética también respaldó -y se aprobó- una 
segunda enmienda cubana que introdujo una cláusula irritante para los 
diplomáticos uruguayos pues recordaba la reciente derrota en las urnas 
del intento de legitimar al régimen con el voto ciudadano: “.. .en el Uru¬ 
guay, a través de un plebiscito se ha produccido una clara expresión de la 
voluntad popular en contra de las limitaciones impuestas a los derechos 
individuales y colectivos.. .” (214) 

La delegación argentina, en un nuevo intento de apoyar al gobierno 
uruguayo, propuso que en el siguiente período de sesiones la Comisión 
diera por terminado el estudio del caso Uruguay. Estados Unidos, Canadá 
y Portugal votaron por la propuesta, no aprobada. 

Según el informe de la delegación uruguaya en Ginebra aunque 
las correcciones introducidas en la resolución no eran graves, sí reve¬ 
laban “las dificultades que encontramos todavía en la tarea de restaurar 
la imagen del país que una propaganda incesante y bien orquestada ha 


(213) Informe Confidencial número 1/80 xxxvi Período de la Comisión de Derechos 
Humanos. 16 de junio de 1980. En Archivo del mrree. 

(214) Memorándum confidencial. Decisión relativa a Uruguay adoptada en el xxxvn 
período de sesiones de la Comisión de Derechos Humanos del Consejo Económico y Social 
de Naciones Unidas. 25 de marzo de 1981. En Archivo del mrree. 


161 



Virginia Martínez 


seguido empañando”. (215) 

Sorprende que la urss, que respaldó las enmiendas, luego no haya 
participado en la votación final que el 5 de marzo de 1981 aprobó la 
resolución con las enmiendas. 

En marzo de 1982 volvió a examinarse a Uruguay en la Comisión. 
En la documentación del Archivo del Ministerio de Relaciones Exterio¬ 
res no consta cómo votaron los países en esa ocasión. Hay un informe 
enviado por la delegación uruguaya que pide instrucciones para negociar 
apoyos en la Comisión: “1. Esta mañana delegación de la urss se nos 
acercó haciendo referencia a conversaciones mantenidas con Director 
Política Exterior con su Embajador en esa. Si bien se trató de un contacto 
preliminar, nos insinuó la posibilidad de apoyamos en caso Uruguay a 
cambio [de] nuestro respaldo en caso República Democrática Alemana. 
2. Si esta fórmula prosperara, urss buscaría apoyo [en] sus países ami¬ 
gos para Uruguay”. (216) En el mismo documento, la delegación también 
informa de gestiones reservadas realizadas por Estados Unidos con Di¬ 
namarca y los Países Bajos para aclarar informaciones negativas sobre 
Umguay, y también con otros países, para lograr respaldo a la posición 
del gobierno uruguayo. 

Parece claro que la solidaridad internacional de la urss con los 
perseguidos políticos latinoamericanos, incluso con los de su partido, 
fue prudente. Por un lado, al no ser signataria de los convenios interna¬ 
cionales sobre asilo, las puertas de la Embajada soviética en Montevideo 
estuvieron cerradas para quienes buscaban refugio político. (217) La urss 
tampoco fue un país abierto a recibir exiliados. La historiadora Ana 
Buriano define la política hacia el exilio uruguayo como restrictiva, 
respecto a la cantidad de personas que la urss estaba dispuesta a recibir, 
y selectiva en relación a la procedencia política del emigrado: “El exilio 
uruguayo en la urss fue comunista y estuvo conformado por cuadros de 
dirección y medios de los distintos sectores partidarios”. (218) En un cálculo 


(215) Informe número 37 de la delegación uruguaya. Ginebra, 5 de marzo de 1981. 
En Archivo del mrree. 

(216) Informe número 15. 9/1982. Asunto 38 período de Sesiones Comisión Derechos 
Humanos. Situación Uruguay. Negociaciones en la Comisión. En Archivo del mrree. 

(217) José Pacella me refirió el caso de un militante comunista, cuyo nombre prefirió 
reservarse, que había ingresado a la Embajada soviética en Montevideo. Inmediatamente 
personal de la Embajada tomó contacto con autoridades del Partido para acordar su salida 
de la sede diplomática. 

(218) Ana Buriano, urss: paradojas de un destino en (Dutrénit Bielous, Silvia (coord.), 


162 



Los rusos de San Javier 


estimativo la autora cifra en unas 60 las personas que llegaron a la urss 
luego del golpe de Estado y hasta el fin de la dictadura. 

Más allá de las gestiones realizadas en relación a Arismendi, el 
futuro del icus u otros temas de interés, no hubo expresiones públicas 
oficiales sobre Uruguay durante el período. Las actuaciones del gobier¬ 
no soviético, enfáticas o protocolares, siempre fueron reservadas. Dice 
Invemizzi: “En ninguna circunstancia hasta la fecha se han conocido 
manifestaciones o declaraciones de parte de gobernantes, dirigentes del 
partido o funcionarios públicos de cualquier jerarquía acerca de nuestro 
país”. (219) 

Tampoco las hubo cuando los comunicados de la dinarp catalogaron 
a la Universidad Patricio Lumumba de centro de entrenamiento militar 
guerrillero. El pragmatismo de la política exterior soviética y la certeza 
de que “los gobiernos, tarde o temprano, serían reemplazados por otros o 
cambiarían sus posiciones”, como afirma la fuente diplomática anónima 
de Isidoro Gilbert, con seguridad explican el silencio. 

En cualquier caso la política de la Unión Soviética estuvo lejos del 
ardiente compromiso con la libertad que trasmite un comunicado del 
Comité Ejecutivo del Partido Comunista uruguayo de junio de 1975: “la 
campaña mundial de solidaridad con el pueblo uruguayo, por sus liber¬ 
tades, contra las prisiones y torturas, que lógicamente tiene su más alta 
expresión en la urss y los países socialistas, abarca a todos los países de 
la tierra y a Parlamentos y organizaciones políticas y sociales que nada 
tienen que ver con el movimiento comunista internacional”.' 2201 


El Uruguay del exilio. Gente, circunstancias, escenarios, (Montevideo, Trilce, 2006), pág. 
267. La autora señala otras características del magro exilio uruguayo en la urss: el exiliado 
no llegaba allí por elección propia sino como resultado de un proceso de selección que, en la 
mayoría de los casos, realizaba personalmente Arismendi. Una restricción suplementaria, esta 
impuesta por el país de acogida, excluía a Moscú como ciudad de residencia. 

(219) Aerograma enviado por Rodolfo Invemizzi Arena. Moscú, 21 de agosto de 1980. 
En Archivo mrree. 

(220) La resistencia la dictadura 1973-1975 Tomo I Cronología documentada (Mon¬ 
tevideo, Editorial Problemas, 1989), pág. 250. 


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Grito del final 


El 24 de julio de 1981 Esteban Gilsov, Jorge Gurin y Vladimir Ros- 
lik salieron en libertad. Las mujeres de los tres esperaban en las afueras 
del Penal. Habían pasado quince meses desde el día que los detuvieron. 

Como todos los presos liberados en dictadura, Roslik quedó bajo 
libertad vigilada. Una vez por semana tenía que presentarse en la co¬ 
misaría y no podía salir de la colonia sin autorización. Tras dos meses 
de gestiones la justicia militar le permitió volver a ejercer la profesión. 
El consultorio se llenó de pacientes; los más fieles se habían resistido 
a consultar al doctor Voelker en el año y medio que duró su ausencia. 

Para celebrar los nuevos tiempos y alejar el recuerdo de las priva¬ 
ciones pasadas, Mary propuso que se hicieran una foto vestidos de gala. 
El mural, que aún está en el salón de su casa en Paysandú, muestra a la 
pareja tomada de la mano, mirándose a los ojos. Ella de vestido largo, 
ceñido a la cintura; él de traje y corbata. 

Mary había decidido que cuando saliera el marido le plantearía una 
idea madurada durante su prisión: quería tener un hijo. Según ella Vladi¬ 
mir postergó todo lo que pudo la decisión pero se sintió inmensamente 
feliz cuando supo que estaba embarazada. Gran jugador de conga y de 
lotería, empezó a apostar con pacientes y amigos cuál sería el sexo del 
bebé. El 22 de noviembre de 1983 nació Valery. La paternidad transformó 
a Roslik. Aunque cargaba las secuelas de la cárcel y el miedo de saberse 
bajo vigilancia, el niño le dio fuerza y alegría. Con el orgullo a veces 
empalagoso que inunda a los padres tardíos, llevaba al bebé al Centro 
Bar, lo mostraba a los pacientes, se paseaba con él en brazos. 

Pocos días después del nacimiento de Valery tuvo lugar el acto 
del Obelisco. Cuatrocientos mil uruguayos convocados por los partidos 
políticos y las organizaciones sociales se reunieron bajo el lema “Por un 
Uruguay democrático sin exclusiones”. Más de cien dirigentes políticos, 
sindicales y de organizaciones de derechos humanos estaban presentes en 
el estrado donde Alberto Candeau leyó una proclama exigiendo eleccio- 


165 



Virginia Martínez 


nes libres. “La victoria está próxima y es segura”, anunció la voz grave 
y solemne del primer actor de la Comedia Nacional. 

La concentración del Obelisco fue la culminación de las moviliza¬ 
ciones antidictatoriales que ese año ganaron la calle. El I o de mayo se 
había realizado el primer gran acto que puso fin a diez años de silencio del 
movimiento obrero. Convocado por el Plenario Intersindical de Trabaja¬ 
dores (pit), el renacido movimiento sindical pidió libertad, trabajo, salario 
y amnistía. Setiembre fue el mes de los estudiantes. La Asociación Social 
y Cultural de Estudiantes de Enseñanza Pública (asceep) terminó una 
semana de movilizaciones con una marcha multitudinaria. En el estadio 
Luis Franzini exigieron libertad de agremiación, elecciones universitarias 
y el cese de la Intervención. Caceroladas y apagones en Montevideo y 
el interior del país elevaron el volumen de la protesta. 

En mayo comenzó en el Parque Hotel el diálogo entre las Fuerzas 
Armadas y los partidos habilitados, para llegar a un acuerdo político. 
Indiferentes a la derrota de noviembre de 1980, los militares desempol¬ 
varon el proyecto constitucional que el voto ciudadano había rechazado. 
Volvieron a hablar de la infiltración del marxismo en los sindicatos y en la 
enseñanza, de la necesidad de preservar la seguridad nacional de ataques 
exteriores e interiores y de la misión tutelar de las Fuerzas Armadas. 

El año 1983 fue de movilización en la calle y de creciente entusias¬ 
mo antidictatorial. También lo fue de represión. Cada avance se compen¬ 
saba con una marcha atrás. En junio las Fuerzas Conjuntas informaron 
que la “paciente y ardua” labor de sus organismos de Inteligencia había 
permitido destruir una célula comunista enquistada en los estudiantes 
universitarios. La dnii detuvo a 25 muchachos. Hubo golpes, picana y 
violación a las mujeres. El Servicio de Paz y Justicia (serpaj) denunció 
las torturas a los estudiantes. 

Al cabo del séptimo encuentro en el Parque Hotel el diálogo político 
se cortó. El 2 de agosto el ministro del Interior general Hugo Linares 
Brum anunció la suspensión, por tiempo indeterminado, de las activi¬ 
dades políticas. Días después el Poder Ejecutivo ilegalizó al serpaj. El 
comunicado de clausura denunciaba que el Servicio recibía apoyo de 
Amnistía Internacional, institución infiltrada por el marxismo leninismo 
y enemiga del país. 

Al cierre del serpaj siguió la clausura definitiva de ex 30 La Radio. 
Su director, José Germán Araújo, inició una huelga de hambre hasta que 
el gobierno levantó la prohibición. 


166 




Los rusos de San Javier 


A mediados de agosto un decreto impuso la censura previa de la 
prensa. La medida estaba dirigida a los semanarios colorados, blancos y 
de izquierda que circulaban por entonces. Voces alternativas, de franca 
oposición política, las publicaciones también reflejaban la necesidad de 
libertad cultural y de opinión que crecía en la sociedad. Reseñaban la 
obra de autores nuevos o prohibidos; rescataban filmografías olvidadas 
e intentaban abrirse al mundo de la creación en un país aplanado por la 
cultura oficial, gris y cuartelera. 

A comienzos de 1984 el Poder Ejecutivo ilegalizó al pit por su vin¬ 
culación ideológica con la Convención Nacional de Trabajadores (cnt) 
y prohibió informar sobre paros y movilizaciones obreras. En marzo 
salieron en libertad dos presos políticos ilustres, José Luis Massera y el 
general Líber Seregni. 

En ese clima político marcado por avances populares y contramar¬ 
chas oficiales comenzó a gestarse un nuevo operativo contra San Javier. 
El 10 de abril, los vecinos vieron llegar a la colonia a una camioneta 
Brasilia de color blanco con hombres vestidos de civil que durante todo 
el día recorrió las calles del pueblo. Roslik los reconoció de inmediato: 
era gente de Inteligencia del Batallón de Fray Bentos. El día anterior 
había reaparecido en San Javier un personaje conocido y no por su buena 
reputación. El brasileño Antonio Pires da Silva, a quien todos llamaban 
Café-Café , hablaba mal español y, según los vecinos, era un borrachín 
aspaventoso que no descartaba el robo si se presentaba la oportunidad. 
A principios de la década del setenta había vivido en San Javier con su 
familia. El padre alquiló una casa frente a la sabraña, donde abrió un 
estudio de fotografía. En 1978 Pires se fue con la familia a San Francisco 
de Asís y nadie había oído hablar más de él. En esos días volvió a la 
colonia sin que se supiera qué lo traía por allí. 

“Mi padre murió poco tiempo después de que nos fuimos de San Javier. 
En esa época, me enamoré de una viuda y me fui a vivir con ella. Teníamos 
un puesto en la calle, de venta de ropa y calzado. Luego nos separamos y 
como yo estaba muy mal, para distraerme del problema amoroso, decidí 
volver a Uruguay. Me fui caminando de Rivera a Tacuarembó, de ahí seguí 
a Paysandú, luego a Young y a San Javier”, relata Pires. (221) 


(221) Entrevista a Antonio Pires da Silva Júnior. Montevideo, 5 de agosto de 2008. 

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Virginia Martínez 


De acuerdo al testimonio que dio al Movimiento de Justicia y De¬ 
rechos Humanos de Porto Alegre, Pires llegó a San Javier la mañana del 
9 de abril. Almorzó con Basilio Jacina, quien le contó que su hijo Carlos 
estaba preso, y le pidió que se fuera del pueblo. Sin embargo, Pires se que¬ 
dó en la colonia y buscó a viejos amigos, entre ellos a Esteban Balachir. 

En la noche, llegó al bar de la Cooperativa donde encontró a Roslik 
jugando a la conga con el juez de paz, dos policías y otros parroquianos. 
Como años antes el médico había atendido a su padre, Pires le pidió que 
le hiciera un certificado para probar que el hombre padecía demencia 
senil. Se proponía recuperar unos terrenos que el padre había malvendido 
y pensaba que el documento le serviría para anular el contrato, que él 
estimaba fraudulento. 

Durmió en una construcción medio derruida donde había funcionado 
una pensión y al día siguiente un vecino le avisó que debía presentarse 
en la comisaría. Allí lo recibieron un sargento y el cabo con quien la 
noche anterior había estado jugando a las cartas en el bar. Dos hombres 
de civil que se identificaron como del servicio de Inteligencia, lo enca¬ 
pucharon y lo sacaron de la comisaría tapado con una lona. Le dijeron 
que lo trasladaban al consulado brasileño de Paysandú. En realidad iban 
al cuartel de Fray Bentos. El interrogatorio y la tortura comenzaron 
antes de llegar al Batallón. Pararon el auto en la ruta, lo hicieron bajar 
y empezaron a golpearlo. Le preguntaron dónde se escondían las armas 
y cuál era su vinculación con la célula subversiva que operaba en San 
Javier. Le partieron la boca y le volaron un diente. 

En el cuartel la tortura continuó con picana y submarino. El 12 de 
abril lo llevaron a Puerto Viejo. El jefe del comando militar ordenó a 
los subalternos excavar en busca de armas y a Pires le mandó hacer una 
zanja ancha y profunda. “Cavé más, porque si no la cabeza te va a quedar 
afuera”, le dijo, con soma, el uniformado. En ese momento supo que el 
hombre que daba las órdenes era el mayor Sergio Caubarrere, conocido 
como La Pocha. 

Después se lo llevaron a la chacra del viejo Basilio Jacina. Cauba¬ 
rrere volvió a preguntarle por las armas y quiso que Pires confesara que 
en las inmediaciones -un terreno que se parecía a un bañado- estaba el 
campo de aterrizaje donde se descargaba el armamento que llegaba del 
extranjero en avionetas. 

Ese mismo día, en el Penal de Libertad, Víctor Macarov, Aníbal 
Lapunov, Miguel Schevzov, Pepe Bozinsky y Vladimir Roslik Dubikin 


168 




Los rusos de San Javier 


recibieron la orden de juntar sus cosas. Se iban en libertad. “Nos tu¬ 
vieron todo el día esperando. A la noche todavía no habíamos comido 
nada sólido. Estábamos nerviosos pero no decíamos nada. A esa altura 
ya éramos máquinas perfectas. Cada uno tenía su farmacia propia. Yo 
escondía pastillas de psicofármacos en la costura del mameluco. Cuando 
la emoción empezó a trabajar me mandé la primera media pastilla y seguí 
tomando de a poco durante todo el día”, dice Lapunov. 

Los liberaron tarde en la noche del 13 de abril. Dejaban el Penal 
tras cuatro años de prisión. En la cárcel quedaban Carlos Jacina, Miguel 
Roslik y su hijo Víctor. A medianoche llegaron a Tres Bocas donde los 
esperaban madres y hermanos. Ignoraban que al día siguiente Jacina 
también recibiría la orden de preparar sus cosas. Pero no para salir en 
libertad; se lo llevaron al cuartel de Fray Bentos. 

Lo primero que hizo Lapunov fue ir a casa de Roslik: “Entré al 
pueblo, crucé la plaza y me fui a visitarlo. Desde el Penal yo estaba 
flechado con eso. Tenía que conocer al hijo de ‘ Valodia’. Para nosotros 
el nacimiento del niño era como un símbolo. Siempre pienso que si no 
hubiera ido en ese momento no lo veía más”. 

La noche del 15 de abril, el matrimonio Roslik volvió tarde a casa, 
luego de un cumpleaños familiar. De madrugada oyeron ruido de mo¬ 
tores, gritos y corridas en el jardín. Vladimir se incorporó, se calzó las 
alpargatas y salió a abrir la puerta. Dos uniformados, el capitán Daniel 
Castellá y el teniente Rodolfo Costas, venían por él. 

Mary pidió que los dejaran despedirse: “Él no me podía abrazar 
porque estaba esposado. Lo abrazaba yo. Lo primero que pedí fue para 
abrigarlo porque estaba así nomás de alpargatas. Me dijeron que sí, y 
yo ligerito le puse los zapatos, las medias en el bolsillo y un cardigan 
por arriba que, como estaba esposado, no se lo pude poner bien. Ahí 
empezamos a llorar los dos. Y a preguntar qué habíamos hecho, por 
qué siempre se la agarraban con nosotros... Y él empezó a gritar, ‘otra 
vez no, otra vez a lo mismo no, no y no’ [...] la cara, pobrecito, ni se la 
miré porque trataba de abrigarlo pensando en todo lo que pasó en el 80. 
Entonces me quedó apuntando uno con una metralleta y me dijo que no 
me moviera de la pieza”. (222) 

Los uniformados revisaron la vivienda, hurgaron en la ropa de Va- 
lery y preguntaron si había armas en la casa. De allí siguieron a la casa 
del director del liceo Román Klivzov y del camionero Pedro Marzeniuk, 


(222) Jaque, 27 de abril de 1984. 


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Virginia Martínez 


el hombre que días antes había dado un aventón a Pires da Silva en las 
afueras de la colonia. 

Cuando por fin quedó sola, Mary corrió a la comisaría a alcanzar 
la cédula de identidad a Vladimir. Perpleja, como si la detención tuviera 
motivo, preguntó: “¿Es por algo que hizo ahora?”. Le respondieron que 
se trataba de algo anterior a 1980. Quiso que lo asistiera un abogado 
pero le informaron que el detenido estaba incomunicado. Que ya le 
darían noticias. 

Sara Kijktenko se estremeció al oír los golpes en la puerta. Su marido, 
en cambio, salió a abrir convencido de que no podía ser más que un allana¬ 
miento de rutina: “La dictadura estaba liquidada, la apertura era inevitable. 
‘No puede ser nada muy grave’. Exactamente eso fue lo que pensé”, recuerda 
Klivzov. Lo encapucharon y lo arrastraron hasta un camión donde estaban 
Marzeniuk y otros dos detenidos, Esteban Balachir y el viejo Jacina. A las 
cinco de la mañana del día siguiente detuvieron a Juan Chimailov. 

Todos marcharon al cuartel de Fray Bentos. Los recibió y exami¬ 
nó el doctor Eduardo Sáiz e inmediatamente comenzó el ablande. “El 
domingo me tuvieron todo el día arrodillado como niño en penitencia”, 
dice Klivzov. El lunes me llevaron encapuchado hasta una habitación. 
Por la capucha pude ver una bolsa grande en el piso. Una voz gritó: 
‘Todavía no lo traigan’. Después alguien dijo: ‘Ya liquidamos a uno”. 
Klivzov supuso que el comentario formaba parte del conocido ritual de 
intimidación previo al interrogatorio. Le sorprendió que le preguntaran 
con qué medico se atendía. Ignoraba la detención de Vladimir y, por otro 
lado, hacía tiempo había dejado de ir a su consultorio por temor a que 
el hecho lo perjudicara. “Tu nombre está en una lista que encontramos 
en la casa de Roslik”, le dijeron. La mención le dejó la sospecha de que 
quizá también él hubiera caído pero no pudo confirmarlo. 

Mientras tanto, en el sótano del cuartel interrogaban a Pires y a 
Roslik. “No tenés salida. Vos y el brasilero están metidos en la entrada 
de armas al país y en grupos revolucionarios”, le decían. “No tengo nada 
que ver con las acusaciones que me hacen. Es la segunda vez que caigo 
en las manos de ustedes, me pueden matar si quieren”, respondió Roslik. 

Chimailov recuerda los gritos del médico durante el interrogatorio 
y dice que si el cuartel no estuviera en las afueras de Fray Bentos, los 
alaridos habrían resonado en el centro de la ciudad. (223) 


(223) Udaquiola, op. cit., pág. 87. 


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Los rusos de San Javier 


De pronto el grito se volvió silencio. La voz se apagó. No se escu¬ 
chaban ni gemidos. Un militar dio orden de parar la tortura. Devolvieron 
a Pires a la celda y esa noche lo dejaron dormir sin capucha ni esposas. 

Los torturadores llamaron a Sáiz, que estaba en la enfermería del 
cuartel. Cuando el médico llegó, encontró al enfermero sargento prime¬ 
ro Agustín García, intentado reanimar a Roslik con masaje cardíaco y 
respiración boca a boca. Inútil. Estaba muerto. 

Inmediatamente el comandante del Batallón teniente coronel Mario 
Olivera se comunicó con el Jefe de la División Ejército iii general Hugo 
Medina y el comandante de la Brigada de Infantería número 3 de Salto 
coronel Rubén González para pedir instrucciones. A las tres de la mañana 
el juez militar coronel Carmelo Bentancourt ordenó que Saiz hiciera la 
autopsia y se entregara el cuerpo a la familia. Dos horas después, un 
comando militar cercó el Hospital de Fray Bentos y depositó el cuerpo 
en la morgue. 

Aunque Saiz no era forense, en ausencia del médico titular, acató 
la orden del juez militar. El enfermero Agustín García, el policía Luis 
Cardozo y el teniente Ivo Dardo Morales, torturador de Roslik en 1980, 
estuvieron presentes en la pericia. 

“La autopsia no muestra más que signos leves e inespecíficos de 
asfixia, sin violencia, compatibles con una muerte por paro cardíaco res¬ 
piratorio”, anotó Sáiz como resumen del protocolo. Acababa de firmar el 
primer y principal documento, no el único pues a ese le siguieron otros 
-comunicados y declaraciones militares- que la dictadura iba a usar para 
respaldar la mentira del caso Roslik. 

Cuando la situación en el cuartel estuvo, al menos provisoriamente, 
bajo control, la tortura recomenzó. “Me taparon los ojos con algodón y 
me vendaron. Yo creí que me iban a fusilar. Me tendieron esposado boca 
abajo en una plataforma móvil. Empezó la picana. Me preguntaban por 
las armas y me dijeron que el brasileño ya había confesado que ‘ Valodia’ 
trasladaba armas en una motoneta Zanella. Después inclinaron la plata¬ 
forma. Era la hora del submarino”, dice Klivzov. La noche del martes 
17 habló por primera vez, a cara descubierta, con un militar: “¿Cuándo 
me vuelvo a San Javier?” preguntó. “Esta vez no va a ser tan rápido”, 
respondió el uniformado. 

Klivzov no puede identificar a los hombres que lo interrogaron. 
No los vio ni los oyó nombrar. Tampoco vio a los otros presos, excepto 
a Balachir. La circunstancia que los reunió todavía le provoca tristeza: 


171 



Virginia Martínez 


“Balachir estaba en una pieza oscura, medio en penumbra, sentado a la 
mesa, con un vaso de vino. Siempre le había gustado el trago. A su lado, 
había un oficial. ‘Decile lo que nos dijiste a nosotros’, ordenó el militar. 
‘Que traíamos armas’, respondió Esteban. Yo lo insulté, le dije de todo, 
no quisiera repetir lo que dije aquella noche. Después, en el 13 de In¬ 
fantería, yo también terminé por aceptar que traficábamos armas y firmé 
todo lo que me dieron a firmar. Cuando volvimos a vemos, en el Penal 
de Libertad, nos perdonamos. Le dije que cuando saliéramos en libertad 
las puertas de mi casa estaban abiertas para él si dejaba de tomar. Hoy 
me da pena haberle dicho eso porque cuando salimos Esteban volvió al 
trago. Vivía solo y estaba muy mal. Murió poco tiempo después”. 

El jueves 18 los detenidos comparecieron en el Juzgado Militar de 8 
de Octubre y Jaime Cibils. De allí los trasladaron al Batallón de Infantería 
número 13 en camino de las Instrucciones. En los años más duros de la 
dictadura, ese cuartel fue conocido como “el Infierno grande”. Al fondo, 
en los galpones del Servicio de Materiales y Armamento, funcionaba el 
centro clandestino de detención “300 Carlos” donde las Fuerzas Armadas 
torturaron a cientos de hombres y mujeres. 


172 



Muerte sin violencia 


A las seis de la mañana del lunes 16 de abril Miguel Zabalkin llegó 
a la casa de la hija con la noticia: “Avisaron de la Comisaría que tenemos 
que ir a Fray Bentos a retirar el cuerpo de Vladimir”. Mary tuvo una crisis 
de nervios. Se derrumbó, lloró, hizo preguntas que no tenían respuesta, 
y partió al Hospital de Fray Bentos. Pidió que la dejaran ver a su marido 
por última vez: “Estaba vestido con el saquito que yo le había puesto por 
arriba. Tenía manchas de sangre en la camisa y la cabeza estaba envuelta 
con vendas, tipo pasamontañas. Me dijeron que ya le habían hecho la 
primera autopsia”. (224) 

Durante mucho tiempo, por temor a comprometerse y comprometer 
a otros, el matrimonio había vivido puertas adentro, acomodándose a la 
obligación de comparecer una vez por semana en la comisaría o en el 
cuartel. Vladimir salía poco, su único escape era ir a jugar a la conga 
al Centro Bar, a pocas cuadras de la casa, y por precaución hasta había 
regalado su escopeta de caza. Miraba televisión, lavaba el auto, arreglaba 
el jardín. Vida pequeña, pueblerina, bajo vigilancia. 

En el corredor del Hospital, Mary esperaba el certificado de de¬ 
función del hombre que hasta el día anterior estaba sano y con vida. De 
pronto, vio que Sáiz salía del edificio y corrió detrás de él: “lo agarré de 
sorpresa. ‘Usted es Sáiz’, le dije y lo señalé todavía con el dedo. Usted 
es el médico que atendió a mi marido en un infarto. Agachó la mirada y 
me dijo: Soy militar, no puedo hablar, no puedo hablar”. La desespera¬ 
ción la impulsó a seguirlo, gritándole: “Se les fue la mano en la tortura. 
Lo mataron”. 

Tuvo que esperar tres horas para que le entregaran el certificado 
que, además, estaba incompleto. Le faltaba el lugar, la hora y la causa 
de muerte. “Me habían dicho que había sido un infarto, pero quería 
convencerme por mí misma. Quería que atestiguara un médico de mi 
confianza”. 


(224) Jaque, 27 de abril de 1984. 


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Virginia Martínez 


Llamó al doctor Jorge Burjel, médico militar y buen colega de 
Roslik. Burjel le respondió que podía contar con él. Le aconsejó pedir 
que la nueva autopsia se hiciera en Paysandú y le dio su palabra de que 
el estudio tendría todas las garantías. 

Siguiendo su consejo, a media mañana Mary presentó la solicitud en 
el cuartel de Fray Bentos. “Ya le hicimos una autopsia para tranquilidad 
de conciencia de todos”, le dijo el militar que la atendió. La viuda insistió 
tanto que el hombre consultó a sus superiores. Finalmente el juez militar 
autorizó la nueva pericia. Dispuso que la realizara el médico forense de 
Paysandú, acompañado de Sáiz y en presencia de Burjel. 

A las cinco de la tarde, el médico comisario Aníbal Mojoli, el mé¬ 
dico de Unidad policial Adolfo Montauban, el médico supernumerario 
de Servicio Público Gonzalo Zuasti, los médicos de Sanidad Militar 
Eduardo Lalus y Eduardo Sáiz, y el representante de la familia Roslik, 
Jorge Burjel se encontraron en la morgue del cementerio de Paysandú. 

El acta de la segunda autopsia estableció como causa de muerte 
“Anemia aguda; síndrome asfíctico”. Los médicos dejaron constancia de 
que no habían podido examinar el primer protocolo y que desconocían las 
circunstancias en que había ocurrido el deceso. “No es posible, tratándose 
de una segunda autopsia en las condiciones reseñadas, determinar cuál 
de esos dos elementos, o bien su asociación lesional ha sido la causa 
última de la muerte”. (225) 

Ajuicio del médico forense Hugo Rodríguez, por aquel entonces 
estudiante de Medicina preso en el Penal de Libertad, aunque la con¬ 
clusión de la segunda autopsia sea muy breve, el informe es preciso y 
exhaustivo en la descripción de los hallazgos: “Constataron hematomas, 
golpes en el bazo y rotura del hígado. Eso provoca una gran hemorragia 
interna. Además encontraron contenido gástrico en la vía respiratoria, 
indicio de que pudiera haberse aspirado un vómito. Teniendo en cuenta 
esa descripción objetiva, quizá el resumen final pudo ser más contundente 
pero de ninguna manera es equívoco. No deja dudas”. (226) 

En la puerta del cementerio, aterida de frío, Mary esperaba el re¬ 
sultado. Burjel salió a su encuentro y la abrazó: “Lo único que te puedo 
decir por ahora es que hiciste muy bien en traerlo, que estuviste muy 


(225) Gregorio Martirena, Uruguay la tortura y los médicos, (Montevideo, Banda 
Oriental, 1986) pág. 38. 

(226) Entrevista a Hugo Rodríguez. Montevideo, 14 de mayo de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


acertada. ¿Me entendés, no?” (227) El resto de los médicos se fue casi sin 
cruzar palabra con ella. Tuvo que esperar una hora más para que le en¬ 
tregaran el cuerpo. A media noche llegaron a San Javier. 

Ese mismo día, temprano en la mañana, apenas abrió la central de 
teléfonos de la colonia, Ana María Roslik, sobrina de Vladimir e hija de 
Miguel, llamó a ex 30 para denunciar que en el cuartel de Fray Bentos 
habían asesinado a su tío. A su vez, Esteban Gilsov se comunicó con 
su hermana, que vivía en Suecia. Así, un llamado tras otro, la denuncia 
salió del país y empezó a circular. 

El periodista Roger Rodríguez y el fotógrafo Walter Crivocapich 
del semanario Convicción fueron los primeros en llegar a San Javier: 
“Parecía un pueblo fantasma. La calle principal estaba vacía. La gente 
espiaba detrás de las ventanas. Ahí todo el mundo tenía miedo; nosotros 
también pero a mí el miedo me generaba adrenalina y me hacía bombear 
el corazón. Ellos, en cambio, parecían congelados. Nos enteramos de 
que Mary estaba en Paysandú y allá nos fuimos a entrevistarla. Nos dio 
el resultado de la primera autopsia y nos informó que había una segunda 
en curso. La entrevista salió en la contratapa del semanario. El número 
siguiente publicamos un reportaje a Wilson Ferreira Aldunate y nos 
clausuraron definitivamente”. (228) 

El entierro fue la mañana del 17 de abril. Llovía a cántaros. Las 
calles de la colonia eran un barrial. El cortejo atravesó el pueblo en 
silencio, cargando a pulso el féretro. En el cementerio, ante los vecinos 
que la acompañaban, Mary dijo en voz alta y clara: “No podemos seguir 
viviendo así. No debemos seguir callando todo lo que nos está pasando. 
Por eso yo juro sobre el cuerpo de mi marido muerto que no descansaré 
hasta lograr justicia”. (229) 

Ese mismo día El País dio cuenta del operativo. Para informar, la 
prensa debía atenerse a la letra de los partes militares o dar las noticias 
conjugando los verbos en condicional. Así lo hizo el matutino: “En el 
marco de un operativo anti subversivo llevado a cabo días pasados en 
el litoral del río Uruguay, un incidente habría derivado en la muerte de 
un médico de origen ruso radicado en Colonia San Javier, en el departa¬ 
mento de Río Negro. La información, fragmentaria y confusa, no pudo 


(227) Udaquiola, op.cit., pág. 90. 

(228) Entrevista a Roger Rodríguez. Montevideo, 24 de abril de 2008. 

(229) La Democracia, 11 de mayo de 1984. 


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Virginia Martínez 


ser confirmada a nivel militar ni policial. No obstante varias agencias 
noticiosas internacionales enviaron al exterior -desde Montevideo- 
despachos sobre el tema, indicando que el muerto sería Vladimir Rosic 
[sic], de 41 años”. El diario consultó a una fuente militar, que admitió la 
existencia del operativo y agregó que la información oficial llegaría por 
“los cauces normales”, es decir a través de un comunicado militar. <230) 

Al día siguiente, el comandante en Jefe del Ejército teniente general 
Pedro Aranco confirmó que en una unidad militar había muerto un deteni¬ 
do a consecuencia de un paro cardíaco mientras estaba “en averiguaciones 
por presuntas maniobras terroristas”/ 230 Aunque habían transcurrido 
dos días del asesinato, uno del entierro y la noticia ya había recorrido el 
mundo, el comandante en jefe del Ejército no dio a conocer el nombre 
del muerto, ni mencionó la existencia de otros detenidos/ 2325 

El País informó que el procedimiento había estado a cargo del 
Batallón de Infantería número 9, de la División Ejército iii al mando del 
general Hugo Medina: “De acuerdo con informaciones cablegráficas 
y datos propios, las ff.aa. realizan desde hace tiempo un estricto con¬ 
trol de la zona en prevención del ingreso de terroristas procedentes de 
Argentina, así como de armamentos para procurar reactivar el aparato 
armado de la sedición”. 

La Comisión Nacional de Derechos Humanos declaró su preocu¬ 
pación ante “acontecimientos que el país juzgaba como absolutamente 
superados” y pidió una “urgente explicación pública por parte de las 
autoridades y la realización de una investigación exhaustiva”. (233) 

Cuatro días después, las Fuerzas Armadas seguían sin dar el nombre 
del muerto, ni información sobre el procedimiento. Sin embargo, el jefe 
de la División Ejército iv general José Sequeira estimó que era buen 
momento para adelantar cuál sería la actitud de las Fuerzas Armadas ante 
eventuales reclamos: “No queremos ni permitiremos revanchismos ya 
que las bajas pasiones no tienen cabida en quienes buscan el bienestar 


(230) El País, 17 de abril de 1984. 

(231) El País, 18 de abril de 1984. 

(232) Antonio Pires da Silva, Esteban Balachir, Grriurenko, Pedro Marzeniuk, Juan 
Chimailov, Basilio Jacina y Román Klivzov. 

(233) La comisión se constituyó después de la ¡legalización del serpaj con personas que 
provenían de todos los partidos políticos. La integraban Horacio Terra (presidente), Manuel 
Flores Mora (secretario), Rodolfo Canabal (vocal), Francisco Ottonelli, Alberto Zumarán, 
Adela Reta y Tomás Breña. 


176 




Los rusos de San Javier 


nacional. No necesitamos tutores para sostener principios de dignidad y 
protección a los derechos humanos”. (234) 

El 21 de abril la dinarp difundió el demorado parte oficial: “La 
reactivación de una agrupación subversiva vinculada al clandestino 
Partido Comunista que cuatro años atrás había operado en zonas del 
departamento de Río Negro, quedó al descubierto a partir de la captura 
de unos de sus miembros -requerido desde entonces- cuando en fecha 
reciente reingresó al país para tomar parte en tareas de introducción 
ilegal de armas desde el exterior. Se trata de Antonio Pires da Silva 
Júnior, un delincuente común que había escapado a territorio brasileño 
en 1980 cuando en el transcurso de operaciones anti subversivas rea¬ 
lizadas en la zona de Colonia San Javier, se desbarató una importante 
célula que reclutaba adeptos, impartía cursos de adoctrinamiento, daba 
clases prácticas de tiro, fabricaba y enseñaba a fabricar explosivos y 
equipos de comunicación e introducía clandestinamente armas desde 
la Argentina, que posteriormente eran ocultadas en distintos puntos del 
país. En aquella oportunidad se estableció que el accionar del grupo se 
había estado desarrollando desde tiempo atrás y por tales actividades la 
justicia dispuso el procesamiento de los siguientes conspiradores: Víctor 
Eduardo Macarov Slajus, Vladimir Roslik Dubikin, Ricardo Bozinski 
Schevzov, Miguel Víctor Schevzov Cichkov, Víctor Miguel Roslik 
Dubikin, Aníbal Lapunov Velichco, Carlos Alberto Jacina Leivas, Esteban 
Gislov Silchenko, Miguel Roslik Bichkov (asociaciones subversivas, 
atentado a la Constitución en el grado de conspiración), Vladimir Andrés 
Roslik Bichkov y Jorge Gurin Jlakin librándose la requisitoria sobre el 
mencionado Pires da Silva, y algunos otros elementos que lograron es¬ 
capar, componentes de la misma organización y con rol preponderante 
en la realización continuada de contrabando de armas”. 

“El pasado 10 de abril se materializó el reingreso al país, proce¬ 
dente de Brasil, de Pires da Silva, y su seguimiento permitió establecer 
la reanudación de viejos contactos con algunos de los componentes del 
grupo desbaratado en 1980, actualmente en régimen de libertad vigilada”. 

“Capturado el requerido, sus declaraciones dieron por resultado 
la detención de otros involucrados, algunos de la primera época y otros 
recién ingresados a la asociación, pudiéndose establecer en el curso de las 
investigaciones el origen, modo de introducción y posterior transporte y 


(234) El País , 19 de abril de 1980. 


177 




Virginia Martínez 


ocultamiento de las armas, en operaciones que incluían la utilización de 
lanchones y una avioneta y que eran supervisadas por Vladimir Roslik, 
con la colaboración de Esteban Balachir, Carlos Jacina Leivas y varios 
elementos más cuya participación efectiva en los hechos se investiga”. 

“En el curso de los careos realizados entre varios detenidos se pro¬ 
dujo el fallecimiento de Vladimir Roslik, ‘a causa de un paro cardíaco 
respiratorio sin muestras de violencia’, según el resultado de la autopsia 
que se le practicara por disposición del Juzgado Militar competente”. 

La dinarp atribuye a Pires da Silva-supuestamente requerido desde 
1980- la responsabilidad de reactivar la célula y actuar de enlace entre 
sus miembros. Sin embargo, el parte del 21 de junio de 1980 que había 
informado del operativo en San Javier y del procesamiento de once hom¬ 
bres no lo mencionaba ni tampoco que hubiera prófugos. La necesidad 
de apuntalar una mentira mayor -la subversión armada- y justificar el 
asesinato de Roslik obligó a la dinarp a colgarle a Pires un prontuario 
político que este nunca tuvo. 

El comunicado acusa a Roslik de supervisar, con el apoyo de Carlos 
Jacina, la introducción, el transporte y ocultamiento de armas. En este 
punto, a la mentira general se suma la incoherencia interna del parte: 
mal podía asistir Jacina a Roslik en actividades subversivas pues estaba 
preso desde hacía cuatro años en el Penal de Libertad. 

La dinarp afirma que individuos “recién ingresados a la asociación”, 
cuyos nombres omite, también participaban en las actividades subver¬ 
sivas. Sin embargo casi todos los detenidos -Marzeniuk, Gmurenko, 
Chimailov y Basilio Jacina- serán liberados por el juez militar. 

Lo más grave es que el comunicado ignora el resultado de la se¬ 
gunda autopsia e insiste en calificar de muerte no violenta al asesinato. 

Mientras en las oficinas de la dinarp se redactaba el parte, en el Ba¬ 
tallón de Infantería número 13 continuaban las torturas. La firma de los 
presos era imprescindible para sostener la versión oficial. “Fue el período 
más difícil. Lo peor fue oír la tortura a Carlos Jacina. Una noche vinieron 
a buscarme y me llevaron ante militares de grado. Fue la única vez que el 
interrogatorio no trató sobre armas. Querían saber cómo había llegado a la 
Dirección del liceo de San Javier”, dice Klivzov. 

Después de días de tortura, Klivzov aceptó las acusaciones: “Me 
dictaban la letra, yo la repetía y ellos grababan. En un momento me 
equivoqué en la medida de las armas y se enojaron. Me hicieron repetir. 


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Los rusos de San Javier 


Como yo no acertaba a decir exactamente lo que querían, decidieron 
pasar por alto el asunto de las medidas. Admití que sacábamos armas en 
carros tirados por caballos. Una de esas noches llegó a la celda un cabo 
llamado Cepeda con unos papeles para firmar. ‘Yo los firmo’, le dije, 
pero aquí todos sabemos que es mentira”. 

La Comisión de Derechos Humanos del Colegio de Abogados 
recibió a los familiares de los detenidos, preocupados porque ignoraban 
dónde y cómo estaban los presos. (235) La secretaria de la comisión, la 
abogada Magdalena Piazza, propuso a sus colegas un recurso elemen¬ 
tal, el habeas corpus, pero que parecía absurdo en un país donde no se 
respetaban las garantías individuales. “Lo fundamental era ubicarlos y 
parar la tortura. Por eso me decidí por el habeas corpus. Lo planteé en el 
Directorio; dije que debíamos presentarlo ante la justicia ordinaria y que 
nos amparaba la Constitución y el Pacto de San José de Costa Rica. No 
todos estaban de acuerdo. A algunos colegas les parecía riesgoso pero 
finalmente apoyaron”. (236) El mismo día que presentó el habeas corpus, 
Piazza supo que los presos estaban en el Batallón de Infantería número 
13. Inmediatamente asumió su defensa, pidió autorización para verlos y 
consultar el expediente e informó a la Orden de Abogados de Brasil que 
un ciudadano brasileño había sido detenido en Uruguay. 

La segunda vez que la abogada fue al Juzgado le comunicaron que 
Pires también pedía su asistencia profesional. Como los familiares de 
los otros detenidos desconfiaban del brasileño, a quien consideraban 
cómplice o al menos instrumento de los militares, a Piazza se le planteó 
un problema de conciencia. Finalmente decidió aceptar el caso: “Apartir 
del momento que asumí su defensa, para mí, Pires fue un torturado más, 
no un instigador”. Tuvieron una sola audiencia en el Juzgado militar. 
Pires le mostró las marcas de la tortura y denunció ante el juez que en 
ese mismo momento, en el cuartel seguían torturando a Carlos Jacina. 

Afines de mayo la justicia militar ordenó la liberación de Marzeniuk, 
Gmurenko, Chimailov y Basilio Jacina. El 4 de junio Pires, Klivzov y 
Balachir llegaron al Penal de Libertad. Fueron los últimos tres presos 
que ingresaron a la cárcel militar, clausurada diez meses más tarde. 


(235) Lamentablemente el Colegio de Abogados no conservó registro de sus actuacio¬ 
nes en el caso, según respondió a mi solicitud el Directorio en carta del 23 de abril de 2008. 

(236) Entrevista a Magdalena Piazza. Montevideo, 15 de abril de 2008. 


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Virginia Martínez 


“Venía de la tortura, de estar solo, inactivo, encerrado en una pieza. En 
comparación con el 13 de Infantería, el Penal me pareció un paraíso. Pero 
ni bien llegué tuve un golpe fuerte: me enteré de la muerte de Roslik”, 
recuerda Klivzov. 


180 




Todos somos rusos 


El resultado de la segunda autopsia creó una situación particular 
que se prolongó más de una semana: la pericia probaba la muerte por 
torturas de Roslik pero, aferrada a la primera versión, la dictadura se 
negaba a dar a conocer el documento. 

El 25 de abril el juez militar coronel Carmelo Bentancourt citó 
a Mary Zabalkin para solicitar su consentimiento en la realización de 
un nuevo examen, el tercero, que implicaba exhumar el cuerpo. Ante 
el resultado contradictorio de dos autopsias el juez pedía una última 
opinión. Mary accedió, a condición de que estuviera presente el doctor 
Burjel. El estudio se realizó bajo la responsabilidad del Jefe del Servicio 
de Anatomía Patológica de Sanidad de las Fuerzas Armadas doctor José 
Mautone y del doctor Augusto Soiza. 

Durante una década la dictadura había logrado imponer como verdad 
la letra de los partes militares. Se difundían por cadena de radio y televi¬ 
sión, la prensa los reproducía sin réplica y se tenían como ciertos. Esta 
vez el procedimiento fracasó. En una de las magníficas contratapas de 
Manuel Flores Mora en el semanario Jaque, el político colorado afirmó: 
“En el Uruguay de 1974 o ’79, este comunicado hubiera transcurrido 
sin comentarios. Vivíamos del miedo. El miedo no era solo rusos de San 
Javier. Todos éramos San Javier. Todos éramos rusos. [...] Era el tiempo, 
para siempre pasado, del Uruguay partido: un Uruguay oral, cuyo aire 
habia sido confiscado por el Gobierno. Y un Uruguay real, que resistía 
espiritualmente en el silencio, que no creía en las ‘verdades oficiales’ 
pero que carecía de voz para refutarlas en tono claro”. (237) 

El Uruguay real ahora hablaba y se hacía escuchar en la voz de los 
partidos políticos, del gremio médico, de la prensa, de las organizaciones 
sociales y de derechos humanos. “Ahora los cajones se abren -sentenció 
Flores Mora-. Y las autopsias, aunque no se publiquen, se difunden”. 


(237) Jaque, 18 de mayo de 1984. 


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Virginia Martínez 


Los semanarios, en particular Jaque, que dirigía el periodista y 
militante de la Corriente Batllista Independiente (cbi) Manuel Flores 
Silva, tuvieron un papel decisivo en la denuncia que hizo público lo que 
el Ejército pretendía guardar como secreto de Estado. La investigación 
de Jaque, más los artículos publicados por Convicción, La Democracia 
y Aquí, lograron hundir el relato militar. El 27 de abril Jaque afirmó que 
Roslik había sido asesinado. Las Fuerzas Armadas tardaron casi un mes 
más en aceptar, a medias, que el semanario decía la verdad. 

La prensa trabajaba en condiciones difíciles pues el gobierno 
aplicaba mecanismos de censura que combinaban la comparecencia de 
los periodistas ante la justicia militar con clausuras temporales y cierre 
definitivo de los periódicos. Desde diciembre de 1983, regía, además, 
la censura previa a los semanarios. Dice Flores Silva: “Recién hacía 
seis meses que salía Jaque y ya habíamos pasado por todos los tipos de 
control. El más inmoral fue la censura previa pos edición porque te obli¬ 
gaba a la autocensura. Se hacía el tiraje y una vez que estaba listo para 
la distribución, entregábamos un par de ejemplares a un funcionario de 
Inteligencia. El funcionario se llevaba los ejemplares y nos sentábamos 
a esperar la autorización. Si la respuesta era afirmativa, el número podía 
salir. Caso contrario había que echar todo a la basura. Insisto que no era 
solo censura previa, lo que hubiera dejado la posibilidad de llegar al 
lector con espacios en blanco para los artículos censurados. El número ya 
estaba listo. Aunque nosotros nunca lo admitimos, cuando nos impedían 
salir, el diario El País, donde se imprimía el semanario, nos cobraba solo 
el papel, pero de todas formas el daño era evidente. No solo político 
sino también económico. Habían impuesto ese mecanismo para evitar 
el escándalo que provocaban las clausuras temporales o definitivas”. (238) 

La censura previa pos edición tuvo corta vida. A principios de 
febrero de 1984 el ministro del Interior general Hugo Linares Brum la 
levantó pero advirtió que seguían vigentes los decretos del 2 de agosto de 
1983 -suspensión de las actividades políticas- y del 18 de enero de 1984, 
que establecía Medidas Prontas de Seguridad y prohibía informar sobre 
paros y huelgas. El fin de la censura previa no significó, sin embargo, el 
fin de la censura. En abril el gobierno clausuró por noventa ediciones al 
diario La Prensa de Salto y decretó el cierre definitivo del diario Cinco 
Días, que había comenzado a editarse tres semanas antes. También clau- 


(238) Entrevista a Manuel Flores Silva. Montevideo, 9 de mayo de 2008. 


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Los rusos de San Javier 


suraron definitivamente los semanarios Convicción, Tribuna Amplia y 
Somos Idea y temporalmente los semanarios Búsqueda y La Democracia. 

En el intento de sortear la censura los periodistas se apoyaban en 
las agencias internacionales de noticias, formando con ellas un circuito 
informativo que les permitía, por vía indirecta, publicar parte de lo 
prohibido. Dice el periodista Roger Rodríguez: “Nos reuníamos sobre 
todo en upi, con Zelmar Lissardy. Todo lo que no se podía decir lo de¬ 
rivábamos a las agencias. Después levantábamos la noticia usando a la 
agencia como fuente. A veces empleábamos otros medios. Yo mandaba 
informes a Porto Alegre: ponía un sobre en ttl dirigido a Jair Krischke; 
él lo recibía y publicaba el artículo en Zero Hora. Entonces nos amparᬠ
bamos en la cita ‘informó el diario brasileño Zero Hora. .. ’ El trabajo de 
la prensa fue fundamental en la denuncia del caso Roslik y en la salida 
de la dictadura en general. Desde 1983 estábamos agremiados en la 
Asociación de la Prensa; éramos una generación de periodistas jóvenes, 
recién empezábamos, y nos considerábamos soldados de la causa de 
la libre expresión. En esto no había fisuras, existía una alianza que iba 
desde Danilo Arbilla hasta Germán Araújo”. 

El periodista Emiliano Cotelo hacía poco más de un año que tra¬ 
bajaba en radio y a principios de 1984 conducía con Ricardo Larrosa el 
espacio “Ustedes y nosotros” en ex 30: “Creo que fuimos los primeros 
en enviar al exterior la información de la muerte de Roslik, porque su 
sobrina, que conocía a Araújo, lo llamó para darle la noticia. Fuimos 
vehículo para sacar información, pero no hicimos punta en el tema. En 
general, había una estrategia muy cerebral para manejar las noticias; en 
el terreno de la información siempre estábamos dos pasos más atrás que 
los otros medios. Araújo era muy cuidadoso en ese aspecto. La infor¬ 
mación era sintética y recogía lo que ya habían dicho otros. Después, 
en “Diario 30” él daba la opinión editorial y ahí sí, asumía riesgos. La 
radio era, sobre todo, eje de la actividad opositora y en particular lo era 
el escritorio de Germán: centro de encuentro, de reunión de operadores 
políticos. Se le dio espacio a los partidos habilitados, la radio trasmitió 
en directo las convenciones de blancos y colorados y eso constituía un 
factor de agitación”. (239) 

Las clausuras alternaban con formas directas de intimidación 
como la que sufrió el director del diario Cinco Días, Ignacio Lezama. 


(239) Entrevista a Emiliano Cotelo. Montevideo, 29 de mayo de 2008. 


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Virginia Martínez 


A mediados de abril le balearon la casa. Tras la publicación del número 
de Jaque que denunciaba el asesinato de Roslik, la justicia militar citó 
a su redactor responsable Juan Miguel Petit. Las firmas de Petit y del 
secretario de redacción Alejandro Bluth figuraban al pie del artículo, que 
había sido publicado bajo responsabilidad del director del semanario. 
Los periodistas habían entrevistado en Paysandú al doctor Burjel quien 
les confirmó el resultado de la segunda autopsia pero no los autorizó a 
citarlo: “Los facultativos coincidieron al realizar el examen, en que el 
cadáver presentaba inequívocas señales de haber sido sometido a diversas 
formas de violencia física, de severísima magnitud. Así consta, podemos 
afirmarlo enfáticamente, por testimonio de participantes en el acta de la 
segunda autopsia, aún no dada a conocer públicamente”. (240) 

La comprensible exigencia de anonimato de Burjel, dejó al se¬ 
manario en una situación comprometida. Tenían información directa y 
fidedigna pero no podían usarla en toda su extensión. Entre incurrir en 
un delito que podía llevarlos ante la justicia militar y romper el acuerdo 
con la fuente, el semanario optó por lo primero. A la hora de titular el 
artículo eligieron las palabras que había pronunciado un sacerdote de 
Paysandú, en la misa oficiada en memoria del médico: “Oremos por el 
alma de Vladimir Roslik que murió asesinado”. 

Días después, el director de la dinarp coronel Juan José Pomoli 
citó al director del semanario. El encuentro informal se realizó en la 
casa de un amigo de Flores Silva: “El coronel nos amenazó. Dijo que 
la información de Jaque era falsa y que Roslik había muerto de un paro 
cardíaco. Agregó que no nos cerraba para evitar que acusaran el gobierno 
de impedir la investigación: ‘Quiero que sepa que voy a estar esperando 
las pruebas y como no las conseguirá, lo clausuraremos’. La situación 
era delicada: la verdad estaba en un documento que manejaban solo las 
Fuerzas Armadas. Hicimos tres números de aguante; ‘El Viejo’ [Flores 
Mora] ayudaba con las contratapas pero no teníamos mucho más para 
agregar”. 

A fin de abril, los periodistas de Jaque decidieron consultar la opi¬ 
nión del juez militar coronel Bentancour: “Nos reunimos en la confitería 
Oro del Rhin. El encuentro no fue nada agradable. Dijo que nunca nos 
daría información y nos advirtió que estaba armado”. Con seguridad 
la aspereza del coronel intentaba disimular su propia inseguridad. Es 


(240) Jaque, 27 de abril de 1984. 


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Los rusos de San Javier 


posible que en ese momento Bentancourt temiera más a sus pares que 
a los periodistas, y quería dejar claro que la información no se filtraría 
por su lado. 

“Una noche, continúa Flores Silva, estábamos en la redacción 
repasando los nombres de los médicos militares vinculados al caso, 
analizando cómo seguir. Teníamos presente, como un eco, la amenaza 
del coronel Pomoli. Llegó Maneco [Flores Mora] y nos hizo recapitular 
la información. Leyó la lista de médicos y señaló uno de los nombres: 
‘A este lo conozco. Era batllista’. Se fue a verlo y volvió un par de horas 
después con el resultado de la autopsia. No sé cómo hizo para conven¬ 
cerlo pero el hombre lo llevó al Instituto Técnico Forense Militar y allí, 
en la máquina de escribir de la oficina, Maneco copió la información”. 

La incursión de Flores Mora en territorio militar tuvo otro resultado 
que no salió a luz en aquel momento pero que importa porque es una 
evidencia de que la participación de médicos militares y de gobernantes 
civiles en el encubrimiento de la tortura y muerte de presos políticos no 
se limitó al caso Roslik. 

Por error, el médico del Instituto Técnico Forense Militar, entregó 
a Flores Mora dos carpetas. La primera tenía información sobre Roslik; 
la segunda sobre Nybia Sabalsagaray. Con seguridad la documentación 
estaba archivada por orden alfabético y el apuro de la circunstancia-noc¬ 
turna y furtiva- puso en manos de Flores Mora lo que estaba destinado 
a ser leído por nadie. Dice Flores Silva: “Cuando ‘El Viejo’ volvió a 
la redacción nos contó que también había visto una carpeta sobre una 
muchacha a quien él no conocía, de apellido Sabalsagaray. El informe 
forense decía que había muerto asfixiada”. El hecho conmovió a Flores 
Silva pues Nybia y él habían sido compañeros de estudios en el Instituto 
de Profesores Artigas. 

Nybia Sabalsagaray tenía 20 años, era profesora de Literatura y 
militante de la Juventud Comunista. En julio de 1974 la detuvieron y la 
llevaron al Batallón de Comunicaciones número 1 de Montevideo. Diez 
horas después estaba muerta. La Comisión Interamericana de Derechos 
Humanos (cidh) pidió información al gobierno uruguayo sobre la cir¬ 
cunstancia de la muerte. La respuesta del gobierno fue breve y definitiva: 
“La nombrada persona fue detenida el 29 de julio de 1974 y a menos de 
24 horas de su detención se auto eliminó en la celda. Tomó intervención 
la justicia competente quien dispuso el dictamen del médico forense. 
De su informe surge como causa de la muerte ‘asfixia por suspensión 


185 



Virginia Martínez 


(ahorcadura)’. El Juez interviniente clausuró los procedimientos el 2 de 
agosto de 1974 al no comprobarse existencia de ilícito”. (241) 

Ante la insuficiencia de la respuesta, la cidh pidió al gobierno uru¬ 
guayo copia de la actuación judicial y del protocolo de la autopsia. El 
ministro de Relaciones Exteriores Juan Carlos Blanco se negó a propor¬ 
cionar la información. La nota del ministro dice lo siguiente: “No surge 
de ninguna de las disposiciones del Estatuto al que me vengo refiriendo 
[Estatuto de la cidh] tal obligación y por contrapartida, que la Comisión 
tenga facultad para requerirla. En todo caso corresponde a quien pone 
en tela de juicio las informaciones de mi Gobierno probar sus asevera¬ 
ciones. [...] En segundo lugar, debo poner en su conocimiento que las 
actuaciones judiciales a que se hace referencia en la nota que motiva la 
presente, por su naturaleza, en que está comprometida la seguridad del 
Estado, de conformidad con las disposiciones del ordenamiento jurídico 
de mi país, no puede ser objeto de la difusión que implica la solicitud 
de la Comisión”. En el caso de Nybia Sabalsagaray, ocurrido en 1974, 
como diez años después en el de Vladimir Roslik, la seguridad del Estado 
estaba por encima de las convenciones internacionales, las autopsias y 
la actuación de los jueces. (242) 


(241) Nota del Ministerio de Relaciones Exterior, 18 de mayo de 1976, en “oea : Informe 
sobre la situación de los derechos humanos en Uruguay, 31 de enero de 1978”. 

(242) En junio de 2005 el presidente Tabaré Vázquez excluyó el caso Sabalsagaray de 
la Ley de caducidad de la pretensión punitiva del Estado. La decisión habilitó la investigación 
por parte de la justicia ordinaria, que en 2010 procesó al general en actividad Miguel Dalmao 
y al coronel (r) José Chialanza por homicidio especialmente agravado. 


186 


Muerte violenta multicausal 


Durante el mes de mayo, Mary Zabalkin siguió realizando ges¬ 
tiones para impedir que la mentira o el silencio cubrieran el asesinato 
de su marido. Dio testimonio ante la Comisión Nacional de Derechos 
Humanos y el Colegio de Abogados, se reunió con el embajador de 
Alemania Johanes Marré y con el de Estados Unidos Thomas Aranda, 
con el arzobispo de Montevideo Carlos Partelli, con dirigentes políticos 
y con el gremio médico. 

Al cumplirse un mes de la muerte, vecinos de la colonia, miem¬ 
bros de la Comisión Uruguaya de Derechos Humanos, dirigentes de los 
partidos políticos, de las organizaciones sociales y del serpaj rindieron 
homenaje a Roslik en el cementerio de San Javier donde cantaron el 
himno nacional y depositaron una ofrenda de flores. 

En esos días, un camión militar estacionó en la zona de Puerto Viejo 
y aviones hicieron vuelos rasantes sobre las chacras vecinas. La Brasilia 
blanca, que Roslik había identificado como de Inteligencia del cuartel 
de Fray Bentos, volvió a recorrer las calles del pueblo. Y hubo nuevas 
detenciones. A todos los detenidos, liberados dos o tres días después, los 
interrogaron sobre la familia Roslik y en particular sobre las actividades 
de la viuda. 

La crónica del periodista Carlos Magnone, del semanario La De¬ 
mocracia , retrata el ambiente de suspicacia y miedo que ahogaba a los 
pobladores: “Necesitan apoyo para salir de la pesadilla que significa 
dormir vestidos en prevención de que les vengan a detener en la madru¬ 
gada. Esa pesadilla que ha sembrado la desconfianza ante la certeza de 
que existen entre ellos informantes de los militares”. (243) 

La mayoría de los detenidos el 16 de abril continuaban incomunica¬ 
dos en el Batallón de Infantería número 13. El juez militar había ordenado 
que cuatro de los presos fueran puestos en libertad, pero uno de ellos, 
el viejo Basilio Jacina, seguía en el cuartel. La Comisión Nacional para 


(243) La Democracia, 25 de mayo de 1984. 

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Virginia Martínez 


los Derechos Humanos pidió autorización al Comandante en Jefe del 
Ejército para ver a los detenidos. No tuvo respuesta. 

El 18 de mayo Jaque publicó el resumen de la segunda autopsia y 
del estudio realizado por Mautone y Soiza por orden del juez militar. El 
semanario omitió, claro está, el nombre de los médicos, y no dijo nada 
acerca de cómo había obtenido los documentos. 

La conclusiones del tercer informe establecieron que: “1) Se trata 
de una muerte violenta multicausal; a) existió ingreso a los bronquios 
de un material fluido, de aspecto similar al del estómago, que al ser 
aspirado en vida, obstruyó vía aérea, determinando una asfixia aguda, 
rápidamente mortal, b) existió un desgarro de hígado, con un hemato¬ 
ma subcapsular que determinó un secuestro sanguíneo a la circulación 
general, c) se comprobaron los estigmas de múltiples traumatismos su¬ 
perficiales y profundos. 2) Todas las causas antedichas han concurrido 
para provocar la muerte, estando tan interrelacionadas entre sí que no 
pueden separarse”. (244) 

El coronel Bentancourt viajó a Fray Bentos para interrogar a los 
militares que habían participado en el operativo. (245) Los nombres de los 
involucrados se conocieron, no por un comunicado de la dinarp sino 
publicados por Jaque, recién en el mes de agosto. 

El jefe del Batallón teniente coronel Mario Olivera y el subjefe 
mayor Sergio Caubarrere fueron relevados del cargo y procesados por la 
justicia militar. El primero por homicidio ultraintencional y el segundo 
por omisión. Caubarrere tenía historia como torturador. Se había iniciado 
joven en la lucha antisubversiva: en 1972 era teniente segundo y par¬ 
ticipaba en interrogatorios -picana, submarino, golpes- en el Batallón 
de Infantería número 1, Florida, cuando este cuartel de Montevideo era 
uno de los mayores centros de tortura del país. En esa época ya lucía el 
particular sobrenombre por el que lo identifica Pires, La Pocha, aunque 
también lo llamaban El Alacrán. Detenidos en aquel cuartel recuerdan 
que los amenazaban con llevarlos frente a él: se imponía por la altura, 
la corpulencia y el tamaño de las manos. 


(244) Martirena, op.cit., pág 39. 

(245) Capitanes Daniel Castellá, Jorge Solovig y Heber Calvetti; tenientes primeros Ivo 
Dardo Morales y Oscar Lauber; tenientes segundos Luis Estevenet, Rodolfo Costas, Alberto 
Loitey; alféreces Edgardo Favier, Nelson de los Santos, Darío Nieto; cabo Ubaldino Miranda, 
cabo segundo Julio García; sargento primero Agustín García y el policía Luis Cardozo. Jaque, 
10 de agosto de 1984. 


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Los rusos de San Javier 


El gobierno intentó que el relevo de los militares se mantuviera 
en reserva, y demoró todo lo que pudo la información sobre los pro¬ 
cesamientos. El 23 de mayo el nuevo jefe del Batallón de Infantería 

9 teniente coronel Héctor Rombís atribuyó su designación a “relevos 
rutinarios en los cuadros militares”. Agregó que ignoraba cómo habían 
sido los episodios de San Javier, pero inscribió el procedimiento en las 
tareas del Ejército para el cumplimiento de su deber. Un periodista se 
atrevió a preguntarle si era práctica habitual sacar a un individuo de su 
casa por la noche, y llevárselo esposado y encapuchado: “Depende de 
la peligrosidad del detenido”, respondió, categórico, el comandante. (246) 

El 29 de mayo el coronel Federico Silva Ledesma convocó a una 
conferencia de prensa. La palabra del presidente del Supremo Tribunal 
Militar llegaba tarde. Pero no solo fue tardía, también fue parcial y falaz: 
su objetivo no era informar del caso sino salvar lo poco que quedaba en 
pie de la desmoronada versión oficial. 

“Los he convocado -comenzó el coronel- porque de acuerdo con 

10 que anunció ayer el señor Comandante en Jefe del Ejército, la Justicia 
Militar está en condiciones de hacer un adelanto sobre algunas noticias 
y hechos que tienen muy preocupada a la opinión pública y que ustedes, 
en la avidez por informar, han tenido una preocupación permanente”. {247) 
Explicó que la demora en dar información oficial obedecía al carácter 
secreto del presumario: “Quien tiene la dirección de la investigación es 
el Juez. En consecuencia, salir a hacer un adelanto de una noticia sobre 
alguna decisión estaría rozando un poco la independencia de los Jueces 
Militares”. 

Habían pasado cuarenta y cuatro días de la muerte de Roslik y casi 
un mes de la denuncia de Jaque. Existían dos autopsias y un informe com¬ 
plementario pero el coronel Silva Ledesma solo podía ofrecer un adelanto 
informativo. La apelación a la independencia del juez no justificaba la 
dilación y era más bien una excusa, pues la justicia militar -implantada 
a los civiles en 1972- carecía de independencia. Los magistrados solo 
actuaban por mandato superior y tampoco podían excusarse de hacerlo 
si recibían la orden de intervenir. Cuando se trataba de presos políticos, 
a los jueces militares -como afirma Carlos Martínez Moreno- les daba 
igual “que los hechos a incriminar estuviesen probados o no, fueran de- 


(246) Jaque, 25 de mayo de 1984. 

(247) El País, 30 de mayo de 1984. 


189 




Virginia Martínez 


lictivos o no; a ambas exigencias preexistía la de que hubiese que montar 
una condena [...] los excesos de la represión (léase tortura, léase muerte) 
eran legitimados, o por lo menos encubiertos y cohonestados por los 
excesos de la jurisdicción”. (248) El párrafo de Martínez Moreno describe 
exactamente cómo actuó la justicia militar con los once procesados de 
San Javier y con muchos otros hombres y mujeres que antes y después 
pasaron por sus despachos. 

Silva Ledesma tenía que explicar por qué y cómo un hombre sano 
había muerto en menos de veinticuatro horas en una unidad militar y 
qué responsabilidad cabía al Ejército en el hecho. No dio satisfacción a 
ninguno de los dos asuntos. Respecto al primero, leyó la conclusión de 
la segunda autopsia y solo autorizó a los periodistas a tomar nota de ese 
pasaje. El resto del informe les estaba vedado: “Les puedo permitir ver 
esta parte y les pido que no miren el resto. Pueden fotocopiar la firma 
de todos los médicos”. 

Admitió que había dos militares sancionados pero, amparándose en 
el secreto de sumario, se negó a dar sus nombres. Un periodista insistió 
en que los nombres circulaban desde hacía diez días en la prensa. Ante 
la evidencia, para evadir la respuesta, Silva Ledesma recurrió a una 
metáfora jurídica: “Hay que actuar con mucha calma, pese a la presión 
de la opinión pública, para no cometer una injusticia. Decía un penalista 
italiano que el procesamiento es como cuando se clava un clavo en una 
tabla: comete una injusticia y anula el procesamiento. Se arrepiente y saca 
el clavo de la tabla pero la marca quedó para siempre. Eso no se borra”. 

El periodista insistió. La respuesta de Silva Ledesma fue sorpren¬ 
dente: “Lo único que hice fue pedirle [al juez] el expediente porque yo 
tenía interés en mostrar este resultado de la segunda autopsia. Si no, ni 
siquiera hubiera visto el expediente. Tratamos de que la Justicia actúe 
lo más objetiva, imparcial e independiente posible”. 

A Jaque no se le permitió participar en la reunión. Cuando los pe¬ 
riodistas Petit y Bluth llegaron a la sede del Supremo Tribunal Militar 
con intención de acreditarse, un funcionario les informó que no había 
conferencia de prensa. El motivo de la arbitraria exclusión era eviden¬ 
te: el semanario era el único medio de prensa que había publicado el 
informe forense. 


(248) Carlos Martínez Moreno, La justicia militar en el Uruguay (Montevideo, Libro- 
sur, 1986), pág. 27. 


190 




Los rusos de San Javier 


El operativo de San Javier tanto como las declaraciones del presi¬ 
dente del Supremo Tribunal Militar muestran la concepción que tenía el 
gobierno sobre las características de la transición política. A principios 
del mes de mayo las Fuerzas Armadas habían entregado a los partidos 
un proyecto de Acto Institucional -base del diálogo que conduciría a las 
elecciones- que insistía en mantener la jurisdicción militar para civiles 
en delitos vinculados a la subversión y al terrorismo. El presidente del 
Colegio de Abogados Rodolfo Canabal hizo un paralelismo entre el 
proyecto y los episodios de la colonia: “Lo que se ha hecho en el caso 
de San Javier con todas sus consecuencias (allanamiento con detención 
en horas de la noche, privación de libertad, apremios ilegales) coincide 
palmo a palmo con alguna de las pretensiones que el referido documento 
pretende consagrar en textos constitucionales”. (249) En caso de aprobarse la 
propuesta, operativos como el de la colonia rusa serían constitucionales. 

El 7 de junio el general Medina, en cuya jurisdicción habían ocurrido 
las torturas y el asesinato de Roslik asumió como Comandante en Jefe 
del Ejército. Un mes después se incorporó al diálogo político. 


(249) La Democracia, 11 de mayo de 1984. 

191 






Mujeres del Comité de Ayuda a la Unión Soviética formado en San Javier durante la 
Segunda Guerra Mundial. Sin fecha. Foto Centro Cultural Máximo Gorki de Montevideo. 



Panorámica de San Javier, 1966. Foto de Aníbal Barrios Pintos. 















Vladimir Roslik en su época de estudiante en Moscú, entre 1962 y 1969. 





Vladimir Roslik (arriba, segundo desde la izquierda) con sus compañeros en la Facultad de 
Medicina de la Universidad Patricio Lumumba de Moscú. Entre 1962 y 1969. 


























Vladimir, Mary y Valery, poco antes del asesinato de Vladimir. 
Foto gentileza Mary Zabalkin. 




































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Revista Semanario 


Por todos los derechos, contra todas las proscriociones 


, 28 de Abril al 5 de Mayo de 1984. Año 1 No. 20 N$ 30 


Edición de 36 páginas. Reclame la “Se 


Oremos por el 


Vladimir Roslik 
que murió 
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La paz es aspiración fundamental dé todos los uruguayos. 

¡Esclarecer los atentados! 

No se puede hablar de Wilson 

¡Vigencia de Derechos Políticos! 

Cierre definitivo de 5 días, Somos Idea y Tribuna Amplia; 
clausura de 8 ediciones de Búsqueda. 

¡Basta de Clausuras! 

No más 
Retroceso: 

Todos al Palacio 5 
el lo. de mayo 

El 1 de mayo es, históricamen- 


El semanario Jaque estuvo al frente de la investigación que contribuyó a destruir la mentira 
oficial sobre la muerte de Roslik. 















18 al 25 de Mayo de 1984 Año 1 N° 23, N$ 30 Edición de 40 páginas. Reclame la “Sep 

Informe técnico final: 


Muerte de 
Roslik, 

violenta y 
multicausa 

Ruptura de hígado, hemorragia, líquido extraño en 
pulmón derecho y estomago, equimosis bajo omopl 
edema agudo de pulmón y asfixia. 


Vargas Llosa, 
Cortázar, Cela 

Habla “el florista” 


Sexo en la América 
Precolombina _ 

Móndale vs. Hart _ 

Reportaje exclusivo 
a los Olimareños 


Jaque publica el resultado de la autopsia que la dictadura intentó ocultar. 













“Juro sobre el cuerpo de mi marido muerto que no descansaré hasta lograr justicia”. 
Foto gentileza Mary Zabalkin. 






Cementerio de San Javier, 2008. Fotos de Ramiro Ozer Ami. 













Babushkas, tradicionales muñecas rusas reciben al visitante en San Javier, 2011. 
Foto gentileza Federico Estol. 



Celebración del 98° aniversario de la colonia, 2011. Foto gentileza Federico Estol. 









Representación teatral de la llegada de los primeros colonos, 2011. 
Foto Centro MEC de San Javier. 


Grupo de danza Kalinka, 2011. Foto Centro MEC de San Javier. 












Aníbal Lapunov fue detenido en 1980, pasó cuatro años en prisión. 
Paysandú, 2008. Foto de Leandro Sagaseta 



De izquierda a derecha: Miguel Roslik Belichko, Vladimir Roslik Dubikin y María Rosa 
Dubikin. Miguel fue detenido con su hermano Vladimir y sus dos hijos, Vladimir y Víctor 
(fallecido). San Javier, 2008. Foto de Leandro Sagaseta. 
















Pepe Bozinsky y Víctor 
Macarov (derecha). 
Detenidos en 1980, 
estuvieron cuatro años en 
el Penal de Libertad. 

San Javier, 2008. 

Foto de 


Leandro Sagaseta. 



Antonio Pires da Silva fue una de las últimas personas que vio a Vladimir Roslik. 

En agosto de 2008 volvió a Uruguay para presentar testimonio sobre el asesinato del 
médico y reclamar una indemnización. Murió poco después en Brasil. 

Montevideo, 2008. Foto de Ricardo Antúnez, gentileza La Diaria. 









Ética médica y obediencia militar 


El gremio médico, en particular la Federación Médica del Interior 
(femi), contribuyó activamente a la denuncia del caso Roslik e hizo visible 
un aspecto de la política represiva del Estado que había permanecido 
oculto: la participación de médicos militares en la tortura. La práctica 
no era nueva ni el doctor Eduardo Sáiz una excepción. Los médicos 
militares formaban parte del engranaje de tormento que caía sobre los 
presos cuando entraban encapuchados a un cuartel y se prolongaba luego 
en la prisión. 

En el libro “Uruguay, la tortura y los médicos”, el presidente de la 
femi Gregorio Martirena describe las formas que asumió esa participa¬ 
ción: “recabar datos en una ficha de ingreso del prisionero, lo que permite 
a los encargados directos de la tortura conocer la debilidad o incapacidad 
física o mental del individuo y actuar con máxima ferocidad sobre ella; 
el médico negligente en la asistencia directa del prisionero enfermo, 
retrasando consultas, negando medicamentos y dietas alimenticias, etc.; 
el médico actuando en la emergencia de vida del prisionero torturado, 
logrando su recuperación que no hace más que sumergirlo nuevamente 
en la máquina de la tortura; el médico falsificando la causa de muerte de 
un prisionero, en autopsias parcializadas o certificados de defunción ex¬ 
tendidos muchas veces sin reconocimiento directo del cuerpo; el médico 
participando directamente en el torturante interrogatorio o conduciendo 
el acoso psíquico permanente, en la búsqueda del desmantelamiento de 
la personalidad del preso”. (250) 

Del testimonio de los presos de San Javier puede concluirse que 
Eduardo Sáiz incurrió en casi todas las violaciones a la ética médica 
señaladas por Martirena: antes y durante la tortura examinó a los dete¬ 
nidos en el Batallón de Fray Bentos; con el pretexto de revisar a Susana 
Zanoniani, le ordenó desnudarse frente a los soldados, imposición que 
no podía tener otro objetivo que disminuirla y humillarla; actuó indirec¬ 
tamente en el interrogatorio respondiendo consultas del teniente Morales 


(250) Martirena, op.cit., pág.13. 


193 



Virginia Martínez 


sobre el contenido de las declaraciones de los torturados; no le entregó 
a Roslik la medicación que su mujer le llevaba al cuartel y por último, 
su firma encubrió la tortura y el asesinato del médico. 

El 14 de mayo la asamblea del Sindicato Médico del Uruguay 
(smu) aprobó una declaración que comprometía al médico militar: “El 
certificado de defunción de Roslik se expidió sin señalar causas, hora, 
lugar y todo otro aspecto exigido normalmente por las normas vigentes, 
colocando a quien lo suscribe, no sólo al margen de la legalidad sino 
también de la ética médica”. 

La noche del 5 de julio, la directiva de la Asociación Médica de 
Río Negro (amedrin) recibió a Sáiz, interesado en aclarar su actuación 
ante los colegas. Lo que sigue es la transcripción de pasajes del acta del 
encuentro que tuvo lugar en un hotel de Fray Bentos: 

“Se le pregunta: ¿dónde estaba cuando fue llamado? 

R: en la Enfermería de la Unidad. 

P: ¿Por qué estaba ahí? 

R: Por orden recibida”. 

[...] 

“P: ¿Si había visto al Dr. Roslik ese día? 

R: Sí 

P: ¿Cuántas veces? 

R: Tres veces. 

P: ¿Por qué? 

R: Por orden recibida. 

R: ¿Si hay un lapso para volver a examinar a los detenidos? 

R: No”. 

[...] 

“P: ¿Cómo era el estado del Dr. Roslik cuando ingresó ese día por 
primera vez? 

R: Bueno, no había patología alguna”. 

[...] 

“P: ¿A qué hora vio al Dr. Roslik ese día por primera vez? 

R: Aproximadamente a las 8.00. 

P: ¿Cuándo le vio nuevamente? 

R: Al mediodía. 

P: ¿Cuándo le vio por última vez antes de medianoche? 

R: Aproximadamente hora 20. 

P: ¿Si es habitual ver a un detenido sano tres veces por día? 


194 




Los rusos de San Javier 


R: No. 

P: ¿Por qué lo vio? 

R: Se lo ordenaron”. 

[...] 

“P: ¿Por qué hizo la autopsia? 

R: Por orden. 

P: ¿Los médicos militares están obligados a hacer autopsias? 

R: No. 

P: ¿Por qué la hizo? 

R: Porque estaba obligado por ser médico Supernumerario de la 
Policía, eso me informaron al preguntar”/ 25 

En seis ocasiones Sáiz respondió a la pregunta de sus colegas am¬ 
parándose en la obediencia debida. La condición de militar se imponía 
a las obligaciones de la ética profesional. 

El 7 de julio de 1984 la vil Convención Médica Nacional reunió 
en la sede del gremio bancario a cientos de médicos de Montevideo y el 
Interior. La Convención exigió el cese de la Intervención del sindicato 
y de la Universidad, condenó la participación de médicos en actos de 
tortura y aprobó, por unanimidad, la creación de una Comisión Nacional 
de Ética Médica. 

Adelantándose a la Comisión Nacional, la femi formó un Tribunal 
Extraordinario, integrado por los médicos Gregorio Martirena, Tabaré 
Caputi y el abogado Rodolfo Canabal, para investigar la conducta de 
Sáiz. En octubre le enviaron la documentación recopilada para que 
hiciera los descargos. El abogado de Sáiz les hizo saber que su cliente 
no comparecería ante el Tribunal por decisión propia y porque había 
recibido órdenes superiores. 

El 23 de octubre el Tribunal elevó las conclusiones de su trabajo a 
la Federación. La actuación de Sáiz fue analizada desde dos puntos de 
vista: durante el tiempo que duró la detención de Roslik y como médico 
forense. Respecto al primer punto, el Tribunal no pudo probar su par¬ 
ticipación directa -supervisión, control- en las torturas sufridas por el 
detenido. El informe consideró que, aunque podía presumirse violación 
de la ética profesional -Roslik entró sano al cuartel, Sáiz lo examinó 
tres veces y el preso murió en menos de 24 horas- la presunción no 


(251) Martirena, op. cit., pág. 30 y siguientes. 


195 




Virginia Martínez 


alcanzaba el grado de plena prueba. En cambio, respecto del segundo 
aspecto el fallo fue terminante: “al proceder a realizar la autopsia y a 
informar sobre ella, el Dr. Sáiz omitió dar cuenta de hechos de funda¬ 
mental trascendencia para explicar la muerte (que es la finalidad de la 
autopsia) [...] En consecuencia, como técnico médico, violó un deber 
ético inexcusable que le impone dar cuenta cabal y veraz de todas las 
lesiones que pudiera presentar el cuerpo, y agotar la investigación de las 
causas de la muerte”. El 27 de octubre la asamblea general de la femi 
votó, por unanimidad, su expulsión. 

La sanción gremial no afectó la carrera de Sáiz: a fines de 1984 
estaba en el Sinaí como parte de las Fuerzas Internacionales de Paz que 
Uruguay tenía destacadas en la región. El médico, a su vez, denunció a 
sus colegas ante la justicia. Los miembros del Tribunal Extraordinario 
tuvieron que comparecer ante la jueza de Río Negro Walquiria Raggio. 
“La primera pregunta de la Dra. Raggio fue: ‘¿Por qué defienden a un 
muerto?’. ‘Porque hasta que lo mataron estaba vivo”, respondió indig¬ 
nado Martirena”. (252) 

A diferencia de Sáiz, el comportamiento de Jorge Burjel puso de 
manifiesto que un médico militar también podía actuar con fidelidad a 
la ética profesional. Juan Martín Posadas, por entonces miembro del 
Directorio del Partido Nacional, destaca la integridad de su conducta: “El 
general Medina lo fue a ver a su casa en Paysandú para pedirle que no 
participara en la segunda autopsia o que no difundiera el contenido, no 
recuerdo bien cuál de las dos cosas le pidió pero fue una de ellas. Burjel 
le dijo que tenía siete motivos para no acceder al pedido. Entonces fue 
llamando a los hijos y cuando todos estuvieron en la sala le dijo que esas 
eran sus siete razones. Su conducta fue impecable”. (253) 

En 1999 el smu rindió homenaje a la memoria de Vladimir Roslik en 
el Salón de los Pasos Perdidos del Palacio Legislativo. En la ocasión el 
gremio reconoció especialmente el coraje de Buijel en el difícil episodio. 

El nombre del médico Ricardo Voelker tampoco quedó fuera del 
debate abierto por la muerte de Roslik. Muchos vecinos lo señalaron 
como promotor de denuncias contra la colonia y en particular contra 
Roslik. El Día lo entrevistó días después de la conferencia de prensa de 
Silva Ledesma. La introducción de la nota recoge esos rumores: “...se 


(252) Noticias , publicación oficial del smu, julio de 1999. 

(253) Entrevista a Juan Martín Posadas, Montevideo, 4 de agosto de 2008. 


196 




Los rusos de San Javier 


le acusa de ser enemigo del difunto doctor Roslikpor celos profesionales 
y diferencias políticas; de odiar al pueblo pues este no lo apoyó en sus 
aspiraciones electorales en 1970 y hasta de haber realizado, a ciertos 
niveles, denuncias en contra de muchos de sus coterráneos. Otros habi¬ 
tantes lo elogian o al menos lo tienen en buen concepto como médico y 
como docente”. (254> 

“Yo seguía pensando que el Dr. Roslik había muerto por una cau¬ 
sa natural, que el primer comunicado oficial se ajustaba exactamente 
a la verdad. Siempre he creído en el Ejército y sigo creyendo. Ahora 
lamentablemente tengo que creer más, porque el Ejército reconoció 
algo atroz sucedido en una unidad militar [...] Yo, tal vez demasiado 
inocente cuando me preguntaban sobre torturas en Uruguay decía que 
no, que no existían, pero pienso que eso es un caso totalmente aislado”, 
afirmó Voelker. 

Es posible que hasta ese momento Voelker, sinceramente, estuviera 
entre quienes ignoraban que la tortura como práctica sistemática del Es¬ 
tado tenía más de una década de antigüedad. Sin embargo no parece un 
acto de ingenuidad que luego de reconocer el hecho, le asignara carácter 
excepcional y aprovechara la ocasión para renovar su fe en el Ejército. 
Pero el médico fue más lejos. Aunque declaró que no aprobaba la tor¬ 
tura terminó justificándola por razones de Estado: “Quizás, obligados 
por circunstancias especiales, allá por principios de los ’70 el Ejército 
realizara ciertos actos -mantener parado [a] un individuo, no darle ali¬ 
mentos, actuar sobre el psiquismo del individuo para que confesara sus 
delitos-, creo que debe haberlo hecho y pienso que tenía necesidad de 
hacerlo. Recuerde el caso del peón rural asesinado porque descubrió una 
tatucera; si no se presionaba un poquito no se habría descubierto quién 
lo mató y quién dio la orden de hacerlo”. 

Negó que hubiera hecho campaña contra Roslik aunque admitió 
que se habían distanciado por motivos políticos: “Algo que me llamó 
la atención es que antes de viajar siempre hablábamos del tema y él me 
defendía los ideales marxistas pero luego, a su regreso, dijo no saber 
ni conocer más nada de política, ni internacional ni de Uruguay. De a 
poquito nos fuimos separando, aunque nunca dejamos de saludamos y 
hasta eventualmente colaboramos del punto de vista profesional”. 


(254) El Día, 3 de junio de 1984. 


197 




Virginia Martínez 


Ninguna de las personas que trató a Roslik le oyó defender ideas 
marxistas. Había estudiado en la Unión Soviética porque era la única 
forma para un muchacho de pueblo del interior y de padres humildes, de 
hacer una carrera universitaria. Al regreso hubiera podido instalarse en 
Montevideo o en Paysandú donde la posibilidad de progreso económico 
era segura pero eligió volver a San Javier por que tenía un compromiso 
moral y afectivo con sus padres y con la colonia. 

Voelker había sido profesor y amigo de Roslik. Sabía de su vo¬ 
cación, probada en años de ejercicio profesional y de la estima que le 
tenían los sanjavierinos. Era el médico del pueblo y, a la vez, un vecino 
más. Voelker pudo haber evocado esos rasgos pero, en momentos que 
la dinarp acusaba a Roslik de subversivo, eligió no hablar de ellos y sí 
desempolvar el prontuario marxista del muerto. 

El 4 de marzo de 1985 se constituyó la Comisión Nacional de Ética 
Médica, integrada por representantes del smu, la femi, la Comisión de De¬ 
rechos Humanos del Colegio de Abogados y estudiantes de Medicina. (255) 
La Comisión avaló e hizo suyo el fallo del Tribunal Extraordinario de 
la femi y el 15 de marzo expulsó a Eduardo Sáiz del gremio médico. Un 
año después, el presidente de la femi Robert Long y el secretario Doelio 
Ricca presentaron denuncia contra él en el Juzgado de Fray Bentos 
pidiendo que se lo investigara por su responsabilidad en la falsificación 
de un certificado público y el encubrimiento de un homicidio. La inves¬ 
tigación no prosperó. 

Cuando en marzo de 1985 el Poder Judicial recuperó la indepen¬ 
dencia se presentaron ante la justicia ordinaria decenas de denuncias 
por violaciones a los derechos humanos. El Poder Ejecutivo reclamó 
competencia de la justicia militar en todos los casos. Los juicios se es¬ 
tancaron. Esa era la situación cuando la femi presentó la denuncia contra 
Saíz. Ya se hablaba de la necesidad de encontrar una solución negociada 
al “tema de los derechos humanos”, expresión que se generalizó en el 
vocabulario político. Se entendía por solución negociada cualquiera que 
garantizara que militares y policías no serían juzgados. Faltaba definir 
la forma y el alcance. El 22 de diciembre de 1986 el Parlamento aprobó 


(255) La Comisión recibió a ciento treinta personas que habían sido torturadas, cuyos 
testimonios involucraban a unos ochenta médicos militares. Según Martirena, el principal 
obstáculo que enfrentó el trabajo de la Comisión fue la resolución del último ministro de 
Defensa de la dictadura Justo Alonso que prohibió a los médicos militares declarar ante los 
Tribunales Éticos creados por el gremio médico. 


198 




Los rusos de San Javier 


la Ley de Caducidad de la pretensión punitiva del Estado que clausuró 
la posibilidad de investigar y juzgar. El caso Sáiz quedó comprendido 
en la ley. (256) 

Durante el trabajo de investigación para su libro ‘Valodia’, Luis 
Udaquiola entendió que la ética periodística imponía escuchar a Sáiz 
por lo que decidió entrevistarlo: “Me encontré con un tipo muy hosco. 
Apurado por explicarme que seguía prestando servicios en el ejército [...] 
Interpuso a su esposa en la conversación. Una mujer muy tensionada, 
muy nerviosa. No era hosca, pero hubiera preferido... Hablaba solamente 
ella. En medio de este panorama insólito, mal podía prender el grabador 
sin provocar un cortocircuito. Fue una situación casi demencial. [...] En 
ningún momento asumió responsabilidad por la muerte o alguna irregula¬ 
ridad en la autopsia del cuerpo. Se escudó en que debió hacer una autopsia 
sin ser médico forense. Sigue sosteniendo que Roslik murió de un paro 
cardíaco. Sentí que el trabajo fue inútil, porque no decía la verdad”. (257) 

El periodista no se sintió obligado en cambio a entrevistar al sub¬ 
jefe del Batallón Sergio Caubarrere: “Alguien podría acusarme de poco 
profesional, pero, después de escuchar el testimonio de compañeros de 
Roslik sobre su sufrimiento en los últimos minutos de vida, difícilmente 
se pueda encarar un diálogo tan cínico”. 


(256) Al asumir el gobierno democrático, el ministro de Salud Pública, el nacionalista 
Raúl ligarte, destituyó a Sáiz de su cargo en el Ministerio pero el presidente Julio María 
Sanguinetti lo mantuvo como médico militar. 

(257) Noticias, julio 1999. 


199 




La casa del silencio 


Entre las consecuencias que la represión política dejó en San Javier, 
dos destacan por sus efectos de largo plazo: el daño a la identidad colectiva 
y a la convivencia social. Como su origen los volvía sospechosos de delitos 
contra la seguridad nacional, los sanjavierinos dejaron de hablar ruso -son 
pocas las familias que conservan el idioma-, algunos españolizaron el 
apellido y casi todos cortaron con la cultura de los padres. Las palabras que 
Maiy Zabalkin dedicó a su hijo Valery en el libro de Udaquiola expresan ese 
sentimiento de discriminación y pérdida: “Cuando viajes a otras ciudades 
o países descubrirás que tenemos facciones de gringo, algo que yo nunca 
supe mientras viví en San Javier. Una circunstancia tan natural -honrar el 
idioma de nuestros abuelos, cultivar nuestra cultura, celebrar con nuestras 
comidas típicas- ha sido delito en época reciente”. 

Poco después del asesinato de Roslik, doscientos vecinos presenta¬ 
ron a la justicia una denuncia por discriminación étnica: “Al oficializarse 
la ideología de la Seguridad Nacional, comenzaron las presiones sobre el 
pueblo de San Javier y contra sus pobladores en particular, en tal grado, 
que hoy afectan la existencia misma del grupo”. (258) 

Pidieron que la Suprema Corte de Justicia fuera a la colonia para 
comprobar los hechos y entrevistar a la mayor cantidad posible de po¬ 
bladores a quienes debía garantizarse su seguridad personal e integridad 
física. Exigieron, además, que se tomaran medidas para que cesara la 
discriminación. 

El pedido naufragó casi al empezar. El fiscal de Corte Mario Ferrari 
informó a la Suprema Corte de Justicia que, a su juicio, el organismo 


(258) El recurso fue presentado el 24 de agosto de 1984 por el abogado Femando Urioste 
de ielsur. Entre los firmantes figuran los apellidos Castamov, Belbey, Dubikin, Roslik, Jodus, 
Guchin, Buracov, Kramarenko, Chimailov, Pasiecznik, Semikin, Ostrujov, Mijaluk, Jlakin, 
Delyenko, Kirichenko, Uriusky, Gurin, Bezmertny, Kasmenko, Zabalkin, Cairus, Lapunov, 
Klivzov, Yemurenko, Slajus, Servrukov, Jacina, Caporenko, Podstavka, Plotnikov, Kalabu- 
jov, Kotvinsky, Sabelin, Marzeniuk, Puchcariov, Cholako, Robkin, junto a los Erramuspe, 
Saavedra, Moreira, González, Vélez, Martinelli, Vidiella y Schulze. En Archivo de ielsur. 


201 



Virginia Martínez 


no tenía competencia para actuar en el caso. (259) Casi dos años después, 
la Suprema Corte se declaró incompetente y remitió el expediente al 
Juzgado Letrado de Primera Instancia de Río Negro”. (260) 

Si antes los pobladores habían callado, unos por miedo y otros por 
conveniencia, ahora afloraron viejos enconos. En julio de 1984 Katia 
Castamov, bisnieta de Lubkov, declaró que San Javier estaba dividido en 
bandos antagónicos y que en la colonia había delatores: “Nosotros éramos 
una comunidad unida. Se podía ser blanco, colorado, etc., y había cada 
cuatro años una rivalidad política y nada más, pero no lo que está pasando 
ahora. Concretamente hay dos grupos: los que están a favor del Dr. Roslik 
y los que están a favor del Dr. Voelker. Este último, como profesional, las 
raras ocasiones en que nuestra familia lo ha requerido, nos ha atendido. 
Como persona, desde mi punto de vista, deja mucho que desear”. Entre 
los denunciantes, Castamov incluía a Voelker (“si una persona se atreve 
a acusar públicamente a otra en un semanario, qué no se animará a decir 
en secreto”) y a Daniel Jajulin (“vive obsesionado con el comunismo -he 
hablado muchas veces con él- y ve en cada persona un enemigo en potencia, 
un comunista en potencia.) [...] Todo esto es una gran calumnia nacida en 
la propia gente de San Javier, en los denunciantes de San Javier, que creo 
son más de dos o tres como se dice”. (261) 

Como hemos visto, la división no era reciente sino histórica. 
Cuando en enero de 1933 Julia Skorina cayó bajo las balas de la Poli¬ 
cía, la “parte honesta del vecindario” denunció la acción de agitadores 
comunistas, pidió que el gobierno aplicara mano dura y controlara 
el acceso a la colonia para preservarla de la infiltración. Y en 1980, 
según el testimonio de Rey Piuma, lo que dio origen al trabajo de 
Inteligencia que terminó con el desembarco del Ejército en el pueblo 
fueron anónimos enviados desde San Javier a la Prefectura de Salto. 
Muchos también recuerdan que hubo vecinos que se acercaron a la 
Comisaría a felicitar a la Policía cuando se llevaron a “los muchachos 
del liceo”. Y a otros todavía los subleva el recuerdo de que hubo quie¬ 
nes aprovechando la clausura del Máximo Gorki se quedaron con las 
botas del vestuario del Kalinka. 


(259) Informe del fiscal Mario Ferrari a la Suprema Corte de Justicia, del 17 de diciembre 
de 1984. En Archivo de ielsur. 

(260) Decreto de la Suprema Corte de Justicia del 24 de abril de 1986. En Archivo 
de la scj. 

(261) El Día, 11 de julio de 1984. 


202 




Los rusos de San Javier 


Dos episodios relativamente recientes revelan cuánto pesa todavía 
el pasado. Cuando se celebraron los noventa años de la fundación de San 
Javier, El País publicó una crónica sobre la historia de la colonia rusa. 
La periodista que llegó al pueblo entrevistó a los descendientes de los 
fundadores, evocó las tradiciones de la colectividad y se cruzó con un 
vecino polémico. Así describe la escena: “Con un libro bajo el brazo, 
afuera de la sabraña, espera Daniel Jajulin. Quiere mostrar el compen¬ 
dio que guarda las principales enseñanzas del líder Lubkov, editado en 
ruso, en 1911. Para él, los festejos deberían incluir su nueva edición 
en español. También le gustaría que el idioma ruso sea enseñado en la 
escuela y en el liceo del pueblo. Pero por sobre todo, quiere mostrar a 
quien quiera verlo, el original de una carta de la embajada uruguaya en 
Rusia que, en su opinión, certifica que Lubkov fue deportado a Siberia 
por el régimen de Stalin y que allí terminó sus días. ‘Ahora que cayó 
la hoz y el martillo eso debe saberse’, asevera, apurado para definirse 
como anticomunista”. (262) 

En 2005, el periodista Facundo Ponce de León dedicó un capítulo 
de su serie de televisión “Vidas” a San Javier. Historió la fundación de 
la colonia, recorrió el pueblo y no eludió referirse a los tiempos de dic¬ 
tadura. En la sabraña entrevistó a una descendiente de los fundadores, 
que intenta mantener viva la religión de Nuevo Israel. La declaración de 
María Lordugin ofendió a muchos habitantes del pueblo: “San Javier no 
era tan molestado como se vio de afuera [...] A los que se molestó es por 
algo. No cabe la duda de que en algo andaban”. Pero lo que más dolió e 
indignó a los sanjavierinos fue la crudeza con que se refirió al asesinato 
de Roslik: “La muerte de Roslik, digamos, fue accidental. Mientras le 
hacían la tortura para que él declarara, no decía nada. Eso fue lo que 
provocó la muerte. Si él hubiera hablado, hubiera quedado vivo. Pero 
no habló y bueno.. .”(263) 

Al día siguiente de la emisión, el profesor Klivzov llamó a la radio 
local para protestar por las declaraciones: “En San Javier generalmente 
cuando escuchamos algo, estamos acostumbrados a callamos la boca [... ] 
pero lo de anoche me parece que colma la medida. [...] Esta señorita 
en un comentario que hace en la sabraña, en el templo, donde muchos 
de nuestros antepasados, y es el caso de mis abuelos, iban a profesar 


(262) El País, 11 de junio de 2003 

(263) “Vidas”, programa emitido por canal 12. 


203 



Virginia Martínez 


una religión, donde se supone que la fe en algo, en un ser superior a 
nosotros, tiene que ser lo que nos lave y nos depure, en ese templo [...] 
hizo dos manifestaciones. Una me involucra a mí directamente, cuando 
dice, no sé si son palabras textuales, ‘a los que llevaron, algo hubo’. A 
mí me involucra porque yo fui detenido, estuve preso, incomunicado, 
torturado, estuve en el Penal de Libertad. No fue mucho tiempo, hubo 
mucha gente que pasó peor, caso de una cantidad de chiquilines de nuestro 
liceo arrebatados de sus familias. [...] Dijo que si nuestro querido doctor 
Vladimir Roslik hubiera hablado no estaría muerto. [...] Se ve que tiene 
muy buenos contactos para saber que Vladimir no habló y por eso lo 
mataron. [...] La emplazo a que diga qué contactos tiene para afirmar 
lo que afirmó anoche”. (264) 

La indignación ante la calumnia impulsó a Klivzov a llamar por 
teléfono al Batallón de Fray Bentos: “Pedí para hablar con el jefe del 
cuartel y me atendió el subcomandante Curbelo. Le dije que ellos sabían 
que en San Javier nunca había sucedido nada, que era de hombres reco¬ 
nocer los errores y que había llegado la hora de blanquear a la colonia. 
El subcomandante me dijo que trasmitiría el mensaje al superior. Nadie 
me devolvió el llamado. Todavía espero que los militares tengan, de una 
vez por todas, la valentía de esclarecer las cosas”. 

La sombra de la delación -cuenta pendiente y herida abierta- do¬ 
mina casi todas las interpretaciones que ensayan los perseguidos de la 
colonia. Aunque los operativos contra San Javier no pueden explicarse 
como resultado de la cruzada anticomunista de uno o más individuos -por 
activa que esta haya sido- hay nombres que aparecen una y otra vez en el 
relato de los entrevistados. Como si el mundo se redujera a Tres Bocas, 
entrada a la colonia, el peso que le atribuyen a los personajes locales en 
la peripecia de la colectividad dificulta la construcción de elaboraciones 
más complejas. 

En la fiesta de celebración de los ochenta años de la colonia, Maca- 
rov se decidió a hablar del pasado con un militar. “Lo que sucedió en San 
Javier no lo busques en nosotros, buscá entre tu propia gente. Vinimos 
porque que nos golpearon la puerta diciéndonos que acá había células 
subversivas”, le dijo el militar. La versión militar reforzó el punto de vista 
de Macarov sobre la incidencia que tuvieron informantes y delatores, 
interpretación que comparten otros ex presos de la colonia: “A partir de 


(264) Intervención de Román Klivzov en la radio de San Javier, 5 de octubre de 2005. 


204 




Los rusos de San Javier 


ese momento empezó nuestra segunda época. Investigar cómo había sido 
el pasado en San Javier”, afirma Macarov. 

La perspectiva de Lapunov también incorpora la aquiescencia de 
la población: “En el pueblo funcionó aquello de Goebbels, ‘una mentira 
cuanto más grande, mejor’. Para la gente nosotros éramos comunistas. 
Cuando volví a San Javier me di cuenta de que nos miraban con miedo”. 
Adela Guchin comparte la visión: “En 1980 la gente creyó el cuento de 
la célula comunista pero en 1984, ya nadie creyó. Si nos callamos es 
porque vivíamos el terror. Se llevaron a gente que queríamos y preci¬ 
sábamos: el médico y el director del liceo. Todavía no me resigno a la 
muerte de Vladimir. Fue el último zarpazo. Y creo que el silencio del 
cortejo cuando el entierro fue un homenaje. Porque él no era de hablar 
mucho ni de mostrarse”. 

El camino de la reivindicación de la memoria de Roslik es ejemplo 
de esa difícil situación, hecha de silencio, culpa y miedo. “Pasó mucho 
tiempo antes de que en el pueblo se dieran cuenta de que Vladimir era 
inocente. Veo las fotos de los homenajes más recientes y están todos los 
vecinos, pero no siempre fue así. Hubo muchos que creyeron lo que los 
militares decían de mi marido. Después la situación empezó a cambiar 
y cuando veníamos a San Javier la gente llenaba de regalos a Valery. Él 
no entendía y siempre me preguntaba: ¿Por qué me regalan tantas cosas? 
Parezco un rey”. 

En octubre de 1984 Mary y su hijo se mudaron a Paysandú. A tra¬ 
vés de la femi, Mary consiguió empleo en la Cooperativa Médica de esa 
ciudad. Cuando se cumplió el primer aniversario del asesinato, en un 
pequeño predio que ella donó, se inauguró el “Parque infantil Vladimir 
Roslik”. Poco después, la colonia recuperó el local del Centro Máximo 
Gorki, reintegrado por el gobierno de Julio María Sanguinetti. Partici¬ 
paron del acto político, periodistas y representantes del gremio médico. 
Cientos de personas llegaron al puerto para escuchar música y probar 
las comidas y bebidas rusas. Se levantó un escenario donde actuaron 
músicos venidos de Montevideo, y jóvenes del lugar bailaron danzas 
típicas. También hubo una exposición de fotografías sobre los primeros 
tiempos del pueblo. La jomada se llamó “Amanecer en San Javier”. La 
femi estuvo al frente de la iniciativa y cx30 de su difusión. 

En marzo de 1985, patrocinada por ielsur, Mary presentó una 
demanda de indemnización por los daños morales y materiales que el 
asesinato de Roslik causó a ella y a su hijo. El Ministerio de Defensa 


205 



Virginia Martínez 


Nacional pidió al juez que se declara incompetente para entender en la 
causa: “En materia de reclamaciones emergentes de delitos militares 
son aplicables las normas del Código de Procedimiento Penal Militar y 
son competentes para conocer en ellas los jueces militares”. (265) Un mes 
después el juez militar coronel Rodolfo Villarreal reclamó competencia 
para actuar en la acción civil y anunció que elevaría sus fundamentos a 
la Suprema Corte de Justicia. 

Cinco años más tarde el caso aun no se había resuelto. Recién en 
setiembre de 1990 el Ministerio de Defensa se allanó a los fundamentos de 
la demanda pero controvirtió la suma reclamada, por considerarla “abu¬ 
siva, irreal y totalmente exagerada”. Finalmente el 28 de junio de 1991 se 
realizó la transacción que puso fin al juicio, así como a otros equivalentes 
presentados por violaciones al derecho a la vida y la libertad. (266) Antes, 
la Ley de Caducidad y el referéndum que la confirmó, habían clausurado 
la vía penal por lo que el ministro de Defensa Mariano Brito estimó que 
la instancia de reparación económica ponía “punto final al tema de los 
derechos humanos”. Curiosamente, en la información sobre el acuerdo 
al que habían llegado el Ministerio y la viuda, el semanario Búsqueda 
se refirió a Roslik como un “médico comunista muerto en prisión a raíz 
de apremios físicos”. (267> 

Casi treinta años después de los hechos, Mary afirma que todavía 
no conoce la verdad. Quién ordenó el operativo ni por qué pero que 
para ella la mejor forma de canalizar el dolor ha sido trabajar por San 
Javier: “Quiero mantener vivo el recuerdo de Vladimir, no en una placa. 
Se recibió en Moscú, podía haberse quedado allá o irse a Montevideo 
y sin embargo prefirió volver a la colonia, un pueblo perdido. Yo trato 
de seguir su ejemplo”. De esa convicción nació la Fundación Vladimir 
Roslik, creada el 18 de mayo de 1985 para “promover, fomentar y di¬ 
fundir actividades que contribuyan al progreso cultural, social, científico 
y docente de la localidad de San Javier”. 


(265) Escrito del abogado del Ministerio de Defensa Nacional Daniel Artecona, 17 de 
mayo de 1988. Archivo de ielsur. 

(266) El acuerdo también incluyó reparaciones económicas para las familias de Carlos 
Batalla, Pedro Lerena y Hugo de los Santos, asesinados en la tortura; Ubagesner Chaves 
Sosa, Luis Eduardo Arigón y Luis Eduardo González, detenidos desaparecidos; Ariel Soto, 
Alicia Cadenas y Enrique Rodríguez Larreta secuestrados en Buenos Aires y trasladados en 
forma ilegal a Uruguay. 

(267) Búsqueda, 20 de junio de 1991. 


206 




Epílogo 


La población de San Javier no alcanza los dos mil habitantes. La 
desocupación y la imposibilidad de continuar estudios en la colonia 
obligan a la emigración. Macarov dice que San Javier es un pueblo de 
gerontes, que expulsa a los jóvenes: “Molestan a todos. A la Prefectura 
si van al puerto; a los vecinos si se quedan en la calle. No tienen donde 
reunirse y cuando una banda de rock pidió para tocar en el Máximo 
Gorki no le dieron permiso. ¿Dónde los metemos?”, pregunta. Para 
Mary, que sigue al frente de la Fundación Vladimir Roslik (268) , la lucha 
es para movilizar a los mayores: “No podemos sacar a los viejitos de la 
casa. Viven encerrados”. 

La colonia intenta resolver los problemas del presente y elaborar 
los del pasado. Recupera tradiciones e historia. Entre los primeros 
están el trabajo y la atención médica. Este es uno de los pilares de la 
labor de la Fundación: “Agrandamos la policlínica, construimos dos 
consultorios. La asociación ‘Uruguayos unidos’, de Australia nos en¬ 
vió camas articuladas, colchones, una silla de ruedas y una heladera. 
Antes a San Javier no iban especialistas, ahora tenemos un convenio 
que amedrin y los médicos atienden en el local de la Fundación. Allí 
se hace el carné de salud y el control a las embarazadas. En 2005 re¬ 
cibimos la habilitación del Ministerio de Salud Pública. (269) También 
obtuvimos, con el Ministerio de Obras Públicas, dinero para realizar el 
proyecto ‘Tareas Comunitarias’: se está arreglando el liceo, la escuela y 
la plaza de deportes. Creo que cuando empezamos esos trabajos, recién 
el pueblo se enteró que la Fundación existía. Se ha acercado mucha 
gente, para colaborar, para donar cosas. Ahora lo que me interesa es 
crear un Hogar de Ancianos”, dice Mary. 


(268) La Directiva de la Fundación está integrada por Mary Zabalkin, María Elena 
Roslik, Clara Chaparenko y Ana Semikin. 

(269) En 2008 la Fundación Vladimir Roslik firmó un convenio con el inau para ad¬ 
ministrar el caif (Centro de Atención a la Infancia y a la Familia) de San Javier, que atiende 
a 84 niños de menos de 3 años. 


207 



Virginia Martínez 


En 2003 se dio el nombre “Vladimir Roslik” al camino de acce¬ 
so norte a la colonia. El Centro Cultural Máximo Gorki continúa sus 
actividades con el grupo de danza Kalinka y en abril de 2008 volvió a 
enseñarse ruso. Cerca de cincuenta personas se inscribieron en el curso 
que Olga Sanin, la nieta de Julia Skorina, comenzó a dictar dos veces por 
mes. Dos años después la sustituyó una profesora rusa, Zoya Vysotksaya. 

El Centro Cultural Máximo Gorki de Montevideo todavía funciona 
en la vieja casona de la calle Charrúa. Tiene más de doscientos socios que 
participan en el coro, la orquesta y asisten a la exhibición de películas. 

Víctor Macarov, Jorge Gurin, Román Klivzov, Miguel Roslik y 
Vladimir Roslik Dubikin viven en San Javier. Aníbal Lapunov se mudó 
a Paysandú; Carlos Jacina, Esteban Gilsov, Miguel Schevzov y Pepe 
Bozinksy viven en Montevideo. Esteban Balachir, Víctor Roslik y An¬ 
tonio Pires da Silva murieron. 

Todos se sienten unidos por el recuerdo de lo vivido; hablan con 
afecto y admiración de Vladimir Roslik y les duele su muerte. Durante 
muchos años no pudieron romper el silencio. “Cuando salí de la cárcel 
no quise hablar -dice Klivzov-. Tenía miedo. No tanto por mí sino por 
mis hijos y mi mujer”. Lo que habían vivido se reducía al relato privado, 
formaba parte de las historias que se narran solo para la familia. Por otras 
razones, Bozinsky también calló. Al salir en libertad se mudó a Mon¬ 
tevideo y durante casi veinte años no habló sobre su historia personal: 
“Yo sabía que no se podía olvidar pero no tocaba el tema porque sentía 
que no se podía hacer nada. Sobre todo después de la derrota del voto 
verde. A partir de ese momento, para mí se perdió todo así que para qué 
hablar de algo que no tenía solución”. 

Cada tanto se reúnen a comer un asado en Puerto Viejo. Ni el tiempo 
ni la distancia han borrado los recuerdos pero, entre ellos, se permiten 
el humor a la hora de evocarlos: “A Jacina siempre le decimos que era 
baqueanazo: logró hacer aterrizar un boeing entre los espinillos”, bromea 
Lapunov. “Hasta el día de hoy logramos tener fondeado un submarino 
atómico en Puerto Viejo. Lo tenemos atado con un lazo”, agrega Macarov. 

Los más jóvenes del grupo, que eran estudiantes cuando los detu¬ 
vieron, han cumplido cincuenta años. Son padres de jóvenes a quienes 
les han contado su historia y la del pueblo. Los hijos escuchan, no 
preguntan y a algunos no parece interesarles hablar del pasado. Valery 
Roslik también tuvo dificultades para enfrentar su historia. Es Ingeniero 
de Sistemas y tiene una banda de rock llamada Pariah, que define como 


208 



Los rusos de San Javier 


metalera melódica. “Cuando era más chico, sentí que no quería mi raíz; 
te acosan de todos lados, eso me hacía sentir mal con esto de mi padre. 
No es lo mismo San Javier que aquí (se refiere a Paysandú), allá sentía 
que los familiares, tíos y tías, el abuelo, todo era alrededor mío, y bueno 
[...] mi mamá, nunca me obligó a hacer cosas que yo no quisiese. Me dejó 
ser yo. No me impuso cosas. Me dejó crecer, cuidándome por supuesto 
como toda madre. Si no tenía ganas de ir a la Fundación no me exigía 
ir, o hablar ruso, yo qué sé. Lo que yo estudio ahora, lo resolví yo. Te 
toma tiempo porque no siempre sabés para dónde ir. A mí no me gusta 
ser el centro del mundo, y eso me costó”,declaró en una entrevista que 
dio al periodista Walter Caimí. (270) 

Valery sumó su firma a la de Mary en reclamo de la anulación de la 
Ley de Caducidad: “Deseamos que esta vez podamos llegar a la verdad, 
ya que cuando trabajamos para el voto verde no lo pudimos lograr y es 
una materia que queda pendiente. Es algo que le debemos a Vladimir y 
a tantas almas que no pueden descansar en paz”, dice la carta que el 4 
de agosto de 2007 enviaron al acto realizado en el teatro El Galpón por 
la Coordinadora Nacional por la nulidad de la Ley de Caducidad. 

Los militares que participaron en la represión a San Javier ya no 
están en actividad. Julio Danzov pasó a retiro voluntario el 6 de noviem¬ 
bre de 1996 con el grado de teniente coronel. Su último destino fue en la 
División de Ejército n. Es convencional del Partido Colorado. Ivo Dardo 
Morales pasó a retiro el 12 de agosto de 1996 con el grado de mayor. Su 
último destino fue en el Comando General del Ejército. El comandante del 
Batallón de Infantería número 9 Mario Alfredo Olivera pasó a situación 
de retiro voluntario el 23 de enero de 1991 con el grado de coronel. Su 
último destino fue en la Dirección Nacional de Sanidad de las Fuerzas 
Armadas. Sergio Caubarrere pasó a situación de retiro obligatorio el 11 
de diciembre de 1998 con el grado de coronel. Su último destino fue en 
el Comando General del Ejército. El médico Eduardo Sáiz se jubiló y 
vive en Fray Bentos. 


(270) Argenpress, 12 de abril de 2005. 


209 








LA RELIGIÓN DE LOS COLONOS 


Fragmento del informe del miembro de la Comisión de Agricultura y Colonización de 
la Cámara de Representantes Cesar Mayo Gutiérrez. El texto se basa en el trabajo 
del historiador Vladimir Bonch Bruevich sobre las sectas religiosas disidentes, dscr, 
17 de agosto del 923. 


El Sur de Rusia, cruzado por influencias múltiples, es extraordinariamente fecundo 
en creaciones religiosas. Innumerables mitos, de origen asiático en su mayoría, encuentran 
terreno abonado en la credulidad de la masa campesina. 

Es conocida la historia de la secta a que pertenecen los colonos de San Javier. Tiene 
sus raíces lejanas en los iconoclastas de Oriente, cuyos dogmas cardinales conserva. 
De estos surgió una nueva organización bajo el nombre de “Yudo Israel” y que si bien 
negaba la divinidad de Cristo, lo reconocía como el hombre superior. Una disensión dio 
nacimiento a una tercera secta denominada “Dujobori” (espiritismo), que sostenía que 
Cristo no es Dios, pero que todo lo que pronunció y profesó fue con poder del espíritu 
de Dios. Subsistió hasta los últimos años del Siglo xvm, época en que un nuevo cisma 
la fraccionó en multitud de sectas, una de las cuales y la más potente se llamó “Israel”. 

“Israel” fue fundada por Abakum Ivanovich, en Kostromáy Moscú, después de la 
destrucción de los ejércitos de Napoleón. A su fallecimiento, la dirección de la comunidad 
fue transferida a Parfentio Katasonov, quien, a pesar de la persecución tenaz de que se le 
hacía objeto, consiguió extenderla al Cáucaso y a las provincias que baña el río Volga. 
A la muerte de Katasonov, heredó el cargo Vasili Mokshin, que fue reconocido en todas 
partes, menos en el Cáucaso, como jefe supremo. 

Esta nueva discordia quebró la unidad de “Israel”, que se dividió en dos partidos: 
uno, que siguió a Mokshin, remozó sus dogmas y se llamó “Nuevo Israel”; otro, dirigido 
por un presbiteriano, que mantuvo la tradición y se denominó “Viejo Israel”. En vano 
Mokshin se esforzó en obtener la fusión de los dos bandos; no pudo lograrla, y murió 
en el destierro sin haber conseguido reintegrarlos a la antigua armonía. 

Siete años antes de la muerte de Mokshin, siendo muy joven aún, había ingresado 
a la secta Vasili S. Lubkov, convirtiéndose pronto en un ardiente propagandista. 

“Un día -dice- sentí que se me acercaba Dios. Al llegar a mi casa, mis padres me 
preguntaron: ¿qué te pasa, hijo nuestro, que no te reconocemos?”. 

“Que he nacido de Dios y no puedo llamarme hijo vuestro. He nacido de nuevo.. 

Vladimir Bonch Bruevich, escritor moscovita, autor de un curioso estudio del cual 
tomamos el episodio transcripto, agrega que desde entonces Lubkov se lanzó al mundo 
ruso a predicar el “Nuevo Israel”. 

La madre del apóstol se confortaba con la religión de su hijo, y antes de morir se 
negó a aceptar el último sacramento del pope ruso, diciendo que creía únicamente en la 
religión de su Niño-Dios. 


213 



Virginia Martínez 


En esta época Lubkov estuvo encarcelado, pero aun en la prisión propagaba su 
doctrina entre los criminales y ladrones, a muchos de los cuales, según la versión del 
cronista de la secta, logró convertir y llevar más tarde a dignidades eclesiásticas. 

El 31 de mayo de 1893, los discípulos de Mokshin declararon sucesor del maestro 
a Vasili Lubkov, quien apoyado por colaboradores jóvenes y enérgicos, conquistó al 
“Viejo Israel” y lo incorporó al “Nuevo”. 

Hasta aquí la historia de esta creencia; veamos ahora cuáles son los principales 
dogmas y su organización. 

Dios, es, para estos sectarios, el único, el mayor Poder, pero su alma vive en cada 
hombre por separado, y al hombre de más valor por su actividad, inteligencia, etc., Dios 
lo admite como representante suyo en la tierra: Cristo, Katasonov, Mokshin, Lubkov, etc. 

Aceptan las enseñanzas de la antigua Escritura, interpretándolas de modo particular, 
y cifran su ley moral en los preceptos mosaicos de amar a Dios y a nuestros semejantes. 

Viven en la desnuda sencillez de su creencia, negándose al reconocimiento de 
los santos e imágenes, y el canto y el baile son sus únicos modos de comunicarse con 
la divinidad. 

El jefe supremo de la secta es Altísima Persona Espiritual. Gobierna con “el trono 
de Dios”, esto es con su esposa y setenta Apóstoles; ella se llama “Mamá” y ha de ser 
acompañada por mujeres vírgenes, inocentes y pacíficas. 

Las ceremonias religiosas tienen un candor primitivo. Los miércoles y domingos 
por la noche se celebran “sabrañas”, o asambleas en un local despojado de signos o 
emblemas místicos. Los concurrentes se agrupan en dos alas: los hombres a la derecha, 
las mujeres a la izquierda. El jefe predica. Luego vienen los himnos de Sión y la danza 
litúrgica que arrastra a todos en sus círculos violentos y que expresa, según ellos, la 
abundancia de la interna energía y del júbilo religioso que parte del fondo del alma del 
creyente, porque sabe quién es y a quién sirve. 


214 




PODER OTORGADO POR LOS COLONOS 
DE SAN JAVIER A VASILI LUBKOV 


Los términos del mandato general otorgado por 148 colonos a Lubkov fueron pu¬ 
blicados por Justicia el 28 de julio de 1921 y también se leyeron parcialmente en 
la Cámara de Representantes, dscr, 8 de noviembre de 1921. 


Por sí y como intérprete de las manifestaciones de los demás comparecientes 
otorgantes, que no conocen el idioma nacional, los cuales por intermedio del otorgante 
-intérprete- nombrado, dijeron lo siguiente que consigno en este mi Protocolo: Que en 
su calidad de jefes de las familias que constituyen la colonia “San Javier”, confieren 
poder general, amplio, tan bastante cuanto en derecho sea necesario, a don Basilio Simón 
Lubkov, administrador de hecho de los bienes de la expresada agrupación de agricultores, 
y avecindado en ella, para que en representación de sus personas y derechos como com¬ 
ponentes y constituyentes de la colonia “San Javier”, administre, rija y gobierne todos los 
asuntos y negocios y todos los bienes de cualquiera naturaleza que les pertenecen o en lo 
sucesivo les pertenezcan, para que los venda, compre, los permute, ceda, arriende, grave 
con hipotecas y disponga de ellos como mejor le pareciere, por los precios, plazos, pactos 
y condiciones que estimare, cobre y reciba los respectivos precios, y otorgue y firme las 
escrituras públicas o privadas que sean menester, con las cláusulas de su naturaleza, y 
las demás que conviniere; para que cobre y perciba, judicial o extrajudicialmente, todas 
las sumas de dinero o valores que por cualquier causa o concepto se les adeude o en 
adelante se les adeudare; para que celebre a sus nombres todo género de contratos; para 
que practique con sus deudores y acreedores los arreglos y transacciones que estime 
ventajosos; nombre árbitros, arbitradores, cobradores, tasadores y otros peritos; para 
que gire, acepte, endose, descuente, cobre y pague letras de cambio, vales, pagarés, 
conformes, cheques, letras de cambio y todo otro documento comercial; para que pida a 
los Bancos y a particulares las cantidades de dinero que necesite, y estipule los intereses 
que ha de pagar y los plazos en que ha de hacer las devoluciones; para que entienda y 
los represente en todos los pleitos, causas, gestiones y reclamaciones que al presente 
tengan pendientes o en adelante se les ofrezca iniciar o contestar, ya deban figurar en 
ellas como actores, reos o terceros, ante cualquier autoridad administrativa, juzgados, 
tribunales o Alta Corte de Justicia; para que entienda en esos asuntos o pleitos y en los 
incidentes de toda naturaleza que se susciten y que con ellos se relacionen, en todos 
grados o instancias, hasta la final terminación de unos y otros, o sea hasta obtener lo que 
se reclame o su absolución, pudiendo auxiliar, transar, producir toda clase de pruebas, 
tachar las contrarias, poner posiciones, decidir recursos legales, renunciarlos, prorrogar 
y declinar de jurisdicciones, prestar y definir el juramento decisorio, someter los juicios 
a la decisión de árbitros, hacer cesión de bienes, solicitar y acordar quitas y esperas, en¬ 
tablar el recurso extraordinario de nulidad notoria y recibir judicial o extrajudicialmente 
el pago de las deudas, intereses y prestaciones. 

Lo facultan, asimismo, para constituir apoderados especiales, sustituir el presente 
en todo o en parte, revocar, asumir personería y, finalmente, para que practique cuantos 


215 



Virginia Martínez 


actos, gestiones y diligencias considere convenientes y ventajosas para los intereses de 
los dicentes, que todos aprueban desde ya, declarando que este mandato se tendrá por 
válido hasta que se notifique la renovación del mismo a las gerencias del Banco de la 
República, con quienes se opere en virtud de él. 

Previa lectura, en la que se ratificaron por medio del intérprete y otorgante, señor 
Samunsenco, así lo otorgan firmando los que saben, y por los que no, a sus ruegos, hacen 
los vecinos de conocimiento y testigos del acto, antes nombrados, de todo lo que doy fe. 
Esta escritura sigue a la extendida ayer bajo el membrete: “Reconocimiento de propiedad. 
La Junta E. Administrativa a favor de don Francisco Máscolo”, al folio doscientos veinte 
y ocho, vuelto a doscientos treinta. 


216 



LA COLONIA RUSA 
IMPRESIONES DE UN VIAJE 

Alberto Zum Felde 

La serie de ocho crónicas fue publicada en El Día entre el 21 y el 30 de noviembre 
de 1921. 


I 

Las denuncias sensacionales lanzadas por algunos órganos de la prensa monte- 
videana, con respecto a la Colonia rusa “San Javier”, establecida en el departamento 
de Río Negro, y en la ruidosa interpelación parlamentaria promovida por un diputado 
nacionalista acerca del mismo asunto, nos han llevado en misión confiada por El Día 
hasta aquel lejano núcleo agrario, con el objeto de conocer por modo directo su vida y 
su carácter, para luego trasmitir nuestras impresiones a los lectores, estableciendo así, 
por testimonio, la verdad de los hechos. 

La intensa curiosidad pública provocada en torno a este tema por el carácter 
escandaloso de las acusaciones lanzadas contra la Colonia, presentándola como un 
foco de vergonzosa inmoralidad en cuanto a sus costumbres y de inicua explotación en 
cuanto a su funcionamiento exige algo más que la satisfacción de los informes oficiales, 
suficientes para destruir las acusaciones concretas y reivindicar el buen concepto que, 
como organismo productivo deber merecer al país aquella Colonia, pero insuficientes 
para llenar el interés despertado acerca de las intimidades de su vida extraña, cuyos ras¬ 
gos típicos aparecían llenos de confusas y punzantes sugestiones, a través del escándalo 
de las denuncias. 

La figura de Lubkov, jefe de la Colonia, se diseñaba monstruosamente como la de 
un Sardanápalo disoluto, en medio de la promiscuidad de bacanal que constituiría los 
hábitos ordinarios de aquella gente, aguzando la imaginación sensual de los unos con un 
perfume de serrallo, y sublevando la conciencia moral de los otros con la impudicia de 
sus abominaciones. Y el Lubkov novelesco ha sido por unos días personaje envidiado 
por la mayoría de nuestros varones, a la manera de los sátrapas de los cuentos orienta¬ 
les, cuya vida era un permanente festín voluptuoso: pues, desgraciadamente hay en los 
hombres un fondo de sensualidad egoísta más poderoso que todas las ideas sociales, y 
que se afirma debajo de la corteza moral haciendo desear íntimamente aquello que se 
repudia con la palabra. 

No, ciertamente, llevado por tales sugestiones -aun cuando tampoco quisiéramos 
sentar aquí plaza de puritanos- sino cumpliendo el deber de información que se nos 
confiriera, llegamos a San Javier con el ánimo dispuesto a ver y oír sin ningún género 
de preconcepto, libre de todo apriorismo y finalidad que no fueran la sencillez estricta 
del testimonio. 

Llegamos pues, al portezuelo de la Colonia, sobre el río Uruguay, después del 
monótono y pesado viaje en el tren, viendo desfilar por la ventanilla la extensión uniforme 


217 



Virginia Martínez 


de los campos abrasados por la palpitación de la luz, en la rústica fiesta de su verdor 
primaveral, y luego de haber surcado el río anchuroso, de un raso tornasol en la calma de 
la mañana, cuyos ceibos florecidos encienden de sanguíneos lampos la maraña del monte. 

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Lo que, ante todo llama la atención del viajero, es hallarse con un núcleo de pobla¬ 
ción que forma ya una villa, con sus calles anchas marginadas de viviendas y jardincillo, 
sus grandes almacenes y depósitos, sus talleres mecánicos construidos de piedra, sus 
vastos galpones que sirven a la vez de graneros y de salas para las reuniones públicas, su 
casa central, sede de la Administración, que levanta sobre el caserío su enhiesto mirador. 

Las viviendas son del tipo de nuestros ranchos criollos, pero mejorados por el 
blanqueo de cal que los cubre por dentro y fuera, las ventanas provistas de vidrios, la 
galería que les rodea prolongando la techumbre quinchada, el piso de ladrillo o madera 
y la estufa provista de chimenea que también sirve de homo. Después de construidas 
con terrón, las paredes de estas viviendas son revestidas con una capa de barro batido, 
que les deja lisas haciendo las veces de revoque. 

El aspecto triste y sórdido de nuestros ranchos, con sus paredes y suelo de terrón 
oscuro, y su techo demasiado bajo, semejantes a cuevas de bichos, se transforma en 
alegría rústica y sana limpieza en estas casitas de los colonos rusos, cuya blancura ríe 
entre el verdor de las enredaderas, bajo la techumbre que quiebra su plano inclinado al 
prolongarse en galería, dándole una línea graciosa. 

Con muy buen sentido de la higiene y de la economía, opinan estos rusos que la 
vivienda de terrón y paja quinchada es superior a la cabaña construida de madera u otro 
material que no sea ladrillo o piedra, demasiado caros, pues conserva la frescura en el 
verano y el calor en el invierno, perdiendo su fea tosquedad al cubrirse de una capa de 
cal, a la que a veces dan también coloración rosada o celeste aumentando su encanto 
campesino. 

Por las calles bordeadas de matas en flor, pasan hombres robustos y mansos, 
vistiendo blusas azules de operarios o toscas camisetas de labradores, predomina el tipo 
eslavo, de clara tez, ojos grises y pelo un rubio de paja pero los hay también del tipo 
moreno y aun cuando, en general, se acusan en sus rasgos las características de raza, 
algunos de ellos presentan tipos de alemanes o de italianos del norte. En las mujeres 
se dan las mismas diferencias de tipo que en los hombres. Se las ve pasar, las más con 
limpios trajes campesinos y pañuelos blancos en la cabeza; algunas, las más jóvenes, 
llevan vestidos y peinados modernos de ciudad, diferenciándose así las que vinieron 
con sus hábitos tradicionales del país nativo y las que se han formado en el país de 
aclimatación, adoptando en gran parte sus costumbres. El sello de raza es más vivo en 
aquellas que en estas, en todo cuanto ataña a aspecto y maneras, pudiendo muchas de 
las muchachas -no obstante el ambiente exclusivo en que viven- confundirse con las 
hijas de nuestra masa social cosmopolita. 

Admira la profusión de niños que se ven por todas partes, llevados en brazos 
de las mujeres o jugando en soltura, todos de rosadas carnes de salud y vestidos con 
limpieza, denotando así la virtud prolífica de la Colonia como la suficiencia económica 


218 



Los rusos de San Javier 


de las familias. No aparecen en esta población agrícola ni la miserable suciedad propia 
de todos los rancheríos criollos, ni la vagancia viciosa y mendicante que apesta a casi 
todos nuestros pueblos del interior. 

Un ambiente de trabajo, de limpieza y de paz nos rodea en nuestra excursión por el 
poblado. Funcionan las moliendas mecánicas en los amplios galpones bien construidos, 
y un olor apetitoso de conservas y tomillo se exhala de las cocinas de las viviendas. Ma¬ 
nadas de patos y gallinas andan sueltas por las calles, picoteando entre los transeúntes, 
confundidas con los chicuelos. Algunas vacas mascan las matas de hierba que crecen al 
borde de las cunetas o asoman por los cercos de ramas entretejidas. 

Más allá del poblado se extienden los campos de cultivo, en vastas perspectivas 
cuya vista limita el horizonte. Recorremos en el auto de la Administración, acompañados 
por el secretario general, Sabelín, hombre joven e inteligente que habla casi correctamente 
el castellano, los trigales que abarcan una zona de tres mil hectáreas, los cultivos de maíz, 
de avena y de lino que ocupan más de mil quinientas, componiendo en conjunto la mayor 
área cultivada del país. Sabelín, atento y locuaz, nos informa: la Colonia posee campos 
propios por valor de doscientos treinta mil pesos, y paga de arrendamiento, por los que 
aun no ha adquirido, diez y siete mil anuales. 

La mirada se pierde en una mar ondulante, cuyo verdor jugoso ya comienza a 
amarillear en promisora madurez. Unos días más y, bajo el sol de diciembre, todo este 
mar será de oro. 

¿Cuánta riqueza significa en el mercado monetario todo este rubio tesoro de espi¬ 
gas? Sabelín, sonriente nos responde: la cosecha importará alrededor de doscientos mil 
pesos, de los cuales, ciento cincuenta mil corresponderán al trigo. 

Trabajo, salud y bondad: en estas tres palabras se resume la primera impresión 
del viajero, al abarcar el cuadro de la Colonia Rusa. Hasta ahora no hemos conocido, 
empero, más que la faz de la Colonia. En siguientes artículos veremos otros aspectos de 
su vida, penetrando más íntimamente en ella. 


(21 de noviembre) 


II 

La Colonia Rusa es una colectividad comunista, bajo el gobierno personal de un 
jefe: Lubkov. 

La propiedad individual no existe, ni en tierras de cultivo ni en solar de habitación. 
La única propietaria es la Colonia, en cuanto entidad. La Administración entrega a cada 
familia o grupo de familias, en este caso llamado comuna, la extensión de tierras labo¬ 
rables que requieran, según su capacidad de trabajo, y teniendo en cuenta las demandas 
de los demás, para que ninguno quede sin tierra. Juntamente con los predios agrícolas 
adjudica la habitación; por tanto la casa como la tierra no son del colono sino mientras 
la ocupa y la trabaja, pues, con sujeción a una ley relativa de demanda y distribución, las 
familias cambian de lugar, a menudo, cultivando o habitando este año, otra casa y otro 
predio que los que hubieron el año anterior. La Administración les entrega asimismo los 


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Virginia Martínez 


animales, las máquinas y los demás elementos necesarios al cultivo, acreditándoselos a 
fin de descontarlos al fin del afio del producto de su cosecha. La Administración provee 
también de víveres, ropas y demás menesteres a cada colono, anotándolo en su cuenta, 
para cobrarlo igualmente del producto, una vez terminada la labor. A esta proveeduría 
comunal llaman “La Cooperativa”. Cada familia tiene su cuenta corriente en este órgano 
económico, cuyo gran almacén provisto de cuanto puede requerir la vida sencilla y rural 
de esta gente, es el verdadero centro del movimiento de la colonia. A él afluyen durante 
todo el día hombres y mujeres en busca de mercaderías, animándolo con su trajín y con 
sus voces. 

Contigua al almacén está la Oficina, donde, en libros prolijos se lleva la cuenta 
corriente de cada colono. Allí consta cuánto saca en provisión y cuando entrega en cose¬ 
cha, con el saldo deudor o acreedor que es su resultado. Algunos deben a la Cooperativa, 
pues han demandado más de lo que produjeron; pero la mayor parte son acreedores, pues 
la Administración no les entrega sino una pequeña parte del saldo a favor, en efectivo: 
el resto queda para gastos, adquisiciones, mejoras y reservas de la Colonia. Falta agre¬ 
gar que, del monto de la cosecha y con arreglo al trabajo de cada uno, se deducen las 
gruesas obligaciones que la Administración adeuda por concepto de arrendamientos y 
amortizaciones bancarias. Cada colono costea, asimismo proporcionalmente, los gastos 
de la Administración, sosteniendo la pequeña burocracia que su organización requiere. 

De este régimen resulta que, siendo rica la Colonia en conjunto, cada uno de los 
colonos es pobre. No carecen de nada necesario a su vida humilde, pero nada poseen ni 
nada acumulan, no siéndole posible a ninguno salir del nivel común. La igualdad social 
más perfecta impera en la colectividad, no habiendo en ella ni jornaleros, ni sirvientes, 
ni meretrices. La explotación del hombre por el hombre está abolida. 

Podemos pues, en este medio social agrario, comprobar los beneficios y los 
inconvenientes de este régimen colectivista. Y vemos que, si es verdad que en él están 
suprimidas esa diferencia de ricos y pobres y esa explotación de los más por los menos, 
que constituye nuestro problema social es también verdad que está suprimida toda 
iniciativa privada y toda libertad de acción. La igualdad no se logra sino al precio de 
la individualidad. Las diferencias que la naturaleza crea en los individuos, en cuanto 
a sus capacidades de conquista, son anuladas, en la resignación pasiva del nivel. Y la 
individualidad es un hecho inmanente del cual no puede prescindir el progreso humano. 

Además, toda comunidad igualitaria requiere como único gobierno posible, el 
despotismo, pues siendo creación lógica del hombre, si se la deja en libertad se deshace, 
volviendo las cosas a la diferencia natural. 

En la Colonia “San Javier” el gobierno es una dictadura paternal y la iniciativa 
individual no existe. ¿Tal estado es condicional y transitorio, determinado por las cir¬ 
cunstancias de su implantación y la exigencias de sus primeros años de lucha que han 
requerido esa unidad gregaria de un jefe, o es por lo contrario, un estado propio de esta 
gente, determinado por la pasividad de su carácter y su gregarismo de colmena? 

Difícil es decidir de pronto la cuestión, fundamental para encarar toda reforma 
que intente introducirse en su régimen. 

Volveremos sobre ella, más adelante, después que los lectores tengan conocimiento 
de otros aspectos de su vida. 


220 



Los rusos de San Javier 


La Administración o Gobierno interno de la Colonia Rusa es en verdad, un despo¬ 
tismo patriarcal. Lubkov rige personalmente toda su vida, así en lo económico como en 
lo moral. Para lo primero es Administrador único con poder otorgado por los colonos, 
tanto en las relaciones internas como en las externas; para lo segundo es Jefe o Gran 
Pope de la religión propia de la secta. 

No se comprendería cuál es la posición de Lubkov respecto a los colonos, si se 
le considerara simplemente como Administrador único de una empresa, cuya voluntad 
decide, por sí y ante sí, de su funcionamiento y de sus destinos. 

Es necesario comprender que es el Jefe de una religión investido de la suprema 
autoridad espiritual, y es en virtud de esta autoridad que los colonos depositaron en él 
plenos poderes, reconociendo como ley su palabra. 

La autoridad religiosa es, en él, anterior a la autoridad administrativa y la base 
de ella. 

Las disidencias comenzaron a producirse en el seno de la Colonia, desde el mo¬ 
mento en que algunos de los colonos dejaron de creer en la autoridad religiosa de Lubkov. 
Al faltar la base moral, cae el poder personal del Jefe, y los incrédulos niegan su derecho 
a administrar por sí solo, revocando el poder otorgado y reclamando intervención en el 
gobierno de la Colonia. 

Forzoso es constatar el fenómeno religioso en el fondo de cuanto ocurre en la 
Colonia Rusa, desde su formación hasta la actual lucha civil entablada entre los bandos. 

La separación más típica entre la minoría disidente y la mayoría adicta a Lubkov, 
es que los componentes de aquella no asisten a las ceremonias del culto, organizando, 
aparte, funciones de carácter laico, tales como representaciones dramáticas o conciertos. 

Durante nuestra estada en la Colonia tuvimos oportunidad de ver este aspecto 
pintoresco de la lucha. Se celebraba en uno de los grandes galpones, la fiesta religiosa 
y nocturna del domingo llamada “Sabrania”; y frente a esta, en franca competencia, en 
otro amplio galpón, los disidentes habían organizado una representación teatral, siendo 
ellos mismos los intérpretes. Todos los adictos a Lubkov estaban en la “Sabrania”; a la 
función dramática asistían las familias de los disidentes y algunos criollos avecindados 
en la Colonia, a quienes atraía más, sin duda, el espectáculo teatral que la ceremonia 
de un culto exótico. 

Preciso es reconocer, sin embargo, que esta división ocurrida entre los colonos, 
no hubiera asumido los caracteres agudos que hoy presenta, si no hubiese sido fomen¬ 
tada por algunos elementos ajenos a la Colonia, respondiendo a finalidades políticas. 
Un personaje hay, cuyo nombre aparece en todos los conflictos internos de los rusos, 
y vinculado a los asuntos de la colonia desde los primeros años de su instalación: don 
Antonio Pons, uruguayo, de filiación nacionalista, establecido con casa de comercio 
en Río Negro y en Paysandú. No tuvimos oportunidad de conocer personalmente a 
dicho ciudadano, pero su sombra flota sobre “San Javier”, presente en todas partes. Él 
es el verdadero sostenedor del grupo disidente y el promotor de todos los escándalos 
tendientes a anular a Lubkov. 

¿Por qué Pons quiere anular a Lubkov? Porque supone que, eliminado este, los 
rusos ciudadanizados de la Colonia no votarían, como lo han hecho hasta ahora, por 
el Partido Colorado. Si Pons está acertado o se equivoca es punto que dejaremos para 


221 



Virginia Martínez 


aclarar más adelante; lo que importa dejar establecido es el móvil político de toda la 
acción agitadora ejercida por aquel ciudadano sobre la Colonia. 

En los años más críticos por que atravesó la comunidad, Pons mantenía estrechas 
relaciones comerciales con ella, comprando la cosecha y abriendo créditos a la Coope¬ 
rativa. Intentó valerse de su situación y de las dificultades por que atravesaba la Colonia, 
para impedir que los colonos intervinieran en el sufragio a favor del coloradismo. No 
exigía el voto a su favor: sólo quería la neutralidad; pues según sus cálculos, la abstención 
electoral de los colonos significaba el triunfo del partido blanco en el departamento. Rogó, 
propuso, amenazó sin resultado. Ofreció treinta mil pesos de crédito, luego sesenta mil: 
en vano. Lubkov no aceptó las propuestas. Pons apretó entonces su garra de acreedor: 
Lubkov logró librarse de su garra. La guerra estaba empeñada: Pons juró voltear por 
todos los medios al Jefe de la Colonia. El grupo de disidentes ha servido, desde entonces, 
e inconscientemente tal vez, a sus propósitos. El los instruye, los protege y los encona. 
Todas las denuncias y las acusaciones lanzadas provienen de él. Su empeño político se 
vale de todos los recursos. Una vez ocurrió que, no habiendo logrado impedir que los 
colonos adictos al Jefe votaran en las elecciones nacionales, procuró obstruir la votación 
haciendo que el Juez de Paz, blanco como él y muy su amigo, trasladara el juzgado en 
vísperas de la elección, de la Colonia donde estaba ubicado, a su casa de comercio, si¬ 
tuada a larga distancia. Pero los colonos se trasladaron allá en cuanto carro tenían, y el 
automóvil de la Administración fue y vino durante todo el día, burlando así la estratagema. 

Conviene aclarar que al apuntar estos datos, no es nuestro intento atacar la 
honorabilidad personal del señor Pons, sino comprobar cómo su pasión partidista ha 
intervenido y sigue interviniendo, en cuanto factor determinante, en esta lucha civil 
dentro de la Colonia. 


(23 de noviembre) 


III 

Cuando llegamos a la Colonia “San Javier” Lubkov no estaba en ella. Se nos dijo 
que se hallaba en Paysandú y volvería al día siguiente. Al siguiente día, en la mañana 
de un domingo luminoso y tibio, lleno de una dulzura vegetal, en que se sentía pasar en 
ráfagas el aliento de los trigales, andábamos por los contornos del poblado, observando 
la vida familiar de aquella gente, cuando supimos que Lubkov acababa de llegar. La 
noticia corrió como una onda magnética por el poblado y se fue a través de la verde 
ondulación de los campos hasta los puestos de allá lejos. Hacía más de una semana que 
el Pope estaba ausente y una inquietud ansiosa había en todos como si faltara el centro 
de la gravedad a la Colonia. 

Nos pusimos en camino hacia el centro, deseosos de conocer al hombre cuya volun¬ 
tad había creado todo aquello, a quien los colonos esperaban con místicas veneraciones, 
y acerca del cual corrían en Montevideo tan extraordinarias historias de lujuria y tiranía. 

Por las verdes calles arboladas y por los caminos dorados que venían de los tri¬ 
gales, a pie, en carro, en tílburi, hombres, mujeres y niños, en grupos alegres, en trajes 


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Los rusos de San Javier 


de fiesta, bajo la cálida luminosidad de la mañana, afluían al centro de la villa. Una 
mansedumbre robusta de grandes bueyes había en los hombres, y en las mujeres una 
placidez henchida de fruto. Nos miraban con curiosidad, saludando corteses. Casi todos 
tenían ojos de niños. -¿Dónde está Lubkov?- preguntamos al llegar al despacho de la 
Cooperativa. En la “Sabrania”, -se nos respondió. 

Oíamos por primera vez esa palabra exótica. Entendimos que era una ceremonia o 
rito de la secta, y -con las confusas noticias que teníamos acerca del sensualismo inmoral 
de aquella gente- imaginamos algún rito bizantino y voluptuoso, una zarabanda mágica 
o bacanal en que Lubkov jugase el rol de macho cabrío. Una duda nos asaltaba empe¬ 
ro, al ver el aspecto tan plácido y doméstico de aquellos aldeanos, cuyos ojos blancos 
transparentaban un alma muy simple. Las barbas apostólicas de algunos viejos, no eran, 
además, muy a propósito para oficiar en la infernal satiriasis. 

Llevados por una aguda curiosidad llegamos al lugar de la “Sabrania”. Era un 
amplio granero de paredes blancas y desnudas, de piso enladrillado, con olor de maíz 
y de alhucema. La gente se hallaba de pie, a un lado los hombres y a otro las mujeres, 
formando dos masas compactas, que dejaban un pasaje en el centro. Al fondo de este 
pasaje, frente a la concurrencia, una mesa de pino cubierta con un mantel blanco; y 
detrás de la mesa, también de pie, algunos ancianos con barbas de “mujik”, en medio 
de los cuales estaba Lubkov. 

¿Aquel, pues, es Lubkov? ¡Que desengaño! Esperábamos ver un hombre de 
catadura sugestiva y dramática, de mirada sombría y boca sensual, con algo de aquel 
Rasputín famoso, místico y charlatán cuya barba enmarañada goteaba hidromiel, y cuya 
mano pálida empuñaba desde las cámaras secretas del palacio del Zar las riendas de un 
corrompido imperio. Y, en cambio, he aquí un hombre al parecer vulgar, de unos cincuenta 
años, fornido de cuerpo, de cabeza cuadrada y calva sobre un corto cuello toruno, de 
rasgos gruesos y sin relieve, el bigote recortado al modo común, sencillamente vestido de 
traje negro, con aspecto de artesano en día domingo o de granjero que viene a la ciudad. 

No se comprende al pronto, cómo este hombre puede ejercer tan profundo dominio 
sobre los colonos, y menos compréndese que sea, con tan vulgar aspecto, el caudillo de 
una secta religiosa, venerado casi como un semidiós. Después, viéndole más de cerca y 
hablando con él, comprendimos algo de eso. 

En el amplio granero que hacía oficio de templo, desprovisto de toda imagen y 
elemento votivo, la concurrencia entonaba unos salmos de acentos graves, ya alternando 
o confundiendo las gruesas voces del coro varonil con las finas y agudas de las mujeres. 
Ninguna música instrumental acompañaba al canto que, por momentos subía y bajaba 
semejante al viento y al oleaje. Varias veces nuestros oídos percibieron claramente, 
entre las ondas del salmo, el nombre de Basil Lubkov. Los que iban entrando al recinto 
se arrodillaban, y, las dos palmas de las manos en tierra se doblaban hasta casi besar el 
suelo. Luego se incorporaban al grupo de los hombres o al de las mujeres, y unían su 
voz al coro cuya intensidad iba creciendo. 

De pronto cesó el canto, y Lubkov empezó a hablar. Habló durante largo rato en 
lengua rusa, con cálida fluidez y tono enérgico. Según nos dijo uno de los asistentes, 
a quien preguntamos, su discurso se refería a los sucesos actuales relacionados con la 
Colonia, y anatemizaba en él a los enemigos que le atacan con la calumnia y con la in¬ 
triga, instando a los colonos a mantenerse unidos y fieles, pues, perdida esa unidad, las 


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discordias y los egoísmos entrarían como serpientes en los hogares, y la Colonia sería 
deshecha y las familias dispersadas como briznas de paja. Algunos viejos y mujeres 
lloraban durante la alocución, y cuando Lubkov terminó, todos, varones y mujeres, 
se besaron, en seftal de fraternidad y lealtad a la secta. Fueron saliendo los colonos en 
grupos, lentamente, entonando nuevos cantos a la luz del medio día, ahora en tono más 
suave, como un viento que se amortiguara en brisa y fuera a dormirse entre los trigales. 
Muchos rodearon a Lubkov, preguntándole ansiosos; los más viejos le besaban las manos. 
Él les hablaba familiarmente, sonriente, acariciando a los niños, nombrándolos por sus 
nombres con sencillez patriarcal. 

Conversando más tarde con él en la casa de la Administración, (se expresa con difi¬ 
cultad en español) acabamos por comprender el secreto de su dominio. Visto de cerca, su 
vulgaridad desaparece; tiene la mirada dura, de halcón, la nariz fuerte, la boca desdeñosa, 
la palabra firme, el ademán imperativo, y de todo él emana una energía ejecutiva y una 
robustez segura, de hombre hecho para la empresa y para el mando. Es superior a todos 
los otros en inteligencia, en instrucción y en carácter. Pero es, ante todo, una voluntad. 
Una voluntad endurecida en cinco años de destierro en Siberia, que sufrió por predicar 
una religión contraria a la Ortodoxa. La vida que este hombre hace entre los suyos, es de 
una sencillez desconcertante. Viendo su casa y sus hábitos, se desvanece toda la sombría 
leyenda urdida en tomo a su persona. Parco en la mesa, su habitación donde gentilmente 
se nos hospeda-la estancia de los terribles misterios- es de una modestia aldeana. En una 
mesita hay cuadernos escolares y libros de su hija Lila. Es todo un ambiente doméstico 
y de granja. Ya veremos después esa novela sensacional de sus amoríos. 

*** 


La colonia “San Javier” es su obra en nuestro país. No solamente trajo a los colonos, 
les dio unidad orgánica, procuró tierras, dirigió los trabajos, trató con los negociantes y 
con el gobierno, cosas de que ninguno de los colonos fuera capaz por sí. Su mayor obra 
está en los tiempos de lucha que siguieron a la instalación de la Colonia. Langosta y 
sequía malograron durante los cuatro primeros años, las cosechas. Cargados de deudas 
que no podían pagar, sufriendo hambre y desaliento, sin protección ni esperanza, los 
colonos pensaron en abandonarlo todo, en emigrar, dispersándose, en buscar otro destino. 

Muchas familias se fueron. Y en tan amargo trance, la inteligencia y la voluntad de 
Lubkov salvaron a los colonos del fracaso e impidieron que se perdiera para el país esa 
fuente de trabajo y de riqueza que es “San Javier”. Sostuvo a los desalentados, quebró 
con mano férrea a los anárquicos, buscó créditos y creó intereses, ligando la Colonia a 
la vida nacional. Si “San Javier” existe es debido a Lubkov. Los colonos lo saben y ello 
arraigó la confianza y la autoridad puesta en el jefe. 

Una empresa tal y una tal lucha sólo puede realizarla un hombre de poder dic¬ 
tatorial. Protesten o lamenten los idealistas sociales, ciertas realizaciones requieren la 
unidad de acción y de mando. Todo fundador y todo reformador necesita ser jefe: tal es 
lo que nos demuestra la historia. Desde el punto de vista de la Libertad y del Derecho, 
su conducta es absorbente y despótica; pero, desde el punto de vista de la Realidad, no 
es más que un hecho necesario. La historia nos demuestra asimismo que, todo creador 


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Los rusos de San Javier 


o reformado, realizada su obra, chica o grande, cae en desgracia. El ostracismo o el 
puñal es el destino de los héroes desde Julio Cesar hasta Bolívar. Cumplida su misión, 
no siendo ya necesario, se convierte en un obstáculo. La voluntad que sirvió para crear 
se transforma en opresión tediosa cuando ya la empresa está cumplida; así los héroes 
han solido convertirse en tiranos. La vida crea órganos para cada función, y cuando ya 
la función no es necesaria destruye el órgano. 

Dentro del modesto campo de su empresa, Lubkov no hace más que confirmar 
esa ley y ese hecho. Lubkov fue necesario a la Colonia, que fue obra suya. Y mientras 
fue necesario, su poder pareció natural. Ahora la Colonia es ya un hecho seguro, un 
organismo formado, en pleno desarrollo, próspero, autónomo, ligado a los intereses del 
país. Y entonces Lubkov comienza a entrar en ocaso. Declina su autoridad a medida que 
la Colonia se consolida y crece, como los padres envejecen en tanto que maduran los 
hijos; y así como se pudre o se seca la pulpa del fruto en cuyo seno se formó la semilla, 
la voluntad del fundador ha de desaparecer para que fructifique su obra. 

La crisis en que se halla el poder de Lubkov, es un hecho fatal que a mayor o 
menor plazo debe resolverse en su contra. Él lucha por mantenerlo, y es humano. Con 
acento de sinceridad, enardecido de indignación, relampagueándole los ojos, hinchadas 
las venas de la frente, paseándose a grandes pasos y apretando sus puños, nos declara: 
El triunfo de mis enemigos sería la muerte de la Colonia. 

No podríamos afirmar que hubiera llegado el momento en que Lubkov deba abdicar 
su poder dictatorial, para entregarlo a un consejo administrativo. Quizás la obra necesite 
aún de su mano, un poco dura, como toda mano de forjador. Pero si aún no ha llegado 
ese momento es seguro que llegará. El propio desarrollo de la Colonia es el peor enemi¬ 
go de su poder. Los hijos, cuando llegan a la mocedad sacuden la tutela de los padres. 

Lo peor es que Lubkov se siente aún henchido de energías. Sus manos tienen 
todavía la resistencia y la flexibilidad del acero. 

(24 de noviembre) 


IV 


La tarde del domingo fue calurosa y pesada, cargándose el cielo de vapores; 
suponíamos que no tardaría en llover; pero los labriegos, con su ciencia empírica de la 
naturaleza, nos afirmaron que probablemente tendríamos un gran ventarrón. Y, en efecto, 
hacia el oscurecer se levantó de improviso un huracán, que envolvió el poblado, durante 
una hora, en espesa nube de polvo. Las calles muy animadas a esa hora, quedaron al 
instante desiertas. Nos refugiamos en la cantina, y, quiso el azar que allí tuviéramos el 
primer encuentro con los colonos disidentes, a quienes deseábamos conocer. La cantina, 
una gran pieza cuadrada, estaba atestada de rusos, que, a la luz mortecina de una lámpara 
de kerosene encendida sobre el mostrador, se revolvían, discutiendo a gritos. En la masa 
confusa de torsos fornidos y de gorros peludos, se destacaban fugazmente rasgos de 
pómulos abultados, ojos estrechos, bigotes hirsutos, manos velludas, entrecejos hoscos, 
dentaduras blanquísimas y enteras que se abrían en francas y ruidosas risas. Había allí, 
mezclados, adictos y disidentes; discutían encarnizados, en su lengua sonora, exaltándose 
y hasta increpándose, pero sin que amagara un ademán agresivo ni un conato de pelea. 
Estos rusos no riñen jamás; el comisario de la Colonia, -un mozo muy correcto- nos 


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Virginia Martínez 


dijo que no obstante la tremenda lucha que los separa, nunca hay entre ellos un incidente 
de carácter violento, de modo que la policía poco tiene que intervenir en sus cosas. En 
aquel pelotón de rusos trenzados en polémicas, poco pudimos comprender. Unos y otros 
nos rodearos hablándonos de sus asuntos, estos atacando a la Administración, aquéllos 
defendiéndola. Sus palabras eran confusas; los disidentes formulaban cargos, los adictos 
los negaban o los rebatían. Un ruso moreno, de grandes bigotes, se quejaba de que le 
habían arrebatado una vaca; otro, pelirrojo, que le embargaron la cosecha; otro, pequeño, 
de que lo habían dejado sin tierra; otro, grandote, de que le habían cerrado el crédito en 
la Cooperativa, porque no iba a la “Sabrania”; los adictos de Lubkov le decían al primero 
que la vaca no era suya; al segundo que la cosecha le fue embargada porque no quería 
pagar sus deudas; al tercero que se quedó sin tierra porque no la trabajaba; al cuarto 
que es un anarquista del Cerro, entrometido en la Colonia para provocar el desorden... 
Hubo un momento en que todos hablaban, mitad en ruso, mitad en español, agitando los 
brazos, de modo que aquello es una batahola. Como deseábamos saber, concretamente, 
las razones del grupo revolucionario y sus propósitos, convinimos con Chuchulin que al 
día siguiente iríamos a su casa, o a casa de Kulik, donde estarían reunidos los cabecillas 
del grupo, y allí nos explicarían las cosas. 

A la hora convenida vino a buscamos el hombre chiquito y pelirrojo que les sirve 
de agente y anda siempre escurriéndose receloso por todas partes; y nos llevó a casa de 
Kulik, un rancho alto, confortable, compuesto de dos o tres habitaciones, con huerta y 
corral. Se nos recibió en una pieza amplia, blanca, con ventanas provistas de cortinillas 
rojas, en la que había una cama muy limpia, una mesa con carpeta, un gran cofre, y, en 
las paredes, sobre repisas, multitud de retratos de personajes rusos en trajes regionales, 
cosacos del Cáucaso, con sus grandes bigotes, campesinos venerables, parecidos a 
Tolstoi, mujeres bellísimas, familias tan numerosas como una tribu, todo en profusión 
de pieles y de alamares. 

Formando círculo se hallaban sentados, unos en la cama, otros en la mesa, otros 
en sillas y banquetas, unos diez o doce rusos de muy variados aspecto; pues mientras 
Kulik era alto y moreno, con algo de sirio, Chuchulin era grueso y pelirrojo, y Solatariov 
era pequeño y vivaz, con tipo de italiano del norte. Todos eran jóvenes en la rueda, y sus 
rostros revelaban despejo y voluntad. 

Chuchulin tomó la palabra, y en castellano bastante claro nos explicó las razones 
de sus disidencias. Chuchulin era, al principio, gran adicto a Lubkov, su “mano derecha” 
en todo el manejo de la Colonia. Después, por rivalidades amorosas, se enemistaron. 
Parece que Chuchulin conquistó a la que era mujer de Lubkov, una tal Natalia, muy 
hermosa y que ahora es su mujer. 

Ahora Chuchulin dice que Lubkov administra arbitrariamente, que da o quita las 
tierras y el crédito según sean los colonos más o menos adictos a su secta; además no 
da cuenta a nadie de lo que hace y los colonos no saben en qué se invierten los dineros 
de la comunidad. Respecto a la arbitrariedad de Lubkov todos los presentes están de 
acuerdo. No así respecto a su honradez, pues mientras Kulik afirma que se apropia de 
los dineros de la Colonia, Chuchulin no cree tal cosa. 

-No, yo no digo que se robe el dinero; pero, queremos saber en qué se gasta. 

-¿Lo que ustedes quieren es la división de la tierra, y que a cada uno se le entregue 
su parte, en propiedad? 


226 




Los rusos de San Javier 


-No, nosotros estamos conformes con el régimen comunista. Pero no estamos 
conformes en que Lubkov sea el único que gobierne. 

-Lo que ustedes quieren, entonces, preguntamos, ¿es compartir la Administración 
con Lubkov? 

-Lo que queremos es que cambie la dirección personal de Lubkov por un Consejo 
Administrativo, compuesto por delegados de todos los colonos, y del que Lubkov podría 
también formar parte. 

-Luego, ¿ustedes no quieren separarse de la Colonia, para constituir un núcleo 
aparte? 

-No, queremos seguir dentro de la Colonia, pero interviniendo en la Administra¬ 
ción. La Colonia debe ser de todos. 

-¿Por qué, si no están conformes con Lubkov, y con la mayoría que es adicta, no 
se separan formando otra colonia? 

-¡Ah, no, no! -protestaron, agitando los brazos. No queremos irnos. Queremos 
sacar a Lubkov. 

-Y lo sacaremos -dijo Kulik, sombrío. Tanto vamos a hacer que lo conseguiremos. 

-Si el gobierno no nos hace caso tendremos que hacer una revolución dijo -en 
correcto español- un mocetón que había llegado recién y estaba parado en la puerta. 

-¿Usted también es colono? -le preguntamos, porque nos pareció extraño su tipo. 

-No, señor, contestó, vivo aquí. Llegué hace poco de Montevideo. 

-¿Pero es ruso? 

-Sí, pero no soy de los rusos de Lubkov. 

-Ah, ya, usted es maximalista... 

El mocetón se encogió de hombros. Los otros se miraron, inquietos, al oír aquella 
palabra. Se hablaron algunas frases en ruso y luego Solatariov nos dijo: 

-No somos maximalistas. 

-¿Cómo es, entonces que están ustedes suscritos al diario “Justicia” de Montevideo, 
y que celebraron un mitin con banderas rojas y oradores comunistas venidos de Paysandú? 

Hubo un momento de indecisión en el grupo. Se miraron y hablaron en ruso otra 
vez. Otra vez nos dijo el lenguaraz: 

-Nosotros estamos con los que ayudan nuestro movimiento. Si el gobierno nos 
apoyara en vez de apoyar a Lubkov, seríamos amigos del gobierno. 

Vimos pegado en la pared uno de los carteles alegóricos publicados por el Partido 
Comunista, y que ya habíamos visto en las calles de Montevideo. 

-¿Y ese cartel? -inquirimos 

Nueva indecisión, nuevas miradas, nuevas frases en ruso. 

-Lo trajeron los oradores de Paysandú -contestó Solotariov alzando los hombros, 
para no darle importancia. Y agregó Kulik, dueño de la casa: 

-Es un adorno... 

Recordamos que la noche anterior en la representación teatral, lucía al frente una 
bandera roja con inscripción en letras rusas. Preguntamos a Chuchulin qué querían decir 
esas letras y nos respondió sin vacilar: 


227 




Virginia Martínez 


-República Social de los Soviets Rusos. Pero, al instante, recapacitando, corrigió: 
Sociedad Obreros y Agricultores Rusos. 

Nos quedamos con la primera versión por ser la espontánea. Es evidente que este 
grupo está tocado de bolshevikismo, si bien persigue una finalidad concreta e inmediata 
dentro de la Colonia, que es quitar Lubkov, para sustituirlo por un “soviet”. 

Aquí se produce, sin embargo, un doble juego. Porque ellos, que aspiran al go¬ 
bierno de la Colonia, se valen de la ayuda pecuniaria que les presta el nacionalista Pons, 
siguiendo, en la acción, sus indicaciones; pero el señor Pons, nacionalista, se vale de 
ellos para voltear a Lubkov y cambiar el régimen, en la esperanza de volver así, a favor 
de su Partido, los votos de la Colonia. 




Era ya media tarde cuando salimos de casa de Kulik, para ir en compañía de varios 
sovietistas hasta la estancia del señor Espalter, lindante con la Colonia. 

Este hacendado fue el primero que, en el país tuvo relaciones con Lubkov y sus 
colonos, habiéndose instalado en campos arrendados por él, la primera Colonia. Más 
tarde, la Colonia compró la mayoría de sus campos, quedándole en la actualidad sólo 
un pequeño predio sobre el río Uruguay. 

Como teníamos noticias que había sido actor en las cuestiones políticas relacio¬ 
nadas con la Colonia, deseábamos obtener un informe concreto de su parte. Ilustrado y 
campechano a la vez, nos atendió con familiar criollismo. 

-Sí señor, nos dijo. Yo intervine para que los rusos se ciudadanizaran y votaran a 
favor del Partido Colorado en las elecciones para Senador, en 1918, de las que resultó 
electo el señor Stirling. Yo era muy amigo de Lubkov en ese entonces y tenía muchos 
amigos influyentes para el gobierno. Pero mi intervención fue personal, privada, sin 
que mediara ningún género de compromisos por parte de los hombres del gobierno; 
fue una cuestión amistosa entre Lubkov y nosotros, en la que sólo nosotros tuvimos 
que ver. No tengo inconveniente en declararlo, ni motivo para ocultarlo. Cada cual tira 
para su partido y yo tiré para el mío. Es perfectamente honesto. Los rusos no votaron 
con nosotros obligados por ningún compromiso, sino agradecidos por la ayuda que el 
gobierno colorado les había prestado, en los momentos más difíciles por que atravesaron, 
salvándolos del desastre. ¿No es lógico y justo que apoyaran con sus votos a un partido 
que era su amigo, y contribuyeran a sostenerlo en el gobierno? Puede usted asegurar que 
en eso no hubo ningún trato inmoral ni se halla comprometido el nombre de ninguno de 
los ciudadanos dirigentes del Partido. 

Tal nos dijo el señor Espalter a ese respecto. Conviene agregar que, en la actualidad, 
dicho hacendado es enemigo de Lubkov y cree que debe ser sustituido en la Adminis¬ 
tración de la Colonia por un Consejo designado por el Estado. 

Cuando volvimos a “San Javier” era de noche y, sobre el Uruguay que surcábamos 
en una lancha, se derramaba el encanto celeste del plenilunio. 

Algunos de los rusos que nos acompañaban, sensibles a la belleza de la noche, 
entonaban lejanos cantos de su tierra, por los que oímos pasar el alma de Borodine. La 


228 



Los rusos de San Javier 


magia de la luna y del canto, casi hacíanos olvidar de las prosaicas cuestiones que nos 
movían. Pero Kulik, cejijunto y obstinado, seguía refunfuñando contra Lubkov. 

(25 de noviembre) 


V 

“Nueva Israel”, secta religiosa fundada hace muchos años, entre los rusos del 
Cáucaso, es una de las varias sectas de su índole aparecidas en los límites de la Rusia 
europea y asiática, la región donde el cristianismo de Occidente se toca con los cultos 
antiguos de la Siria y de la Persia, formando extrañas derivaciones. 

El pueblo eslavo, enorme, confuso, primitivo, con algo del espíritu místico del Asia 
misma, es propicio a la propagación de sectas religiosas. La religión de “Nueva Israel” 
predicada por algunos profetas en montes y valles de Cáucaso, hizo entre los aldeanos 
rápido proselitismo. Los que están en el Uruguay son una parte de la secta. En los Estados 
Unidos existe otra colonia, y en Rusia quedaban aún algunos miles. 

“Nueva Israel” es en el fondo una secta protestante, relacionada con el Antiguo 
Testamento de los Hebreos y con los Evangelios cristianos, pero completada con ele¬ 
mentos de paganismo, tales como el mito de Prometeo, y algunas alegorías y prácticas 
de los cultos de Oriente. 

Norik, un joven ayudante de Lubkov, muy inteligente y que habla bien el español, 
nos explicó una mañana, en el local de la Biblioteca, las creencias de la “Nueva Israel”, 
teniendo por delante un gran libro en ruso, especie de Biblia, con retratos de apóstoles 
barbudos y lleno de salmos litúrgicos, algunos de los cuales, nos dijo, eran compuestos 
por Lubkov. 

El dios de los “nuevos israelitas” es un espíritu creador, sin forma y sin nombre, 
que todo lo anima y está presente en todas partes, pero que no debe ser representado 
en imagen ni adorado en templos. Tiene en la tierra un profeta o iluminado con don de 
sabiduría, cuya misión es dirigir a los hombres. Este don o poder se va transmitiendo de 
uno a otro a través de los siglos. Jesucristo fue uno de esos profetas o sabios iluminados, 
y de ahí que se tengan en cuenta las enseñanzas del Evangelio. El actual profeta de la 
secta es Lubkov, heredero de la sabiduría y del poder de sus antecesores. La posición de 
este profeta ante Dios y ante su pueblo, es semejante a la de Moisés, de ahí el nombre 
de “Nueva Israel” con que se denomina la secta. 

Doce apóstoles -recordando a Jesús- acompañan al profeta. Y son los doce más 
patriarcas y prudentes de toda la comunidad. 

Toda la doctrina de esta secta, que parece ser casi puramente de carácter moral, 
está contenida en cantos o salmos que llenan el voluminoso libro que Norik nos muestra. 
Lubkov, como su jefe actual, ha dado también sus enseñanzas en algunos de los salmos 
ahí contenidos, y que los fieles cantan en la “Sabrania”. 

El culto es sencillísimo, pareciéndose a los protestantes sajones en que no tienen 
imágenes, ni altares, ni cirios votivos, ni ropajes, ni ningún rito eclesiástico. La “Sabrania”, 
-que ya hemos descrito- se compone de cantos y alocuciones. Puede celebrarse tanto 
dentro de un salón como al aire libre, y su único símbolo es la mesa cubierta con el mantel 
blanco, significando la comunión de todos en el espíritu divino y en el trabajo humano. 


229 




Virginia Martínez 


La “Sabrania” que celebran por la mañana es más simple y severa, limitándose 
al canto de los salmos y al discurso de Lubkov, que versa siempre sobre temas de ética 
positiva y sobre los intereses de la comunidad. Es a la vez un sermón religioso y una 
arenga política. 

En la “Sabrania” nocturna tiene lugar el baile. Este espectáculo es verdaderamente 
extraordinario para nuestros ojos, por su exotismo original. Algo semejante recordamos 
haber visto en las danzas del “Príncipe Igor”. 

Los dos coros de hombres y mujeres, separados hasta entonces, tal como ya lo 
hemos descrito, comienzan a acercarse, mientras intensifican el canto, que cambia su 
salmodia majestuosa por el “alegro vivace”. Aumentando el canto en vivacidad, hombres 
y mujeres comienzan a agitarse, saltando y levantando los brazos, que mueven como 
si hicieran señales. Una de las mujeres sale al centro y comienza a girar, con el rostro 
encendido, saltando y moviendo el cuerpo y los brazos en balanceo. Cinco o seis hombres 
y mujeres la rodean, formando pelotón y girando en su tomo; otras y otros danzantes se 
van plegando a la rueda, formando círculos concéntricos y giratorios, agitando los brazos 
y saltando, mientras gritan de modo rítmico y enérgico: jop! jop! jop! 

Los que están fuera golpean las manos, llevando el compás y excitando a los danzan¬ 
tes. Poco a poco todos van entrando en la rueda que salta y gira, formando nuevos círculos, 
siempre más de prisa, entre gritos rítmicos, que al fin son ya jadeantes; para completar la 
plasticidad sugestiva de esta danza primitiva -que evoca quién sabe qué antiguos ritos 
mágicos de Oriente -sólo faltan los trajes regionales, con el brillo de sus colores. 

Es de observar que ningún instrumento musical acompaña a esta danza; no hay 
más que el canto coral, el grito sincrónico y el golpe de las manos. Estos rusos no usan 
instmmentos de música. Sólo vimos en toda la Colonia, un fonógrafo, en la Cooperativa, 
y una guitarra en casa de Kulik. 


*** 

Cuando dos jóvenes se casan por primera vez, celébrase una ceremonia nupcial 
propia de la secta; ceremonia llena de gracia y colorido, en que se mezclan al ritual 
sectario viejas costumbres rusas campesinas. 

Hallándonos en la Colonia, tuvo lugar una de esas ceremonias. Hacía un mes que 
los desposados habían sido unidos por el Juez, según la ley civil, y esperaban aún la unión 
religiosa que debía consagrar Lubkov, Profeta de los “nuevos israelitas”. 

La ceremonia se celebró de tarde, a una legua del poblado, en medio de los trigales. 
Cuando llegamos al lugar, ya estaban allí todos los colonos reunidos en gran número, 
vestidos de fiesta. Habían levantado una gran carpa semejante a nuestros circos de lona, 
y debajo se hallaba tendida la mesa en que, más tarde, se serviría el banquete de bodas. 

Formaron un vasto círculo, a un lado los hombres a otro las mujeres, como en la 
“Sabrania”, dejando al frente un espacio de entrada. Lubkov y sus apóstoles estaban de 
pie al fondo de este círculo. En el centro, tendido en tierra, un mantel blanco, entre una 
planta de mirasol y otra de paraíso. 


230 




Los rusos de San Javier 


De un rancho próximo salieron los desposados, seguidos de un largo cortejo de 
muchachas, entonando un canto nupcial; las más hermosas muchachas de la Colonia, 
vestidas con trajes claros y adornadas con flores, formaban el cortejo que avanzó lenta¬ 
mente hasta llegar frente a la entrada del círculo. Avanzaron los desposados y se arrodi¬ 
llaron sobre el mantel, tomados del brazo. Se elevó en la tarde serenísima, bajo el sol ya 
declinante, el canto del coro, ya alternando o fundiendo las graves voces de oboe de los 
hombres con las flautas dulcísimas de las mujeres. Largo rato duró el canto solemne en 
medio del silencio de oro de la campiña. Cuando cesó, Lubkov habló a los desposados. 
No entendimos el discurso de este extraño profeta de una secta rural pero debía tocar el 
alma sensible de los colonos, pues la joven desposada lloraba y el consorte estaba con¬ 
movido hasta la palidez. Terminó Lubkov su discurso y los desposados, poniéndose de 
pie, fueron besando a uno por uno de los asistentes, así a los hombres como a las mujeres. 

La parte solemne de la ceremonia había concluido y tocaba el tumo al banquete. 
Todos ocuparon las largas mesas tendidas bajo la carpa, y el regocijo se desbordó en 
risas y bromas. A la cabecera estaban los esposos, a su derecha Lubkov, a su izquierda 
los padres, luego los apóstoles y la parentela. 

Servían la mesa parientes de los desposados, pues tal es la costumbre. Trajeron, 
para comenzar, una gran torta de arroz, tradicional en las comidas de bodas, y Lubkov, 
como jefe de la secta, la partió, sirviendo a los principales. Luego pasó a las otras mesas 
y todos comieron de ella. Pavos rellenos, chivitos al asador y otros platos vinieron, en 
sabrosa abundancia campesina, con mucho condimento de yerbas olorosas y adornados 
con una gracia rústica. Unos a otros se ofrecían los mejores bocados, en generosa alegría. 
Al servirse el vino, Lubkov brindo el primero, diciendo una sola palabra: “gorka”; y 
cada vez los esposos se besaban. 

Ya era plena noche cuando se dio fin al banquete. Una luna enorme y dorada alum¬ 
braba los vastos trigales, bajo el cielo cobalto, de una dulzura profunda de eternidad. Una 
brisa tibia hacía ondular la extensión verde, trayendo los olores de la tierra cultivada; y 
miles de luciérnagas encendían sus puntos de luz fosforescente, en una fiesta mágica. 

En tal grandioso escenario, los colonos danzaron hasta más de la media noche, 
sus danzas exóticas, acompañados del coro agrario. Tomados de la mano, en ruedas 
grandísimas, giraban y giraban entre los trigos, cantando y saltando en una alegría di- 
tirámbica. Lubkov saltaba y giraba junto a ellos, y algunos de los viejos apóstoles iban 
también llevados en la rueda por el arrebato de los jóvenes. Las muchachas tenían las 
mejillas encendidas bajo la luna y sueltas las cabelleras a la brisa nocturna. La ansiedad 
dulcísima del amor se insinuaba en las manos que oprimían y los latidos de las venas. 

Pero, “lo que debía ocurrir no ocurrió”. 

Y los grupos de colonos volvieron hacia el poblado, a través de los campos que 
plateaba la luna, fatigados los pies y el corazón alegre, cantando antiguos coros, entre 
la ondulación de los trigales. 

(26 de noviembre) 


VI 

El más original aspecto de la vida de los colonos rusos en “San Javier”, es, sin duda, 
el que respecta a las relaciones sexuales. Dentro de la secta de la “Nueva Israel” el amor 


231 



Virginia Martínez 


es libre. Cuando un hombre y una mujer se quieren, se unen, sin que exista traba ninguna 
para ellos. Viven en matrimonio durante el tiempo que la simpatía permanece viva y la 
armonía no se rompe. El sentimiento es quien establece esta duración del vínculo; unas 
uniones duran muchos años y otras pocos meses. Cuando los esposos ya no armonizan, 
sea por razones de carácter o por haber nacido en uno de ellos alguna nueva simpatía 
imperiosa, se separan, quedando ambos en libertad de concertar nuevas uniones. Los 
hijos habidos de un matrimonio, al separarse los cónyuges quedan en poder del padre o 
de la madre, indiferentemente; y en caso que haya discusión, el jefe de la secta decide, 
de acuerdo con los apóstoles. Los nuevos padres aceptan el cuidado y la paternidad de 
los hijos que uno de ellos o ambos traen consigo, al modo como, entre nosotros, ocurre 
con los viudos o divorciados con prole que contraen nuevo enlace. 

Así, la mayor parte de los hombres y mujeres de la secta han realizado en su 
vida varias uniones. La que es hoy mujer de Chuchulin, lo fue de Lubkov; y la que es 
mujer de Sabelín, lo fue de Chuchulin anteriormente. Lubkov tiene consigo hijos de dos 
mujeres: de Natalia (ahora esposa de Chuchulin) y de Vera, la actual consorte. Lila, la 
hija de Natalia, es su mayor cariño; pone, tal vez, en ella, el amor que tuvo a la madre, 
hermosa mujer que le abandonó para unirse al que es hoy cabecilla de los disidentes, y 
que fue, según dicen, la gran pasión de su vida. 

Los colonos rusos no son, pues, polígamos, como se ha supuesto, sino monógamos. 
Conviven con una sola mujer a la vez, y hacen vida de matrimonio y hogar, lo mismo 
que entre nosotros. Sólo que esas uniones no tienen carácter permanente, pudiendo 
contraerse varias en el curso de los años viriles. Pero, esa libertad matrimonial adoptada 
como norma legal y religiosa por la secta de “San Javier”, ¿qué es, en suma, sino una 
ampliación de nuestra ley de divorcio? 

Del divorcio restringidísimo de algunas legislaciones, que sólo lo admiten por 
adulterio probado o por condena criminal de una de las partes, al divorcio “ad limitum” 
sancionado en nuestra legislación, por el cual sólo se requiere la voluntad de uno de los 
cónyuges, y basta, para producirlo, la incompatibilidad de caracteres, hay en rigor mayor 
distancia moral que la que existe entre este divorcio nuestro y la libertad matrimonial 
de la Colonia Rusa. También, entre nosotros, los divorciados pueden contraer nuevos 
enlaces, existiendo ya muchos matrimonios de divorciados. La situación de los hijos en 
uno y otro caso, es la misma. 

Dad un paso más; admitid el divorcio por simple demanda del hombre, como 
ya se admite por demanda de la mujer; abreviad los largos trámites judiciales que hoy 
exige, y ya tenemos la libertad matrimonial de “San Javier”. No es más que un paso, 
mucho más corto, por cierto, que el que va del divorcio por mutuo acuerdo al matrimonio 
indisoluble de la Iglesia Católica. 


No hay, pues, por qué escandalizarse. Moralmente, la situación de los colonos 
rusos es la misma que la nuestra, si aceptamos como índice de moralidad social las leyes 
dictadas por el Parlamento. 


232 




Los rusos de San Javier 


Es más: si admitimos el concepto generador del divorcio voluntario, esto es, que 
no puede obligarse a permanecer unidos a aquellos seres que la naturaleza separa, ni 
impedir las nuevas uniones de aquellos que ya se han separado, tendremos que reconocer 
la libertad matrimonial de los colonos rusos, como la consecuencia lógica de ese proceso 
de derecho civil que se viene desenvolviendo en la legislación contemporánea. 

Que los católicos, en nombre de su moral dogmática, condenen como una abomi¬ 
nable licencia esa libertad matrimonial, es lógico. Pero sería absurdo que lo hicieran los 
hombres de conciencia laica, que admiten el principio del divorcio voluntario. 

El divorcio tiende a corregir, en gran parte, ese terrible vicio de nuestra moral 
tradicional: el adulterio. El adulterio es la ironía de la Realidad contra el necio idealismo 
del vínculo indisoluble, y la protesta de la naturaleza contra las falsas normas en que 
el hombre pretende encauzarla. El adulterio ha sido-y sigue siendo todavía- un hecho 
numeroso y permanente en nuestras sociedades. El adulterio y la prostitución son las 
dos válvulas monstruosas, abiertas por la presión natural, en las paredes de la moral y 
de la ley. Nuestras sociedades son esencialmente inmorales, porque producen de modo 
necesario y fatal, el adulterio, que es el engaño, y la prostitución que es el envilecimiento. 

¿Pueden condenar a los colonos rusos, nuestros esposos que mantienen queridas 
a espaldas de los hogares o trasnochan en las “pensiones de artistas”? ¿Y las mujeres 
abandonadas? ¿Y los hijos anónimos? ¿Y el porcentaje de abortos criminales? ¿Y los 
miles de víctimas que la lujuria arroja de continuo a los lupanares? Nuestros graves 
señores se han indignado mucho, porque, según se decía, los colonos rusos tenían va¬ 
rias mujeres. Pero esos mismos señores, tienen, entre nosotros, una mujer legal y otras 
clandestinas. La prostitución es la forma más monstruosa de la poligamia. Mas, ¡he aquí 
que los colonos rusos son monógamos! 

¡Fariseos, cubrios el rostro; nuestra moralidad es un sepulcro blanqueado! 

En la Colonia “San Javier” no hay adulterio, ni abortos, ni lupanares. No se fuma, 
no se juega, y se bebe muy poco. Quien diga que allí reina la inmoralidad es un impostor. 

*** 


Lubkov, a quien los enemigos acusan de llevar vida licenciosa a expensas de su 
posición, vive como los demás, de acuerdo con sus costumbres. 

Ha tenido, desde que se estableció en “San Javier”, tres mujeres: Natalia, muy 
querida y respetada por todos los colonos, con la cual estuvo algunos años, desde antes 
de llegar al país. Ya dijimos que ese matrimonio terminó por voluntad de Natalia, quien, 
habiéndose enamorada de Chuchulin, decidió formar nuevo hogar. No recordamos el 
nombre de la segunda mujer, de la cual Lubkov se separó, por haber esta contraído la 
tisis, y, por tanto no ser apta para engendrar hijos. (¿Los Derechos de la Salud?). Ac¬ 
tualmente, esa segunda consorte vive con su madre, sostenida por Lubkov. La esposa 
actual del jefe es Vera, con quien contrajo, hace un tiempo, nupcias solemnes, y de la 
cual tiene dos hijos. 

Como se ve, todo esto es muy sencillo y natural, excepto para los curas y los zonzos. 

Si Lubkov ha tenido alguna otra aventurilla amorosa, -cartas mediante- es cosa 
que no nos interesa. Es muy posible que la tuviera. Pero qué ¿vais a hacer el papel de 


233 



Virginia Martínez 


puritanos, queridos señores? ¿Vosotros no habéis tenido vuestras aventurillas? Si no las 
tuvisteis no será por falta de deseos sino de condiciones. Es ridículo ponerse a analizarle 
a un señor sus amoríos. Como tema jocoso, puede pasar; pero tomado en serio es un 
absurdo. Esos líos de faldas no interesan al país. Lo que al país interesa es la obra de 
trabajo productivo y sana procreación que en “San Javier” se realiza. 

La moralidad de un pueblo está en los hijos. Una colectividad que procrea hijos 
numerosos y sanos, limpios e inteligentes, es necesariamente una colectividad moral. 
¿Qué los hijos son pocos, débiles, o torpes?: he ahí una colectividad disoluta y viciosa. 
Lo demás son pamplinas de sacristía. 

El índice de la moralidad en la Colonia Rusa, está en esa prodigiosa pululación 
de criaturas rosadas, que las madres llevan prendidas a los senos y los padres pasean en 
sus brazos robustos. 

(27 de noviembre) 


VII 


Ya hemos examinado, en anteriores artículos, las causas y caracteres de la lucha 
interna que agita a la Colonia “San Javier”. Hemos visto que una disidencia religiosa en 
las creencias y reformas de la secta originó la rebeldía de un grupo de colonos, que se 
opusieron a la autoridad de Lubkov, en cuanto a jefe único de la Colonia, hasta entonces 
reconocido y acatado sin discrepancias. Hemos visto que esa disidencia de un grupo ha 
sido hábilmente fomentada por el ciudadano blanco José Antonio Pons, fuerte negociante 
de aquella zona, para lograr sus propósitos de quitar a Lubkov de la Dirección de la 
Colonia, en la esperanza de anular así el contingente electoral que esta aporta al Partido 
Colorado. Hemos visto asimismo que, esta alianza entre Pons y el grupo disidente, es la 
que ha venido agitando ruidosamente el ambiente dentro y fuera de la Colonia, provocando 
campañas de la prensa blanca contra su régimen interno y suscitando interpelaciones 
parlamentarias, la última de la cuales ha motivado un proyecto del Ministro de Industrias 
en el cual se sustituye a Lubkov, actual administrador, por un Consejo. 

Pero, todos estos hechos tienen, si bien se miran, una explicación de carácter so¬ 
ciológico, que les da un sentido más histórico y general que el de una simple incidencia 
de organismo local, trascendiendo asimismo todo interés político. En todos esos hechos 
debemos ver el proceso de transformación de un organismo exótico, como es la Colonia, 
al adaptarse a la vida nacional, fundiéndose en ella. 

Al fundarse la Colonia, es una entidad absolutamente extraña al país, sin más 
relaciones que las económicas, como un pedacito del Cáucaso ruso ubicado dentro del 
territorio. Religión, raza, idioma, costumbres, todo hace de la Colonia una entidad aparte, 
como una isla moral en medio de la vida de la nación. 

Pero ese aislamiento es precario. La corteza moral de la Colonia no es impermeable, 
y los elementos de la vida nacional empiezan a penetrarla, obrando sobre ella. 

Los mismos colonos empiezan por adaptarse a las condiciones geográficas y eco¬ 
nómicas del medio, desde el momento de su instalación. Adoptan como tipo de vivienda 
el rancho criollo, aunque modificándolo convenientemente, se apropian al mate, del que 
hacen su bebida favorita; cambian la indumentaria regional por los trajes usuales en el 


234 




Los rusos de San Javier 


país de aclimatación; y aprenden el idioma, en su forma popular, con todos los giros y 
las expresiones del ambiente. 

Por influjo de las conversaciones con los criollos y de la lectura de los periódicos, 
los conceptos tradicionales e ingenuos que traían, comienzan a vacilar y descomponerse. 

Puestos en medio de la circulación de ideas cosmopolitas de nuestros países, sus 
dogmas religiosos son corroídos por la incredulidad y sus normas sectarias por la ironía... 

“Nueva Israel” no puede mantenerse incólume y el acatamiento al jefe de la secta 
se relaja. La descomposición de la fe sectaria es el primer paso en la transformación de 
la entidad. 

Luego interviene el factor político. El factor político no es, en este caso, sino 
el elemento más poderoso de adaptación al medio. Necesidades vitales de la Colonia 
determinan su intervención en la vida cívica. Los colonos se ciudadanizan y votan en 
las elecciones nacionales. 

Al tomar partido por uno de los bandos políticos, los agentes del otro bando 
empiezan a ejercer su acción contraria, ligándose con los elementos descontentos de la 
Colonia y acrecentando la agitación en su seno. 

Las normas tradicionales y la autoridad del jefe son discutidas; la prensa hace 
crítica de su vida y se mete en los inocentes misterios de la secta. La sencillez primitiva 
de sus costumbres se va complicando poco a poco con hábitos del ambiente. Algunos de 
los colonos viven un tiempo fuera de la colonia, -en Paysandú o en Montevideo, y aun 
en Buenos Aires- y al volver, llevan consigo la inquietud de las ciudades, los vislumbres 
de una vida múltiple. 

Los más jóvenes -mancebos y muchachas- formados en el país, influenciados por 
los elementos conversos, ya no sienten hacia la secta y hacia su jefe el fervor ingenuo y 
antiguo de los padres. Cantan en la “Sabrania” por respeto y solidaridad paterna, pero no 
besan las manos de Papá Lubkov como los hacen los viejos. El matrimonio civil, cada 
vez más numeroso entre los jóvenes -en este año se han celebrado dieciocho- cambia 
en mucho las condiciones de su vida amorosa, pues les coloca en la misma situación de 
las demás personas del país, bajo la norma de la ley. 

La nueva generación -en gran parte nacida en el país- recibe, en la Escuela Pública, 
la instrucción común, que la forma en la mentalidad nacional, y la separa, intelectualmen¬ 
te, de sus padres. La vida rusa y el carácter ruso son cosas cada vez más lejanas y vagas 
para ellos, en tanto que es inmediata y concreta la vida nacional, así en su actualidad 
como en su historia. En la escuela -muy inteligentemente atendida y tenida con pulcri¬ 
tud- se ven los retratos de Colón, de Artigas, de Rivera y de los escritores nacionales, 
como Zorrilla de San Martín, Carlos María Ramírez, Blixen, Rodó. La propia hija de 
Lubkov, la encantadora Lila, tiene un ejemplar de “Tabaré”, cuyos versos ingenuos lee 
con gusto y emoción. Esta niña piensa y habla como una uruguaya. 

Lubkov -hombre de inteligencia muy ágil bajo su voluntad recia- se da cabal cuenta 
de este proceso de nacionalización que se va operando en la Colonia, a expensas, desde 
luego, de la integridad espiritual de la “Nueva Israel”. Él no se opone a esa transforma¬ 
ción -pues sabe bien que es un fenómeno inevitable- y aunque en ello le va gran parte 
de su autoridad, procura armonizarla con la tradición de la secta, haciendo una política 
interna de transigencias. Ya ha autorizado la formación de una biblioteca laica, y las 
representaciones teatrales, cosas si no explícitamente prohibidas, por lo menos extrañas 


235 



Virginia Martínez 


a las tradiciones. Aún no ha entrado el cinematógrafo en “San Javier”. Cuando aparezca 
-y ya algunos lo reclaman- introducirá todo un ejército disolvente de la tradición. 

Es indudable que la caída de Lubkov, en cuanto a Director único de la Colonia, y 
su sustitución por un Consejo, precipitaría ese proceso de transformación de una secta 
rusa, convirtiéndola en una agrupación nacional. El poder temporal de que dispone 
Lubkov, es, hoy, un gran apoyo a su poder religioso. Despojado Lubkov de ese poder 
temporal, es decir, de esa autoridad administrativa, las normas sectarias -y también las 
costumbres tradicionales- sufrirían un rudo golpe y su desintegración moral sería rápida. 

Al país conviene sin duda, esa nacionalización integral de la Colonia, pero, hay 
una conveniencia anterior, más fundamental e inmediata y es la conservación de ese 
importante núcleo agrario, en su máxima capacidad productiva. Y, tal vez, aquella des¬ 
integración de la comunidad, causará una cierta desintegración del trabajo, y por tanto 
de la capacidad productiva ocasionando una crisis en el organismo económico. Todo está 
allí tan íntimamente ligado: la religión, la autoridad de Lubkov, el régimen colectivo, el 
desarrollo de la empresa colonizadora, que fuera peligroso tocar alguno de sus resortes, 
y difícil hacerlo sin dañar el conjunto, y sobre todo la finalidad. 

Por natural evolución, a mayor o menor plazo, “San Javier” dejará de ser colonia 
rusa para ser una colonia nacional. No es pues, prudente que se intente precipitar esa 
evolución, a riesgo de determinar una crisis en los factores de cuya acción inmediata 
depende, acaso, la existencia de la Colonia. 

Y el primero de esos factores, es, en la actualidad, la permanencia de Lubkov al 
frente de su administración 

En el próximo artículo veremos por qué y cómo esta permanencia es necesaria. 

(29 de noviembre de 1921) 


VIII 


La permanencia de Lubkov al frente de la Colonia “San Javier”, por un plazo cuya 
duración no podría establecerse a priori, debiéndolo determinar las mismas circunstancias 
futuras, es una necesidad cuya evidencia surge del conocimiento de aquel medio agrario y 
se deduce de todos los hechos que hemos ido anotando en el transcurso de nuestra crónica. 

Su administración personal tiene defectos, es evidente, y ya lo hemos señalado; 
las protestas y aspiraciones de los disidentes son, en parte, legítimas y razonables. Pero 
por encima de esos defectos, de esas quejas y de esas aspiraciones, prima la necesidad 
de mantener en la colectividad el orden y la unidad que son, todavía, condiciones de 
existencia. Y así como en el Estado, las conveniencias de las partes son supeditadas a 
la conveniencia colectiva, en el organismo de “San Javier” las reivindicaciones de los 
grupos han de ser pospuestas al interés primario de asegurar su prosperidad. 

Y esa prosperidad exige, todavía, la acción de una voluntad decidida y enérgica 
al frente de su organismo. 

Preguntamos a Lubkov, -en el curso de una conversación tenida en el vestíbulo 
de su casa, anochecido ya, de vuelta de aquella escena en la cantina, donde adictos y 
rebeldes discutían en briosa batahola, a la luz cobriza de una lamparilla de kerosene- 


236 



Los rusos de San Javier 


por qué el grupo de disidentes no se separaría del resto, formando una Colonia aparte, 
bajo el régimen de “soviet” a que aspiraba. Lubkov nos respondió, con desprecio: 

-¿Esos? ¿Qué van a hacer si no se entienden entre ellos, ni se tienen confianza 
unos a otros? Cuando falta la unidad y la confianza todo se vuelve discusión y rencilla. 

Ahora parecen unidos porque quieren eliminarme; pero, si yo dejara esto, no se 
entenderían... Cada cual tiraría para sí y tratarían de engañarse unos a otros. 

¡Mire! -proseguía enardecido, agitando los puños- a estos los trastornó la Revolu¬ 
ción Rusa. Se creyeron que ya no tenían nada que pagar, que todas las obligaciones habían 
concluido. Pero yo los desengañé, porque, a los que no quisieron pagar sus deudas, les hice 
embargar las cosechas y les cerré el crédito... Pero, ¿no entendían que si ellos no pagaban 
a la Colonia no podía cumplir las obligaciones que tenía contraídas con los bancos y el go¬ 
bierno? ¿Y quién es el responsable de esas obligaciones sino yo? Yo tengo que pagar y por 
tanto no puedo permitir que aquí haya anarquistas... Si la administración cayera en manos 
de ellos, esto se volvería un bochinche y se iría barranca abajo... 

Esta opinión de Lubkov, tiene su fundamento. Descartadas las expresiones des¬ 
pectivas para los disidentes, evidentemente injustas, y que nacen en el apasionamiento 
de la lucha, es indudable que el grupo que acaudillan Kulik, Chuchulin, Solotariov y 
algún otro, no está preparado para el gobierno de una colectividad productiva, cuyos 
resortes financieros son complicados, y cuyo manejo requiere tanta energía como tacto. 

Las influencias contrarias y de diversa índole -rivalidades políticas por un lado, 
intereses económicos de los negociantes por otro- harían de ese Consejo un campo de 
discusión y pugna, cuyo resultado sería anarquizante para la colectividad. No puede 
compararse una Colonia agrícola con un país. Lo que a uno conviene, puede no convenir 
a la otra. Además, la Colonia “San Javier” no está aún en la situación de una entidad 
constituida y consolidada, que puede gobernarse dentro de un régimen representativo. 

Un Consejo administrativo designado por el Estado, -en el cual estuvieran repre¬ 
sentados los colonos por miembros electivos- ofrece, por ahora, un grave inconveniente 
práctico. 

Si se trata de un Consejo remunerado, a fin de que sus miembros puedan dedicarse 
a las funciones administrativas, supone una pesada carga burocrática sobre la Colonia. 
Actualmente, media docena de personas, incluso Lubkov, desempeñan ese cometido. 
El consejo, aparte de la remuneración crecida que exigirían los miembros oficiales, te¬ 
niendo que ser personas idóneas y de respeto, demandaría una Oficina, con empleados 
y gastos numerosos. 

Si se trata de un Consejo honorario -que también demandaría oficinas y gastos- 
¿puede confiarse su dedicación desinteresada a los asuntos de la Colonia, una dedicación 
constante, directa, activa enérgica, casi amorosa, como la que es necesaria? 

Los dos defectos principales que tiene el régimen de Lubkov, son: la no rendición 
de cuentas a la colectividad, y las arbitrariedades a que se presta su poder personal. 

Ambas podrían ser remediadas sin alterar lo esencial del régimen, con el nom¬ 
bramiento de una Comisión Judicial, a la que Lubkov debiera rendir cuentas al fin del 
año, y a la cual presentaran los colonos sus reclamaciones, por las injusticias o daños 
que creyeran ser objeto. 


237 



Virginia Martínez 


Sería este un término transaccional entre una aspiración de derecho y una realidad 
necesaria. 


*** 

Pero, existe aún otra circunstancia, de muy vital interés, así para la Colonia como 
para el País, ya que no pueden desligarse ambos intereses, pues al país conviene asegurar 
la prosperidad de esa rica fuente productiva. 

Hay un hecho evidente para todo el que haya observado de cerca el ambiente de 
la Colonia, y auscultado su vida interna: cada uno de los colonos -incluso los cabecillas 
disidentes- sería capaz de pensar y obrar para sí desde el punto de vista de su propio 
derecho y de su propia prosperidad. Pero carecen del punto de vista colectivo, no tienen la 
visión ni el plan de un organismo en desarrollo. Sus reivindicaciones particulares pueden 
ser legítimas, pero no bastan para asegurar la subsistencia de una entidad colectiva cuyas 
relaciones así en lo íntimo como en lo externo son complejas. 

Quien tiene allí el concepto de la Colonia como organismo, como empresa y como 
porvenir, es Lubkov. Para los otros todo se reduce a lo hecho; pero Lubkov tiene aún en 
su voluntad vastos planes de desarrollo. Los otros son simples agricultores, laboriosos, 
muy inteligentes y dignos; pero Lubkov es el hombre de empresa, difícil de encontrar, por 
que surge del consorcio de una clara inteligencia con una voluntad creadora; el hombre 
de empresa que, en todos los campos de la actividad humana, es el que concibe, planea, 
lucha, se da todo a la acción y se identifica con su obra. 

Asegurada ya la prosperidad de “San Javier” -merced a su energía de organizador- 
Lubkov piensa en extender la acción colonizadora por el litoral, traer nuevas familias, 
dedicar amplia zona a la agricultura intensiva de legumbres y forrajes, con irrigación 
técnica y maquinara, instalar un gran molino para que el trigo de la Colonia no requiera 
de intermediarios, construir un puerto sobre el Uruguay para el embarque directo. ¿Quién, 
sino Lubkov, podría realizar estos planes? 

Recordamos uno de los momentos más admirables de este hombre de empresa. 
Estábamos una mañana sobre el mirador de su casa, a donde habíamos subido para obtener 
una vista fotográfica del conjunto. El panorama que desde allí se abarca es verdadera¬ 
mente grandioso. Abajo el poblado, con sus galpones, sus viviendas, sus huertas, sus 
calles transitadas por los colonos en sus carros o a pie, por grupos de mujeres y de niños, 
por piaras de gansos y gallinas en un encanto de égloga. A un lado los verdes campos de 
trigo, extensos y proficuos hasta perderse detrás del horizonte; a otro el río Uruguay, con 
su azul anchuroso, sus ocres barrancas, [ilegible] y allá lejos la costa argentina, con sus 
interminables esteros. Lubkov, el sombrero sobre los ojos y las manos en las bocamangas 
del chaleco, plegado el entrecejo y apretada la boca, plantado el cuerpo macizo sobre 
las recias piernas, todo él dando la sensación de dínamo cargado de energía, miraba los 
campos sin fin en que ondulaba el trigo, el pueblo activo y limpio, las barrancas del río, 
las tierras que allá lejos se borraban en la dorada perspectiva de la mañana. 

-Verdaderamente, dijimos, es esta Colonia una obra maravillosa. 


238 



Los rusos de San Javier 


Lubkov dibujó un gesto orgulloso con la boca y cerrando un ademán enérgico, 
como si abarcara todo aquello en su puño, respondió: 

-Esto no es nada todavía. Esto es el principio de lo que haremos cuando tengamos 
todas esas tierras que están más allá, y hagamos el gran molino, y los elevadores de 
granos, y el puerto sobre las barrancas de San Lorenzo, y los vapores vengan por ese 
río, a cargar el trigo de la Colonia... 

¡Los sueños que se agitan en esa cabeza cúbica de dogo! 

En ese momento comprendimos quién era aquel hombre. Todas las dudas malig¬ 
nas se borraron. Y todos los defectos que pudiera haber en su carácter, y todas las faltas 
que pudieran censurársele, desaparecían ante el señorío de una voluntad que forja rudas 
empresas. ¡Cuán estériles y mezquinos aparecían entonces su calumniadores!... 

Y acabamos de comprender asimismo, que, la obra de colonización que representa 
“San Javier” -con las probables ampliaciones proyectadas por Lubkov- requiere aún 
la voluntad y la lucha de un hombre. Ya llegará el momento en que ese hombre no sea 
necesario, y entonces, sobre su obra, se implantará ese régimen representativo, como en 
las repúblicas, después que han sido fundadas. 


(30 de noviembre) 


239 




CRÓNICAS DE ANDRÉS SOLOTARIOV 


La serie fue publicada en El Litoral de Fray Bentos entre junio y octubre de 1963. 


Basilio Lubkov. Enero 1913, Lubkov invita a sus fieles 
a radicarse en Uruguay. 

En 1912 la inmensa Rusia zarista de los Romanov, gobernaba junto a la autocracia 
de la religión ortodoxa y tenían gran influencia monjes, de la categoría de Rasputín. Rei¬ 
naba en todo el país el dominio de la reacción más oscura, los partidos o agrupaciones 
democráticos, debían actuar en la clandestinidad. 

Eran perseguidas severamente las otras sectas religiosas, no únicamente de origen 
ruso, sino las evangélicas procedentes de Occidente. Se fusilaba, se mandaba a prisión y 
al destierro en Siberia a aquellos que no profesaban la religión ortodoxa. 


Nueva Israel 

Nuestra secta Nueva Israel (encabezada por Basilio Lubkov) sufría persecución 
más que ninguna otra. Resolvieron sus miembros trasladarse a algún otro país donde 
hubiera libertad. 

En el mes de julio de 1912 Basilio Lubkov, que vivía en la clandestinidad y había 
conocido la cárcel por sus sentimientos religiosos, abandonó Rusia, no sin peligros. 
Fue a Estados Unidos y el Canadá en busca de tierras para sus fieles y crear una colonia 
agrícola. Entrando en Canadá, Lubkov se encontró con el señor J. Richling que era cónsul 
del Uruguay y como en el Uruguay recién se iniciaba alguna agricultura, el cónsul se 
interesó tras cambiar ideas con Lubkov de radicar colonos rusos en el Uruguay. Richling 
fue a Rusia y visitó las colonias de cooperativas cerca de Tiflis (Transcáucaso). Esto 
fue en agosto. Habló con los delegados, entre ellos estaba mi padre, y Richling con lo 
que vio en esas cooperativas quedó conforme y entusiasmado, resolviendo aconsejar 
la radicación de los fieles de Nueva Israel en el Uruguay, escribiendo al Ministerio de 
Industrias. Lubkov ya estaba en Montevideo. Esto fue en setiembre de 1912. 


Hacia el Uruguay 

En enero de 1913 llegaron cartas de Lubkov a sus fieles invitándolos a trasladarse 
al Uruguay. Se sintió enseguida la movilización entre todas las colonias y entre varios 
pudientes se juntaron unos $ 20.000 uruguayos, más o menos, y esa suma se remitió a 
Basilio Lubkov a Montevideo por el Banco de la República. 


240 



Los rusos de San Javier 


Se liquidaban los bienes y la inmigración se inició en febrero, llegando a Montevi¬ 
deo en grupos de veinte a treinta personas, siendo alojados en la Casa de la Inmigración. 
La comodidad en esta casa no era superior a un alojamiento de unas 40 personas. En 
marzo, ya nos encontrábamos en el Uruguay unas cien familias y cada barco traía más 
y más. Aquello fue un hacinamiento indescriptible. Mujeres, niños, algunos ancianos, 
hombres, todos vivían en un galpón de 5 x 8 mts. sin muebles de ninguna especie, sin el 
menor utensilio de hogar, que facilitara el Gobierno. Y únicamente dos excusados. La 
impresión de todos fue mala, los días transcurrían y el gobierno no había resuelto nada 
sobre la colonia agrícola. 

No había tierra disponible y si se encontraba, había que esperar decretos, resolu¬ 
ciones. Todo muy lentamente. 


Don Basilio muy nervioso 

Corrían los días, el descontento era casi general, don Basilio Lubkov se mostraba 
muy nervioso. En la mayoría cundió la voz de que todo era un engaño. Algunas familias 
poseedoras de dinero, no aguantaron más y tomaron el barco de regreso a Rusia. 

Las noches eran increíbles, llantos de niños, de las mismas madres, los hombres 
ceñudos y amargados. Casi la totalidad de los inmigrantes dormían en el suelo, sobre 
el duro pórtland. Llegó una epidemia de sarampión. Esto fue desde febrero a julio de 
1913. En julio nos ofertaron tierras en el departamento de Río Negro, campo desocu¬ 
pado del doctor José Espalter, mil hs. en arrendamiento, con garantía del Estado y a $4 
la hectárea. Esto se hizo con gran ayuda de una persona, nuestro compatriota Miguel 
Yewdiukow, ingeniero agrónomo, radicado en Cerro Largo, que dominaba muy bien el 
idioma castellano y las leyes uruguayas. 


Herramientas útiles 

A esta altura se designó una comisión para examinar las tierras ofertadas, fueron 
nombrados: Mirón Gayvoronsky, Demetrio Schevzov, Giorgio Gsenev. Trajeron la 
opinión de que eran de buena calidad. Pero con todo, el asunto era malo ¿qué hacíamos 
únicamente con la tierra? Necesitamos herramientas, útiles, semillas, animales. 

Los días se deslizaban en la angustia. Había algunos pocos que algún dinero tenían. 
No había dinero, en muchas familias ni para los alimentos. 

Nuestro jefe y caudillo, no variaba su nerviosidad e inquietud, se reunía muy a 
menudo con los Apóstoles y los mejores agricultores, buscando una salida a la terrible 
situación, dejar la Casa de Inmigración, recorrer campos, disfrutar el aire libre. Finalmente 
resolvimos recaudar fondos de los pudientes, con la fórmula de hacer grupos de diez 
familias y trabajar en forma cooperativa y facilitar a cada grupo un arado, dos yuntas de 
bueyes, si se conseguía un caballo, una vaca y semillas. 


241 



Virginia Martínez 


Buen resultado 

La colecta alcanzó buen resultado. Se entregaron sumas variables, algunas muy 
grandes, de $ 10.000, de $ 5.000, de 2.000, 1.000, 500 y hasta de $ 50. Se juntaron 
$ 32.000, entregándosele el capital al Jefe Espiritual, con toda fe y confianza, sin recibo 
ninguno. El 20 de julio de 1913, esta primera parte del proyecto está finalizada. 


En el 18 de Julio y Tangarupá 

Después dimos valor al simbolismo que lucía el hecho de que íbamos a viajar hacia 
el río Uruguay en un buque que tenía el nombre de un bello día para la nacionalidad 
uruguaya, el 18 de Julio, navio que fue de guerra, después se lo dedicó a servicios de 
hidrografía y tareas civiles. El otro navio era el Tangarupá, de nombre charrúa. 

Se adquirieron pocas provisiones, las imprescindibles. Nos embarcamos en ambos 
buques el 25 de julio de 1913. Creo que fue un día sábado. Las familias descendieron en 
los campos del doctor Espalter, que era ministro del Interior, la tarea se realizó sobre la 
margen del arroyo San Javier. Esto se registró el 27, o sea el lunes. 


Un día precioso 

Aquello era indescriptible, todas las familias estaban entremezcladas, casi todos 
lloraban de alegría, no pocos sonreían. Era un día precioso de sol, la mañana espléndida 
y por todos lados el monte parecía que nunca nadie lo hubiera tocado. 

(25 de junio de 1963) 


“Un buen corazón”. Don Alberto Espalter. 

Las primeras 300 cuadras de San Javier. Traía leche y botiquín 

Pero resultó que estos campos con sus espesos montes no pertenecían a don José 
Espalter, eran propiedad de su hermano don Alberto Espalter. El campo que nos habían 
adjudicado estaba a una legua, sin monte y sin la paja, sin la leña para los ranchos. 

Don Alberto Espalter con su corazón muy humano y sumamente bondadoso nos 
cedió sin mucho trámite 308 cuadras de campo, cerca de la costa, sobre el arroyo San Javier. 

Se distribuyeron los solares a cada familia, división provisoria, con sus calles res¬ 
pectivas. Allí se instaló la primera colonia rusa. Actualmente están ocupadas en casas de 
familias o chacras por Miguel Roslik, A. Goy voronski, Simón Bugaiov, Juan Culabuyov. 

El mismo 27 se acampó ahí, transformamos el lugar en un campamento, viviendo 
más de 100 familias. Todo no era felicidad, los niños que eran muchos, habían sufrido 
bastante, se les veía desnutridos, algunos con sarampión. 


242 




Los rusos de San Javier 


Mueren niños 

La nota dolorosa estuvo junto a todos. Empezaron a morir muchos pibes, de a 
dos y ocho por día. 

Lágrimas y llanto de los padres, falta de alegría en todos. Las madres clamaban 
por la ayuda de Dios y de los Santos, para salvar a los seres queridos. 

La esposa de Basilio Lubkov recorría de carpa en carpa repartiendo la condolen¬ 
cia tratando de infundir resignación y serenidad como una verdadera madre espiritual. 


Leche y botiquín 

La única ayuda volvió a estar junto a nosotros de quien ya tanto nos había ayuda¬ 
do: de Don Alberto Espalter, como único vecino y el más cercano, ya conocido por su 
filantropía y su noble corazón. Todos los días llegaba al campamento con diez litros de 
leche y algunos medicamentos en un botiquín de su casa, así salvó muchas vidas de niños. 


Temporales 

En agosto el tiempo se volvió inestable, vientos huracanados, grandes descargas 
eléctricas. Los vientos volaban las carpas, llovía torrencialmente y el agua corría por 
las camas y pocos muebles. La noche era noche, no había luces y escasos faroles. Hasta 
las culebras y bichos buscaban cobijo huyendo del monte entre nuestras cobijas, aquello 
se volvió un infierno. Y así pasaron los días y así nació la Colonia Rusa, asi empezó a 
desarrollarse San Javier... 

Lubkov buscó y encontró herramientas, lo veíamos poco en esos días por el 
campamento, pero regresaba con las herramientas necesarias. Se empezaron a rotular 
las tierras vírgenes que jamás habían conocido el arado. Hasta en las noches de luna se 
trabajaba, y en el bosque de D. Alberto Espalter no se dejaba de oír nunca el golpe de 
las hachas sobre los árboles, en el corte de palos, tijeras y horcones. El estero conoció 
recién el paso de muchos hombres. Era bravo caminar entre aquel mar de árboles donde 
no había ninguna senda, con las maderas cargadas sobre los hombros. 


Comida racionada 

La alimentación era escasa, estaba racionada, por día se entregaban: 2 galletas, 
pequeña dosis de azúcar, arroz y harina de maíz, no había ninguna clase de verdura. En el 
campo abundaban plantas de hojas grandes, ortigas, lengua de vaca. La carne, ni pensarlo. 

Se organizó un grupo para la pesca. El pescado se repartía equitativamente, si era 
abundante un pez por familia, pero hubo días que nada comimos, porque no teníamos 
nada absolutamente. 


243 




Virginia Martínez 


Pero nadie salió a los campos vecinos a pedir, molestar o carnear bienes ajenos. 
Para nosotros los bienes de los vecinos eran sagrados. 


Aparece un comerciante 

Un día apareció un comerciante a visitamos y cuando nos vio tan harapientos 
y la vida espantosa que estábamos pasando, nos ofreció $ 5000 en mercaderías de su 
almacén distante cuatro leguas. Teníamos que ir a buscar la mercadería a pie por lugares 
sin caminos, nada más que por algunos senderos de animales. 


Un tractor 

Así adquirimos herramientas, arados, novillos chúcaros y también implementos 
agrícolas. Empezamos a rotular las tierras vírgenes, pero no era tan fácil romper tierras 
brutas con novillos que nunca habían sentido el yugo. 

Días después Lubkov y Mirón Gayvoronski, que era maquinista, adquirieron un 
tractor Marchal de gran tamaño, de doce discos, en una estancia. 


Trabajo en común 

El mismo Gayvoronski rompía la tierra y los grupos de colonos rastreaban y sem¬ 
braban maíz y otras cementeras porque ya venía la primavera y era el mes de setiembre. 
Todos los trabajos se hacían en común y ayudándose un grupo al otro, como hermanos. 
Nadie tenía sueldo, ni jornal, ni tampoco dinero en la caja común. 

Así se inició la siembra, así se inició la agricultura, así se fundó la Colonia Rusa 
en los campo de la familia Espalter, departamento de Río Negro. 

(28 de junio) 


Poder para Lubkov, se firma ante escribano. 

Todo el dinero de San Javier a ia caja común. Padre y cajero. 

Voy sacando de mis recuerdos estos apuntes. La situación con el pasar de estos 
primeros días no había tenido cambios: el problema a era alimentar tantas familias sin 
los mínimos recursos. Nadie sospechaba del jefe espiritual. 

Era necesario conseguir más cosas, las pocas obtenidas no bastaban. No era 
posible hacer agricultura, dar una base económica a la colonia, con lo que se tenía en 
herramientas y animales. 


244 




Los rusos de San Javier 


Poder religioso y económico 

Lubkov nos dijo que debíamos depositar en él, para la lucha del futuro, toda la 
confianza como hasta ese día la habíamos sostenido. Nos exigió un poder legal, firmado 
en escribanía, en Paysandú. 

Nosotros teníamos confianza, y los fieles de la secta en su mayoría eran analfabetos 
e ignorantes de las leyes y de las cosas del mundo. Además, ignorábamos el idioma de 
esta tierra. Le otorgamos el poder de Administrador de nuestra vida económica, política 
y religiosa. Con todo, no negaremos que nos encontrábamos contentos y la esperanza de 
triunfar y vivir tranquilos con nuestras creencias, lejos de la tiranía zarista y del dominio 
oscurantista de la religión ortodoxa. 

Aquello era una colmena humana, veíamos la tierra bien arada negrear; los car¬ 
pinteros fabricaban carretas de mano, carros de madera verde; los herreros arreglaban 
las herramientas, los pescadores pescaban, los quinteros hacían huertas. Los agriculto¬ 
res, principalmente, plantaban maíz pues ya era tarde para arrojar otra semilla. Nadie 
ganaba sueldo. 


Vino la primavera 

Vino la primavera, el sol brillaba que daba un gusto. Esto hizo renovar las espe¬ 
ranzas, Don Alberto Espalter nos ayudaba en todo lo que podía. 

Don Antonio Pons, comerciante, nos traía algunas mercaderías, las más necesarias, 
principalmente alimentos, y era fiado. Todo iba al depósito común, y seguía el raciona¬ 
miento. Otros vecinos de buen corazón nos ayudaban con muchas cosas. 


Sobraban brazos 

Lubkov andaba en idas y venidas, preocupado por encaminar bien la recién nacida 
Colonia Rusa San Javier. El primer año ocupamos solo un potrero de 1.000 cuadras 
propiedad del doctor José Espalter. Sobraban los brazos. Grupos de jóvenes dejaban la 
colonia para ir a trabajar a otras partes y regresaban con el dinero ganado y lo dejaban 
en la caja común. 

Muchos de nosotros manteníamos contactos con la lejana Rusia y pedimos a 
nuestros parientes ayuda, para irnos sosteniendo. De muchas regiones de Rusia llegaron 
donaciones de $ 100, $ 200. Todo iba a la caja común. Todos los giros venían a nombre 
de Lubkov, Padre Espiritual, Administrador Legal, Cajero, él recibía todo, para el bien de 
todos. Yo, como escribo esta historia de San Javier no quiero juzgar ni culpar a nuestro 
administrador ni al gobierno de aquel entonces, ni a los partidos políticos, debo decir 
que pasábamos momentos muy vergonzosos. Los colonos se entregaban con todas sus 
fuerzas al trabajo. Estaban mal alimentados, sin ropas, sin calzados. Utilizaban hasta la 
arpillera para taparse los cuerpos. La única esperanza era la cosecha de maíz. 

Verdeaban las huertas y pasaron los meses y llegó el verano, contábamos con 
verduras y choclos, pero carecíamos de harina, pan y comestibles, tan necesarios. 


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Virginia Martínez 


Algunos gauchos y curiosos 

Habíamos sido abandonados por completo por las autoridades. Los campos eran 
cruzados a veces por algunos gauchos a caballo, curiosos que se aproximaban a mirar 
a las familias extranjeras. Alguna carreta tirada por tres o cuatro bueyes. No teníamos 
noción si había alguna autoridad en donde vivíamos, si dependíamos de Fray Bentos o 
no. Nunca vimos alguna autoridad de Río Negro en ese largo campamento en todo ese 
pasar, de meses y meses. Nacían niños, otros morían. Había enfermos. Jamás les llegó 
asistencia oficial de las autoridades municipales o nacionales. Es lamentable acordarse 
de esto tan doloroso, pero es la verdad, nadie de los que pasaron aquellos días negros 
la podrá rectificar. 


Los más viejos y más barbudos 

Los domingos hacíamos consulta general y se cambiaban ideas con Lubkov y 
don Eduardo Espalter, para una buscar una salida a la terrible situación, el contacto más 
continuo era con Paysandú, estaba más cerca que la capital Fray Bentos. Nombróse una 
comisión integrada por los colonos más viejos y más barbudos, aunque analfabetos, que 
encabezó el jefe espiritual y los hermanos Alberto y Eduardo Espalter. Consiguieron una 
lancha y trajeron de Paysandú herramientas, comestibles y todo lo que era más urgente. 
Se condujeron a Paysandú a algunos de los enfermos más graves. Fue una gran con¬ 
quista. Había alegría en todas las caras. Habíamos establecido contacto con la ciudad de 
Paysandú. Parecía que ya se despejaba la oscuridad, veíamos el porvenir mejor. 

(2 de julio) 


Lubkov no tiene en cuenta ni a los Apóstoles. 

Lo creíamos representante de Dios. Todo a su nombre 

Entre tanto Basilio Lubkov compraba y vendía y no daba cuenta a nadie ni en la 
reunión de los Apóstoles de lo que hacía y deshacía. Todos los negocios y documentos se 
hacían a su nombre. Día a día se hacía más dueño de nuestro trabajo, de nuestro capital 
y de nuestras vidas. Seguíamos trabajando por pésima comida, ración mezquina. La 
situación era más que penosa. Su carácter severo, rudo y de poco hablar, espíritu venga¬ 
tivo surgía en toda su desnudez. Solo consultaba -porque no dejaba de estar nervioso y 
preocupado- con sus más fieles Apóstoles, cómo pedir dinero al gobierno y a los bancos. 
Viajaba de continuo a Paysandú, Montevideo y Fray Bentos. Se ignoraba en absoluto 
qué hacía, qué planes alentaba. 


246 




Los rusos de San Javier 


Explicación 

Hoy tenemos hijos y nietos uruguayos, ellos deben saber lo que padecieron sus 
antecesores. 

Alguien preguntará ¿de dónde sale este hombre que escribe después de pasar tantos 
años? ¿Cómo no se olvidó de tantas cosas? 

Me ha impulsado a renovar mi memoria que la poseo muy buena-porque siempre 
se oyen conversaciones, leyendas, impresiones ciertas o no. He querido recordar y decir 
la verdad. 


Representante de Dios 

Existe la necesidad de dar una impresión lo más justa y cierta de la persona que 
fue Basilio Lubkov. Yo no voy a ocultar nada. 

No voy a ocultar nada de mi creencia religiosa, de mi ignorancia, de mi atraso en 
mi juventud. Yo tenía una fe muy grande, casi fanática por nuestro Jefe Espiritual Don 
Basilio Lubkov. 

Yo lo creía el representante de Dios, me acerqué a él en mi juventud en la lejana 
aldea, allá en Rusia. 

Cuando llegué al Uruguay era su discípulo más fiel, quizá el más allegado, lo consi¬ 
deraba mi Maestro. Pero quería saber más, conocer cosas del espíritu, del alma, de la vida. 

Junto a él en la colonia, pronto me di cuenta que Lubkov, no sólo era muy inteli¬ 
gente, sino también muy audaz. No tardamos en discutir y pude comprender todas sus 
maniobras arteras. Me hice un rebelde a su jefatura. 


Muy buena cosecha 

Las cosas algo se iban encarrilando, llegó la cosecha de maíz que fue muy buena, 
las tierras eran nuevas y fértiles, dieron miles de fanegas, pero fue bajo el precio, $ 2.50. 

Nuestro Administrador y Jefe Espiritual trató de vender y así lo hizo. Nadie supo 
nunca cuánto produjo esa venta, ninguno tenía el atrevimiento de averiguarle a Lubkov 
cómo se realizaban los negocios, qué resultados producían. 

Abundaban las papas, sandías, hortalizas en general, los colonos acordaron abrir un 
depósito en Paysandú. Lubkov sacó patente a nombre de él. Pusieron algunos hombres 
para atender el negocio en mayor y menor. La venta marchó magníficamente. 

Ya sabe el lector que nosotros de la misma raza, de la misma secta, obedientes, 
todo se hacía bajo la santa palabra de creyentes, confiábamos en Lubkov. A nuestro 
Administrador le habíamos firmado un poder ciegamente, le habíamos entregado el 
alma y el corazón. Lubkov pensaba y planeaba algo en forma muy diferente a nuestras 
creencias, a nuestras aspiraciones. Más adelante se verá lo que fueron sus proyectos y 
por qué fracasó vergonzosamente. 


247 




Virginia Martínez 


Foco de disidencia 

Había muchos analfabetos, pero no negados por la inteligencia o la razón. Nació 
la disidencia contra Lubkov. Primeramente esas protestas fueron de orden económico, 
después políticas y morales. Me es muy doloroso recordar esto y escribir esta historia. 
Es una verdad amarga, pero debe conocerse. 

Recordarán que no pocos colonos aportaron su dinero estando ya en Uruguay, para 
salvar del hambre a las familias, otros desde Rusia respondieron a nuestro llamado. Era 
justo que reclamaran lo suyo, entregado a Lubkov y sin ningún recibo. Los de aquí y los 
de Rusia eran trabajadores, seguían trabajando para vivir, no era delito pedir la devolución. 


Expulsa familias 

Lubkov ya era fuerte y tenía el poder, era el único que mantenía contacto con las 
autoridades y los políticos. Rechazó todos los pedidos, que se habían vuelto exigencias. 
Negó todo. 

Amenazó con expulsar de la colonia a los que reclamaban lo suyo y mantenían 
erguidas las cabezas. Algunas familias se fueron, marcharon a pie en busca de trabajo, 
otros se radicaron en Montevideo, a otras el propio Lubkov las expulsó. 

(5 de julio) 


Se entra en el juego de la política. 

Discurso que fue famoso de Lubkov. “No haga caso, es demente” 

Voy a seguir el relato en relación a lo que nos trajo la política, entrando a votar 
con el Partido Colorado. Nos enemistamos con el Partido Nacional y con Don Antonio 
Pons, el comerciante que primeramente entró en relación con nosotros y nos ayudó 
mucho. Nosotros, los colonos, involuntariamente hicimos mal a unos y bien a otros. 
Entró el descontento contra el jefe espiritual. Había violado la reglamentación que 
impedía integrar cualquier partido. Hasta algunos Apóstoles, sus jefes leales a Lubkov, 
mostraban disgusto. Le protestaron fuerte. Se planteaban principios de disidencia. Los 
disidentes éramos minoría. 

Estábamos en peligro. Tras luchar y sufrir debíamos dejar la Colonia. Nosotros 
queríamos una Colonia unida y hermana, feliz. Entre tanto los políticos colorados nos 
alentaban en sus visitas, llegaban muy a menudo. 


Primera visita oficial 

Llegó la primera delegación oficial del gobierno. Eran el ministro Dr. José Espalter 
y el joven Aquiles Espalter y otra persona que no me acuerdo. 


248 



Los rusos de San Javier 


En 1918, Lubkov preparó un banquete en su Casa Blanca para recibir a tan altos 
delegados. 

Nos presentamos en Casa Blanca unos 50 o 60 rusos, los más conocidos en la 
Colonia y las jóvenes rusas portaban bellos ramos de flores. Primero tomó la palabra 
Lubkov. Nuestro Jefe Espiritual les dio la bienvenida. Ya tenía preparado el memorándum 


Un intérprete 

Tenía preparado un memorándum, para pedir dinero a los visitantes, para que el 
Estado propendiera a mejorar y agrandar la Colonia. 

El memorándum estaba escrito en castellano, que nuestro Jefe no dominaba bien. 
Había un intérprete presente, Basilio Samosenko, que tampoco era un experto, pero se 
desempeñaba bien. 


“Viva el gobierno uruguayo” 

Nuestro Papá habló en ruso. Ya estábamos advertidos que al terminar debíamos 
gritar en castellano: ¡Viva el gobierno uruguayo! 

Lo interesante era que Lubkov trató de burros y orejudos a los delegados oficiales. 
Les dijo que no sabían nada de lo que necesitaban los colonos rusos. 

Hasta llegó a exclamar: “necesitamos dinero y después le pediré más”. 

Nosotros oímos estas palabras en ruso y no sabíamos qué hacer, ni a dónde quería 
llegar el Jefe Espiritual. 

En el mismo discurso, Lubkov, dirigiéndose directamente a sus compatriotas y no 
a los delegados del gobierno, nos dijo: “Para ellos valen más las flores, los banquetes, 
las rusitas jóvenes y lindas, quieren votos, pero nosotros sacaremos más, les sacaremos 
el dinero al Gobierno que no pagaremos nunca”. 


Como paralizado 

Tronaron los aplausos y los vivas. Los visitantes también aplaudieron, ignorando 
completamente lo que había dicho Lubkov. El traductor estaba como paralizado, no 
se le había prevenido nada. Empezó a traducir y también a tartamudear. Se suspendía, 
callaba y otra vez. 

No recuerdo lo que comentamos con otros colonos, ni tampoco lo que pensaron 
ellos de un discurso tan raro, a mí me corría un sudor frío por la nuca y lo sentía en 
todo el cuerpo. 


249 




Virginia Martínez 


Un artista y un pillo 

Desde esa fecha en mí, nació la idea de que nuestro Jefe y Papá era un artista y 
también un pillo. Aguantamos hasta que terminó el banquete. Allí se quedó Lubkov. Volví 
con otros a pie, caminamos como una legua. No hablamos cuando íbamos a nuestras 
casas, pero el pensamiento que me dominaba no era otro, que quien nos gobernaba y nos 
entregaba era un estafador. No comenté con nadie, tenía miedo de hablar y decir toda la 
verdad sobre lo oído en la Casa Blanca. 

Los visitantes, Dr. Espalter y Sr. Aquiles Espalter, quedaron a dormir en la estancia 
de Don Alberto Espalter. Al otro día recorrieron el pueblito, caminando por sus calles. 


Es un demente 

Unos cuantos colonos acompañábanlos, a su frente iba Lubkov. Se nos cruzó una 
persona, se hincó y levantando los brazos se dirigió al Dr. Espalter y le habló en ruso. 
Le pedía su intervención para que le devolvieran el dinero que había adelantado para la 
fundación de la colonia. También acusó de que por ese dinero no se le había dado recibo. 

El Dr. Espalter le preguntó a Lubkov que tradujera la súplica del colono, el Jefe 
Espiritual, sin el menor rubor y sin inmutarse, sin darle mayor importancia, le aclaró: “no 
le haga caso, es un demente”. Y allí mismo llamó a la policía y lo hizo retirar. 

Nos asombró a todos, nos miramos en silencio. El colono de la súplica, bien lo 
conocíamos, era trabajador y honesto. Me entró una gran lástima por ese compañero, 
que se había atrevido a descubrir la maldad de Lubkov. Tuve impulsos de romper las 
filas y aclarar el problema planteado, salir en defensa del hombre valeroso. El temor a 
que se me expulsara de la Secta y de la colonia me detuvo. 

(9 de julio) 


Lubkov más despótico. Biblioteca de disidentes. 

Lubkov censor de libros 

Lubkov se volvió desde entonces más despótico, más despiadado, se sentía apoyado 
por el oficialismo. Se sentía más firme y poderoso. 

Todos los descontentos eran expulsados de la secta. Se posesionó por completo 
de la vida de la colonia. También, cual profeta, maldecía a los enemigos. Y seguía 
cosechando más ayuda financiera del Gobierno. Adquiría más tierras, más máquinas y 
todas a nombre propio. 


250 




Los rusos de San Javier 


La disidencia 

Los disidentes y rebeldes fundamos un gremio agrícola independiente e imparcial 
en política y hasta uno de los apóstoles, Aniquin Kabafiez, se vino con nosotros. Lo 
primero que hicimos fue organizar una biblioteca para levantar en algo la cultura de 
los colonos. 

También le pedimos a Lubkov separación económica, entrega de las cosechas 
bajo vigilancia y administración de los negocios por nosotros. Lubkov nos recibió muy 
cortésmente en la Casa Blanca. Empero pasaron meses antes de que Papá nos permitiera 
abrir la biblioteca y con permiso de leer libros los domingos. Teníamos pocos volúmenes 
y yo le escribí al agrónomo Miguel Yewdiukow, de nacionalidad rusa pero residente en 
Uruguay, solicitándole algunos. Yewdiukow había huido de Rusia en 1905, fue revo¬ 
lucionario contra el zar. Si hubiera caído preso en aquella época, lo habrían ahorcado. 
Yewdiukow ayudó bastante en los primeros pasos que dio Lubkov en el Uruguay y estaba 
radicado en Cerro Largo. Fue quien aconsejó a Papá ponerse en contacto con la familia 
Espalter. Nos mandó cien libros, todos muy buenos. 

También Lubkov entró como socio y designamos la primera comisión, con los 
jóvenes que sabían leer, como Miguel Sabelín, Jorge Jauchov, Juan Scherstibit, Andrés 
Solotariov, Cosme Solodilin y Pablo Chiculin, tres disidentes y tres lubkovistas y como 
presidente Basilio Lubkov, más tarde se integró a la biblioteca Jacobo Castamov. La cuota 
mensual era de 50 centésimos, pero como Papá tenía más dinero nos entregó diez pesos. 


Lubkov censor 

Lubkov como hombre inteligente y astuto pronto se percató de que la biblioteca 
era un peligro y se puso de censor de los libros. Vigilaba celosamente su movimiento 
y seguía de cerca a los jóvenes, averiguaba sobre qué libros les interesaban. No tardó 
mucho en retirar y llevarse los mejores libros para su casa, como para leerlos, y no los 
devolvió nunca. Y también hacían lo mismo los fieles de la secta e inclusive miembros 
de la Directiva. 

Don Alfredo Díaz Islas nos prestó cantidad de libros, pero como estaban en cas¬ 
tellano a muchos les era imposible leerlos. También se los llevó Lubkov, por su acaso 
fueran subversivos o liberales. 

Con estos métodos de llevar libros y no devolverlos, la biblioteca duró tres meses. 

(12 de julio) 


251 




Virginia Martínez 


Lubkov reúne al Sínodo y lanza maldición a la Biblioteca 


Biblioteca maldita 

Empero a pesar de la pérdida de libros, algunos se compraban, la juventud acudía 
a la biblioteca. Papá no esperó más y reunió a los fieles del Sínodo y lanzó la maldición 
a la biblioteca y a los libros. Y agregó: “quien pase el umbral de la biblioteca será mal¬ 
dito, maldito”. Con todo, el anatema fue desoído por 10 o 15 jóvenes que el domingo 
siguiente no temieron las iras del Profeta y acudieron a recibir las lecciones que se daban 
en la casa de cultura. 


Las liquidaciones 

Se le planteó entonces arreglar definitivamente las cuentas. Lo aportes de las fa¬ 
milias en dinero para la fundación de la colonia, las ya varias cosechas nunca liquidadas 
a las respectivas familias. Lubkov se mostró conforme y como no había conocimiento 
entre los colonos para entrar y resolver ese cúmulo de cifras nunca aclaradas, pidió a Don 
Alfredo Díaz Islas que enseñara a algunos jóvenes lecciones de Teneduría del Libros. 
Se anotaron Baldomero Sabelín, Jorge Fomicnov, Juan Schrstok, Esteban Gilsov, Fede¬ 
rico Porik y otros más. Su digna esposa Doña Adela Dardán de Díaz Islas les enseñaba 
castellano y Don Alfredo la Teneduría. Empero a pesar de lo que aprendían los jóvenes, 
pasó un año antes que Lubkov resolviera entrar a resolver los problemas contables. Se 
hicieron liquidaciones muy detalladas a las cuentas de los colonos. 


Grandes deudores 

Se estipulaban en las liquidaciones: mantención, herramientas, semillas, arren¬ 
damientos, animales, árboles (aunque los donaba la Escuela de Toledo), etc. Todo 
apareció apuntado con cifras altas para el colono, pero sin que Lubkov mostrara un solo 
recibo que ratificara lo que él cobraba. Las cosechas entregadas por los colonos tenían 
cotizaciones muy bajas. 

¿Y qué resultó? 

Todas las familias, sin excepción, quedaban con deudas, pasaban a deber a Lubkov 
sumas de importancia. 

El Sr. Díaz Islas y su esposa doña Adela les decían a los colonos que todo era una 
estafa y que esas liquidaciones estaban mal hechas, que no firmaran ningún papel. Lo que 
quería Lubkov eran las firmas en los papeles por cualquier investigación del gobierno. 

Pero los colonos firmaron, la mayoría eran analfabetos. 

No había salida del círculo de hierro establecido por Papá. El no firmar traía la 
expulsión de la colonia y como todos éramos deudores, Lubkov no sólo se quedaba con 
el rancho, los animales, las sementeras, utensilios, muebles... 

(16 de julio) 


252 




Los rusos de San Javier 


Lista de los apellidos de los primeros colonos rusos que poblaron 
a San Javier. Los propietarios 

Lista con los nombres y apellidos de los primeros 
colonos de San Javier 

Colonos fundadores: se ubicaron en el campo de la señora Adelina Espalter de 
Falcao. Fueron 1000 cuadras 0885 metros y 6740 centímetros. Fecha de esta ocupación 9 
de mayo de 1914, por intermedio del señor Basilio Lubkov que representó a los colonos 
rusos y sus familias. 

Recibieron tierras las siguientes familias: Pedro Tcachenko, Andrés Gilsov, Pedro 
Michin, Pedro Sevrucov, Trofin Gidcov, Costando Gogin, Eudokim Grausov, Pablo Ale- 
nicov, Demetrio Schevzsov, Andrés Gayvoronski, Carpo Saironov, Efim Saironov, Sana 
Gamurenko, Timofey Afinogeev, Ulvar Nikischenko, Nazar Miyarlucov, Trofim Osipov, 
Nicolás Giuyodedov, Juan Faleev, Trofim Klimov, Pablo Arischenko, Gregorio Solotariov, 
Andrés Solotariov, Trofim Panasenko, Daniel Bugaoiv, Gregorio Sabelín, Policarpo Klivsov, 
Simón Ivegenco, Miguel Schevsov, Fedoi Golubnichev, Fiodor Pavlov, Tijon Yukianchenko, 
Basilio Rotnicov, Anikey Kabanets, Juan Roslik, Pablo Chestak, Ulian Livitnov, Egor 
Kcenev, Esteban Propotopapov, Andrés Leyba, Pablo Chichkim, Marey Chiriaev, Esteban 
Ivanchenko, Andrés Danzov, Kusmo Solodilin, Egor Kalabrujov, Timofei Yodusov, Ylarión 
Chemichov, Pablo Nimaschny, Juan Tcachenko, Pedro Karaicnov, Basilio Potapov, Mitro- 
fam Artiomov, Máximo Lusichilin, Mitrofan Plejanov, Andrés Bocharov, Egor Bacumov, 
Andrés Beswicelmy, Juan Discov, Pablo Morobiov, Dioncio Schevzov, Antonio Lichamov, 
Trofin Jomiacov, Basilio Nikolukin, Avtonom Emelianesco, Miguel Gayvoronski, Lfim 
Bichcov, Máximo Elicev, José Uconischev, Procopio Bestricov, Miguel Prudnicov, Juan 
Dobrinin, Máximo Chemichenko, Fiodor Maskeev, Atanás Guchkov, Moysey Stanchco, 
Nicolás Poiarcov, Juan Chipilov, Basilio Samosenko, Miguel Sabelín, Akcenty Kiachkov, 
Pedro Podvirov, Daniel Sirguilinko, Griogorio Sigilnikov, Terentio Egorov, Basilio Bidenko, 
Fiodor Rasteriaev, Basilio Simonov, Fenogey Puchkariov, Nicolás Colubob, Nikita Dubikin, 
Y gnat Kromarenko, Timofeiy Grigorenko, Pablo Svidridenko, Efim Grilnev, Juan Lorduguin, 
Demetrio Yanicov, Nicolás Schdrenco, Goije Nismachnig, Juan Simikin, Esteban Subotin, 
Fadey Tereschenko, Ylías Kytenkó, Simón Kulik, Esteban Karastilrov, Tijón Marcov, Lukas 
Golvchenko, Juan Cherstobit, Gerasin Constantino Simonov, Jacobo Tolstoy, Sajar Mitro- 
canov, Efsemi Sovrasov, Mirón Gayvoronski, Pedro Surcov, Zajario Jasina. 


Primeros propietarios 

Estos colonos fueron los primeros propietarios de este campo, aunque ni escribano 
público ni Basilio Lubkov dieron algún recibo legal o provisorio, justificando el dinero 
que recibieron. Ni fueron propietarios. 

En 1914 vino un nuevo grupo de familias. Estas familias fueron: 

Jacobo Castarnov, yerno de B.L, Trofim Gerba, Gregorio Danzov, Gorje Vostri- 
cov, familia de Miguel Robkin, Gregorio Sinchenko, Andrés Yvanchenko, Demetrio 
Golovchenko, Jorge Yanichev (actual gerente de la cooperativa), y otras familias. 


253 




Virginia Martínez 


En ese entonces entraron a aumentar los habitantes de la primitiva Colonia unas 
cincuenta familias. Laboraban como hermanos nuestros, en las mismas condiciones, 
como todos, en común. 

(23 de julio) 


Lubkov funda Santa María, proclama a su campo 
Tierra de Canaán y tercer casamiento 

La compra de Santa María, ahora Nuevo Paysandú, por el Sr. Basilio Lubkov, con 
el dinero de la Colonia San Javier y que hizo escriturar a su nombre propio. Nadie supo 
nada, a qué precio se pagó la hectárea, cuánto representó la totalidad de la operación. 

Para realizar el negocio no consultó a nadie y a pocos días proclamaba que se iba 
a realizar una gran fiesta. Proclamaba también la inauguración de la escuela pública. 
Dirigió ese colegio la Sita. Elvira de Batista. 


Invitados 

Lubkov invitó a los Apóstoles, la mayoría de los Fieles de la Secta Nueva Israel y 
a todas las autoridades policiales y muchas administrativas de Paysandú. Entre los que 
estaban en la recepción me acuerdo que vi a Don Luis Citraro. 

No faltaron los abogados y escribano con los cuales Lubkov tenía consultas. 


¡Se casa el Dios! 

Los principales lugares se adornaron con muchas flores y era muy numeroso el 
público que estaba en el lugar. No se puede negar que Lubkov era muy inteligente y 
además sumamente astuto. Las conversaciones en general, entre los colonos era predo¬ 
minante que habría nuevo casamiento. Se escuchaba: “Se casa el Dios Basilio Lubkov”. 
Por tercera vez se casaba según los cánones de Nueva Israel. Esto importaba mucho a 
Lubkov, cuando quería divorciarse no había divorcio más rápido, ni el que se estila hoy 
en día en Las Vegas. Llegado el momento, decía El Profeta: “te repudio”. Y la esposa 
debía tomar otra casa y a otra cosa. 


Una gran comida 

Yo pude asistir a la fiesta que duró tres días, por pedido a Lubkov de un familiar 
mío y por mediación de uno de los Apóstoles. 

Los colonos de San Javier a invitación de Lubkov trajeron cerdos, gallinas, pollos, 
lechones ya asados. Todo muy bien preparado, para comer bien y que nadie saliera quejoso 


254 




Los rusos de San Javier 


de la fiesta. El campo adquirido tenía una gran casa, con un salón Imperio. Seguramente 
había sido de gente de dinero. 


Habla de Dios y Adán 

Se trajeron mesas y sillas de Paysandú. Como ya se había efectuado el tercer 
casamiento de Lubkov, los nuevos esposos iniciaron la entrada al Salón Imperio, en 
el resto de las sillas se ubicaron diputados, los Apóstoles, las autoridades sanduceras y 
algunos colonos. 

El primero que habló fue Lubkov, para expresar, mezclando el idioma ruso y el caste¬ 
llano. Dijo: “Estas palabras, las que expreso por orden de Dios todo poderoso y la bendición 
de los Santos, con ayuda del mismo Dios proclamamos Nueva Santa María espiritual y al 
mismo tiempo como ayuda de Dios inauguramos esta bendita tierra, como Santa Ciudad 
de Canaan, como ciudad del cielo casi mejor que el Paraíso de Adán” 

(26 de julio) 


La gran garufa dura tres días, vino y champagne. 

Más rebeldes -quejas 

Tronaron los aplausos, lloraron los viejos, empezaron a explotar las botellas de 
champagne, a tomarse las mejores bebidas, vino y cerveza en cantidad y se inició la 
comilona. El vino corría. Los uruguyos que estaban ubicados en varias mesas se reían 
al constatar la alegría desbordante de los rusos. La gran garufa duró tres días. No hubo 
nada de música, nada de baile, porque la secta Nueva Israel no lo permitía. Únicamente 
se cantaba y se cantaba. Entonaban salmos bíblicos, proverbios de la biblia, los cantos 
de Salomón. Quedaron muy contentos los viejos de la Nueva Israel con la “Nueva Ma¬ 
mita Espiritual”. ¿Quién pagaría este gran banquete? ¿Serían los colonos de San Javier? 

Volviendo a San Javier con la mayoría de la juventud y algunos apóstoles y la 
misma Ex Mamita Espiritual Natalia Grigovina Arabiska. 

Conversábamos sobre nuestros problemas, de otros temas, de los hijos enfermos, 
de las expulsiones de la sectaNueva Israel que iban a producirse. Los elementos jóvenes 
eran los más disgustados y también los que veían con más claridad el problema que era 
Lubkov, con sus injusticias y tiranías. 


La oposición 

Se hizo un núcleo rebelde. Voy a dar sus primeros nombres: Miguel Sabelín, Jacobo 
Castamov que era yerno de Lubkov, Juan Scherstibit, Jorge Janichev, Andrés Solotariov, 
Demetrio Golovchenko y muchos más. Se hizo la protesta, y en serio, al jefe espiritual. 


255 




Virginia Martínez 


Termina la luna de miel 

La rebelión algo cundió y Lubkov supo de ella. Además había terminado el Dios 
su luna de miel y regresó de Santa María a San Javier. 

Empezó a llamar de a uno a cada uno de los rebeldes. Los citaba a la muy conocida 
residencia, la Casa Blanca, donde hoy está la administración del Instituto Nacional de 
Colonización. Al primero que interrogó fue a un familiar, Jacobo Castamov. No hubo 
planteo ni discusión, el Jefe Espiritual ordenaba, que se callaran la boca, que si no los 
iba a liquidar económicamente, además de expulsarlos de la colonia, con el anatema de 
la Maldición. 

Con Lubkov no se podía discutir, él sólo ordenaba y él sólo hablaba. 

Y tras la admonición y la amenaza, que el que la oía sabía que se cumpliría; la 
palabra más serena, tranquilizadora y la insinuación del soborno; si se callan, si esto se 
termina, según como se comporten en el porvenir, la promesa de nuevas tierras, serían 
mejor acomodados. 

Y por último les dio a los rebeldes muy poco plazo para meditar. Todos recibieron 
idéntico mensaje. 


La queja pasa a Montevideo 

La mayoría de los rebeldes se atemorizó y esa mayoría quedó quieta, pero el resto 
de los rebeldes no se entregó, aunque en sus filas existieron indecisos. 

Las discusiones y las polémicas entre los colonos abundan y se sucedían a toda 
hora y durantes todos los días. 

Se vio primero al administrador designado por el gobierno D. Arturo Arechavaleta. 
Era Interventor Oficial también. Ya hemos relatado que Lubkov se lo había conquistado 
enseguida que llegó a la Colonia, además le había obsequiado linda rusita, muy joven, 
Arechavaleta era un cincuentón. El interventor estaba todavía en muy larga luna de miel, 
pues se había casado con la joven eslava que Lubkov le mandó como mucama. Se llegó 
en mal momento. Arechavaleta no hizo nada. Era lo esperado por todos. 

Y se resolvió ir a la Capital, para enterar al gobierno y a los diarios de lo que 
ocurría en San Javier y de las nuevas andanzas del Jefe Espiritual. 

(30 de julio) 


256 




Los rusos de San Javier 


Los disidentes sufren embargos, expulsiones y B. Lubkov compra 
Santa María. El harén repudia a la esposa 

Don Arturo Arechavaleta, interventor gubernamental de San Javier, después que 
se ganaron las elecciones del 22, no sé qué arreglo tenía con nuestro Administrador 
Basilio Lubkov. Los disidentes no poesían amigos en ningún Partido. Por las denuncias 
que hicimos quedamos mal con Lubkov y el oficialismo. 

Arechavaleta tenía 50 o más años, ya dijimos que se casó con la rusita que le 
consiguió Lubkov, los primeros tiempos era la mucama... No le faltaron las contras, se 
murmuraba que ya era casado. Además bastante feo como físico, el Interventor. Are¬ 
chavaleta entonces se radicó en San Javier como agente del Partido que había ganado 
las elecciones. 


Los embargos 

Llegaron las represalias. El secretario de Lubkov fue a Paysandú y se trabaron 
embargos contra los disidentes. Lubkov andaba contentísimo, porque tenía el apoyo de 
Arechavaleta. Los embargos se fundamentaban por cuentas de la Cooperativa. La Coo¬ 
perativa era de todos, pero Basilio Lubkov pasaba como el dueño único. Yo tenía 200 
fanegas de trigo sin liquidar en los galpones comunes. Me llegó el Cedulón -Juzgado 
de Paz de la tercera sección judicial de Río Negro- que dice así: “En el juicio que ante 
Juzgado sigue Don Miguel Sabelín contra Ud. por cobro de pesos se ha dictado con fecha 
9 de julio ppdo. la siguiente providencia: “Intímase al Sr. Andrés Solotariov el pago, y en 
el caso de no hacerlo, trábese el embargo solicitado, haciéndose la comunicación corres¬ 
pondiente al Registro General de Embargos. No siendo para más se labra la presente acta 
que firma el Sr. Sabelín por ante mí y testigo que certifico. Pastor A. Bayley, J. de Paz. 
Tgo. Ulises Tongolita, Tgo. Federico Monk, Miguel Sabelín. Habiendo concurrido a su 
domicilio por dos veces para notificarle el auto que antecede, sin lograr hallarlo, procedí 
a trabar embargo en los derechos de los bienes inmuebles denunciados por el actor, y que 
son los siguientes: los derechos de una fracción de terreno compuesta de cinco hectáreas 
nueve mil cuarenta metros correspondiente a Andrés Solotariov”. 

Después sigue la descripción de los límites de la chacra, 4 de agosto de 1923. 

Acudí al Interventor Sr. Arechavaleta diciéndole que yo iba a pagar la pequeña 
deuda con la Cooperativa. Lo mismo dije al Sr. Sabelín. No me hicieron caso. Junto 
conmigo se hizo lo mismo con los colonos: Andrés Gilsov, Federico Cochenko, Jacobo 
Kaluguin y algunos más. Algunos arreglaron. Yo acudí al buen comerciante Antonio Pons 
y me defendí, nombrando como defensor al Sr. Francisco Martínez Braceo. El juicio 
se lo ganamos. Yo había pagado la deuda con la Cooperativa que no alcanzaba ni a 200 
pesos bien cubierto por el cereal depositado en la misma. 

Aumentó la disidencia, Lubkov buscó otra fórmula; trabajar colectivamente, 
utilizando herramientas, carros, arados, etc. en cooperativa. Pero siempre se siguió el 
sistema de no permitir el contralor de los que trabajaban. Gallinas y cerdos, todo era 


257 




Virginia Martínez 


colectivo, pero sin que nadie pudiera preguntar nada. Si no se aceptaba el nuevo sistema, 
expulsión de la chacra, y allí hubo otro desbande, muchas familias se fueron a zonas de 
Paysandú, otros a Young, a Salto. Pero Lubkov conseguía que los que quedábamos para 
que no nos expulsaran lleváramos las cosechas a sus depósitos. Aquello era el caos. En 
ese entonces se fijó al Interventor Arechavaleta el sueldo de $ 300 mensuales, más todas 
las gangas que le hacía recaer el Padre Espiritual. Sueldo muy alto en aquellos años. 
Los colonos protestaban, porque siempre sus entregas en cereales aparecían rebajadas. 
Había otros atropellos y las autoridades no nos hacían caso. Y si algún comisario quería 
hacer justicia era relevado. ¡Esto ocurría en la tierra de Artigas! 


¡Compra el saladero Santa María! 

Lubkov no se paraba en nada. Para prestigiarse y decir que había más tierra, adquirió 
200 hectáreas en el antiguo Saladero Santa María, cerca de Paysandú, una de las casas con¬ 
taba allí con 36 habitaciones, allí instaló parte de su Harén. Tapaba con esto su lubricidad 
y ubicó una sucursal de la Cooperativa, fue de gerente de esta sucursal Jorge Janichev y de 
ayudante Pablo Bezrukov. Dio al adquirido el nombre de Santa María Nueva Paysandú. 
Invitaba a visitar la adquisición a las familias y a las rusitas de 12 a 15 años. 

(2 de agosto) 


Llegan Poiarkov y oficiales zaristas. 

La esposa del Crnel. Sereda degollada 

En este capítulo damos entrada a otro personaje. Es quien llegará a integrar el 
triunvirato que reemplazó a Basilio Lubkov, cuando una investigación parlamentaria 
lo liquidó. No llegó en la primera hora, pero perteneció a la Secta Nueva Israel. Había 
quedado en Rusia y el huracán que aventó al zarismo y a los religiosos reaccionarios 
también lo obligó a huir del país. 

Andrés Poiarkov 

Fue defensor activo y peleó en la guerra civil que desencadenaron los enemigos 
de Rusia, cuando fue eliminando el zarismo y tiempo después Kerenski. Peleó con los 
“blancos”, fue soldado u oficial de las tropas zaristas que mandó el General Wrangel. 
Finalmente todas estas tropas que defendieron a la extinta monarquía fueron vencidas 
por el ejército Rojo y Poiarkov pudo llegar a Yugoslavia. 

Poiarkov escribió desde Yugoslavia a Basilio Lubkov y como integraba a Nueva 
Israel allá en Rusia, se trabajó en San Javier para ayudarlo. Decía en las cartas que estaba 
muy pobre y necesitaba pronta ayuda. 

Nuestro Jefe Espiritual hace un llamado a los colonos, inició la colecta para pagar 
el pasaje del refugiado. Los fieles respondieron muy bien, unos trajeron dinero, otros 


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Los rusos de San Javier 


gallinas, huevos, productos de las huertas. Se juntaron como $ 2000. Lubkov giró a 
Poiarkov y como a los dos meses se encontraban Poiarkov y su esposa en el Uruguay, 
habiendo dejado allá en Rusia, como liceal en un Colegio a una hija del matrimonio. 
Llegó al Uruguay dos años después, junto con la suegra de D. Jacobo Castamov. En 
aquellos días acompañaba a la Srta. de Poiarkov, hoy esposa del Sr. Diéguez Massey, 
la primer señora de Lubkov, esposa legítima, casada con D. Basilio con los ritos de la 
religión ortodoxa. Tendría cuando arribó a San Javier la Srta. de Poiarkov unos 15 años. 


Alegría y panfletos 

La presencia de Poiarkov, soldado u oficial de los contrarrevolucionarios ahondó 
más la lucha entre los fieles y los disidentes. Los primeros festejaron con alegría su 
arribo, los otros editaron panfletos expresando el repudio al huésped. Estos panfletos se 
pegaban en las casas de San Javier. 

Junto a Poiarkov arribaron otros jefes de jerarquía, oficiales que habían servido 
en las fuerzas blancas y derrotados debieron escapar. Entre otros D. Wladimiro Udoviko 
y el coronel Sereda, que estuvo casado con una mujer muy bella, hija de un general 
zarista. Taíssa Sereda se radicó en Fray Bentos y aquí fue asesinada, fue degollada. El 
coronel Sereda fue acusado del crimen. Pasó unos años en la cárcel, no se le probó nada 
y salió en libertad. 

Pasado un tiempo, estos oficiales rusos blancos dejaron a San Javier y al Uruguay, 
fueron contratados para pelear en las filas paraguayas. Paraguay estuvo en guerra con 
Bolivia, allá en el Chaco volvieron a la guerra. Entretanto se les permitió fundar una 
Colonia de Rusos Blancos en el Chaco. Algunos pocos se quedaron en San Javier. 

(9 de agosto) 


Clamores. La “Santa Trinidad”. 

Una nueva Mamita. 4000 hs. Rey Salomón 

Basilio Lubkov recibió con alborozo este refuerzo de elementos blancos y con 
satisfacción la presencia de D. Andrés Poiarkov, ya que este último debió ser algún 
jerarca dentro de la secta de Nueva Israel en la Madre Rusia. 

El dominio de Lubkov se venía a tierra. En Montevideo se habían oído los clamores 
de los disidentes y ya no era posible ocultar más las lacras, robos, extorsiones, perse¬ 
cuciones que dirigía y ejecutaba Lubkov. La comisión parlamentaria presidida por D. 
Cesar Mayo Gutiérrez actuaría con justicia, con imparcialidad. A Lubkov, allá en las altas 
esferas lo defendían poco o nada, tenía todavía protectores. Había que esperar un tiempo. 


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Virginia Martínez 


La trinidad 

Lubkov resuelve designar un triunvirato, al que enseguida se le apodó la “Santa 
Trinidad”, y lo formó con Andrés Poiarkov, Miguel Sabelín y él mismo. Estaban firmes 
contra los disidentes. 


Encarcelamiento 

Se entró a actuar de otra manera, con más rigor que antes, las persecuciones eran 
continuas contra los Disidentes. Surgieron nuevas cuentas falsas y hasta podría decirse 
que la guerra se dirigía con más habilidad, como si una nueva fuerza aún más audaz y 
vivaz que la de Lubkov, tomaba el comando. Esto se probó más tarde, cuando Lubkov 
hizo el viaje a Rusia y quedó Poiarkov como el nuevo Amo. 

Existieron provocaciones y como la justicia seguía renga, pasaron a la cárcel de 
Fray Bentos, Andrés Solotariov, su amigo Gilsov y el otro amigo Tkachenko. Se inicia 
entonces una nueva lucha más difícil. 

Lubkov adquiere el campo del estancieron D. Carlos Peixoto, nada menos que 
4000 hectáreas, le puso a la nueva Colonia el nombre bíblico de Ofir. Y lo colocó a su 
nombre, pagando con plata de los colonos y algo del Estado. Se distribuyeron 84 chacras 
que recayeron en los más fieles de la Secta, entre los más fanáticos. 


Una nueva Mamita 

En estos días o meses, Lubkov se encontraba en plena euforia, temía a la tormenta, 
pero había conseguido la ayuda del Estado para adquirir las 4000 hectáreas, resolvió 
repudiar a la anterior Mamita a la que entronizó al inaugurar Santa María Nueva Paysandú. 
Recordarán que la elegida en Santa María era criolla. El Jefe Espiritual volvió a gustar de 
la raza, eligió como nueva Mamita a una rusita de 17 años, muy bella y buena. El padre 
de la joven era un fanático, estaba encantado con el casamiento, la madre, en cambio se 
rebeló contra esa entrega. Pero Lubkov venció y organizó una gran fiesta como aquella 
de Santa María, cuando entronizó a la criolla. 

El Dios, siempre eufórico, designa Administrador Provisorio a Poiarkov y este se 
traslada con los suyos a la casa de la estancia que fue de Peixoto, allí estaba la dirección. 

El Dios disfrutaba de los encantos de Aramita, que así se llamaba la nueva favorita. 


Aumentan los disidentes 

Estas cosas, un gran campo a nombre de Lubkov, otra esposa, la fiesta y 100 chacras 
de Ofir trabajando para Lubkov, no agradaban a los colonos. Aumentaron los disidentes 
y se resuelve enviar otra delegación a Montevideo, para entrevistar a los altos poderes, 
a las Cámaras de Senadores y de Diputados. Y conseguir algún apoyo de los diarios, 
como “Tribuna Popular”, “El Plata” y otros. 


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Los rusos de San Javier 


Se llegó a la Cámara de Diputados, los blancos pidieron la intervención, los 
colorados negándola, los disidentes pidiendo la eliminación de Lubkov. Pedíamos 
los disidentes: reorganizar la Colonia y entregar los predios individualmente a los 
colonos. 


¿Soñó en un Harén? 

Dirán que exagero, pero es la verdad. No se consiguió en esta primera tentativa 
que el Estado interviniera, Lubkov viendo que los Disidentes volvían sin nada se hizo 
más tirano y más prepotente. 

Se oyeron cosas nunca oídas de Basilio Lubkov, entre cántico y cántico, entre 
lecturas bíblicas citaba a Salomón y a Daniel y a otros reyes que tuvieron “muchas mu¬ 
jeres”. ¿Estaba preparando el ambiente para aumentar sus esposas? Hasta los Apóstoles 
que no interpretaban a las parábolas y versículos, se les oía citar a Salomón y a Daniel. 

Pero no ocurrió nada, seguramente se asesoró y vio que iba a pisar sobre el precipicio. 

(13 de agosto) 


Nuevo abogado al Dr. Joanicó. El fiscal Barreto. 

4 meses y medio en la prisión 

Estábamos en el año 1924. Como el señor Fiscal Barreto era amigo del señor 
Lubkov, mi situación frente a la Justicia no prometía nada bueno. Pero, más adelante, esta 
Justicia la encontraría al igual que los otros compañeros detenidos y también Disidentes, 
en jueces más altos que el fiscal Barreto. 

Miguel Sabelín era el apoderado de B. Lubkov y no se pararon las represalias 
contra los Disidentes. Estuvimos cuatro meses y medio presos en la cárcel de F. Bentos. 
No sabíamos por qué era esta prisión, quién la había pedido, pero no ignorábamos que 
movía los hilos Sabelín bajo las órdenes de Lubkov. Miguel Sabelín estaba casado con 
la Sra. María Lubensova, sus hijos menores eran Baldomero y Eugenio Sabelín. 

Ya dijimos que designamos defensor al procurador D. Francisco Martínez Braceo. 
Empero pasaba el tiempo y nada se resolvía. Me vi obligado a designar a un abogado 
como defensor y en la propia cárcel, subrepticiamente designé al Dr. Joanicó, radicado 
en Montevideo. También le di el correspondiente poder. 


“Me quieren comprar” 

Por la cárcel en esos años de la fiscalía del Dr. Barreto, desfilaron también po¬ 
líticos, caso del dirigente del P. Nacional D. Francisco Requiterena, a quien se fraguó 
un proceso por algo electoral. A pesar de estar Requiterena en la cárcel, creo que los 
nacionalistas ganaron la elección. 


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Virginia Martínez 


Verdadera sorpresa tuve cuando el Alcalde me anunció que dos compatriotas y 
los dos de S. Javier venían a visitarme. Más sorpresa recibí cuando vi que los visitantes 
eran Miguel Sabelín y Juan Scherstibit, este gerente de la Cooperativa. Venían a comprar 
mi conciencia. 

Me propusieron que me callara y abandonara la disidencia y que sería puesto en 
libertad. 

Rechacé la oferta sin titubear, la libertad no la quería a ese precio. 


Resolución de la Alta Corte 

Ya habían pasado cuatro meses y medio y seguía la prisión. En ese entonces el 
Dr. Carámbula y yo recibíamos más comunicación de la Alta Corte de Justicia por la 
cual se disponía mi libertad. A mí me lo comunicó el Dr. Joanicó desde la Capital y al 
juez la Alta Corte. 


Con el juez 

Enseguida de haber recibido el Juez, Dr. Carámbula no se abrieron las puertas de 
la prisión. Me llevaron al Juzgado. El juez no me expresó haber recibido la comunica¬ 
ción de sus superiores pero insistió en saber cómo me había puesto en contacto con el 
Dr. Joanicó, desde la cárcel. Por cierto nada le informé. Entonces el Juez me reprochó 
que yo no hablara antes; contesté que no hablaba porque la Justicia de Río Negro no me 
llamaba al Juzgado. Y también me dijo: “Usted no puede estar un día más preso”. Y me 
leyó el telegrama de la Alta Corte. 

Yo le pedí estar dos días más en prisión, pues hasta que transcurrieran 48 horas 
no había tren hasta Estero Bellaco. Me respondió el magistrado: “Usted no puede estar 
detenido ni una hora más”. Y se me puso en la calle, libre otra vez. Y todavía el juez me 
felicitó en muy buena forma. 


Resultados 

Había pasado cuatro meses y medio en la prisión, en tiempo de verano, desde di¬ 
ciembre de 1923 hasta 1924, me perdí toda la cosecha, allá en San Javier habían quedado 
la esposa y tres pequeños hijos. 

(16 de agosto) 


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Los rusos de San Javier 


Luis A. de Herrera y otros dirigentes en S. Javier. 

La comisión Parlamentaria 

De regreso a S. Javier me encontré con otro suceso. Fue la incidencia entre 
Miguel Sabelín y el colono Sr. Jacobo Calugín. Este no aceptaba la liquidación que se 
le presentaba de su cosecha y se encuentra con Sabelín en el bar de Jacobo Castamov. 
La incidencia pudo alcanzar gravedad, Calugín se avalanzó sobre Sabelín y lo arrojó 
a tierra y lo hubiera herido pero interviene otro colono que allí estaba. Calugín era un 
buen colono, había sido oficial de las tropas cosacas en Rusia. El interventor resultó 
herido muy leve en la mano. 

Calugín fue traído preso a F. Bentos. Aquí lo defendió el D. Francisco Martínez 
Braceo y a los pocos días recuperaba su libertad. 

Sabelín en esos días se fue a vivir a la Casa Blanca. O sea al chalet de Basilio 
Lubkov. 

También a esta altura del año Lubkov llegó al total engreimiento, abundaban las 
fiestas en la Casa Blanca y con ellas las grandes comilonas, que finalmente pagaban los 
colonos al entregar sus cosechas y reconocerlas siempre retaceadas. Hubo algo así como 
un movimiento de resistencia, no solo de los Disidentes siempre enemigos de Lubkov, 
de los propios neutrales o amigos del Papá. Esta resistencia incidió en que no se quería 
levantar la cosecha, pero existía el miedo casi general a las represalias. Lubkov todavía 
gozaba de la protección en las altas esferas. 


Los nacionalistas 

En cambio, los nacionalistas se preocupaban de ponerse en contacto con los 
Disidentes. 

Establecieron estos contactos, llegando hasta S. Javier, el Dr. Luis Alberto de 
Herrera y D. Carlos María Morales, consejeros nacionales, los dirigentes Sres. Ismael 
Cortinas, Francisco Requiterena y José Bertoni. Les explicamos a ellos, los Disidentes, 
todas las irregularidades y la mala vida que pasábamos. Ellos fueron los que nos aconse¬ 
jaron como primera medida presentar una solicitud a la Cámara de Diputados, pidiendo 
la Intervención y la reorganización de la Colonia. 


Se envía otra delegación 

Se resolvió hacer llegar a Montevideo y al Parlamento una nueva Embajada, que 
también hablaría con el Ministro de Ganadería y Agricultura Dr. Mayo Gutiérrez. Fueron 
los delegados Esteban Gilsov y Andrés Solotariov, alcanzando un gran éxito. 

No pasó mucho tiempo y se designó una comisión parlamentaria, con poderes 
de investigación. Tenía autoridad esta Comisión para interrogar a todos los colonos, a 
Basilio Lubkov y a Miguel Sabelín. Esto se registró en 1924. 


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Virginia Martínez 


Lubkov borracho 

Recién entonces, Lubkov se percató que el piso temblaba. Andaba furioso. Se le 
veía con frecuencia borracho y provocador, pero estaba muy asustado. Aún dentro de 
sus borracheras y su miedo, mantenía la esperanza de salvarse. 

(20 de agosto) 


“Este es un país con libertad” dijo Mayo Gutiérrez a Basilio Lubkov 

Volvió a agitarse la Colonia. Nuestros esfuerzos, nuestras repetidas visitas a 
Montevideo iban a tener la correspondiente Justicia. Seguía el año 1924. Era el mes de 
diciembre. Arribó la Comisión Parlamentaria Investigadora. Realizó el viaje por el río 
Uruguay. Tocó el pito la embarcación y la gente se aproximó a la costa. Serían como las 
16 horas. Otros colonos estaban junto a la Cooperativa y frente a la Casa Blanca, sede 
del gobierno prepotente e inmoral de Basilio Lubkov. 

Ellos eran unas diez personas que miraban con atención el lugar y elogiaban los 
cercos que tenían las casitas. No se contaba con alambre y los cercados eran trazados con 
numerosas varas. Impresionaban por la habilidad con que se habían ejecutado. Uno de 
los visitantes habló conmigo y yo le respondí en castellano y le expresé que era colono. 
Impresionaron bien los frentes de las casitas, todas blanqueadas con cal. 

Se caminaron varias cuadras, los investigadores iban adelante, un poco atrás 
algunos colonos. Llegamos a la comisaría. Me tocó a mí presentar al Comisario a los 
miembros de la Comisión. En ese entonces lo era D. Sabelín Ibarguren. Nos dirigimos a 
la Escuela, cuando en el camino vimos al Ford donde viajaba Basilio Lubkov. Me dirigí 
a los visitantes y les manifesté: “Esperen un poco que ahí llega el Sr. Lubkov”. 

Los parlamentarios me preguntaron: “¿Es el único que tiene aquí un auto?” Le 
respondí que sí y que llegaba de la trilla. 


Recibe un chasco 

Ellos ya sabían quién era el personaje al que lo venían a investigar. Lubkov no 
expuso en estos momentos la audacia y la prepotencia que tanto gastaba con sus compa¬ 
triotas. Se había vuelto muy humilde y hacía lo imposible porque se le diera entrada al 
círculo de los parlamentarios. Se llevó un gran chasco porque nadie le tendió la mano, 
pero respondieron con movimiento de cabeza a su saludo. 


“Vos te callás la boca" 

Lubkov no me perdía en su mirada y se acercó y me dijo en ruso: “Vos te callás 
la boca”. 


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Los rusos de San Javier 


Un señor que me había resultado muy amable y que tenía la característica de ser 
bajo de estatura, que tampoco se perdía la escena: “¿Qué le dijo?” Yo le respondí: “No 
me deja hablar con Uds. Me lo quiere prohibir”. 

Entonces el hombre bajito, se adelantó unos pasos y exclamó con voz fuerte: “Aquí 
es un país con libertad -y dirigiéndose a Lubkov le espetó-: Ud. Se calla y puede irse”. 

Para mí tal declaración fue una enorme satisfacción. Al otro día supe que quien 
había hecho callar a Lubkov y le habló de la Libertad era nada menos que el Ministro 
Mayo Gutiérrez. 

(23 de agosto) 


El senador García entrega una carta a Solotariov. 

Lubkov en el Vaporcito 

A la Comisión la acompañaba un intérprete griego. A este le inquirí quiénes eran 
los investigadores. Me respondió secamente que al otro día lo sabríamos. Que no podía 
decimos por el momento quiénes eran los huéspedes de San Javier. 


Lubkov muy callado 

Ya se habían conglomerado en la Cooperativa y en la Casa Blanca muchos colonos 
y las familias se asomaban a los portones. Basilio Lubkov muy callado y ensimismado 
con sus pensamientos, que por el recibimiento debían ser ya muy negros, marchaba a 
mi lado. Varios colonos nos seguían como a unos diez metros. 


Una cosa graciosa 

Seguíamos nuestro camino. Se separó un hombre del grupo de los parlamentarios 
y como algunos de ellos sabían que yo algo hablaba castellano, me apartó y requirió mi 
presencia con un gesto amistoso. 

Estábamos frente mismo al Molino Harinero y me preguntó: “¿Conoce Ud. a Don 
Andrés Solotariov?” A mí se me ocurrió no presentarme ahí mismo y sólo le respondí 
que sí, que Solotariov era vecino mío y como, en verdad, no conocía al indicado señor 
y temiendo caer en una trampa, oculté mi identidad. Me agregó que traía una carta para 
él y que no me olvidara el mensaje. 

Me fui a la chacra, como a treinta cuadras del lugar, haciendo el camino a pie. 

Al otro día a las 8 volví a San Javier, expresándole a mi esposa que no vendría 
hasta la tarde que comería en la casa de algún amigo. 


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Virginia Martínez 


El señor bajito 

En casa de D. Ignacio Silva se reunió la comisión parlamentaria. Cuando entré, 
me preguntó: “¿Y el Sr. Solotariov no viene?”. 

Entonces yo hablé y dije: “El Sr. Solotariov soy yo” y entregué mis documentos. 
Y él a su vez me manifestó que era el senador del Partido Nacional, D. Guillermo L. 
Gutiérrez. Salimos afuera de la gente y empezamos a conversar y yo quise saber quién 
era el señor bajito que me había causado tan buena atención la tarde anterior. El senador 
García me aclaró: “Es el ministro de ganadería y agricultura, el Sr. Mayo Gutiérrez, es 
persona muy buena y considerada. En esta comisión somos la mitad colorados y la otra 
mitad blancos.” 


Lubkov en el vaporcito 

El Sr. García informóme que la Comisión estaría tres o cuatro días en S. Javier, 
que se interrogaría a los colonos, uno por uno, por eso trajimos a un intérprete. Después 
llamaremos a los Sres. Lubkov y Sabelín al vapor y allí se les interrogará y sus decla¬ 
raciones serán las exactas que ellos digan. También averiguaremos qué documentos 
poseen los colonos. 


Un buen amigo 

En esa tarde el senador García me entregó la carta que era portador y que en 
Montevideo se la dio un buen amigo mío y que lo fue de todos los colonos, desde los 
primeros días de la Fundación. Era de Don Antonio Pons. Además el Sr. Pons le había 
recomendado mucho al senador, de que hablara conmigo. 

(27 de agosto) 


Mayo Gutiérrez juzgó: “B. Lubkov merece ir a la cárcel enseguida” 

Menuda sorpresa se llevó Lubkov, Sabelín, Poiarkov. Los parlamentarios no iban a 
la Casa Blanca, sede del gobierno personal de Lubkov. Los interrogatorios se realizaban 
en el vaporcito. No habría banquetes, atendidos los huéspedes por rusitas lindas. 


Lubkov interrogado 

El Jefe Espiritual debió trasladarse al buque, al igual lo hizo Sabelín. El interroga¬ 
torio duró tres horas y media. Nunca se supo lo que le interrogaron ni ellos manifestaron 
nada. En cambio a los colonos y a sus familiares se les tomó la declaración en casa de 


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Los rusos de San Javier 


D. Ignacio Silva. Únicamente expresaban las mujeres que las habían tratado muy bien 
en los interrogatorios. 

A los colonos se les inquiría cómo habían entregado allá en Rusia o en el Cana¬ 
dá las sumas de dinero para el viaje y la radicación en S. Javier y si el Sr. Lubkov les 
daba recibo por aquellas cantidades. Al igual si ya en S. Javier, cuando se les entregaba 
herramientas y las pagaban en cuotas o con la cosecha, recogían recibos por las sumas 
entregadas. Todos respondieron la verdad, que jamás Lubkov le otorgó recibo. Duró 
tres días esta tarea. 


Llegó el último 

Se me interrogó en último término. Debo decir que a los más fanáticos y también 
a los ya más viejos, los parlamentarios le explicaban por intermedio del intérprete que 
no tuvieran miedo y que debían decir únicamente la verdad. 

Algunas de las jóvenes víctimas de la lascivia del Jefe Espiritual también prestaron 
sus declaraciones, ignoro qué dijeron, pero sé que ninguno de los declarantes hombres 
y mujeres dejaron de estampar su firma en estas declaraciones. 

Fui recibido muy amistosamente y todos los parlamentarios me tendieron la mano. 
Me preguntaron si yo precisaba intérprete, yo me negué y dije que me defendía bien con 
el castellano y les agregué: “El enfermo tiene que explicar al médico su enfermedad y 
las causas de la misma”. Y añadí: “Yo les traigo mi declaración escrita y creo que la en¬ 
tenderán”. Se la entregué al Sr. Mayo Gutiérrez y este me invitó a sentarme. Empezaron 
a leer y les dije: “Si Uds. no entienden, yo leeré”. Me respondieron que entendían bien. 
“Bien claro está todo lo que estamos leyendo” exclamó el secretario. Me solicitaron que 
dejara los papeles y acepté encantado. 


“Lubkov debe estar en la cárcel" 

Entonces tomó la palabra el Sr. Mayo Gutiérrez y habló así: “todo está bien claro, 
no tenemos nada más que preguntar a nadie, este hombre Basilio Lubkov realizó una 
gran estafa y corrupción, merece ir enseguida a la cárcel”. 

Estas palabras me llegaron al alma, agradecí a la Comisión la deferencia que me 
significaban y me retiré. Al otro día la Comisión volvió a la Capital. 


“No harán nada, Dios está con él” 

De los jerarcas y la patota de Lubkov en esos días subsiguientes, pocos se vieron. 
Existió una razón valedera, se estaba en la recolección de la cosecha. Pero los agentes 
de Lubkov no se quedaron quietos. Dirigían la campaña a favor de Lubkov, entre otros: 
Sabelín, Juan Scherstibit, Poiarkov y Jacobo Castamov y eran acompañados en los 
conciliábulos por los firmes fanáticos. 


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Virginia Martínez 


Alguno me detuvo y me dijo: “Volverán otra vez a la cárcel por haber declarado 
ante la comisión”. Y me agregaban hasta sonrientes: “No le va a pasar nada a nuestro Papá 
Lubkov, él tiene muchos amigos en el gobierno y Dios está con él”. Yo poco contestaba, 
tenía fe en la Justicia y en los miembros de la Comisión, y recordé a la vieja Biblia, que 
no todos se venden por un plato de lentejas. 

(30 de agosto) 


El tío de Lubkov marca con la L a los ganados 
que eran de los colonos 

De la visita de la Comisión Parlamentaria algunos efectos surgieron, pero jamás se 
enteraron los colonos de cuáles fueron sus conclusiones. Entre los efectos estuvieron la 
llegada de dos empleados del Banco Hipotecario, los señores Victorio Rombys y Moreyra. 
Se radicaron en San Javier tres o cuatro meses después de la partida de aquella Comisión 
y alquilaron una pieza en la residencia del Sr. Poiarkov. Vigilaban las actividades en la 
labor de la Colonia y la Administración que siempre era manejada por Lubkov. 


Viajes a Montevideo 

En ese entonces es cuando se suceden los viajes de Lubkov y Miguel Sabelín 
a Montevideo. ¿Qué hacían? ¿Qué gestionaban? ¿Qué se tramaba? Ni los Apóstoles 
nunca lo llegaron a saber. Regresaban y se encerraban con sus empleados, todos de su 
confianza, en la Administración. 

Indudablemente se preparaban las cuentas por lo registrado posteriormente. Eran 
los empleados: Juan Scherstibit, gerente de la Cooperativa, Jorge Janichev, que vino de 
la sucursal de Lubkov, de Santa María (Nuevo Paysandú), otro empleado era Federico 
Noria y ayudaba también a Poiarkov. Sabelín volvía de Montevideo y daba órdenes y 
otra vez regresaba a la capital. 

Le pregunté al Sr. Rombys si sabía algo y me respondió que ignoraba de qué se 
trataba, pero que tenía referencias de que estaban arreglando algo con el Banco Hipote¬ 
cario. Fue lo único que me informó. 

Después me agregó que tenía noticias de que vendría a S. Javier el gerente de casa 
central Don Raúl Bonino. 


Marcan los animales 

Basilio Lubkov no se perdía una, aun ya en la caída. Le mandó a su tío Pedro 
Lubkov, que también estaba entre los Apóstoles, que marcara con la marca de Lubkov 
todos los animales en su mayoría novillitos que pastaban en el estero, que era bien 
común de los colonos. 


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Los rusos de San Javier 


Resultaba que era la única autorizada la L de Basilio Lubkov. Pasaba a ser dueño 
de todos los ganados y equinos. ¿Con qué derecho íbamos a reclamar en el futuro? 

Y los animales se llevaron a Paysandú, cerca de Estación Constancia. Lubkov 
poseía en esa zona un campo arrendado a su nombre particular, donde para nada apare¬ 
cía la Colonia San Javier. Pedro Lubkov decía que los animales se transportaban para 
venderlos y pagar parte de las deudas de Papá Lubkov con los comerciantes de Paysandú 
y de Santa María. 


Los Apóstoles Analfabetos 

Entre tanto Lubkov venía poco a San Javier y cuando llegaba nada se le veía y 
ya no realizaba aquellas reuniones del Sínodo de los Apóstoles. Estos, hay que decirlo, 
casi con excepción eran todos analfabetos. 


Con Don Antonio Pons 

Yo fui por mis asuntos a Paysandú y me encontré con Don Antonio Pons. Me 
preguntó Don Antonio ¿qué noticias hay de Montevideo? Le respondí, no hay ningu¬ 
na y volvió a preguntarme. ¿Y de San Javier? Le contesté: “Las que hay son malas y 
siempre las hay”. 

(6 de setiembre) 


Sucesivos casamientos del “Dios” de la secta N. Israel ¡Cosechas! 

Continuamos conversando con el Sr. Pons y le informé que era voz corriente en 
San Javier, en esos días, un nuevo casamiento con los cánones de la Secta de Nuevo 
Israel, de Don Basilio Lubkov. Aquella buena compañera que trajo Lubkov cuando vino 
de Rusia, Doña Natalia Grigorevna Arabinsca, había sido radiada por el Jefe Espiritual 
hacía un tiempo. Tampoco doña Natalia quería ser parte del Harén lubkoviano. Había 
quedado desamparada totalmente, se le habían cortado los créditos por orden de su ex 
marido. Pero nunca falta una buena persona, un hombre entero, fue este Pablo Chuchulin, 
quien le dio amparo. El Sr. Chuchulin arrendaba un campo muy cerca de San Javier a 
los Sres. Tabeada, allí halló amparó quien fue tan buena con nosotros, que cuidó como 
nadie de los niños enfermos en aquellos años de las epidemias. 


Jovencita de 17 años 

Se confirmaron los datos. Lubkov estaba ya en la derrota, pero en las batallas 
del amor no se daba por vencido. Fue una jovencita, hija de un colono bien conocido, 
Jorge Kcenev, y esta jovencita se llamaba Claudia y tenía 17 años y era una real belleza. 


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Virginia Martínez 


Entretanto ya habían sido proclamadas “Mamitas” después del repudio de Natalaia G. 
Arabinska, Elvira Massiutta y Tatiana Savaguimurenko. La madre de Elvira Massiutta 
y dos hijas más volvieron a Rusia años después. 

Y pese a las protestas de los hermanos mayores de la jovencita Claudia hubo 
casamiento. 

Pero la secta y los Apóstoles se impusieron. Para estos los repudios anteriores y 
los casamientos de Lubkov y la proclamación de las sucesivas “Mamitas” lo entendían 
como legalizados. 

Cuando Lubkov regresó a Rusia, la Srta. Claudia se fue a vivir a Montevideo y 
allí hizo matrimonio auténticamente legal con un ex oficial de las fuerzas zaristas que 
se había exiliado en el Uruguay. 


Lloraba la niña 

Esta comedia del casamiento, que para los Apóstoles era oficial, se realizó, me 
la contó con muchos detalles D. Jorge Bestricov. En plena fiesta ofrecida por Lubkov, 
los Apóstoles y sus fieles recibieron la bendición de Dios. Pero la mayoría del público 
lloraba de contento y otros de lástima por la jovencita, que también lloraba como una 
niña. Y su amargura y dolor la presenciaron de todos modos. Pero el que apareció más 
satisfecho fue Lubkov. 


"Lubkov volará o irá a la cárcel” 

Hablé de otros temas, siempre relacionados con S. Javier, con el Sr. Pons. Me in¬ 
quirió si había resultados concretos de la visita de la Comisión Parlamentaria. Le expresé 
que las cosas iban lentas y que todavía era muy temprano para conocer algo cierto. Me 
habló el Sr. Pons muy bien de la comisión y del ministro Mayo Gutiérrez. 

También me preguntó ¿Y estas cosechas del 24/25 quién se apoderó de ellas? Y le 
respondí: “El de siempre, Basilio Lubkov y le agregué: “Como no llegó ninguna orden 
del gobierno, ninguna resolución, no se sabe de ninguna ley, sigue siendo Administrador 
de la Colonia Basilio Lubkov”. 

Reflexionó unos minutos el Sr. Pons y me expresó: “Lubkov tiene muchas deudas 
y por todas partes, este pájaro va a volar lejos o irá a la cárcel, pues ha hecho muchas 
estafas a Uds., al gobierno”. 

También a raíz de esa charla supe que Lubkov debía a la casa Estefanell, Pons y 
Cía., que era a la que Lubkov le vendía los trigos y cereales cosechados por nosotros. 

Conocí también que en esos tiempos le adquirían la fanega, más o menos a $ 4, 
como era el precio corriente y de esto nadie o muy pocos, únicamente los fieles al Jefe 
Espiritual estaban enterados. 

También le informé que corrían rumores de que Lubkov, si le quitaban el poder y 
la administración se iría al Paraguay o a Rusia. Entonces me despedí de Don Antonio, 
mi viejo amigo. 

(10 de setiembre) 


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Los rusos de San Javier 


Vuelve M. Gutiérrez. Lubkov liquidado. 

Los rusos blancos. El coronel Sereda 

La Comisión Parlamentaria demoró unos meses en expedirse. Lubkov no perdió 
el tiempo, siguió vendiendo el trigo, otros cereales y los animales. No escapó a este plan 
las herramientas y las máquinas que eran del fondo común. Trilladores, tractores, pasaron 
a ser dinero. Se preparaba para irse. 

Transmite el Bar de la Cooperativa a propiedad de su yerno Jacobo Castamov y 
desaparecen las mercaderías de la Cooperativa que era de todos los colonos. Al igual 
que la Cooperativa de Santa María, que era sucursal. 

Ya era corriente que muchas de esas mercaderías habían pasado a otras manos. 
¿A quiénes? Esto no lo ignoraron ni los empleados ni los representantes del Banco Hi¬ 
potecario Sres. Rombys y Moreyra. 


Otros comercios 

Después surgieron otros comercios, los de los Sres. Poiarkov y Castamov, cada 
uno por su cuenta. Había que abastecerse en el almacén de Poiarkov, pues la Cooperativa 
desapareció. El colono no contaba con otros locales comerciales. 

Los agricultores rusos recordaban qué rápida había sido la ascensión de Poiarkov, 
exiliado en Yugoslavia, se le mandó el dinero para llegar al Uruguay, hasta un colecta se 
realizó a su favor entre los colonos. Hasta Pedro Zajarenich, que era el Don Pedro, tío 
camal de Lubkov, juzgaba que era muy rápido este encumbramiento comercial. 


Reaparece Mayo Gutiérrez 

Los disidentes y los descontentos encontraron en todo esto lo justificado de sus 
posiciones antilubkovistas. A fines de 1925 reapareció en San Javier el ministro Mayo 
Gutiérrez, llegó acompañado por el gerente del Banco Hipotecario D. Raúl Bonino y 
otro miembro del directorio, creo que se llamaba Surraco. 


Entregar todo 

Se dispuso entonces por orden gubernamental, que Lubkov entregara todos los 
bienes y también, claro, la administración de la Colonia. Al igual un estado de las deudas 
de los colonos, sus créditos. Se le otorgó un plazo de dos meses para tener todo pronto. 
La colonia pasaba a propiedad del Banco Hipotecario y este la administraría en adelante. 

Se le había facilitado ampliamente la maniobra a Lubkov con tantos meses perdidos, 
pues había reducido a dinero todo lo que pudo vender y era de los colonos. 


271 




Virginia Martínez 


También nos manifestaron que se mensurarían las chacras, que se distribuirían 
individualmente por jefe de familia. 

Lubkov no estaba en San Javier. Mayo Gutiérrez y Bonino hablaron con Miguel 
Sabelín en la oficina de la cooperativa y al tío de Lubkov le ordenaron que dejara la casa 
que ocupaba, que sería sede de la oficina del Banco Hipotecario. Aquellos se fueron a 
Paysandú, estuvieron muy amables con los colonos allí presentes, y Mayo Gutiérrez me 
dijo: “Hasta pronto, ya llegó la tormenta”. 

Busqué alguna información con los Sres. Rombys y Moreyra, me expresaron que 
muy pronto vendría un agrimensor de Paysandú a realizar la mensura de San Javier y 
Ofir y los terrenos del pueblo. 


Preparativos 

Los empleados de la administración de Lubkov demostraban estar muy asustados. 
Recrudecieron los rumores y ya con más firmeza de que este huiría. Se insitió en que iba 
al Paraguay donde se encontraban muchos rusos blancos o sea de los zaristas derrotados 
por los bolcheviques. De estos rusos blancos, Lubkov podía esperar colaboración pues 
varios de ellos, muchos, estuvieron en San Javier. Lubkov les dio ocupación, aunque 
de agricultura y de los trabajos rudos nada sabían. Eran todos oficiales, algunos de alta 
graduación, no sólo capitanes y mayores. Por ahí pasaron coroneles y generales. Después 
se repartieron por otros países de América, y en el mismo Uruguay, por Young, paraje 
de Soriano, como ser Dolores, Entre Ríos y Montevideo. 

Entre ellos estuvo el coronel Sereda. Todos estos rusos blancos llegaron con dinero 
ruso, rublos del tiempo zarista que Lenin declaró sin valor y no canjeables. 


El coronel Sereda 

Sirvió a las tropas zaristas contra la revolución roja. Era coronel y estaba casado 
con una mujer muy bella, se decía que esta dama perteneció a la alta nobleza de Rusia. 
Sereda fue jefe de Cosacos, como casi toda la mayoría de sus compañeros que pasaron 
por San Javier. 

Sereda, de la colonia se fue a una isla del río Uruguay, frente a Nuevo Berlín, fue 
colmenero de miel, después se radicó en Fray Bentos, ejerciendo la función de sereno 
del Anglo. 

Aquí en Fray Bentos, un día aparece degollada su esposa Taissa. Se acusó al 
esposo del crimen. Sereda fue a prisión, siempre negó ser el criminal. No se le probó 
nada. Puesto en libertad, se radicó en Montevideo. 


272 



Los rusos de San Javier 


Expulsados de Francia 

Casi todos estos rusos blancos se vieron obligados a salir de Francia, cuando su 
gobierno los expulsó de la zona de París donde vivían. Un exiliado ruso blanco, Gorgu- 
loff, mató al presidente Doumer. 

(15 de setiembre) 


Caída de Lubkov. Reunión en Ofir y el plan de firmar deudas; 
papel en blanco 

Llegó la orden del Banco Hipotecario, de que Basilio Lubkov debía entregar todas 
las mercaderías existentes en la Cooperativa de San Javier y en el Molino. 

Se encargarían de esta tarea los Sres. Victorio Rombys y Moreyra. En la orden 
se incluía también todo el aceite que existía o se creía que existía en los galpones, las 
maquinarias y también lo que hubiera en ellos propiedad de los colonos. 

Se designaba administrador general al Sr. Rombys. 


Hasta las cuentas 

Se disponía que Lubkov y ayudantes entregaran todo el material contable, las 
cuentas y papeles con los pagos hechos por los colonos. Es decir, el debe y el haber, el 
estado en que estaban deudores y acreedores. Después de esa fecha todo el mando pasó 
al Banco Hipotecario. Pasan a poder del Banco Hipotecario las cosechas. Rombys cierra 
con llaves propias la Cooperativa, ya muy disminuida en su almacenamiento. 


De nuevo con los fíeles 

Lubkov había regresado a la zona y al otro día de estos sucesos cita a los fieles 
a una asamblea en la Colonia Ofir. Allí se reúnen con sus familiares, ex empleados de 
la Cooperativa. Lubkov les declaró que estaba perdido, levantó las manos al cielo y se 
arrodilló, pidiéndoles que lo salvaran. Y agregó: “Sálvenme de esta desgracia, los culpa¬ 
bles son los disidentes. Malditos. Malditos”, gritaba furioso. Agregó que contra él habían 
estado los nacionalistas y los malos batllistas (se refería al ministro Mayo Gutiérrez que 
con su honestidad fue quien consiguió que se hiciera justicia). 

Lloró largo rato y les anunció que volverían a Rusia y allí harían una colonia. 


Cuál era el plan 

Toda esta comedia tenía un fin: obtener que sus fieles le firmaran unos papeles 
en blanco que guardaban sus ayudantes. Empero se dejó la reunión para el otro día. En 


273 



Virginia Martínez 


esta jomada Lubkov aparece sereno y más confiado; les vuelve a recalcar que todos los 
fieles con él han de regresar a Rusia, a una colonia mejor que la de San Javier. Pero como 
él ha hecho muchas deudas, hay que pagarlas, si no, no lo dejarán salir del Uruguay ni 
tampoco lo podrán hacer sus fieles. 

Y agregó que debían firmar, cada uno un papel en blanco reconociendo sus deudas 
con él, que presentaría al Banco Hipotecario, como saldo de lo que debía al Estado. 

En esto no fue tan provechosa como en otras veces la palabra del Jefe. Se registró 
bastante resistencia aun entre los más adictos. Se aplazó para el otro día la firma. 

(17 de setiembre) 


Con Don Alberto Espalter abordamos a Lubkov. 

Promete y no cumple nada. 

Lo últimamente relatado corresponde a los años 1925, este en su final y a 1926. 
Nadie ignoraba que el plan de Lubkov era irse a Rusia y no al Paraguay. Todos los fieles 
a Lubkov, ex empleados de la Administración y la cooperativa, los altos jefes, su yerno 
Jacobo Castamov, y Andrei Poiarkov tenían grandes esperanzas de que el Jefe se salvara 
y pudiera salir y también llegar a Rusia para gestionar su entrada en su patria. 


Con don Alberto Espalter 

Don Alberto Espalter que había sido tan buen amigo de nosotros los colonos, tam¬ 
bién creía como nosotros que Lubkov dejaba la colonia para siempre. Lo consultamos. El 
Sr. Espalter nos acompañó y fuimos con mi hermano Gregorio Solotariov, yo y Cosme 
Solodilov. Llegamos a la Casa Blanca donde Lubkov residía. 

Le explicamos nuestra situación y le pedimos que nos dejara una documentación, 
entregando todas las propiedades, a disidentes y no disidentes. 

También le pedimos que nos librara de todas las deudas injustas, en caso con¬ 
trario denunciaríamos al gobierno todo lo sufrido, antes y en esos días, y que estaba 
preparando su huida. 

Y nos prometió hacerlo y no cumplió nada. 


No habían firmado 

Después que se fue Lubkov, se supo que ni Castamov ni Poiarkov firmaron nada, 
se negaron al Jefe y dijeron que ellos no querían volver a Rusia, pero otros muchos fie¬ 
les, los más ignorantes ya habían firmado reconociendo deudas inexistentes, vales, etc. 


274 




Los rusos de San Javier 


Jamás se entregaron las tierras 

Han transcurrido 50 años y todavía estamos esperando los colonos que nos den la 
posesión de las tierras, de las chacras y los terrenos del pueblo de San Javier. Hasta hoy, 
nada. Se nos prometió una Ley Especial, entrega de semillas, implementos agrícolas. 
La ley la estamos esperando y han pasado desde 1926, época de la promesa, 37 años. 
Por este tiempo volvió el gerente del Banco Hipotecario, D. Raúl Bonino, nos reunió 
en asamblea general y nos aconsejó entregar el campo propio, que se había adquirido 
en 1914 a Adelina Espalter. Se nos prometió que se nos daría título de los terrenos en 
el pueblo, de 30 mts. por 60 y chacras entre 45 y 50 hs., a pagar en 30 años y algunas 
parcelas chicas a abonar en 12 años. Todo esto se firmó ante escribano público, pero a 
nosotros los colonos no nos entregaron un solo papel, un solo documento. Esta entrega 
por los colonos de esos campos fue al Banco Hipotecario. 

(I o de octubre) 


Deja San Javier, Lubkov y 40 familias y con él 
se fueron hijos del Uruguay 

Muere Natalia Grígorevna Arabinska 

La seguridad ya existente en San Javier que Lubkov se iba y se alejaba para siempre 
afectó hondamente a personas que si no estaban con los rebeldes a la tiranía del Jefe, 
tampoco creían ya en la palabra de este, por sacrosanta y justa. Caso este de los Apóstoles 
que le fueron fieles hasta que se fue y hoy, los que aún viven, persisten en esa fidelidad. 

Afectó y muchísimo aNatalia Grígorevna Arabinska, la mujer más querida por los 
colonos. Tenía, en ese entonces, en 1926, unos 30 años. Fue un caso muy raro. Murió a 
esa edad. Lubkov no acudió ni al velatorio ni al sepelio. Se la sepultó en un terreno de la 
Casa Blanca, por petición de los colonos, casa donde hoy se encuentra la administración 
del Instituto Nacional de Colonización. 


Se va con 40 familias 

Basilio Lubkov consigue permiso para ir a Rusia con 40 familias. No debe olvidarse 
que fuertes núcleos, si bien eran rusos, habían llegado desde el Canadá. Lo importante 
está en que se fueron 40 familias con hijos uruguayos y estos no regresaron más. Debe 
ser la primera vez en la historia del Uruguay que llegan tantos uruguayos a Rusia y allí 
se radicaron en el Cáucaso. 

Alguna vez me he preguntado si en la terrible guerra mundial estos uruguayos 
intervinieron o no en la defensa de la patria de sus padres. Estoy seguro que sí. Se radi¬ 
caron en el Cáucaso, zona de los cosacos. 


275 



Virginia Martínez 


El vapor Eolo 

Se embarcaron por “Eolo”, pero en el puerto de San Javier, realizando esta deten¬ 
ción extraordinaria nunca registrada en esas aguas. Llegaron a Montevideo y de ahí se 
embarcaron para Europa. Entre los viajeros iba casi toda la administración de Lubkov 
en San Javier, mientras él fue caudillo y jefe espiritual. Quedaron en San Javier Poiarkov 
y Castamov y también un primer poblador, además de fundador del molino harinero, 
Mirón Gayvoronsky. Se retiraba Lubkov dejando bien robada y bien engañada a la 
colonia que él fundara. No hubo ninguna despedida emocionante, Lubkov mostraba un 
gesto ceñudo. En tierra quedaron Poiarkov y Castamov, como recordamos, el primero 
apareció manejando un almacén. Los colonos no podían olvidar en sus conversaciones 
que hacía muy pocos años, ellos, los colonos, habían contribuido con una colecta para 
que Poiarkov y su esposa pudieran salir de Yugoslavia y llegar a San Javier. 


La tragedia de I o de mayo 

En esos días, otra preocupación embargaba a Lubkov. Estaba detenido en Con¬ 
cepción del Uruguay Juan Scherstibit, capitán de la lancha que hacía los viajes a Fray 
Bentos y Paysandú. El 30 de abril salió de San Javier rumbo a Fray Bentos llevando 
a bordo a Cosme Solodilin, la señora y dos niños, y a Jorge Bestricov y Sra., y a Juan 
Simoglod, que fue capitán de las tropas zaristas, y algunos muebles y enseres varios. 
Sobre la costa argentina, frente a la isla de la Paloma fue la tragedia. Se salió casi de 
noche, ya soplaba viento muy fuerte y siendo ya 1 de mayo, la lancha chocó con un buque 
argentino, quedando destrozada y hundida a 8 m de la costa argentina. 

Se ahogaron Solidilin, la señora y los dos niños, dormían a esa hora. 

Intervinieron las autoridades aduaneras uruguayas, el receptor D. Miguel Ugarte 
y el alto funcionario D. José Cúneo. Solodilin había sido uno de los más enérgicos 
rebeldes a Lubkov. 

(11 de octubre) 


Lubkov llega al Cáucaso, deportado, después a prisión, 
su fallecimiento 

El barco que llevó a Lubkov arribó a Marsella, de ahí el Jefe y sus fieles fueron a 
París. No se sabe, pero se supone, que se relacionó con emigrados zaristas. París estaba 
lleno de generales, coroneles y ex millonarios rusos, desplazados por la revolución que 
dirigió Lenin. De Francia pasaron a Italia, y por el Mediterráneo llegaron a Odessa, puerto 
ruso del Mar Negro. Se dirigieron a tierras entre el Don y el Volga, allí existen grandes 
latifundios ahora en poder del Estado. Se contaban estancias de 5.000 y hasta 10.000 
hs. Se estaba al norte del Cáucaso, a 200 kmts. de Stalingrado, donde se libró la batalla 
más grande y sangrienta de la Segunda Guerra Mundial. Volvían a donde nacieron. Ahí 
nací yo también y conozco muy bien esas regiones. Llanuras de excelente tierra, mon- 


276 



Los rusos de San Javier 


tañas de 5.000 mts. de altura, cordilleras de un largo de 250 mts. Allí el poder soviético 
entregó tierras a los que regresaban. Se ubicaron cerca de la ciudad de Salsk y la colonia 
se llamó Manich, por un río muy importante. Recordemos que fueron uruguayos en esta 
emigración que acompaño a Lubkov. 


Todo era de Lubkov 

Las autoridades, como era de esperar, realizaron una inspección. Se inspeccionó 
todo lo que trajo el vapor que los condujo desde un puerto italiano. La primera pregun¬ 
ta recayó en un auto lujoso: ¿de quién es? La respuesta fue: “Es del Sr. Lubkov, jefe 
espiritual de esta secta de Nueva Israel. Se siguió con un tractor, resultó ser propiedad 
de Lubkov. Se llamó a Lubkov para que confirmara que todo era de él. Las autoridades 
ordenaron que no se tocara nada y que se revisarían documentaciones y papeles. Se 
le quitó de inmediato la dirección y la administración de ese conjunto de colonos que 
trabajaban cerca de Salsk. 


Se les castiga 

La inspección comprobó quiénes eran los jefes inmediatos de Lubkov y los 
Apóstoles. 

Fueron enviados a Siberia y a otros parajes, lejos del Cáucaso. Algunos de los 
colonos regresaron al Uruguay y a San Javier. 

¿En ese entonces cuál era la situación de San Javier? Estábamos sin Cooperativa, 
sin herramientas, sin animales, sin que trabajara el molino y fábrica de aceite. Había que 
trabajar de nuevo, casi como cuando llegamos en 1913. La cosecha ya bajo la dirección 
del bhu nos dejó el 60%. La otra cosecha se realizó ya con más rigurosa inspección. 
Hubo encargados de las balanzas y la cosecha marchó a los galpones del Banco. Se nos 
dejó un 5% del triguillo para las aves. 

Entre tanto, no pocos núcleos de colonos habían abandonado San Javier, busca¬ 
ron otros horizontes para encontrar tierras y vivir; la mayoría se radicó en las zonas de 
Young y en Bellaco. 


Final de Lubkov 

Fue deportado a una de las repúblicas de la Federación Rusa que limita con el 
Afganistán, ya en el Asia Central. Basilio Lubkov estuvo preso en no pocas oportunidades. 
En verdad hay dos versiones: que fue fusilado y la otra que falleció de muerte natural. 


277 



Virginia Martínez 


Y así la espera de más de 50 años 

Si bien la intervención del Banco Hipotecario fue buena y mejor que la admi¬ 
nistración ladrona de Basilio Lubkov y sus adláteres, varios de los que quedaron y no 
lo acompañaron en la vuelta al Cáucaso terminaron muy ricos. La gran mayoría de los 
colonos todavía está a la espera de la justicia. Porque en este año del Cincuentenario de 
la Fundación, con la presencia de tantos personajes, la prensa, la radio, muchos festejos, 
los fundadores y sus familias esperan los títulos de propiedad de las chacras y los terrenos 
en el pueblo de San Javier. 

Por hoy nos queda la palabra del Pte. del Directorio del Instituto Nacional de 
Colonización Dr. Martín Ois de que estos títulos se entregarán. 

(22 de octubre) 


Soto quería agradecer al Gobierno y rendir recuerdo a Espalter y Pons 

Este es el último capítulo de las memorias sobre San Javier. He dicho toda la ver¬ 
dad. Quizá haya algunos errores, pido que se disculpen pero no se podrá negar que San 
Javier cuenta ahora con su auténtica historia. Es el instante de recordar que la mayoría 
de los colonos ha sufrido mucho y ha trabajado mucho. Alguno que llegó cuando ya 
estaba todo hecho, en pocos años dejó una fortuna. Estos colonos han sufrido las tiranías 
de un hombre que se proclamó Dios, que fue a la postre hábil negociante, despótico y 
atrabiliario. Creyó engañar al gobierno soviético Basilio Lubkov pero allá hubo justicia; 
fue a prisión y si no murió en la cárcel, se extinguió como un simple mortal, y quizá 
arrepentido. 

No ha habido Justicia para los colonos. Muchos, no pocos, entregaron sus ahorros, 
hasta $ 5.000 y otros más. Los entregaron a Lubkov y al final este terminó por centésima 
vez robándolos. Porque Lubkov regresó a Rusia con mucho dinero. En Francia adquirió 
auto caro, tractores, máquinas, etc. 


Todavía a la espera 

Todavía están a la espera de que se haga justicia muchos colonos o sus hijos que 
son uruguayos, que el Instituto Nacional de Colonización les entregue los títulos de las 
chacras que trabajaron años y años. Los títulos de los predios de San Javier. 


Se hizo justicia 

Fue por la tenacidad de los Disidentes que actuaron con valentía y energía com¬ 
batiendo a Lubkov hasta conseguir que se le quitara el dominio y Administración de 
la Colonia, pero fue justicia coja en parte; pudo salir del Uruguay, donde encontró un 


278 



Los rusos de San Javier 


nuevo hogar sin que el Estado se lo impidiera. Estamos agradecidos al Uruguay, tenemos 
hijos uruguayos, hemos demostrado que la inmigración rusa es buena, honesta y capaz. 
Hemos pagado esta hidalguía uruguaya con trabajo, sudor y dejando un buen nombre. 
Hemos de agradecer en primer lugar a los primeros amigos que tuvimos, generosos y 
buenos, Don Alberto Espalter y Don Antonio Pons, a los buenos gobernantes, a Don 
Cesar Mayo Gutiérrez y al senador Guillermo García y demás miembros de la Comisión 
Parlamentaria Investigadora porque ejecutaron justicia. 


Palabra de Jesús 

Es el día de citar frases de Jesús: “Bajo mi nombre van a venir muchos, no vayan 
a creer en sus palabras, hay que conocerlos por los hechos”. Palabras que adjudicaba a 
Dios nos dijo Lubkov, y también las oímos de los parlamentarios investigadores. Estas 
últimas fueron la Verdad y de ellas salió la Justicia. 


Lo que no se me dejó decir 

Cuando el Cincuentenario de San Javier, al que asistí, pretendí hablar. No se me 
permitió hacerlo y hasta algún uruguayo estuvo entre los que me vetaron. No pensaba 
hablar mucho ni atacar a nadie, solamente rendiría un recuerdo con plena emoción para 
el Gobierno uruguayo, para aquellas almas excelsas de Espalter y Pons y de los parla¬ 
mentarios. Y nada más. Lo digo a través del periódico El Litoral, que me ha permitido 
publicar estas reseñas a través de un castellano que aprendí junto al surco y peleando 
contra Lubkov y sus compinches en defensa de mis amigos y compañeros colonos. Fui 
de los primeros que arribé a la costa del Río Uruguay en 1913, lucía un derecho indis¬ 
cutible para hacerlo. 

Gracias también al director de El Litoral, Don Conrado F. Monfort, quien hizo 
posible expresar la verdad de la fundación y desarrollo de San Javier. 

(29 de octubre de 1963) 


279 







Memorando del comisario Homero Vaz Bresque 


El informe fue elevado por el comisario Vaz Bresque al director nacional de Infor¬ 
mación e Inteligencia inspector Víctor Castiglioni el 30 de abril de 1980. Tiene como 
objetivo informar sobre el operativo en la colonia; se reproduce aquí porque, a la 
manera de un inventario, el documento permite hacerse una ¡dea de lo que era San 
Javier en ese momento. En archivo de la dnii. 

Ubicación geográfica: en la 3 a . Sec. Judicial, 5 a . Sec. Policial del Departamento 
de Río Negro, sobre la margen derecha del Río Uruguay, de Norte a Noroeste, con dos 
(2) accesos por el Norte, conexión con Paysandú y litoral norte; por el Sur: conexión 
con Rutas 24, 25, 3, 60 y 2. 

Población: 1.742 personas. Con las zonas de influencias, grupo de Colonia San 
Javier, Ofir y Luis Alberto de Herrera, hay un total de aproximadamente 2.500 personas; 
la colonia Ofir está compuesta por 89 fracciones; la San Javier, por 116 fracciones; la 
Luis Alberto de Herrera, por 100 fracciones. 

En la villa hay 556 casas; 20 ranchos y tiene en total, 68 manzanas. 

Tiene: 7 oficinas públicas 

1 Policlínica local, dependiente del Centro de Salud Departamental 
1 Médico en la Policlínica, Dr. Ricardo Voelker (candidato a la diputación por 
la lista 123) 

1 Médico particular- Dr. V. Roslik (detenido) 

1 Central de antel- No hay telégrafo 
1 Estación de uTE-con motor Diesel 

1 Estación de ose-No hay saneamiento 

2 Consultorios odontológicos particulares: trabajan dos días a la semana -uno 
de ellos a cargo el Dr. Alonso Eskin (detenido), el otro a cargo del Dr. Daniel Stagno 
Dipema (con antecedentes en Paysandú) 

1 Estación ancap 
1 Escuela en la Villa, la n.° 32 

3 Escuelas Rurales 

1 Curso Móvil de Manualidades de la utu 
1 Centro de Enseñanza particular de la Colonia Alemana 
Clubes sociales y deportivos 
Sociales: 

Centro Cultural Juventud Unida 
Centro Cultural Máximo Gorki 


283 



Virginia Martínez 


Deportivos: 

Club San Javier 

Libertad Fútbol Club 

River F. C. 

Club Nacional de Fútbol 

Club de Leones 

1 Cine: el Pobieda (significa Victoria) 

1 Radio Comercial-sw Radio San Javier, con director propietario: Daniel Miguel 
Jajulin Lorduguin, que funciona en 1670 Kc 

1 Radio aficionado, cx4hf, a cargo de Víctor Manuel Robkin Chimailov, con 
enlace directo con la Dirección Nacional de Telecomunicaciones. Había un móvil con 
enlace con la central de Paysandú, a cargo de Basilio Dubinski (incautado por el Ejército) 

2 Talleres metalúrgicos 

1 Aserradero (en construcción) 

A 4 kmts. por el Acceso Norte, se encuentra la Subestación de entronque con la 
Represa de Salto Grande y Montevideo. 

La difúsora local, todos los días, a horas determinadas, irradia audiciones musicales 
a horas prefijadas, con temas dirigidos a determinadas personas de Concepción y otras 
localidades del litoral argentino. 


284 




Los rusos de San Javier 


Vladimir Roslik en la Dirección Nacional de Información e Inteligencia 

Ficha de Vladimir Roslik en la dnii. En archivo del Centro de Estudios Interdiscipli- 
narios (ceiu) de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación. 


roslik bichkov:- Vladimir Andrés.- (1) 243021 
Clasificación “comunista” 

Prontuario 52.864 (Rio Negro) (1) C. Cív. 

Gremio a que pertenece “Estudiante” 
médico.- (1) 

FALLECIDO 

Organización partido comunista.- Centro cultural “máximo gorki” 

Domicilio Calle Luis A. de Herrera, entre Basilio Lubkov y y 18 de Julio.- Pueblo 
de San Javier - Dpto. de Río Negro.- Consultorio.- (Agosto/979) (1) 

Datos personales: Oriental, de 22 años de edad, en nov. de 1962; Hijo de Miguel 
Roslik Schulga; hermano de Ana M. y de Víctor M.- Casado con María Cristina Za- 
balkin; (1) 

(1) Extraído de Asunto 12-3-3-3.- Se modificó el 1er. apellido, que el anterior era 
Roslik; se agregó el sdo. Apellido y el sdo. Nombre.-lac.- 

7/XI/962.- 

OBSERVACIONES 

Estudiante de Medicina; se encuentra en Moscú, desde el 27 de setiembre de 1962, 
efectuando un curso en la Universidad Amistad de los Pueblos “Patricio Lumumba”, de 
aquella capital, en usufructo de una beca del mencionado instituto universitario. Durante 
las vacaciones de verano de 1964 trabajó voluntariamente, formando una brigada con 
otros estudiantes extranjeros, en las obras y los campos de las tierras vírgenes de la 
urss. Por ello recibió la insignia honorífica del Comité Central del Komsomol (Juven¬ 
tud Soviética llamada “A la Joven Vanguardia de la Producción”), Todo ello según “El 
Popular” del 6/X/964.-mvg.- 
MICROFILM- AGOSTO 1977 

22/V/979: D- 2/4381 .cafe.- 8/1/980:- Médico que desempeña tareas en la localidad 
de San Javier- Depto. de Río Negro.- Egresado de la Universidad “Patricio Lumumba” 
en Rusia, revalidando el Título en Octubre de 1972 en la Universidad de la República 
Oriental del Uruguay.- Integra el Conjunto Folklórico “Kalinka” del Centro Cultural 
“Máximo Gorki” de la localidad de San Javier.- Realiza estudios de Contabilidad en 
la Ciudad de Paysandú.- (Informe de la 5ta. sección Policial del Dpto. de Río Negro.- 
lac.- Pueblo de San Javier, de 15/8/979).- Ver Asunto 12-3-3-3.- lac.- 9/6/1980.- Según 
oficio 88/980 de la Jefatura de Policía de Fray Bentos del 5/5/1980, registra las siguientes 
anotaciones: durante su estadía en Moscú estuvo con [...] y además figura en el anexo 


285 




Virginia Martínez 


n.° 1 de la relación de detenidos en el Operativo de Villa San Javier, alojados en el B.I. 
n.° 9 Ver Asunto 2-1-2-249.-eb.- 5/8/980:- Según Memorándum (A)- 926/79 del sid 
de fecha 1/7/980, se establece que luego de su regreso de la ciudad de Moscú, estando 
en Montevideo mantiene estrecha vinculación con los hermanos Engler Golovchenko 
quienes en esos momentos eran los máximos cabecillas de la célula tupamara; albergó 
a Sendic en su domicilio en San Javier antes de que fuera apresado por última vez. Los 
principales contactos antes del frustrado intento de toma del poder del 25 de Agosto de 
1972 por parte de los “Tupamaros”, se realizaron en su domicilio. Es actual Presidente 
del cc Máximo Gorky de San Javier (Asunto 8-2-1-809) (...) 22/8/980:- (Informe del 
D-6 del 30/4/80).- Detenido en el Bn. de Inf. 9 en el curso de averiguaciones tendientes 
a esclarecer actividades de elementos comunistas en el pueblo San Javier.- Regresó hace 
8 años de la urss donde se recibió de médico en la Universidad Patricio Lumumba.- Re¬ 
validó el título siendo Rector el Ing. Maggiolo.- Es médico del Banco de Seguros, oca, 
asse y Obreros Municipales.- Se destaca que es asociado del Centro Cultural “Máximo 
Gorki” de Villa San Javier.- Asunto 2-1-2-250.- apm.-3/9/980:- Figura en una Relación 
de Altas al Establecimiento Militar de Reclusión No. 1.- El Alta del titular al mismo, fue 
con fecha 28/6/980.- (Of. No. 434/di/980 del emr n.° 1, de fecha 25/7/980).- Ver Asunto 
No. l-l-12-338.-lac.- 24/9/980N/E-l:M. 6665/980. Acima. 1/10/80.- ídem.- anotación 
anterior ver Asunto Nro. 2-l-12-279.-jom.- 

23/2/1981.- Según Memorándum (A) n.° 926/76 del 1/7/1980 de la Junta de 
Comandantes sid informa: que el titular el 6/10/1964.- Viajó a la urss como becario 
formando con estudiantes de otros países la Brigada Internacional “Juventud del 
Planeta”, para trabajar voluntariamente en los meses de verano en las obras y en los 
campos de las tierras vírgenes. Fue condecorado junto a los demás estudiantes, con la 
insignia honorífica Comité Central del Komsomol llamada “A la Joven Vanguardia de 
la Producción”. 20/8/1973.- Según se informa: “Aproximadamente en 1965 fue becado 
a Moscú a la Universidad Patricio Lumumba, regresando en 1969 con el supuesto título 
de Médico. Estando en Montevideo mantiene estrecha vinculación con los hermanos 
Engler Golouchenko (sic), quienes actualmente son los máximos cabecillas de la célula 
tupamara. Albergó a Sendic en su domicilio en San Javier antes de que fuera apresado 
por última vez. Los principales contactos antes del frustrado intento de toma del poder 
del 25/8/1972 por parte de los “tupamaros” se realizaban en su domicilio. Es actual del 
C.C. Máximo Gorky de San Javier”.- Ver asunto 8-2-l-809.eb. 4/8/981:- Referente a las 
anotaciones precedentes respecto a su detención, idem según Oficio 143 del 29/5/80 de 
la Jef. de Pol. de Paysandú, por el cual se informa que el titular es miembro de la kgb, 
y que mantiene estrechos contactos con altos funcionarios de la Embajada de la urss 
en nuestro país.- Asunto 2-1-2—254.-apm.-10/9/981.- Por Of. 289/81, del- 25/8/81, del 
emr- 1, figura en Relación de Liberados y Evacuados en régimen de M.P.S., figura como 
Liberado el 24-7-981, Ver Asunto 1-1-12-372-rmgc.- 26/V/982: Figura en una nómina 
de Liberados por la Justicia Militar, en el período comprendido entre el lro./vi/981 y 
3 l/xn/981, la que fuera elevada por el C.G.E. al Ministerio del Interior.- Fue puesto en 
libertad el día 27/vn/981.- Asunto n.° 2-l-17-185.-EMc/ni.- 


286 



Los rusos de San Javier 


ABRIL 1985- REVISADO- R 48 

27/4/984: fsic] Detenido junto a otras personas en la colonia San Javier- Depto. 
de Río Negro- por el Bn. I. n.° 9, [en] el cual falleció el 16/04/984, mientras se llevaba 
a cabo las investigaciones por actividades subversivas del grupo del cual formaba par¬ 
te.- Ver Asunto: 2-1-14-133.- FL/hhf.- 1/5/984:- Por R deN. de la dii 115/84 del 24/4/84 
se informa que según información confidencial su madre realizaría una conferencia de 
prensa en Bartolomé Mitre 1956 con referencia a su muerte.- No se pudo confirmar si la 
misma se realizó.- apm.- 4/5/984:- Según Semanario “La Democracia” del 27/4/984 al 
2/5/984, pág. 15, se publica un artículo titulado “Segunda Autopsia” donde se expresa 
que según versiones circulantes en Bs. Aires a través de distintos medios, la segunda 
autopsia del titular en Paysandú determinan que su fallecimiento se produjo por “Asfixia 
por inmersión”.- Continúa expresando que se había establecido la existencia de hemo¬ 
rragias internas, no estableciéndose su origen, debido a que en la primera autopsia se la 
habría extirpado el bazo y el hígado, en consecuencia los elementos de hemorragia interna 
podrían ser consecutivos a este procedimiento post-mortem.- Ver Asunto 14-3-1-1142. 
Lvf.- 14-5-984:- “El Día” de la fecha pág. 7, informa que el S.M.U. deplora y denuncia 
públicamente que en las graves circunstancias en que se produjo la muerte del titular, 
el certificado de defunción correspondiente se expidió sin señalar causas, hora, lugar 
y todo otro aspecto exigido legalmente por las normas vigentes, colocando a quién lo 
suscribe no solo al margen de la legalidad sino también de la ética médica.- Asunto 14- 
3-1-1157.-ges.- 17-5-984:- “El País” del 10-5-984 pág. 9, informa sobre las actuaciones 
que se vienen llevando a cabo en tomo al caso Roslik. El Sr. Juez de Inst. Mil. de 5 o 
Tumo ordenó la libertad de por lo menos tres de los seis detenidos de San Javier.- Asunto 
14-3-1-1166.- ges.- 22/5/984:- Según Oficio 152/84 de laDirec. de investig. de la Jef. de 
Policía de San José, se publica un artículo titulado “Misa por Vladímir Roslik”, donde 
el párroco Hugo Bordoli de San José, entre otras cosas expresa que “es una forma de 
solidarizamos con esta señora que ha perdido su esposo y pedir a Dios justicia y com¬ 
prensión”. Asunto 1 l-2-936.Lvfi- 11/6/984:- En la revista “Ganzúa” en su ejemplar n.° 
3 de junio de 1984, se publica un artículo en la pág. 15 titulado “que sea el último”, en 
donde se refiere a la muerte del titular.- Ver Bulto 559.-Grr.- 22/61984.- En “La Mañana” 
del 17/5/1984 se publica el siguiente artículo Homenaje a Roslik en donde comenta el 
homenaje al cumplirse el primer mes de la muerte del Doctor Vladimir Roslik, por el 
pueblo de San Javier junto a la tumba donde descansan sus restos. Y en otra parte del 
artículo se nombran los asistentes al acto. Ver Asunto 14-3-1-1253. eb.- 21/9/987:- Por 
peí n.° 022/986 del Depto. n.°. 2 de la dnii del 071 700ago986, se informa sobre contactos 
a nivel diplomático entre la Embajada de la rea y el Sr. Comandante en Jefe del Ejército 
el día 6 de Agosto de 1986.- Ver Asunto No. 2-4-7-488.-eb.- 


287 




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El Día, noviembre de 1921; enero 1966, junio y julio de 1984. 

El Nacionalista, noviembre de 1921. 

El Litoral, junio, julio, agosto y setiembre de 1963. 

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y mayo de 1984; junio de 2003. 


290 




Los rusos de San Javier 


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El Pueblo, enero y febrero de 1933; diciembre de 1935. 

El Siglo, setiembre y noviembre de 1921. 

El Telégrafo, mayo y agosto de 1913; abril y setiembre de 1984. 

El Tiempo, junio de 1913. 

La Defensa, setiembre de 1921. 

La Democracia, setiembre, octubre, noviembre y diciembre de 1921. 

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Relaciones Exteriores capitán de navio Homero Martínez Montero, 13 
de julio de 1961. 

Anónimo fechado en Rivera, el 13 de setiembre de 1961. 

Actas de la comisión directiva del icus (1966-1968). 

Memorándum del comisario Adolfo Costabile encargado del Departamento n 
de la dnii al inspector Víctor Castiglioni, 5 de mayo de 1973. 

Informe del inspector Víctor Castiglioni al jefe de policía de Montevideo coronel 
Alberto Ballestrino, 13 de marzo de 1974. 

Decreto 1.157/975 del Poder Ejecutivo de clausura del icus, 16de julio de 1975. 

Oficios del comisario Homero Vaz Bresque al director de la dnii, 30 de abril y 
I o de mayo de 1980. 

Oficios del Jefe de Policía coronel Walter Tito al ministro del Interior general 
Manuel Núfiez del 5 y 24 de mayo de 1980. 


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Ricardo Moreno, de clausura del Centro Máximo Gorki de San Javier, 22 
de mayo de 1980. 

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dscr, 13 y 15 de marzo de 1918. 

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dscr, 24 de agosto de 1921. 

dscr, 4, 8, 17 y 24 de noviembre de 1921. 

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dscs, 20 de noviembre de 1947. 
dscs, 29 de junio de 1951. 

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Relaciones Exteriores Jorge Peirano Fació. Moscú, 8 de setiembre de 1970. 
Nota confidencial número 278/73 del embajador en Moscú Luis María de Po¬ 
sadas Montero al ministro de Relaciones Exteriores Juan Carlos Blanco. 
Moscú 10 de julio de 1973. 

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Nota sin número “Actitud ante el decreto del Poder Ejecutivo del 28 de noviem¬ 
bre de 1973”. Moscú, 14 de diciembre de 1973. 

Memoria anual 1973 Luis María de Posadas Montero. Moscú, 11 de febrero 
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Informe confidencial 1/80 xxxvi Período de sesiones de la Comisión de Dere¬ 
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Informe confidencial 1/81 xxxvn Período de sesiones de la Comisión de Dere¬ 
chos Humanos de onu. 

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Informe número 15.9/1982. Asunto 38 período de Sesiones Comisión Derechos 
Humanos. Situación Uruguay. Negociaciones en la Comisión. En Archivo 
del mrree. 


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Los rusos de San Javier 


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Testimonio de Víctor Paulo Laborde ante el Sécretariat International des Juristes 
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Federación Médica del Interior, Comisión Intergremial Médica, Vladimir Roslik, 
El pueblo uruguayo reclama justicia, Montevideo, s/f. 

Testimonio de Antonio Pires da Silva Júnior ante el presidente del Movimiento de 
Justicia y Derechos Humanos, Augustino Veit y el secretario Jair Krischke. 
Porto Alegre, 8 de mayo de 1986. En archivo del serpaj. 

Comunicación de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (cidh) con 
el gobierno uruguayo, 3 de octubre de 1984. 

Archivo del Instituto de Estudios Legales y Sociales (ielsur) 

Escrito presentado por el doctor Femando Urioste a la Suprema Corte de Justicia 
el 24 de agosto de 1984. 

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17 de mayo de 1988. 

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Queirolo, Luis V. Conferencia en la Junta Interamericana de Defensa, dinarp, 
1980. 

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Carta abierta de Susana Zanoniani, La República, I o de agosto de 2000. 

Sentencia de la Suprema Corte de Justicia en la que se declara incompetente 
ante solicitud de vecinos de San Javier, 24 de abril de 1986. 

Internet 

Guioou, Nicolás La bifurcación del tiempo en una historia hecha pedazos 
Vladimir Roslik y Basilio Lubkov. Los héroes y el tiempo de la muerte. 

Lamberto, Sofía El largo amorío de la dictadura argentina con la urss, Argen- 
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Escuela de las Américas de Estados Unidos. 

Garrido Caballero, Magdalena Las relaciones entre España y la Unión Sovié¬ 
tica a través de las Asociaciones de Amistad en el siglo xx, Universidad 
de Murcia. 

Escudé, Carlos; Cisneros, Andrés Historia General de las Relaciones Exteriores 
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Telias, David: La campaña anti-inmigratoria en La Tribuna Popular y El 
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Varas, Augusto: La Unión Soviética en la política exterior de América Latina: 
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nario sobre políticas exteriores latinoamericanas: enfoques comparativos, 
organizado por el Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad 
de Chile y el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de 
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de 1982, Biblioteca flacso, Santiago. 

Televisión y radio 

Vidas, Facundo Ponce de León. Canal 12. 

Intervención de Román Klivzov en radio de San Javier, 5 de octubre de 2005. 

Entrevistas 

Ricardo Bozinsky, San Javier, 9 de marzo de 2008. 

María de los Ángeles Casas, San Javier, 10 de marzo de 2008. 

Francisco Coimán, San Javier, 9 de marzo de 2008. 

Emiliano Cotelo, Montevideo, 29 de mayo de 2008. 

María Rosa Dubikin, San Javier, 9 de marzo de 2008. 

Manuel Flores Silva, Montevideo, 9 de mayo de 2008. 

Esteban Gilsov, Montevideo, 8 de abril de 2008. 

Adela Guchin, San Javier, 10 de marzo de 2008. 

Dunia Golochin, Montevideo, 22 de abril de 2008. 

Hugo González, San Javier, 10 de marzo de 2008. 

Gastón Grisoni, Montevideo, 31 de abril de 2008. 

Sara Kijtenko, San Javier, 10 de marzo de 2008. 

Román Klivzov, San Javier, 10 de marzo de 2008. 


294 




Los rusos de San Javier 


Aníbal Lapunov, Paysandú, 8 de marzo de 2008. 

Víctor Macarov, San Javier, 9 de marzo de 2008. 

José Pacella, Montevideo, 29 de agosto de 2008. 

Magdalena Piaza, 15 de abril de 2008. 

Antonio Pires da Silva, Montevideo, 5 de agosto de 2008. 

Juan Martín Posadas, Montevideo, 6 de agosto de 2008. 

Alberto Protopopov, Montevideo, 5 de mayo de 2008. 

Hugo Rodríguez, Montevideo, 14 de mayo de 2008. 

Roger Rodríguez, Montevideo, 24 de abril de 2008. 

Vladimir Roslik Dubikin, San Javier, 9 de marzo de 2008. 

Miguel Roslik, San Javier, 9 de marzo de 2008. 

Olga Sanin, Montevideo, 15 de marzo de 2008. 

Alejandra y María Yewdiukov Artagaveytia, Montevideo, 19 de diciembre de 
2009. 

María Cristina Zabalkin, Paysandú, 8 de marzo de 2008. 

Susana Zanoniani, Montevideo, 20 de marzo de 2008. 


295 




índice 


Introducción.9 

Nuevo Israel.15 

Prodigio del trabajo.25 

El sistema Lubkov.31 

El informe Iewdiukow.41 

El sultán de San Javier.45 

Súbditos o ciudadanos.53 

Regalo para Stalin.57 

La primera bala.65 

El oro ruso.75 

Tierra para la colonia.83 

Faro de la humanidad .91 

Paraíso rojo.103 

Ensayo.111 

Plaga de langosta.119 

Célula subversiva.127 

Seguridad Nacional.131 

Agentes de la KGB.137 

El gran encierro.143 

Una diplomacia pragmática. 149 

Respetuoso distanciamiento.155 

Grito del final.165 

Muerte sin violencia.173 

Todos somos rusos.181 

Muerte violenta multicausal.187 

Ética médica y obediencia militar.193 

La casa del silencio.203 

Epílogo.209 


297 































Virginia Martínez 


Miradas.213 

La religión de los colonos.213 

Impresiones de un viaje 

Alberto Zum Felde.217 

Crónicas de Andrés Solotariov.240 

Bibliografía.289 


298 









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Este libro es un relato intenso, emotivo, y a la vez riguroso, de la 
peripecia de los rusos de San Javier desde sus primeros días en 
Uruguay hasta el asesinato de Vladimir Roslik, el médico de la 
colonia. 

A principios del siglo XX un grupo de rusos perseguidos por el 
zar eligió un rincón a orillas del río Uruguay para fundar el reino de 
Dios en la Tierra. Integraban la secta religiosa llamada Nuevo Israel 
y los guiaba Vasili Lubkov, para ellos “el profeta”. Ese es el origen de 
San Javier. 

Sin conocer la lengua ni las costumbres del lugar, la inserción de 
este puñado de campesinos, en su mayoría analfabetos, estuvo 
marcada por las carencias y los conflictos intemos. Tras el 
nacimiento de los primeros niños umguayos, vino la escuela pública, 
los matrimonios mixtos, incluso el mate. A la larga, estos cambios, 
resultaron más disolventes que la prédica de los que se oponían al 
poder de Lubkov. En 1926, el profeta abandonó su colonia y se 
volvió a la naciente Unión Soviética. 

San Javier seguirá su rumbo marcada por el origen ruso de los 
fundadores. En la década del setenta, los militares convirtieron a la 
colonia en un territorio bajo sospecha. El pueblo fue prácticamente 
sitiado. En 1984, cuando la dictadura llegaba a su fin, Roslik fue 
detenido por el Ejército. Al día siguiente, un llamado anunció a su 
mujer que debía ir a retirar el cuerpo al cuartel de Fray Bentos. Casi 
treinta años más tarde, Virginia Martínez llegó a la colonia para 
rescatar la memoria de ese período, pero descubrió mucho más en el 
riquísimo periplo de San Javier. 


ISBN: 978-9974-1-0850-9 



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BANDA ORIENTAL